Domingo, 15 Mayo 2022 07:40

El Frente de Todos y Juntos por el Cambio, prisioneros de unas PASO que están muy lejanas - Por Marcos Novaro

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Tanto en el oficialismo como en la principal oposición, los mecanismos que venían permitiéndoles funcionar están trabados por un internismo que solo se resolverá en las Primarias. Queda tener paciencia, y rezar para que los conflictos no estallen. 

Algo está muy mal en nuestra dirigencia política si el único que parece portarse más o menos razonablemente es el que siempre jugó a hacer el loco: Javier Milei no se pelea con nadie, expone su agenda, luce relajado y acomoda su peinado, mientras los demás se tiran de los pelos. ¿Qué es lo que está pasando? 

El Presidente viaja al exterior sin que lo inviten, con la esperanza de mostrarse atento a los problemas estratégicos del país en su relación con el mundo, para negociar futuras exportaciones de alimentos y gas, pero se la pasa hablando con los periodistas de sus peleas domésticas con Cristina Kirchner y La Cámpora. Juntos por el Cambio logra acordar un plan para que las fundaciones partidarias formulen un programa de gobierno, y reglas de juego para tomar decisiones de aquí en más, pero inmediatamente viola esas reglas por desacuerdos sobre la política de alianzas y disputas de cartel entre los dirigentes.

¿Qué es lo que afecta tanto al FdT como a JxC y por lo que no logran ni enfocarse en la agenda pública, los problemas que le preocupan a la sociedad, ni atender y resolver su propia agenda interna, la disputa de poder entre sus dirigentes, y entonces quedan atrapados en idas y vueltas que los desgastan?

Sucede que tanto en el oficialismo como en la, hasta aquí, principal oposición, los mecanismos coalicionales que venían permitiéndoles funcionar, y mal o bien resolver sus problemas internos, están trabados. A medida que esos problemas se agudizaron, estos mecanismos se fueron volviendo más y más insuficientes o inadecuados. ¿Por qué? Hay muchas razones, pero un dato objetivo destaca entre todas ellas: son prisioneros de unas PASO demasiado lejanas. Veamos.

Hay quienes piensan que Cristina no teme romper la unidad peronista, con tal de salirse con la suya y lavarse las manos de los resultados de la gestión del Frente de Todos, para poder recuperar al menos parte de los votos perdidos en los últimos dos años.

En verdad, dado que más que una auténtica coalición, el FdT apenas ha sido un entendimiento electoral entre figuras del peronismo, lo que hay que romper no es mucho: solo la capacidad de coordinarse y cooperar entre esas figuras. Pero sucede también, por eso mismo, que la eventual ruptura difícilmente les sirva a ninguna de ellas, porque no les va a sumar votos procedentes de otros sectores. Puede que más bien los condene a repartirse los pocos que les quedan.

Juega al límite la vice, es cierto, pero sería un error pensar que desconoce que en la fragmentación también ella lleva las de perder, junto al resto del partido oficial.

El problema es que no tiene forma de someter al juicio de esos votantes, para ratificar o cambiar, los mecanismos que permiten al peronismo mantenerse unido, hasta que lleguen las PASO. Y para eso falta una eternidad.

Es por eso mismo que la “solución albertista” parece ser otra más de sus costosísimas cronoterapias: el Presidente desde hace tiempo que viene planteando que las PASO de 2023 son la solución para las diferencias cada vez más explosivas en el FdT; lo acaba de repetir una vez más desde España, a raíz de las renovadas críticas del kirchnerismo duro contra sus ministros (“vayamos a las PASO”, sostuvo en su entrevista en El País, que se suponía debía servir para reinstalar la agenda externa de su gobierno).

El problema es que pocos creen que su gestión pueda llegar como va hasta que se concrete ese llamado a las urnas, y muchos, no solo en el entorno de Cristina, sospechan que intentarlo es una peligrosísima pérdida de tiempo. Así que presionan en la calle, en los medios y en el Congreso, donde sea que tengan alguna ficha para jugar, sin respetar ningún canal interno, para lograr un cambio que los favorezca. Lo hacen los Kirchner, pero también los sindicatos, los movimientos de desocupados, los gobernadores y los intendentes. El resultado está a la vista.

En suma, si pudiera hacer el peronismo una interna anticipada, tanto sus dirigentes como el país en general podrían ahorrarse unos cuantos meses de locura. Pero no hay forma. Ningún mecanismo a la mano va a permitir saldar la cuestión hasta que sea, tal vez, demasiado tarde.

Existe, con todo, una contracara de este perjuicio causado por las PASO al oficialismo, y es que el mismo problema afecta a la oposición.

Si ha habido un motivo de alivio para Cristina y Alberto Fernández en los últimos meses ha sido, sin duda, la creciente fragmentación opositora, y para que ella continúe o se agrave no hace falta que nadie meta la cuchara, alcanza con lo que vienen haciendo Javier Milei y sobre todo los miembros de JxC, empantanados en una disputa que tampoco tienen forma de resolver hasta dentro de un año largo.

Da la impresión de que el libertario no deja de acertar, y los cambiemitas no dejan de equivocarse. La gran diferencia entre ellos no es su mayor o menor perspicacia: es que Milei no tiene que consultar con nadie, mientras que en JxC, por más que consulten entre sí, no tienen forma de ponerse de acuerdo.

Podrían hacerlo si tuvieran, hoy mismo, un jefe, una mayoría y una minoría, es decir, si tuvieran forma de resolver de una buena vez la disputa entre halcones y palomas, entre el PRO y la UCR, entre el expresidente y los aspirantes a reemplazarlo. Pero igual que en el oficialismo, están condenados a esperar.

Conclusión: el escenario que crean las PASO resulta muy desventajoso para las coaliciones. Porque se prolongan inconvenientemente, en una situación de crisis que exige cohesión y definiciones claras cuanto antes, unas internas muy disputadas. Y se alimenta entonces la desconfianza dentro de ellas, y entre ellas y la ciudadanía: ¿por qué no logran enfocarse en la agenda que le preocupa a la opinión pública, en vez de en sus asuntos internos, y encima los agravan en vez de resolverlos? Si ahora se portan así, la gente se pregunta con todo derecho, “¿por qué pensar que van a hacerlo de otra manera estando en el Gobierno? Mejor confiar en un líder personalista y sin ataduras”. La soledad, de ser una desventaja, se vuelve una solución: el único que parece hacer las cosas bien es el que no tiene que negociar sus posiciones con nadie, porque responde solo ante sí mismo, Milei.

Es, claro, una ilusión: en soledad es imposible gobernar, intentarlo será una inevitable vía al fracaso, y tratar de reparar ese déficit a los apurones tampoco va a ser una buena solución. Pero nada de eso parece contar demasiado en la actual situación de crisis, y con las rígidas reglas de juego que el sistema se ha impuesto.

Las PASO no se van a modificar, no hay consenso para hacerlo. Ni los partidos y coaliciones tienen forma de acordar mecanismos complementarios que ofrezcan una salida anticipada a su internismo. Así que lo único que queda es tener paciencia, y rezar para que los conflictos no estallen, ni la sociedad se canse del todo de sus mecanismos y canales de representación hasta aquí vigentes. Si esa paciencia se agota, y en la Argentina se replica la disolución del sistema de partidos que han padecido recientemente otros países de la región, incluidos algunos mucho más sólidos que el nuestro, como Chile y Brasil, los efectos serán aquí mucho peores. Porque nuestra crisis económica y social, y la escasez de recursos en manos del Estado, son mucho más agudas.

Este cuadro lleva a pensar que el cambio solo va a ser posible en nuestro país si logramos, aunque suene contraintuitivo, conservar en cierta medida las instituciones políticas y a los actores que hasta aquí han venido conduciéndolas. Pero sucede que en ocasiones la gente piensa sus opciones de modo opuesto: asocia, no sin razón, el cambio del ambiente con el reemplazo de los agentes y los instrumentos, así que es difícil convencerla de los inconvenientes que resultarán de un recambio drástico de canales y planteles representativos. Más todavía cuando no es fácil ver ningún bebé en el agua sucia.

Marcos Novaro

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