Miércoles, 27 Julio 2022 09:06

El ajuste de Batakis, una nueva prueba para la frágil relación de Alberto y Cristina - Por Eduardo van der Kooy

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La ministra de Economía llevó a Washington un aval que la vicepresidenta nunca hizo público. El Presidente sigue con las dudas: le pega al campo y concede el “dólar soja”. 

El Gobierno entró en estado de paréntesis desde que Silvina Batakis, la nueva ministra de Economía, inició su gira por Estados Unidos. Esa situación podrá modificarse a partir de su regreso y el balance de la gestión. 

Existe un anticipo: tanto en la reunión que mantuvo con la titular del Fondo Monetario Internacional (FMI), Kristalina Georgieva, como con la Secretaria del Tesoro, Janet Yellen, y su principal asesor, David Lipton, quedó claro que la Argentina debe ordenar las cuentas fiscales. El ajuste, se suele decir. Fue lo primero que explicó Batakis ante el gabinete, a pocos días de su asunción.

La conclusión estuvo acompañada por una declaración del FMI en la cual se expresó “preocupación” por la situación económica de nuestro país. Sobre todo, la inflación. El pronunciamiento puso en duda, incluso, que las recetas que para combatirla implementa el Gobierno estén en la dirección correcta.

Dicho texto tuvo que ver con lo que escuchó la nueva ministra. Aparte de las dificultades objetivas que plantea la gran crisis estuvo obligada a afrontar otro par de desafíos. Palpó cómo la credibilidad argentina en el exterior es casi nula; afrontó -aseguran que lo hizo con determinación- las dudas que funcionarios e inversores le plantearon sobre el papel de Cristina Fernández. “¿Respaldará lo haya que hacer?”, se cansó de escuchar.

En el último encuentro antes del regreso resolvió tomar la iniciativa. Sostuvo que su gestión es avalada por la vicepresidenta. Una verdadera novedad. Hasta ahora Cristina se refugió en el silencio. El kirchnerismo se había encargado de aclarar que, tras la intempestiva renuncia de Martín Guzmán, el nombre de Batakis no había sido vetado. Pero que nunca la propuesta de su nombramiento emergió de parte de la titular del Senado.

Cristina y el ajuste

Aquella aseveración de Batakis en Washington abre interrogantes sobre el tiempo que se avecina. ¿En serio Cristina aceptará la dimensión del ajuste fiscal que escuchó la ministra de parte del FMI? ¿Formará parte de las nuevas medidas que se esperan desde que asumió? ¿Encajaría en la reestructuración del gabinete que Alberto Fernández y la vicepresidenta tantearon durante el almuerzo del sábado pasado?

Esa posibilidad reconoce varios puntos. En primer término, la necesidad de achicar la estructura ministerial, más allá de los “funcionarios que no funcionan”. En segundo, alguna manera de dotar a la administración de un músculo político que ha venido perdiendo al compás de la debilidad presidencial y la diáspora en el Frente de Todos.

Aflora, inevitablemente, la figura de Sergio Massa. Porque, en realidad, no existe ninguna otra capaz de poder regenerar alguna expectativa. Hombres cercanos a Alberto ahora se interpelan: “¿Tiene Massa la misma cotización que tenía hace tres semanas?” En ese momento el nombre del titular de la Cámara de Diputados también figuró en la línea de vanguardia. Hubo una negativa de Cristina y una indefinición permanente de Alberto. ¿Qué cambió desde entonces? “Que todo está mucho peor”, ilustró un secretario de Estado.

La referencia no apunta solamente a la última corrida del dólar. Sosegada en una cotización altísima durante el viaje de Batakis a Washington. Se vendrá en julio una inflación cercana al 8%. O más. No hay un criterio uniforme en el poder acerca de la manera de lograr mayor ingreso de divisas. Batakis habló de un incentivo al campo para que liquide su cosecha.

El presidente de Banco Central, Miguel Pesce, hubiera preferido no tener una cotización más, de las ocho que existen, respecto de la moneda estadounidense. Pero la asfixia lo obligó a ceder. Influye además el peso del discurso político que enarbola el kirchnerismo. El campo figura como eje de sus críticas.

No por casualidad, en medio de la incertidumbre, se vincula al campo con supuestas maniobras desestabilizadoras hiladas con diferentes eslabones. La corrida financiera es una de ellas. La módica declaración de Juntos por el Cambio criticando la inacción del Gobierno, sería otra. Añaden una proclama bizarra que hizo circular el ex carapintada Aldo Rico. Exculpan, en cambio, al líder de la Unión de Trabajadores de la Economía Popular (UTEP), Juan Grabois. La semana pasada proclamó un “pacto de sangre” para luchar contra la pobreza. Alertó sobre la chance de saqueos. De eso sería preferible no hablar en el mundo K.

Si hubiera que guiarse por la conducta pública, el Presidente tampoco comulgaría con una concesión al campo. Dos veces en los últimos cuatro días advirtió sobre "los especuladores que en esta situación tan difícil" retienen U$S 20 mil millones "para que unos pocos ganen y muchos pasen hambre".

La marcha a La Rural

Esa palabra tiene correspondencia en los hechos. Daniel Menéndez, de Somos Barrios de Pie y subsecretario de Política del ministerio de Desarrollo Social, organiza una marcha para el sábado en la Sociedad Rural. El día del acto inaugural de la exposición. Recibió apoyo de la CTA kirchnerista de Hugo Yasky. Puede tratarse de una maniobra de altísimo riesgo. Probablemente la crispación no sea el escenario propicio que imagina Batakis para tratar de llevar adelante su plan de austeridad.

Comprobó en Washington que esas recetas han dado los resultados. El Banco Interamericano de Desarrollo (BID) comunicó que no desbloqueará a la Argentina un crédito pendiente de U$S 500 millones. Están previstos para obras de infraestructura, educación y programas sociales. El titular de la entidad es Mauricio Claver Carone, de origen español-cubano, colocado en la entidad durante el tramo final del mandato de Donald Trump en la Casa Blanca. Y contra quien militó Alberto delante de Joe Biden en la Cumbre de las Américas, en Los Angeles. La nueva ministra fue testigo de la revancha.

Como compensación, la ministra pudo informar a Buenos Aires la resolución del Banco Mundial de liberar un crédito de U$S 200 millones. Ambos casos parecen apenas monedas al lado de las dramáticas necesidades argentinas. Sirvió para que no todas resultaran malas noticias. Aquel monto es, en promedio, lo que el Banco Central ve licuar cada semana sus reservas.

A su arribo Batakis podrá encontrarse con otra novedad ingrata. La segmentación por las tarifas de gas y luz avanza con mucha dificultad. El procedimiento para los ciudadanos que desean conservar los subsidios ha sido demasiado complejo y rápido. Por ende, tal vez, ineficaz. Las autoridades del área energética, a cargo de Darío Martínez, resolvieron que la inscripción se reabrirá hasta fin de mes. Probablemente también durante la primera quincena de agosto. Hasta ahora sólo se anotaron 6.314.000 personas que pidieron mantener el subsidio.

Los incrementos regirían, con viento a favor, a partir de septiembre. También depende de las empresas proveedoras. Otro obstáculo para la homérica tarea asumida por Batakis de reducir el déficit y no desairar al FMI.

Eduardo van der Kooy

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