Miércoles, 04 Mayo 2022 10:30

¿Cuándo habrá comprado Larroque el gobierno para decir que “es nuestro”? – Por Ricardo Roa

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Al jefe de La Cámpora le dio un ataque de importancia o Cristina Kirchner lo mandó a atacar como nunca a Alberto Fernández. 

Hay un par de preguntas en medio de esta cada vez más profunda crisis de gobierno. Son de cajón y salen sin demasiado esfuerzo. La primera es qué busca Cristina con la escalada contra Fernández. La segunda: ¿cuánto aguantará Fernández? 

Y las dos son preguntas con olor a fin de ciclo. Que Cristina busca desgastar a Fernández es obvio. Eso viene pasando hace tiempo y a gran velocidad. La cuestión es qué quiere conseguir. Si lo que está buscando es que Fernández se vaya, puede lograr que la persona que eligió como presidente se vaya destruido. Pero también que quede un gobierno destruido. Por si se olvidó, es el gobierno del que es vicepresidenta y del que debería hacerse cargo.

Sólo Fernández sabe cuánto puede resistir esta ofensiva desde dentro mismo de su gobierno. Al ministro de Kicillof, Larroque, le dio un ataque de importancia o le dieron un ataque de importancia. Días atrás había dicho del ministro Guzmán que no lo votó nadie. Ahora dice que el gobierno de Fernández, al que no puede negar que lo votaron, “es nuestro”. Nuestro quiere decir de La Cámpora, de la que Larroque es su secretario general, lo que quiere decir que lo que dice lo dice La Cámpora o, mejor dicho, lo dice Cristina. En su blitz contra su propio gobierno, le falta decir, y tal vez no falte mucho, que el país “es nuestro”.

Larroque es un dirigente rudimentario que habla en base a consignas y denuncias. Textual del desatado Larroque: “Nosotros constituimos esta fuerza, lo convocamos a Alberto y ganamos las elecciones. Tampoco es que Alberto se va a llevar el gobierno a la mesita de luz, eso sería incorrecto. El gobierno es nuestro”. Lo incorrecto es todo esto tan alejado de gobernar, para lo que realmente fueron elegidos. Por empezar, ¿para qué lo convocaron al presidente si iban a ser los dueños del gobierno? Obvio: si no convocaban, ellos solos no ganaban.

Aunque La Cámpora y el cristinismo le pasan seguido y a fondo la lija a Fernández, Larroque dice que es Fernández quien raspa. “Alberto fuerza la ruptura permanentemente con operaciones de desgaste sobre la figura de Cristina”. Operaciones que se dicen, pero no se precisan. Lo que hizo Fernández después fue ¿una operación? al responder lo obvio: “No soy el dueño del gobierno. Nadie es dueño del Gobierno”. Frente a tanto dislate, esta obviedad casi parece un hallazgo político para ser comentado.

“Si a vos alguien te propone para ser presidente y después vos entendés que tenés que hacer un proyecto autónomo... bueno, eso tiene nombre”. ¿Eso cómo se llama? ¿Se llama traición?

Claro que hay más preguntas para este folletín que está reemplazando o al menos obstruyendo gobernar, para los que han sido puestos unos y otros, y no como dueños precisamente, sino más bien como inquilinos hasta el 2023. La pregunta es: ¿hasta qué punto la sociedad podrá aguantar este divorcio a medias? Si hay algo que La Cámpora no va a soltar son las cajas, de las que seguramente se siente muy dueña. Maneja más cajas que Guzmán.

Si Fernández se fuera, se iría destruido y dejaría un gobierno destruido y un país más destruido de lo que está. Es de esperar que Larroque se haya entusiasmado de más. El Presidente paga por no haber querido o no haber podido poner un límite a sus socios en el gobierno de ¿Todos? Como justificación, desde la presidencia se hace correr que allí se tiene la idea de que la sociedad no quiere verlo metido en esta guerra. Probablemente sea así para unos cuantos. Pero en el fondo le teme más a los costos imposibles de calcular de darle pelea a su vice que a los costos que está pagando en la opinión de la gente. Finalmente es Fernández.

Tercera en aparecer en orden cronológico, pero no en el de importancia, la vice se sumó a la saga, con un tuit descalificador de Fernández: “Se puede ser legítimo y legal de origen y no de gestión”. Nada que no haya sido pensado para completar lo dicho por Larroque. Como decir: el presidente no es legítimo. Acá, la legítima soy yo.

Ni al más creativo de los guionistas de Netflix se le pudo haber ocurrido armar una crisis así. Y, lo peor, es que no se sabe cómo puede terminar si no le ponen freno los que la están causando, llevándole más crisis a la gente por la que tanto dicen preocuparse. 

Ricardo Roa

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