Miércoles, 25 Mayo 2022 08:28

Presidente con horario, una fiscal desplazada porque trabaja de fiscal y otras argentinadas - Por Ricardo Roa

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La vocera Gabriela Cerruti habló en España de la guerra en Ucrania sin nombrar a Vladimir Putin. Alberto Fernández, su jefe, había expuesto en ese país otra posición. 

Por un curiosísimo fallo judicial que podría inaugurar una nueva sección de los récords Guinness llamada argentinadas, nos vinimos a enterar de que el presidente cumple horario como un empleado en relación de dependencia. Esto último, dicho sin obvias segundas intenciones. 

El juez Lino Mirabelli bien podría decirnos, si es así, cuándo Fernández es presidente y cuándo no. Con ese extraordinario argumento y unos pesos de multa, lo absolvió por la violación de una cuarentena que él mismo decretó y que no preveía horas libres: todo el mundo en casa, sin fiestitas familiares y guay con salir.

En Olivos, casa de los presidentes, Fernández fue pescado celebrando un cumpleaños en su carácter de hijo de cualquier vecino, aunque algunos de los invitados tenían permisos truchos para circular, emitidos por funcionarios que tal vez también estaban fuera de servicio.

Mirabelli tiene procesado, entre otros, al famoso surfer, el “idiota” al que Fernández escrachó y al que pedía que explicara su “desaprensión” con el otro porque en vez de ir a cumplir la cuarentena a la casa que figuraba en su documento decidió hacerla en la de su madre.

El juez tiene otros casos. Habrá que ver cómo les interpreta la ley para que un común no sea más que un presidente. Está claro que Fernández no tiene menos derechos que cualquier otro ciudadano y que la fórmula para hacerlo zafar es la que ya se aplicaron a otros acusados del mismo delito. También está claro o debería estarlo, que como funcionario y nada menos que como Presidente, tiene muchos más deberes que un ciudadano común. Por de pronto, el respeto riguroso a la ley.

El juez resolvió hacer suya la propuesta y los argumentos del fiscal ultrakirchnerista Fernando Domínguez, sin cambiarles siquiera una coma. Antes de instalarse en los tribunales de San Isidro mandado por el gobierno de Cristina, Domínguez había estado en San Martín, donde hizo fama al perseguir y meter preso al intendente duhaldista Jesús Cariglino. El juez de Quilmes, Luis Armella, le promovió juicio político por eso. Con esa medalla y una misión, aterrizó en San Isidro: pasarles el escáner a dos intendentes incómodos entonces para el kirchnerismo, el local Gustavo Posse y Sergio Massa, de Tigre.

Dime quién te nombró y te diré cómo fallas. Si no es del todo cierto, es bastante común. Mirabelli fue nombrado juez durante el macrismo. Ahora recibe llamadas de Massa, que se pasó al cristinismo y que le pidió al juez solucionar el desaguisado de Fernández. Massa operó para sacar la causa de Comodoro Py y evitar que llegara a Arroyo Salgado, que la había reclamado. Un todo servicio.

Y nada nuevo bajo el sol. Como la destitución de la fiscal entrerriana Cecilia Goyeneche, que consiguió la condena por corrupción del ex gobernador Sergio Urribarri, quien debió renunciar como embajador en Israel pero aún sigue allí, desarmando administrativamente la embajada. Así son los relatos.

Era de cajón. La noticia hubiera sido que no la destituyera un jurado de siete miembros, cinco de extracción peronista. Se dieron el lujo, o fue por conciencia, de que uno de esos cinco votara por la continuidad. En su lugar votó por echarla un representante de los abogados. Las dos cuestiones, Fernández absuelto y Goyeneche culpable, resueltas por las mismas horas en esta Argentina del revés.

Fernández aportó su casi diario granito y no de arena, precisamente. Le avisó indirectamente al Papa que no iría al Tedeum, ahí nomás, cruzando la plaza, sino que iría a la Antártida, justo en época poco propicia. Fue un anuncio giratorio, como el de las retenciones. Si no llueve para arriba, irá al Tedeum. Su vocera, Gabriel Cerruti, viajó a España para una fiesta de Podemos, que nació hace una década como un movimiento de indignados antisistema, liderado por universitarios y un discurso extremo que logró arrinconar a la vieja izquierda.

Después de un ascenso meteórico, hoy está en descomposición, con una cúpula sectaria encerrada cada vez más sobre sí misma. Su principal figura, Yolanda Díaz, ministra de Trabajo, decidió lanzar la semana pasada su propia plataforma sin los dirigentes de Podemos. Golpe de nocaut.

Aprovechando los festejos, Cerruti se quejó de la guerra en Ucrania sin tener en cuenta quien la mandó hacer. Sin decir una palabra de Putin, como el Papa. Dos semanas antes, Fernández había asumido otra posición delante del gobierno español. Pero, tranquilos todos: tiene tiempo para cambiar. Y que nadie piense mal: Cerruti aclaró que todos sus gastos corren por cuenta de Podemos. Como sea, festejemos el 25 de Mayo.

Ricardo Roa

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