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Lunes, 23 Mayo 2022 08:52

Un presidente sin respaldo político ante una crisis grave - Por Sergio Crivelli

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Abandonado por su vice, Alberto Fernández enfrenta una crisis que combina superinflación con falta de dólares. Su anemia de poder es proporcional al pesimismo económico que genera. 

La semana pasada la fundación FIEL actualizó su pronóstico inflacionario para 2022 llevándolo al 80%. Según una medición de la consultora ARESCO la capacidad de compra de los hogares disminuyó dramáticamente: el 11% puede comprar las mismas cosas que antes, pero el 79,5% puede comprar menos cosas. 

En cualquier elección son determinante tres variables: consumo, ingresos y empleo. Por eso Cristina Kirchner reclama constantemente por la recomposición del ingreso y se aleja a velocidad crucero del presidente. Por eso el presidente no consigue dirigentes de prestigio para relanzar su gabinete.

De todas maneras, la inflación es apenas una de las variables más peligrosas de la crisis económica. La otra es la falta de dólares, a pesar del fortísimo viento de cola por el alza mundial de los precios de las materias primas. Por eso el riesgo país apunta hacia niveles astronómicos y las expectativas negativas se mantienen en niveles incompatibles con cualquier recuperación duradera.

La falta de dólares aumenta el riesgo de una devaluación brusca y del consiguiente estallido social.

Alberto Fernández no tiene respuesta para ninguno de estos problemas por distintas limitaciones, pero la principal es la falta de apoyo político para hacer el ajuste al que lo fuerza el FMI y que permitiría ordenar las variables macro. Sería una decisión con fuerte costo electoral, por lo que la vicepresidenta lo abandonó a su suerte, dejándolo al mando de un gabinete inoperante y con funcionarios enfrentados. El resultado no podía ser otro que la parálisis.

En esta situación la respuesta de Fernández tiene tres rasgos repetitivos: las marchas y contramarchas, un discurso lejanísimo de la realidad y el intento de evitar una ruptura final con la vice para no acelerar la crisis. Hoy su objetivo más realista consiste en pasar el ajuste a quien lo suceda, si llega a tiempo. En otras palabras, paliar los problemas en la medida de lo posible, no buscarles una solución.

Anteayer en un intento de mostrar algo de músculo político en la interna oficialista armó un acto en el conurbano, territorio de CFK, para hacerse aplaudir por el aparato sindical de la UOCRA. No fue nadie de la vicepresidenta. Ni el gobernador de la provincia, ni siquiera el intendente local. Tampoco el ministro del Interior, ni el presidente del PJ bonaerense. Una pintura perfecta de su aislamiento.

Estaban los movimientos sociales financiados generosamente por el gobierno. Pero ese aparato, como el sindical, no resuelve la pérdida de votos del kirchnerismo que muestra todas las encuestas, y lo que es peor, que fue mostrada por las elecciones del año pasado. Hoy la mejor política social es un plan contra la inflación, algo que el gobierno no está en condiciones de producir.

Otro intento de exhibir poder consistió en poner la Secretaría de Comercio bajo el mando de Martín Guzmán a quien la vice quiere fuera del gobierno. El secretario del área, Roberto Feletti, había culpado a Guzmán de la inflación. Pasarle el control de los precios al ministro es pasarle un fracaso seguro. Esa botonera no funciona. El reacomodamiento burocrático podrá ser entendido como un triunfo simbólico, pero será otra derrota en la gestión.

Otro rasgo presidencial que acentuó es el de las marchas y contramarchas. Fernández dijo el viernes que para luchar contra la inflación una herramienta eficaz era la suba de retenciones a los cereales. A los pocos minutos salió a desmentirlo su ministro de Agricultura.

Esto ocurre porque compite con Cristina Kirchner por el “relato” antiajuste. La secuela de esto es el aumento de la incertidumbre y la desconfianza de los productores.

En estos momentos el gobierno intenta convencer a las grandes petroleras (Chevron, Total) de invertir en vista de la creciente rentabilidad de los combustibles por la guerra europea y a cambio les permitiría eludir el cepo que impide la repatriación de utilidades. ¿Quién le va a creer a un presidente que liga sus decisiones a los cambios de viento de la interna kirchnerista?

Estas idas, vueltas e indefiniciones se da en un marco de riesgosa escasez de dólares a pesar del aumento del precio de las materias primas. Las exportaciones en abril crecieron el 35% y tuvieron un saldo positivo de 2.380 millones de dólares. Las importaciones también crecieron, aunque siguen “pisadas”.

En este contexto el BCRA ha comprado en mayo sólo 750 millones de dólares cuando el año pasado había comprado 1.100 millones. Para peor en marzo pasado debió pagar 1.300 millones por energía, 30% más que en 2021.

El panorama es complejo y en el segundo semestre lo será más. Por eso los ofrecimientos de cargos en el gabinete no prosperaron. Por eso y por la desconfianza que genera la precaria situación política de Fernández.

Sergio Crivelli
Twitter: @CrivelliSergio

Sergio Crivelli

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