Domingo, 10 Julio 2022 06:07

La sociedad de los rencores mutuos - Por Ignacio Zuleta

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Actores. La salida de Martín Guzmán agitó el hormiguero oficialista. El ministro de Interior se adjudicó la candidatura de Batakis, que fue obra de Miguel Ángel Pesce, jefe del Banco Central. Massa propuso cambios tan drásticos que pareció una sobreactuación. Cristina aprobó en silencio, pero no era su candidata. 

La pausa invernal y las esquirlas de la crisis no solo paralizan al Congreso, que entra en receso de sesiones. También agitan la coctelera de las pretensiones. El oficialismo entró en un vértigo de cambios hora a hora. El ring de la salida de Martín Guzmán dejó heridos a los tres socios de la cúpula, fruto del proyecto idéntico de cada uno: evitar que los otros dos prosperen, pero que tampoco caigan tanto como para arrastrar al conjunto. Un juego de puercoespines que deja avanzar a nuevos protagonismos. Uno es el de Wado de Pedro, que funciona más como jefe de gabinete que como ministro del Interior, tarea que asume Juan Manzur. Lo prueba el que se adueñe de la decisión de designar a la nueva ministra de Economía, cuando quien la propuso fue Miguel Pesce, el principal contradictor de Martín Guzmán. Silvina Batakis es una economista registrada como de la “escuela bonaerense”. Viene a ser una nueva generación de los seniors de esa formación – Rodolfo Frigeri, Jorge Remes Lenicov, Jorge Sarghini, Carlos Fernández – que formó los elencos de Antonio Cafiero y Eduardo Duhalde. Como ministra de Daniel Scioli fue la contradictora de Axel Kicillof, encargado de ponerle el corsé al entonces gobernador. Es lo último que hubiera querido para ese cargo Cristina. Pesce es el funcionario del gobierno con más trayectoria junto a Alberto Fernández. Lo acompañó desde que estaba con Aníbal Ibarra en la CABA; fue funcionario del Banco Nación, ministro en la intervención en Santiago del Estero y preside el Banco Central con este y el anterior gobierno del peronismo. Es razonable que Alberto siguiera el consejo de Pesce. 

El choque de proyectos

Es una exageración creer que fue una imposición de Cristina que, como Massa, quiere estar lo más lejos posible de Olivos. Acá se hizo lo que Alberto quiso. Rarezas de esta crisis, en la que se borra el horizonte, y el piloto confunde el cielo con el mar. El gobierno, cuyo único programa es una interminable cadena de campañas de prensa, transmite que lejos de haber terminado, recién comienza. Los pronósticos electorales son tan pesimistas como los financieros y como hojas en viento los mandatarios de la trifecta presidencial se han dedicado a descalificarse uno al otro. Tres débiles cuya única tarea es la deslegitimación cruzada. Alberto no quiere que ni Massa ni Cristina tengan más poder que él, y así actúan cada cual con los otros socios. Ninguno ha compartido el pasado, tampoco quieren compartir el futuro. ¿Alguien creyó que Cristina o Alberto iban a entregarle a Sergio todo el poder con el gabinete del whatsapp que Massa hizo circular el domingo para medrar con lo que no fue más una corrida informativa, que se cerró con un trueque en la colectora – Batakis por Guzmán? Quien le busque alguna racionalidad a los procesos políticos entienden que Massa apuesta a un shock de economía de mercado, y Cristina a un shock de economía de Estado. Les corren por las venas sangre de grupos incompatibles. La incompatibilidad le quita el affectio societatis a un gobierno que la improvisó sólo para ganar las elecciones de 2019 – y fue bastante – y sin afectos no hay política. Deberían militar en partidos contrarios y arriesgar vida en gobiernos también distintos.

Massa reivindica la "Ley de Mércuri"

Esta contradicción alimenta lecturas más jugosas de la trama, que sigue abierta. La corrida informativa del domingo fue disparada por la picardía de Guzmán de dar el portazo sin avisarle a nadie. Casi no tenía amigos en el gobierno – lo castigaba Cristina en público, y en privado lo descascaraban con las descalificaciones más viles sus colegas del gabinete y los gobernadores. No estaba obligado a avisarle a nadie. Más pícaro fue Massa, que habilitó el whatsapp con el nuevo gabinete con él como jefe, Álvarez Agis a Economía, Redrado al Central, y la fusión de los ministerios. Pedía todo, quizás para que no le dieran nada y poder estar lejos de la explosión que él cree es inevitable. Se le aplica la llamada “ley de Mércuri”: “Pido lo que no me van a dar para conservar lo que tengo”. Ese método pavimentó la carrera de Osvaldo Mércuri, una de las estrellas del peronismo bonaerense en su edad de oro. Para Massa no hay ningún negocio en seguir abrazado al gobierno en el tobogán. Tampoco para Cristina, que se privó de imponer un ministro de Economía propio. ¿Podía hacerlo? Sus decisiones medran siempre con el halo de poder que transmite, alimentado más por la oposición, que la prefiere como adversaria porque le gana casi siempre en las urnas, que por los propios. Es un regalo esa veneración de sus adversarios, es como un equipo que está en el fondo de la tabla, al borde del descenso (judicial, por ejemplo) pero los locutores dicen que juega bien.

Flaquea el control de Cristina sobre el Senado

Las crisis son como los matrimonios o los campamentos: ponen a prueba las relaciones, y revelan lo mejor y lo peor de cada uno. Que es una crisis que recién comienza lo revela el deterioro creciente de la poca fuerza que tiene el gobierno en el Congreso. La sesión del Senado para el proyecto de ampliación de la Corte pasó de ser un paseo para mostrar fuerza – no más, porque moriría en Diputados – en un tropiezo. La Cristina achicada después de la corrida del domingo, perdió adhesiones de aliados que levantan su precio. Sumado a algún enfermo, Guillermo Snopek, fogonero de la comisión de Constitucionales, cree que habrá una oportunidad para tratar el proyecto recién en agosto, con apoyo de la misionera Magdalena Solari Quintana y la riojana María Clara del Valle Vega – dos legisladoras paraoficiales, pero con juego móvil (ejemplo: cuando se trató la legalización del aborto en 2020, se apartaron de sus socios y fueron “celestes”). Es un proyecto para señalar posicionamientos, porque a la Corte no la va a cambiar. Por eso desnuda debilidades. Habrá que sumar a la encuesta permanente de hogares del Indec la suba del precio de las adhesiones. Maldita inflación, que le hace perder al gobierno la holgada mayoría en el Senado de Cristina- la crisis pasa factura.

No tener jefe también se paga

Este contexto le pone luz a un episodio caliente de la sesión de Diputados de madrugada, pero que es una radiografía de las relaciones de fuerza en la cámara. Fue el choque con la oposición por la creación de un área de protección del “Agujero Azul”, en la Plataforma Continental Argentina. Cambiemos pagó la factura de no tener un presidente del interbloque que coordine estrategia en el recinto. Una inquina abierta en la coalición le concede ese rol, de facto, a Mario Negri, pero esa informalidad le impide ordenar a los diputados en temas críticos como éste. El proyecto de Graciela Camaño aglutinó 131 votos del oficialismo, a quien ayudaron los opositores Emilio Monzó, Sebastián García de Luca y Margarita Stolbizer. Sin ellos no salía, porque el otro socio del bloque de Camaño, Florencio Randazzo, había caído por Covid – hacían falta 129. El proyecto fue cuestionado por la Coalición Cívica, a la que Mariana Zuvic arrastró al rechazo de Juntos por el Cambio mediante el manso recurso de ausentarse con solo ponerse de pie junto a la banca – se llama “quitar el culo”, porque la presencia se registra por el peso sobre la silla – y una inexplicable abstención del jefe lustosista Emiliano Yacobitti. Juntaron 126 ausencias, enojados por el manejo de Massa de mandar el proyecto a la Comisión de Legislación General, donde el oficialismo tiene mayoría, eludiendo otras como Intereses Marítimos Fluviales, Pesqueros y Portuarios (que preside Zuvic), Relaciones Exteriores y Defensa Nacional.

Y Massa se descascara en Diputados

La oposición se indignó por lo que consideró una arbitrariedad cometida por Massa en el trámite, otra víctima de la crisis. “Señor presidente – ironizó Cristian Ritondo -, cierre todas las comisiones -con lo cual, además, ahorraríamos mucha plata- y deje solamente la Comisión de Legislación General, y en una de esas les salen todas sus leyes”. Sal sobre la herida: las leyes que no le salen a Massa son justo las que pide Cristina. Nadie, salvo Zuvic, cuestionó la solvencia del proyecto de Camaño, la dueña de los temas ambientales en la cámara. Pero el trámite equívoco exasperó incluso a lo normales. Mario Negri había marcado diferencias con el discurso sobre “Dejen de empujarse entre ustedes” más temprano. Se exasperó cuando la oposición trataba de reenviar el proyecto a las comisiones: “¡Es una tropelía injustificada! Eso no existe. Solamente por un capricho, porque pueden sacar la ley como corresponde. (...) ¡No existen antecedentes de una guarangada similar!¡Es una grosería! Si se chocan ustedes solos ¡Dejen de inventar, son unos tarados ustedes!” El debate muestra algunas trizaduras en la oposición, cuya virtud mayor es la unidad. La disidencia de Monzó, por ejemplo, cuando pide pista en el frente de Horacio Rodríguez Larreta, que lo tiene como aliado en la ciudad y marca diferencias que motivaron la queja de Zuvic en un odioso tuit en el que señala que “El oficialismo gracias a los Diputados de JXC, Amaya, García de Luca, Emilio Monzó, y la Dip. Stolbizer, aprobaron un engendro que violó todos los Procedimientos y genera un alarmante antecedente. Y puede amenazar la soberanía de la cuestión de las Islas Malvinas”. Todo amerita que intervenga Elisa Carrió, que siempre ha respetado la “mano de piedra” de Camaño (recordar el sopapo a Kunkel, que terminó con la carrera política de éste), que se ha cuidado de tampoco confrontar sobre este proyecto con otras figuras de la oposición además de Zuvic.

El agujero azul pudo ser unicornio

Los reajustes son producto de la crisis, porque el proyecto del “Agujero azul” de Camaño pudo ser un “Unicornio azul” – una rareza excepcional y valiosa - al que apoyasen todas las bancadas. La protección del medio ambiente en más de 140.000 km cuadrados es el producto multipartidario. Camaño defendió al funcionario del gobierno de Macri que inspiró la legislación que respalda este mecanismo de protección – Ezequiel Ezcurra, un “greenpeace” que fue subdirector de Parques Nacionales de la administración de Cambiemos. También protege la actividad petrolera al modificar el trazado del área. Ante las críticas de Zuvic, Camaño reconoció que el proyecto evita un catarata de juicios de licenciatarios de exploración off shore.

Zuvic: Pasamos de un área que originalmente era de 164.000 kilómetros cuadrados a una de 148.000 kilómetros cuadrados, a pedido de la Secretaría de Energía y de las petroleras, entre ellas nada más y nada menos que British Petroleum. ¡Linda manera de defender la soberanía, entregando un área petrolera a la British Petroleum!

Camaño: ... ¿cómo que para qué se han metido los ingleses en las concesiones?, les cuento que esas diecinueve concesiones las dio el ex presidente Mauricio Macri. De hecho, la concesión del área que tiene conflictividad judicial frente a Mar del Plata también la otorgó Mauricio Macri. Entonces, ¿de qué me están hablando? ¿Qué pretenden? ¿Que nosotros metamos en el área a las diecinueve concesiones para indemnizar, como si el dinero fuera nuestro? Las sacamos, señor presidente, no por un lobby petrolero, sino por una conciencia de resguardar los intereses y los dineros del Estado, nada más que por eso.”

Queda para momentos menos críticos un debate más sereno y a horas más acomodadas. Puede ocurrir en el Senado, en donde hay un proyecto de la opositora Gladys González que va en la misma línea que el de Camaño. El debate podrá aclarar cuánto hay de inquina aldeana entre Zuvic y Máximo Kirchner – que respaldó el proyecto de Camaño, y cuánto hay de lobbies pesqueros y petroleros. Hay quejas de España de que esta área puede limitar la captura de los pesqueros de arrastre que vienen de ese país. Las petroleras se salvan de la protección. Algo valioso hoy, cuando la EU discute considerar al gas y a la nuclear, como “energías verdes”. Una manera de protegerlas de la escalada de precios por la guerra de Ucrania. Son las entrelíneas de una polémica que deja como víctima la posibilidad de un acuerdo. El proyecto tiene el respaldo de la COPLA (Comisión Nacional del Límite Exterior de la Plataforma Continental Argentina), organismo que resiste el paso del tiempo como iniciativa multipartidaria. La coordina desde 1997 la abogada Frida Armas y todos los gobiernos desde entonces han avalado su tarea. En 2016 la ONU aprobó los límites de la plataforma continental argentina que resultó mucho más grande de lo reconocido hasta entonces. Zuvic insiste en que proyecto de Camaño/Gladys González es una trampa tendida por Gran Bretaña a través de ONGs ambientalistas para validar la creación por parte de ellos una zona de protección propia. Difícil que el espionaje inglés se le anime a Camaño. Responde que los ingleses hacen lo que quieren en el área usurpada en Malvinas y que se protegen con submarinos nucleares, no con leyes ni unicornios.

Ignacio Zuleta

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