Viernes, 13 Mayo 2022 08:52

Los equipos de Cristina Kirchner y Alberto Fernández, resignados a mantener agendas paralelas - Por Ignacio Miri

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En una reversión insólita del teorema de Raúl Baglini, Cristina Kirchner, la integrante del Gobierno que acumula más poder, es quien plantea las propuestas más extravagantes. 

Resignados a la permanencia de la pelea entre sus dos jefes y a la imposibilidad de llevar adelante políticas potencialmente parecidas a la normalidad, los funcionarios que le responden a Alberto Fernández y Cristina Kirchner insistirán con mantener sus agendas separadas. 

Respaldado por el Presidente, Martín Guzmán seguirá adelante con el plan de reducción del déficit fiscal firmado con el Fondo Monetario Internacional. Los ministros que reconocen la jefatura de Alberto Fernández tendrán que acomodarse a esa partitura que escribe Guzmán, a quien la vicepresidenta terminó convirtiendo en un hombre imprescindible para el Presidente. Incluso en días como ayer, con el record en treinta años de una inflación que tarda en volverse tolerable en la conciencia de millones de hombres y mujeres, Guzmán recibió el apoyo de Fernández desde París.

En la oficina de la vicepresidenta del Senado tienen las prioridades inversas. Cristina difunde con frecuencia semanal iniciativas destinadas a contrariar la vocación ahorrativa y otras decisiones del ministro. Así se ordenaron el anuncio de un blanqueo de bienes no declarados en el exterior, la prórroga de la moratoria para regularizar las jubilaciones y el fomento de las paritarias con aumentos que superan el 60 por ciento.

En su mayoría son impracticables porque el kirchnerismo controla solo la cámara alta, pero la vicepresidenta consigue dar testimonio de que no está de acuerdo con el ajuste ni con las decisiones que retrasan la recuperación del poder de compra del salario.

En una reversión insólita del teorema de Raúl Baglini, Cristina, la integrante del Gobierno que acumula más poder, es quien plantea las propuestas más extravagantes.

Esa particularidad le sirve a la vicepresidenta para instrumentar la ilusión de que es una opositora que resiste en lo más alto del Gobierno, pero todo indica que la pirueta es demasiado para los estómagos de los votantes. Una prueba de ello es que ni siquiera los cristinistas más convencidos se animan a apostar patrimonio propio a que Cristina será candidata a presidenta el año próximo.

En el kirchnerismo destacan que la vicepresidenta corrió al ministro del Interior, Eduardo Wado De Pedro, de una de las tareas que le habían delegado: ya no es más el encargado de contener a los gobernadores kirchneristas. Ese papel lo cumple ahora el chaqueño Jorge Capitanich, que resultó premiado la semana pasada con una visita de la vicepresidenta a Resistencia con discurso combativo incluido.

Capitanich recibió una venia de Cristina para decir que quiere ser candidato, pero ni siquiera consiguió el aval pleno del propio kirchnerismo. Dirigentes de La Cámpora, por ejemplo, preferirían trabajar para la candidatura presidencial de Sergio Massa y abrir una interna también en la provincia de Buenos Aires.

Allí, en el distrito más poblado del país, es donde el kirchnerismo tiene mayores posibilidades de conservar el poder. Como en la elección a gobernador no hay segunda vuelta, la boleta presidencial de Javier Milei puede restarle votos determinantes a la lista provincial de Juntos por el Cambio. Por eso mismo es que la vicepresidenta hará todo lo posible por trabar el proyecto de boleta única que impulsa la oposición. Si se impone ese cambio, la suerte electoral de la Nación y de la Provincia quedarán desligadas.

Ignacio Miri

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