Miércoles, 13 Julio 2022 08:55

El Gobierno sigue enredado en su crisis a pesar del ingreso de Silvina Batakis - Por Eduardo van der Kooy

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La pelea del kirchnerismo contra las intenciones de recortar el déficit fiscal que anunció la ministra se mantiene. 

Alberto Fernández hizo un gran esfuerzo por empoderar a Silvina Batakis. Cuando anunció las primeras medidas, sentó al lado de la nueva ministra de Economía a Daniel Scioli, su par de Producción, y Julián Domínguez, titular de Agricultura. La mesa fue completada por Miguel Pesce, director del Banco Central, Matías Lammens, encargado de Turismo y Mercedes Marcó del Pont, a cargo de la AFIP. Línea pura del albertismo. 

El Presidente pretendió colocarle remache a la escenografía con una declaración que hizo en Berazategui, al dejar inaugurado un tramo de pavimento. Apoyó la necesidad de reducir, de modo paulatino, el déficit fiscal. A contramano de las repetidas explicaciones de Cristina Fernández, según las cuales ese desequilibrio de las cuentas no incidiría en la inflación.

Aquella pretensión de Alberto pareció circular en contra de cualquier lógica política. Difícil empoderar a un funcionario cuando es la columna del Gobierno la que exhibe debilitamiento. La distancia entre el Presidente y su vicepresidenta desencadena tal fenómeno. Para colmo, el mandatario representa la pieza más frágil de las dos.

Se comprende, entonces, por qué razón el apaciguamiento interno y externo que buscó el reemplazo de Martín Guzmán por Batakis pareciera ser efímero. El lunes los mercados establecieron una pausa que interrumpieron el martes. El riesgo país de la Argentina se ubicó casi a la par del de Ucrania, en guerra, y Sri Lanka, en caos institucional. Con menos paciencia, el mismo día de los anuncios se dispararon reacciones iniciales adversas en el Frente de Todos. O en organizaciones y dirigentes que orbitan en torno al oficialismo.

Existió otra señal, tal vez, tan negativa como esas expresiones. El hondo silencio imperante entre los dirigentes más importantes que reportan a Cristina. El de ella misma. Síntomas inconfundibles de dos cosas. Batakis no fue propuesta por la vice. Sí aceptada. Dicho reflejo no resultó producto de ninguna convicción. Se impuso el temor en el oficialismo sobre la posibilidad de una hecatombe. Así nació el paréntesis a la crisis, que está lejos de haber sido superada. En el terreno político y también económico.

Hugo Yasky es el titular de la CTA. Estuvo sentado al lado de Cristina en el plenario de junio que la organización efectuó en Avellaneda. El sindicalista opinó que la nueva ministra “prefirió dar una señal a los mercados”. Adelantó que “el pueblo” expondrá sus “reclamos en las calles” de diferentes maneras. No le gustó el “sentido fiscalista” de los anuncios de Batakis. Los relacionó con su anterior gestión en Buenos Aires, mientras gobernaba Scioli. Se animó a pronosticar una serie de movilizaciones.

Juan Grabois es el líder de la Confederación de Trabajadores de la Economía Popular (CTEP). Ligado al Papa Francisco y admirador de Cristina. “Fue la única que vio hace un año el riesgo de la escalada inflacionaria”, declaró. El dirigente social encarará desde hoy un mecanismo de asambleas barriales para pelear por el Salario Básico Universal. Batakis, por razones fiscales, afirmó que habría que dejarlo para más adelante. La ofensiva de Grabois se estiró hasta la comparación de la nueva ministra con la figura de Domingo Cavallo.

Pablo Moyano es el hijo de Hugo, el líder camionero. Integra el secretariado de la Confederación General del Trabajo (CGT). Junto a Héctor Daer y Carlos Acuña. Hizo el primer movimiento para desmarcarse de los anuncios de Batakis. Como Yasky, criticó la intención de brindar una señal a los mercados y no “a la gente que la está pasando mal”. Reclamó por una baja en la inflación. Encabezó en el Congreso una marcha de afiliados de camioneros por un conflicto de encuadramiento sectorial.

Moyano viene empujando dentro de la CGT la posibilidad de alguna acción directa. Otros dirigentes importantes la resisten. Temen provocarle un traspié político a un Gobierno parado en un lodazal. La Confederación de Trabajadores del Transporte (CATT), donde están los camioneros, se ocuparon de meterle presión a la central obrera.

En la CGT, el gremio de los estatales posee un peso muy importante. El anuncio de Batakis acerca de un congelamiento de la dotación del Estado activó los sensores. De hecho, en la última jornada se efectuaron movilizaciones en el interior –ya previstas— que levantaron críticas contra la propuesta de la ministra.

Sin pertenecer a aquella geografía política, los movimientos sociales liderados por el Partido Obrero realizarán este jueves una concentración en el centro de la Ciudad. Con reclamos que, por casualidad o no, van en dirección similar a la que plantea el kirchnerismo. El Salario Básico Universal, la revisión de paritarias. El punto diferenciador sería el pedido de nuevos planes. El Gobierno los niega. Esa batalla del ministro de Desarrollo Social, Juan Zabaleta, continúa en pleno desarrollo.

Las líneas tienden a cruzarse, incluso, dentro del universo que respalda al Presidente. El Movimiento Evita hizo el 9 de julio un congreso masivo que sonó como respuesta a las críticas que viene desparramando Cristina sobre la necesidad de terminar con la “tercerización” de los planes. Sin embargo, en ese mismo conglomerado se oyen apoyos públicos al Salario Básico Universal que Batakis explicó que no está en condiciones de implementar. Malas noticias para Alberto. Se trata de uno de sus mejores aliados del escuálido poder que exhibe.

Resulta difícil aceptar que todas aquellas voces que salieron a cuestionar a Batakis no hayan tenido –al menos por omisión- alguna complacencia kirchnerista. Es cierto que varias representan a dirigentes de la periferia. No lo serían ni Moyano ni Yasky. De todas formas, en el Instituto Patria se impuso la prescindencia a fin de no boicotear la precaria estabilidad que surgió con el arribo de Batakis a Economía.

El temor, ante todo, espoleó aquel estado de cosas. No se observa que el Frente de Todos haya logrado rescatar aún alguna síntesis por la crisis atravesada. En el medio de la discusión continúa la mirada expansionista del gasto que impulsa la vicepresidenta y el kirchnerismo. Contra un sendero más restrictivo que propone Batakis y sostiene Alberto.

La puja resulta medular para conocer en qué medida podrá sostenerse, aun con matices, el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI). Para que eso suceda el Presidente sabe que requerirá de algún espaldarazo político. Intentará buscarlo en la bilateral que mantendrá con Joe Biden el próximo 25. Habrá que ver, si lo consigue, cómo le responde el frente interno alborotado y una relación con Cristina que sólo mejoró por la ausencia de prepoteos públicos.

Eduardo van der Kooy

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