Viernes, 08 Julio 2022 08:01

¿A quién le importa si Alberto y Cristina hablan o no hablan? - Por Ignacio Miri

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Ya existe un nombre que representa el acuerdo entre el Presidente y la vice: es Silvina Batakis. Y así le va. 

En alguna etapa de la historia del Frente de Todos, la política seguía con atención morbosa las peleas, rencillas, treguas y acuerdos entre Alberto Fernández y Cristina Kirchner. ¿Hablaron? ¿No hablan? ¿Ganó la vice? ¿Resiste el Presidente? En el último fin de semana, sin embargo, quedó claro algo que se intuía desde hace tiempo. Cada vez se hace más notorio que la salud del vínculo entre los miembros de la fórmula presidencial tiene un impacto irrelevante en las vidas, la fortuna y la tranquilidad de los argentinos. No importa si se quieren o se odian, si acuerdan caminar juntos o si colisionan: lo determinante es que en todo el Gobierno no hay nadie que sepa cómo intervenir sobre los problemas más alarmantes de la economía. 

¿Tiene algún funcionario una idea sobre los pasos necesarios para bajar la inflación? ¿Sabe alguien cómo evitar la pérdida del poder adquisitivo del salario y la caída del consumo que se espera para los próximos meses? ¿Hay algún plan, aunque sea a plazo interminable, para cerrar la brecha entre el dólar oficial y las cotizaciones financieras? ¿Hay alguna idea para reducir los niveles desesperantes de pobreza? ¿Existe algún miembro del equipo económico que sepa cómo hacer para que el Banco Central recupere reservas o se fortalezca la moneda nacional? La respuesta a todas esas preguntas -lo demuestra la irreverente realidad- es no.

Por alguna razón difícil de adivinar, Cristina insiste en cada una de sus intervenciones con un reclamo recurrente: lo que le falta a este Gobierno, dice, es más kirchnerismo. Según ella, Martín Guzmán y Fernández fallaron porque le dieron demasiadas señales al mercado y no se animaron a enfrentar a los empresarios con suficiente rigor.

La sociedad ya dijo con bastante claridad en las elecciones del año pasado lo que pensaba sobre esa evaluación de la vicepresidenta y también sobre la marcha del Gobierno.

El proceso de reemplazo de Guzmán y lo que ocurrió desde la salida del ministro también es bastante elocuente. El Presidente no tenía un plan B para reemplazar al economista al que se había aferrado como si fuese un verdadero camino al éxito y los planes C, D, E y F rechazaron el convite.

La designación de la candidata de última instancia, Silvina Batakis, fue recibida como eso mismo. Imposible que una ministra que tiene como bandera las ideas de Cristina Kirchner inspiren confianza justamente a las personas y empresas que estaban tratando de proteger sus ahorros de las decisiones de un Gobierno que -excepto para la óptica de la vicepresidenta- está demasiado influenciado por las ideas de Cristina Kirchner.

Para decirlo de otro modo. El problema no es el desacuerdo entre Alberto y Cristina. De hecho, ya hay una ministra que representa el acuerdo entre ellos: se llama Batakis y la sola enunciación de su nombre le agregó velocidad a la inflación, derrumbó más los bonos argentinos y agujereó más las reservas del Banco Central.

Como suele decir un intendente peronista del Conurbano con buena relación con el kirchnerismo, el 95% de los economistas del país llegó a algunos acuerdos básicos sobre los orígenes y el diagnóstico de la crisis. El 5% que no piensa eso es justamente el grupo que escucha la vicepresidenta y son los que le aportan ideas que luego convierte en suyas al enunciarlas. Con la profundización de esas ideas como faro: ¿qué motivos existen para pensar que la situación puede mejorar?

Ignacio Miri

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