Domingo, 31 Julio 2022 04:46

Gobernadores peronistas: así no hay 2023 para nadie - Por Ignacio Zuleta

Escrito por

Intimaron a Alberto a normalizar la economía y a terminar con las inquinas internas en la cúpula. 

El cambio del gabinete es: 1) volver al formato de los superministros, matriz que habían quemado experiencias como la de Domingo Cavallo o Roberto Lavagna como dueños de un poder vicario de sus presidentes, Menem, De la Rúa o Kirchner; 2) es el producto del armisticio de Olivos acordado por Alberto, Massa y Cristina; 3) es un arrinconamiento de la vicepresidenta frente a los socios en la trifecta presidencial; 4) es el envión más fuerte del peronismo para salvar la unidad e ir juntos a las elecciones de 2023. 

En el almuerzo del miércoles pasado, los gobernadores intimaron a Alberto a normalizar la economía y a terminar con las inquinas internas en la cúpula. “Estamos todos en el mismo barco, si no salimos de ésta, acá no hay 2023 para nadie”.

Ese día Alberto les respondió que estaba armando un gabinete más compacto que emprendiese esas medidas. El vienes anterior, los pocos gobernadores que concurrieron al acto de Daniel Filmus de presentación del Programa Federal “Construir Ciencia” lo bardearon en público a Alberto, que llegó una hora y media tarde.

“A qué hora viene el presidente?”, decía uno. “-Cuando el dólar llegue a 385”, reía otro en el Museo del Bicentenario. Había representantes del peronismo y de la oposición en esa jarana.

En la última reunión le dijeron a Alberto: hasta hace un mes era una internita, ahora ya vemos que faltan dólares para las empresas en nuestras provincias. Hacé algo. Uno le reclamó, además, que terminasen las fabricaciones de prensa promovida desde Olivos comprometiéndolos con su gobierno. La designación de Sergio Massa les juntó las cabezas a funcionarios, gobernadores, intendentes y sindicalistas como no había ocurrido hasta ahora con ninguna otra designación.

La elasticidad sin límites de Massa

Tampoco es fácil imaginar un cambio más profundo en la agenda del peronismo de los últimos 20 años, el que nació del ciclo duhaldo-kirchnerista. Es difícil imaginar un ministro con el poder que tiene en adelante Sergio Massa. Hay que retrotraerse al tiempo de los últimos superministros, Domingo Cavallo o Roberto Lavagna.

Cuando Néstor Kirchner le pidió la renuncia a Lavagna en noviembre de 2005 le dio a entender: terminó el tiempo de los superministros, ahora es mi tiempo de manejar la economía. Es el final de la fragmentación de las carteras de Hacienda y Producción que perpetuaron los Kirchner y Macri a lo largo de 20 años.

Es difícil también imaginar un dirigente que tenga mejores referentes con el mundo de los negocios. Empresarios, banqueros, gurúes de diversa laya, han pedido que asuma Massa como una salida a la anormalidad cristinista. Le conocen su elasticidad de agenda, que tiene los límites de su ambición. No hay nada que le venga mal si sirve a sus intereses políticos.

Es un político sin restricciones, que puede pasar del Massa de 2013, adalid del gatillo fácil que volteó el código penal que proyectaba Raúl Zaffaroni para Cristina, al Massa de 2019, valedor de la Cristina más tercerista.

No hay nada que rechace, es un político de los que en Italia llaman "intestini di bronzo", digiere todo lo que le tiren. Si se acepta la hipótesis que propone Pablo Gerchunoff de que hay dos peronismos, menemismo y kirchnerismo, Massa representa el peronismo menemista.

Nadando de La Habana a Miami Beach

El efecto es un grado más de arrinconamiento de Cristina por parte de Alberto Fernández y Massa. Es el punto final del emprendimiento que comenzó con el acuerdo con el FMI, que Cristina demolió en los mismos términos como había repudiado al que cerró Macri en 2018.

Es también el punto inicial del armisticio de Olivos, la novedad principal de esta crisis: Alberto, Massa y Cristina sesionan en la misma mesa con suspensión de las hostilidades.

Debieron hacerlo desde 2019, como desde 2003 había funcionado una mesa de decisiones inapelables, con el matrimonio, Alberto y Carlos Zannini. Esta mesa de ahora resolvió hace por lo menos una semana que había que había que volver al formato clásico de un ministerio que unificase las cajas de ingresos y egresos públicos.

Debía terminarse con un ministro de Economía que dependiese para sus decisiones de sus pares de otras carteras - Agricultura, Producción. "Se acabó el tiempo de los librepensadores del gabinete", escuché en esos pasillos. Ahora nadan todos juntos de La Habana a Miami Beach, de La Salada al Aventura Mall. Lo exige el electorado de los grandes distritos que en 2019 votó – en cinco de los siete más poblados – por la fórmula Macri-Pichetto.

Sociedad de maltratos mutuos

La firmeza de esta decisión multiplicó las víctimas de esta crisis. Alberto le pidió a Scioli que pasara a ser secretario de la Producción de Massa. Le respondió: "No sacrifiqués el ministerio de Producción que ha sido la matriz de tu gobierno. Va a destruir todo lo que hizo Kulfas". Réplica: "Lo siento, esto está muy consensuado políticamente".

Scioli, que nunca había renunciado a la embajada, vuelve a Brasilia. Más allá del acuerdo en la mesa del armisticio, Alberto debió conocer la naturaleza de las relaciones entre Scioli y Massa. Nunca el exgobernador y vicepresidente, fundador del Frente para la Victoria, iba a admitir estar debajo de la autoridad de Sergio.

Así como la fatalidad los lleva a una unidad provisoria, el juego de cada cual también está marcado por la fatalidad. Ninguno de los tres puede salvarse de una catástrofe del gobierno. Alberto no tiene otro remedio que maltratar a funcionarios que tuvieron la debilidad de aceptarle cargos, como Scioli, Batakis o Julián Domínguez.

Debieron pensarlo dos veces antes de aceptar, después de ver el trato que les propinó Alberto a Felipe Solá, Ginés González García o Matías Kulfas.

Cristina no tiene otro remedio que callarse al ver cómo el hombre que había prometido meterla presa se calza las botas del superministerio. Ven una película vieja como si fuera una condena: el resultado de la asunción de Massa como jefe de Gabinete en lugar de Alberto en 2008 fue la derrota electoral de 2009.

Massa: la oportunidad de recuperar prestigio

Tampoco Massa tenía otro camino a recorrer. En las últimas dos semanas mantuvo charlas con amigos viejos y nuevos, ante quienes confesó sus percepciones: • No tengo otro remedio que jugarme todo para recuperar credibilidad en el público. Si no lo intento, no tengo futuro. Massa está en top ten de los dirigentes con peor imagen del país.

  • Ser Jefe de Gabinete no sirve para nada. Ya estuve ahí. Hay que tener las herramientas de la economía.

Asumir la suma de las tres carteras es un riesgo. Son las áreas más problemáticas de la gestión del gobierno. A cambio de la aventura de recuperar crédito político, entrega la presidencia de la Cámara de Diputados. O sea que deja su puesto en la línea de sucesión presidencial. Es algo que puede convenirle a Cristina de Kirchner en el caso de una renuncia de Alberto.

El martes habrá una sesión de Diputados para aceptarle la renuncia. Hasta este fin de semana no aclaró si renuncia a la presidencia y a la banca, o si pide licencia como legislador. Si lo hace, preserva los privilegios legislativos, pero impide que sea reemplazado en la cámara. Y al Frente de Todos no le sobran votos para el quórum. Si renuncia como diputado, pierde la condición de legislador que le permitiría ser designado por el Congreso como presidente por acefalía.

Confusiones: el "Plan Massa" lo escribió la oposición

Como todo lo que ocurre en la pedanía de Olivos, primó la improvisación y las contramarchas. El colmo es que el llamado "Plan Massa" que circuló en despachos y redacciones - un anónimo cuya paternidad negó desde Italia Martín Redrado - en realidad es un informe preparado para sus abonados por una consultora que conduce uno de los economistas más importantes de la oposición (EA Market Brief del 22 de julio, EcoAnalytics).

Ese programa inspira interpretaciones resbaladizas. Por ejemplo, le atribuye la creación del llamado dólar soja a Massa, cuando en realidad es una construcción del confirmado presidente del BCRA Miguel Pesce. Este funcionario permanece en el nuevo esquema de gobierno, junto a otros albertistas eminentes como Claudio Moroni y Vilma Ibarra.

En este punto conviene aclarar que Béliz no está entre los más fieles de Alberto, aunque los une su pasado como activistas del peronismo de la Capital. El presidente lo heredó de Cristina, que reivindicó a Béliz – después de haberlo desterrado del gobierno y del país en 2004. Gustavo fue el principal contradictor del espía Jaime Stiuso, que pasó de ser el predilecto de Olivos a ser un enemigo, cuando diputaron en 2014 sobre la trama iraní de los atentados terroristas de la década de los años ‘90.

Otro desaire al Papa Francisco

La desinformación - y el ocaso de la actividad pública por el imperio de la virtualidad y el whatsappeo - induce a simplificaciones. La más jugosa es el nuevo desaire que le hace el gobierno al papa Francisco. Exaltar a Massa al superministerio es ponerle una cucarda a uno de los políticos del peronismo más distantes del pontífice.

Las relaciones vienen esquinadas desde que Sergio era el jefe de gabinete de Cristina en 2008-9. Se le atribuye un intento de hacer saltar a Bergoglio del arzobispado de Buenos Aires para reemplazarlo por un obispo amigo. La astucia bergogliana desbarató aquel intento.

Massa es uno de los pocos dirigentes de la primera línea del peronismo que no ha sido recibido en el Vaticano por el pontífice. Béliz no responde directamente al pontífice - sino a monseñor Marcelo Sánchez Sorondo - pero tiene, como Martín Guzmán, funciones de asesor en estructuras de la Santa Sede como la Academia Pontificia de Ciencias, junto a estrellas internacionales como Joseph Stiglitz o Jeffrey Sachs.

Darle más relieve a Massa y disminuir a amigos de Bergoglio como Daniel Scioli o Julián Domínguez, y antes Felipe Solá, tampoco mejora las relaciones del Vaticano con Alberto. Uno de los referentes más altos de Bergoglio en el episcopado - que no mencionaré porque después se enoja - ha dicho del superministro: ya lo hemos sufrido; la mujer de él - Malena - es peronista - pero a él le interesa sólo el poder. (Ya se conoce la afición por el peronismo que tiene, históricamente, la Iglesia de Roma).

Estornudos en Washington hicieron volar a Béliz y Batakis

El ocaso de Béliz sigue al último episodio de las relaciones de Olivos con el presidente del BID Mauricio Claver-Carone. Este funcionario lo tiene a Béliz como un adversario, porque compitió con él para ocupar ese cargo.

La cancillería de Felipe Solá trabajó el voto entre los socios del BID y llegó a juntar 16 sufragios en favor de Béliz a finales de 2020. Este impidió que su llegada al cargo fuera casi por unanimidad. Era la factura que le pasaban muchos países a la gestión de Donald Trump, que presionó para la designación de Claver, un funcionario de su administración.

La renuncia de Béliz se conoció poco después del informe que rindió Silvina Batakis sobre su viaje a Washington. Ya en los papeles de Olivos estaba el reclamo de Massa, como una de sus condiciones para asumir el ministerio: llevarse la cartera del manejo de las relaciones con los organismos multilaterales de crédito.

El informe de Batakis también se la llevó puesta a ella. Partió a Washington con la venia de la mesa de los tres. Pero consintió que le atribuyeran declaraciones sobre que tenía el apoyo de Cristina y que la vicepresidente apoyaba un ajuste. ¿La sacaron de contexto?

Le faltó asfalto a la ministra para enredarse en sus palabras, que la pusieron en el blanco de Alberto, que parece gozar con fusilar inocentes. ¿Para qué habla?, era el reproche en Olivos. Alguno agregó: ¿para qué fue? Porque Kristalina Georgieva había interrumpido sus vacaciones para esperarlos en Washington a ella y a Alberto. El presidente suspendió el viaje por el Covid de Joe Biden. Si no iba Batakis, hubiera sido un desaire. Mejor que no hubiera viajado, habrá pensado un mozo de Olivos, esos que ven y escuchan todo.

Carambolas globales con amigos de Trump

Entre estas carambolas hay que incluir las relaciones entre Massa y el abogado Rudolf Giuliani - ex alcalde de Nueva York y abogado de Donald Trump. Massa se atribuyó públicamente haber sido socio de Giuliani en emprendimientos de asesoramiento en materia de seguridad en algunos países del continente. Claver-Carone es Trump, como Giuliani es también Trump.

Gana Massa, sale Béliz, el enemigo de Claver, quien después de la rabieta anti-gobierno, soltó US$200 millones del organismo para la Argentina - le sigue teniendo pisados otros US$300 millones, de un total de US$500 millones demorados desde junio.

¿Hubo algún precio en esos movimientos en el vértice del poder argentino? Para la gente de Economía la deuda de Béliz era carísima. Su intención de ser presidente del BID había cebado las inquinas contra Claver, que se había puesto contra la Argentina por un proyecto personal de Béliz. El portazo de Béliz fue sonoro.

En el boletín Oficial de este viernes ya figuraron los decretos de aceptación de su renuncia y la de Julián Domínguez, otro desairado sin palabras. Lo despidió Massa en su oficina de Diputados. Cuando ingresó al palacio no sabía para qué lo habían llamado y llegó a preguntar a quienes se cruzaron con él: “- ¿Alguna novedad?”. Al salir, ya la tenía.

Lo reemplazará alguien que sabe de campo, Gabriel Delgado, ex Secretario de Agricultura de Cristina, hermano del fiscal y que fue forzado a hacerse cargo por unos días de Vicentin. Había sido propuesto por Solá como ministro del área en 2019, pero eligieron a Luis Basterra. Es el autor del demorado plan del Consejo Agroindustrial que perfeccionó Felipe Solá cuando era canciller. El proyecto sigue atascado en el Congreso.

Ignacio Zuleta

Top
We use cookies to improve our website. By continuing to use this website, you are giving consent to cookies being used. More details…