Domingo, 19 Junio 2022 04:23

Un breviario de picardías - Por Ignacio Zuleta

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La agenda preelectoral muestra que le irá mejor a quienes mantengan la unidad y puedan aprovechar las contradicciones ajenas. 

La agenda preelectoral ofrece un despliegue desbordante de picardías para malquistar al adversario. Las claves son sencillas en el país de las coaliciones imperfectas: le va mejor a quien mantenga la unidad y pueda aprovechar las contradicciones ajenas. 

No es un juego de dirigentes que arrastran multitudes. La democracia es una comunidad de oyentes (Byung-Chul Han). Sólo se trata de escuchar, y representar personas más que ideas. Estas se aprenden en los libros, y no sirven si no son ideas con experiencia.

Lo recordó en estos días Francisco, el Papa peronista: “No es suficiente comunicar ideas: Las ideas deben provenir de la experiencia” (Antonio Spadaro, “Diálogo del Papa con directores de revistas jesuitas”, La Civiltà Cattolica, Junio 2022).

El gobierno jugó a dividir a la oposición en el debate sobre la prórroga de los subsidios a la cultura. Se impuso por apenas 132 votos y la oposición lo enfrentó con una abstención negociada de 92 bancas y algunas ausencias tácticas. Lo hizo con más dificultad hacia adentro que hacia afuera.

El PRO mocionaba por el rechazo a la prórroga por 30 años. Radicales y lilistas eran más generosos. Si votaban divididos le hacían el juego al oficialismo, que también forzó el voto unificado entre los suyos.

Los 50 años de Diputados ahora van al Senado, adonde el peronismo está más cerca de los 8 años que pedía Juntos por el Cambio. Lo exigirán los gobernadores para no herir la masa coparticipable de impuestos. Pero su objetivo no era imaginar el futuro sino demoler la unidad opositora que les había ganado una semana antes con la sanción de Boleta Única.

Picardías de campaña que apenas rozan los temas de fondo. Oficialismo y oposición piensan casi lo mismo sobre los proyectos de Boleta Única – que el peronismo admitió antes de 2019 como alternativa al voto electrónico -, subsidio a la cultura, alquileres, monotributo – como se vio en el acuerdo que se aprobó el miércoles, etc. Pero se pelean empujados por la táctica compartida de diferenciarse para construir liderazgos internos, y ampliar, hacia afuera, el barrido de votos.

Alquileres, la revancha

Para los 132 votos el oficialismo sobreactuó la parada. Convocó a una barra de funcionarios que se agolpó en los palcos como si fueran oposición. Llegaron en sus autos oficiales, sus celulares, custodios y secretarios también oficiales para pedir a los gritos un voto que ya tenían asegurado. Lo más auténtico que se vio fue la estampa de Víctor Laplace saludando con los brazos alzados del general. No hacía falta tanto si el objetivo hubiera sido la sanción de las afectaciones especiales de los tribunos culturales. Pero era necesario si el propósito era descolocar a la oposición.

Valía la pena el esfuerzo, porque esta semana esa oposición unificada intentará construir el número para sacar un dictamen de mayoría en el proyecto de reforma de la ley de alquileres. Les cuesta, porque se repite la disidencia PRO vs UCR-CC: Macri ha mocionado en favor de la derogación de la ley. Sus socios prefieren una modificación, que ponga 2 años de plazo a los contratos, con actualización acordada entre las partes y un lapso de prueba para revisar el sistema - 6 años, quizás.

Guerras floridas

¿Valía la pena regalarle un triunfo y una vidriera a un gobierno al que le vas ganando la batalla entre el público? ¿Valía la pena cuando venían de darle un golpazo con la Boleta Única? La respuesta es sencilla: la oposición trabajó para su público que, entiende, le exige ortodoxia económica. Punto débil: ese voto ya lo tiene, y no lo va a perder porque afirme que los subsidios a la cultura tienen un plazo de 8 o 50 años.

El futuro es tan irreal como la eternidad. Un sector de JxC teme que le saquen votos por derecha si consiente proyectos heterodoxos. Es meritorio en este round que hayan privilegiado la unidad. A las 92 abstenciones hay que sumar las ausencias negociadas que pudieron ser votos negativos, que el oficialismo se los hubiera anotado como testimonio de una división.

Cristian Ritondo estaba en Washington. Compartiendo el lema “Eso yo no lo voto”, hicieron mutis por el foro - el recinto es un teatro - Rogelio Frigerio, Federico Angelini, Laura Rodríguez Machado. También Ricardo López Murphy, Fabio Quetglas, Margarita Stolbizer, aliados como Humberto Orrego o Claudio Poggi. Le quedó a Hernán Lombardi la faena de polemizar con unas barras airadas que se enardecieron con sus argumentos. Le respondieron con el viejo recurso del endeudamiento macrista.

Un grupo que se referencia en Horacio Rodríguez Larreta se levantó en silencio y se fueron al búnker que inauguró en Olazábal al 1300. Entre ellos Diego Santilli, Omar de Marchi y Álvaro González. Sesionaron en la mesa de arena del larretismo federal que coordina De Marchi. Se entretuvieron con detalles del encuentro de su jefe con Luis Lacalle Pou en Montevideo. El presidente del Uruguay lo recibió sin corbata, pero le observó el atuendo al visitante: - Te pusiste corbata... - Es que me enseñaron que para saludar a un presidente hay que ponerse corbata. (Se oyen risas).

Semana ingrata para Cristina

Para el oficialismo no son días gratos. Diputados tiene dos ejes quebrados. Uno lo produjo la migración de Maxi Kirchner de la jefatura del bloque. Otro es el cañonazo que recibió Sergio Massa con la instauración de Daniel Scioli en el gabinete.

Tampoco para la familia son días auspiciosos. Por algo Alberto pidió en Santa Fe que le votaran una reforma de la justicia. Es un favor preventivo hacia Cristina, a quien esta semana la Suprema Corte de Justicia puede llegar a rechazar todos los recursos que demoran su enjuiciamiento en la causa Vialidad.

El otro mensaje del tribunal es que descongela causas de peso político en un año no electoral. La Corte debe resolver las demandas de Cristina de una auditoría sobre las concesiones viales de todos los gobiernos. Cree que de esa zaranda van a surgir responsabilidades tan viscosas sobre otros gobiernos como las que le atribuyen a su administración. Más fino es el otro recurso, que clama por el cierre de la causa, porque en una demanda similar ya fue sobreseída por la justicia provincial de Santa Cruz. Una minucia, pero que alumbra grandes cumbres: decidirá la jurisdicción y ha costado que se forme mayoría sobre este punto.

Massa, el preaviso

El desembarco de Scioli le pone al oficialismo la bisagra del último año de la gestión de Alberto. Conmueve porque es el preaviso a Massa para que se busque otra querencia. Hasta ahora aparecía como el dueño del “segundo tiempo” de los Fernández. Agotó las vocerías con anuncios redradistas sobre superministerios a su cargo, con un dream team que iba a cambiar el rumbo. Los Fernández le señalan el túnel y marcan un hito en el cronograma de su gestión.

Massa se queja a través de tuiteros amigos y su desempeño en la sesión del miércoles fue un festival del rencor, con juicios negativos a la nueva etapa del gobierno ante quien quisiera escucharlo, y contarlo. Termina de pensar, como Cristina, que este gobierno está condenado a perder las elecciones del año que viene.

El expediente Scioli, encima, lo desplaza de cualquier proyecto. No lo van a consolar con la designación de uno de sus asesores principales, Guillermo Michel, como director de Aduanas. Este economista ha actuado como asesor del peronismo del Congreso en los proyectos más importantes. Asistió a Miguel Pichetto y a Sergio Massa en las negociaciones entre gobernadores peronistas y el gobierno de Cambiemos entre 2015 y 2019 – consensos fiscales, presupuestos, etc. Después del divorcio, quedó del lado de Massa.

Gestualidades

Massa cifró la serie de derrotas del peronismo desde 2013 porque entendió que existía un peronismo que no se identificaba con el que proponía la Cristina más disruptiva hacia el centro moderado: la Cristina furiosa que va de abril de 2008 - guerra del campo - a diciembre de 2011 - cepo y estatización de YPF. Este segmento sostuvo que el cisma de Massa fue arrastrado a la disidencia, y no al revés. Entendió la dialéctica Peronismo AMBA vs. Peronismo Federal y logró un entendimiento con dirigentes y gobernadores de una decena de provincias. Hoy ese mundo no existe.

Massa se quedó sin público y volvió al redil del AMBA. Hoy tiene que aguantar la opción de los Fernández por Scioli. ¿Adónde iría? ¿A un sendero randacista, con Florencio que está solo y espera junto a Juan Manuel que le ceba mate? Algún hermeneuta audaz del lenguaje no verbal se haría un plato con la gestualidad de Sergio en la sesión del miércoles, un festival de sonrisas, chanzas y carantoñas gracias, como si estuviera en el mejor de los mundos.

Presidía una sesión de contenido simbólico con proyectos que el gobierno haría aprobar sin dificultades, pero bajo la mirada de Maxi Kirchner que no abrió la boca desde la banca, ni para festejar la algarabía de su gobierno. Tampoco, y es más significativo, para defender al gobierno de su madre cuando Mario Negri – el látigo de la oposición – pidió se citasen a los ministros para explicar el misterio del avión negro – en realidad lo pintaron de blanco. Escuchó callado, como toda la bancada del FdT, como si las tramas iraníes hubieran ocurrido en otro país o bajo un gobierno sin marcas K. Después no llores como hombre lo que no supiste defender como mujer.

Scioli 2023 depende de la unidad del peronismo

No hace falta mucha imaginación para entender que Scioli se va a mover como el candidato del peronismo. Quien lo conozca sabe, además, que el nuevo ministro no le teme a una agenda espinosa, como hacer peronismo sin dólares y con una demanda interminable de sectores de la economía que esperan que su cartera les auspicie los negocios. Pocos dirigentes del peronismo tienen más experiencia que él en gestiones inviables.

Lo demostró en el mandato como vicepresidente de Néstor, y sus dos mandatos como gobernador de Buenos Aires, cuando el cristinismo agotó el ingenio para ponerle piedras en el camino. Les ganó por cansancio; fue candidato a presidente en 2015 y perdió por poco más de dos puntos. La viabilidad de una candidatura no depende de él sino del conjunto del peronismo, forzado como nunca a sostener la unidad.

La faena es compleja porque representa al peronismo del AMBA, que ha vivido enfrentado con el peronismo del resto del país – el de los gobernadores – en los últimos 40 años. Por esa diferencia geoestratégica, nunca el peronismo del AMBA pudo poner un presidente de la Nación. Ha sido la suerte de Antonio Cafiero, Eduardo Duhalde, de él mismo y de Cristina en 2019.

Manzur, el desencanto

Le va a costar a Scioli anudar esa unidad de los dos peronismos, tanto como conseguir los dólares para una gestión airosa en Desarrollo Productivo. Para quienes miran los detalles: lo primero que hizo Scioli después de jurar como ministro el miércoles fue viajar a La Plata y jugar de visitante en el despacho de Axel Kicillof.

Los gobernadores vienen del desencanto Manzur que parecía ser quien los representaría en una ampliación de la coalición gobernante. El jefe de gabinete llegó al cargo como gerente del Peronismo Federal. Tenía pergaminos de anticristinismo y se decía de él, al asumir, lo mismo que hoy de Scioli: que sería el candidato en 2023. Le duró poco. Fue jibarizado por sus socios del peronismo del AMBA, empezando por Cristina de Kirchner, quien alardeó de que ella había propuesto su designación. ¿Hacía falta ayudarlo tanto? O tiene mala suerte o trae mala suerte: ella también había alardeado de ser la electora de Alberto presidente.

Ignacio Zuleta

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