Miércoles, 03 Agosto 2022 00:32

En la pelea por el rating, ganó el yo acuso del fiscal – Por Ricardo Roa

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Cristina Kirchner, como Sergio Massa, esperaba opacar al fiscal, que expuso como nunca la corrupción del kirchnerismo. 

Pifiada kirchnerista de marketing: el refulgente nombramiento de Massa como triple ministro no tenía por qué opacar, esto es, pasar a segundo plano la acusación por tevé a la vicepresidente. Que, además, no es una entrega unitaria sino una serie a lo Netflix, pero en serio, real. 

Fue lo que pasó. No lo que quiso el gobierno. Seguramente lo que no quería para nada que pasara Cristina Kirchner y con ella Massa, que, elevado al Olimpo mayor, tuvo que correrse al Senado para una foto con la jefa, en el peor día para ella.

Ocurre que las dos cuestiones centrales del momento son de la misma familia: la corrupción del kirchnerismo, decadencia política expuesta públicamente como nunca antes por la Justicia, y su consecuencia, la interminable decadencia económica.

La expresidenta estuvo conectada desde su despacho en el Senado. Cuarto intermedio hasta este martes.

La relación está más clara que nunca. Por algo José López anduvo revoleando silobolsas de dólares una noche por conventos más bien truchos. O en la Rosadita, con prolijos arqueos de fajos.

Massa tendrá que esforzarse mucho para enderezar algo tan torcido de tan viejo. Su ambición lo empuja en esa dirección. Es lo que los anónimos mercados (si algo es anónimo, es porque existe) ansían, quieren creer. Pero eso es futuro. La truculenta trama K con la obra pública no será pasado hasta que tenga castigo. Y para eso falta, por lo menos, bastante.

De ahí que lo que prima más y visiblemente es la atención sobre un fiscal que ya nadie desconoce: Diego Luciani, que vino a certificar lo que el periodismo hegemónico del lawfare, curiosidad parajudicial bendecida por el Papa, vino revelando. Ahora, la trama es oficial y enriquecida: el fiscal cruzó mensajes de otra causa y descubrió en esos chats a calzón quitado “el operativo limpieza”. En la práctica, una confesión del robo.

Néstor y Cristina se creían impunes y a prueba de balas. Tanto que no actuaron a tiempo para intentar borrar pruebas. A última hora, mensajes urgentes de José López con “la Señora” y de los capos de Austral Construcciones, esa construcción casi perfecta de Néstor y de Lázaro para llenarse los bolsillos más que un magnate de Wall Street. Convertido a empresario, Báez aumentó su patrimonio en más del 45.000%.

La operación borratina incluyó este privilegio (¿para Báez solamente?): cuando cambió el gobierno, con Báez no había deudas oficiales. Le habían puesto todos los pagos al día. Nada puede estar más claro: los Kirchner y Lázaro mandaban obra pública a rolete a Santa Cruz, retaceándola en otros lados. Ahí Báez ofertaba solo, aunque a través de varias compañías de las que se había adueñado, lo hacía barato y prometía terminar casi de hoy para mañana. Trampas.

Los precios, primeros baratos, después aumentaban a carísimos y los tiempos cortos se alargaban. Tanto que tenía prórrogas acumuladas por 63 años. Y tanto aumentaron los precios baratos, que sumaron 800 millones de dólares extras. ¿Cómo hubiera sido si hubieran tenido algo, un poco nada más, de toda esa creativa creatividad para hacer un poco de patria? Es lo que fue. Bien vale lo de otro, necesario. Nunca más.

El fiscal Diego Luciani sale de los tribunales federales de Comodoro Py, luego del segundo día de alegatos en el juicio que jaquea a Cristina Kirchner. Foto Marcelo Carroll

El fiscal Diego Luciani sale de los tribunales federales de Comodoro Py, luego del segundo día de alegatos en el juicio que jaquea a Cristina Kirchner. Foto Marcelo Carroll

¿Calma expectativas una foto? Cristina llamó a Massa después de que Luciani le pintara la cara. Decir pintarle la cara es decir poco. ¿Qué dice o quiere decir la foto? Tal vez lo que no quiso decir. Distancia entre ellos: uno en cada punta de la mesa. Massa, que dijo fue a explicarle las medidas, sin ningún papel y con la campera puesta, como si quisiera irse. Cristina diciendo: sigo mandando yo. Después, se sacó otra foto con sindicalistas amigos. Todos pegados a ella y relajados.

El ministro ha tenido problemas para juntar los 11 de su equipo, que arranca sin grandes figuras. Hay que ver ahora cómo lo para, si puede jugar y si los dejan jugar. Cristina, quien más puede hacerle daño, está más enfocada en llegar lo mejor que pueda al 2023 que en sostener el discurso. Y además no tiene a nadie para reemplazarlo.

Fernández mantiene formalmente el cargo pero está afuera, como Benedicto en el Vaticano. La desaparecida vocera reapareció para desmentir que el músico Santaolalla esté viviendo en Olivos. ¿Y qué dice la agenda presidencial? Que recorrió obras de la autopista Perón y visitó un hotel en Fiambalá. Pero Fernández no se la hará fácil a Massa: fuego amigo, como a Manzur. Fingirá apoyo y le cajoneará todo lo que pueda.

Mientras tanto, la realidad manda y espera. Los problemas siguen ahí. Nadie sabe cómo va a terminar esta historia. Sí, que no hay marketing que valga de mucho cuando falta plata. Y el kirchnerismo no sabe cómo es eso de gobernar sin plata.

Ricardo Roa

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