Miércoles, 20 Abril 2022 09:36

Reapareció el Presidente para rendirle tributos a Cristina Kirchner – Por Eduardo van der Kooy

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El más llamativo de los gestos fue la propuesta de normalizar las relaciones diplomáticas con Venezuela. El viaje de un Martín Guzmán fortalecido para reunirse con el FMI y el pleito con la Corte Suprema por el Consejo de la Magistratura. 

En contra de las previsiones que, con formato de rumor intenso, circularon en las vísperas de Pascuas, nada nuevo parece haber acompañado el regreso de Alberto Fernández a la vida pública, luego de los días en que estuvo ausente a raíz de su paternidad. 

Aquel paréntesis estuvo inundado de conjeturas. Nacidas en los bandos enfrentados dentro del oficialismo. Se mencionó desde la posibilidad de la reanudación del diálogo entre el Presidente y Cristina Fernández, interrumpido hace más de un mes. Hasta la presunta ruptura definitiva del binomio del Poder Ejecutivo.

Esos extremos reconocían también la posibilidad de escalas intermedias. Cambios de gabinete en las primeras líneas. Tal vez, en segmentos intermedios. Todo sigue, por ahora, exactamente igual que en la antesala de la resurrección de Cristo.

De la gestualidad política de Alberto podrían inferirse dos cosas: Martín Guzmán continúa teniendo su respaldo, al margen del terremoto que provocó en el Frente de Todos la inflación del 6,7% de marzo. No hay atisbos de una intención de profundizar la crisis en el vértice del poder. Al contrario, Alberto ha vuelto a hacer lo que hizo siempre. Mechó algún símbolo de su autoridad con señales políticas dirigidas a Cristina. Tributos que desea ofrecerle.

​Desempolvó, por ejemplo, de manera insólita la idea de una supuesta ayuda regional al régimen de Nicolás Maduro. No parece advertirse, salvo de parte de Bolivia, México, Cuba y Nicaragua, una voluntad colectiva.

Hizo anunciar la puesta en marcha de un plan distributivo para paliar los estragos que provoca la inflación. Representará una emisión que se calcula en $200 mil millones. Un plan anti crisis compuesto por notas adecuadas para los oídos del Instituto Patria. En especial, el anuncio del proyecto de la “renta inesperada” para los sectores empresarios que hayan visto favorecidas sus ganancias a raíz de las consecuencias de la guerra que provocó la invasión de Rusia a Ucrania.

El guiño a Nicolás Maduro

El más llamativo de aquellos gestos presidenciales que apuntaron a Cristina —por lo inesperado y el marco elegido— fue el del deseo de normalizar las relaciones con Caracas. Lo planteó durante una visita oficial que hizo al país el mandatario de Ecuador, Guillermo Lasso. Un crítico tenaz del ex presidente Rafael Correa, radicado en Bélgica con motivo de causas de corrupción pendientes. En una de ellas fue condenada en 2020 a ocho años de prisión. No hace falta recordar el lazo estrecho entre el llamado “correísmo” y Cristina.

Fuentes diplomáticas dijeron que el planteo público de Fernández significó una incomodidad para Lasso. En paralelo, pudo llegar a interpretarse como una compensación hacia su frente interno. El Presidente ecuatoriano proviene del mundo de los bancos y las finanzas. Una sustancia amarga para el paladar kirchnerista.

Alberto planteó la necesidad de que las naciones de la región revisen sus relaciones diplomáticas “para no dejar sola a Venezuela”. Nadie atina a descubrir el paraguas internacional que poseería la Argentina para semejante exhortación.

Algunos mencionan el acercamiento de Washington para la compra de petróleo a Caracas, con motivo de la crisis energética derivada de la guerra en Ucrania. Como contraparte, Maduro liberó a dos empresarios de Estados Unidos que estaban presos en suelo caribeño. La oposición venezolana cuestionó duramente esa maniobra de Joe Biden.

Sucede que Ecuador ha reconocido al gobierno paralelo de Juan Guaidó. Nunca a Maduro. En la misma postura está el ex presidente Lenín Moreno, que supo en su tiempo ser el vice de Correa.

Detrás de la jugada de Alberto podría esconderse una justificación: Cristina viene pidiendo la reposición de un embajador en Caracas. No por casualidad el postulante sería un legislador del Parlasur, afín a ella: Oscar Laborde, antiguo militante del partido comunista.

El gran interrogante estaría en el contexto. Fuera de aquella misión de apuro que envió Biden, ¿qué se habría comenzado a transformar seriamente en Venezuela? Hay una causa por violación a los derechos humanos que se sustancia en la Corte Penal Internacional. Tiene como soporte un informe de la Comisionada para los DDHH de la ONU, la ex presidente socialista de Chile, Michelle Bachelet. Lo importante para Alberto, pareciera, fue haber quedado bien con Cristina.

Lasso resultó sincero. También diplomático. Sostuvo que Ecuador “no está listo para tomar una decisión de ese tipo”. Es decir, sumarse a la ayuda de Maduro. Remató: “Vemos con buenos ojos el llamado del Presidente Fernández”. Nunca hubiera dicho lo contrario.

No se sabe si Lasso abordó este martes el mismo tema en su paso por Uruguay. Compartió con Luis Lacalle Pou, sin embargo, una propuesta que le hace ruido a Alberto y al kirchnerismo. Crear en América Latina una zona de libre comercio. Lo mismo que el mandatario uruguayo predica en el Mercosur. Que cada nación pueda comerciar independientemente con terceros.

Martín Guzmán en Washington

Tal vez Guzmán recoja algún comentario informal sobre aquella propuesta de Alberto durante su permanencia en Washington. El ministro viajó internamente fortalecido después que el Presidente lo convirtió en protagonista principal de los anuncios distributivos conocidos el lunes. Su tarea encierra otros objetivos. Participar de la reunión de la primavera boreal del Fondo Monetario Internacional (FMI). Sus hitos principales están hacia finales de semana: el jueves dialogará con el staff del organismo; el viernes con su titular, la búlgara Kristalina Georgieva.

Las metas son dos. Recalibrar ciertas pautas establecidas en el acuerdo con el FMI que sufrieron desacoples con motivo de la guerra que se desató en Ucrania. Por otro lado, acceder al Fondo de Resiliencia dispuesto por el organismo financiero para ayudar a países de medianos y bajos ingresos para paliar los efectos de la guerra en las economías. Son alrededor de U$S45 mil millones. A la Argentina le tocaría alrededor de U$S1500 millones. Tendrían una ventaja enorme para el Gobierno. Son de libre disponibilidad. No entran en las fiscalizaciones trimestrales que hará el FMI.

Podrían utilizarse, por caso, para el plan anti crisis comunicado por Guzmán antes de su viaje. Aunque el corazón político de ese programa es el proyecto de la “renta inesperada” que ya abrió un ardiente debate y debe ser aprobado, en primera instancia, por Diputados. Donde el oficialismo es más débil.

En el Congreso está tallando ahora otro pleito. Tampoco pasa inadvertido fronteras afuera. La resistencia de Cristina en el Senado y de Sergio Massa en Diputados para validar los consejeros de la oposición que permitan funcionar a la Magistratura. Tal como ordenó la Corte Suprema. Una resistencia que implica, casi, un conflicto de poderes.

Eduardo van der Kooy

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