Lunes, 15 Agosto 2022 09:04

Nueva cumbre de gobernadores, Cecilia Moreau vigilada y dudas sobre las PASO - Por Ignacio Zuleta

Escrito por

Los mandatarios del PJ se reunirán en Buenos Aires. La sucesión en Diputados, con polémica.

Gobernadores peronistas discuten si suspenden las PASO 

No va a alcanzar la semana corta para digerir los arrebatos estratégicos de oficialismo y oposición. El Gobierno va a dar la nota con una nueva cumbre de la Liga de Gobernadores peronistas, que sesionará en La Plata. La localía la ejerce Axel Kicillof, que organiza el encuentro. Confía que llevará a todos los mandatarios del Interior. Será un intento para mostrar a todo el peronismo unido, junto al delegado de Cristina, en el distrito más grande del país.

La Liga es un conglomerado de proyectos individuales. Hay gobernadores que se referencian claramente en el Gobierno nacional. Otros esperan en la ribera a que se tranquilicen las aguas, para decidir si acompañarán al AMBA en las elecciones del año que viene, o si desacoplarán los comicios locales dejando al AMBA librado a su destino.

El desacople es un indicador confuso de intenciones, a veces amortiguado por necesidades institucionales que no se pueden modificar. Por ejemplo, Jorge Capitanich, el más ligado al cristinismo, llamará a elecciones locales para antes del 10 setiembre de 2023 -090 días antes de la asunción del nuevo gobernador-, obligado por la constitución del Chaco a que no coincidan con las nacionales. Un ejemplo de que el desacople no es un valor absoluto en la ecuación estratégica.

Los federales contraatacan

En esa cumbre no estará Juan Schiaretti, que juega a varias bandas. Su vocera más fiel - su esposa Alejandra Vigo- llevó su posición al Senado. "No puedo dejar de mencionar la falta de cordura que impera en esta gestión, porque nos tienen sometidos -es una prueba más de esto que, en realidad, todos sabemos; algunos lo marcamos con más vehemencia que otros- a una incertidumbre permanente. En menos de un mes, cambiaron a tres ministros de Economía y nuestra sociedad sigue en este estado de zozobra, sobre todo, respecto de lo que es la materia de precios".

Vigo venía de parlamentar el lunes discretamente en San Juan con el gobernador Sergio Uñac. Por ahora todo a escondidas. Para cebar ese debate, el macrista Humberto Schiavoni recordó que la suspensión del Consenso Fiscal que votó el miércoles el Senado, cancela también la transferencia de los subsidios a AySA, Edenor y Edesur a la CABA y a Buenos Aires. “La interrupción de ese proceso fue pedida por el actual gobernador Kicillof. ¿Y qué queda de ese pacto? El aumento de impuestos”, remató el radical Alfredo Cornejo.

Massa, bajo fuego amigo

Este ánimo de los federales es un examen al AMBA, ahora condenado a Massa, que no puede arrancar su gestión. Se le corren todos de los ofrecimientos. El primero a quien le ofreció la presidencia del Central, le dijo que no porque puso condiciones. La primera, que se reforme la carta orgánica del BCRA para limitar el financiamiento al Ejecutivo y darle más independencia. “No hay medidas mágicas”, le respondió Massa. Portazo. Otro ofrecido preguntó si Daniel Marx estará en las conversaciones con el FMI. Le respondieron que no. No es vida, señor. Portazo.

El nuevo ministro suma otras demandas. Algunas vienen solapadamente de la Cámara de Diputados, en donde dejó trámites de la presidencia incompletos. Por ejemplo, designaciones en planta permanente de personal de bloques con los que ya se había comprometido. Esos nombramientos son parte de un acuerdo discreto entre las autoridades del Congreso -Cristina y Massa- con los bloques y el sindicato de empleados.

En el Senado se habla de más de 125 designaciones en planta permanente. En Diputados son menos. La sucesora de Sergio, Cecilia Moreau, desfiló en la semana por los despachos de los presidentes de bloques para auditar esos compromisos. No parece convencida de firmar todo lo que Sergio dejó a medias, como licitaciones para comprar automóviles y otras erogaciones que si salen a la luz pueden ponerle sombras al mensaje de austeridad que promete el superministro del ajuste.

Massa ha logrado hasta ahora que permanezcan en sus cargos todos los funcionarios que lo acompañaban. Esa nomenclatura vigila los pasos de Cecilia y controlan hasta con quien se reúne. Caminan todos sobre hielo delgado, a la espera de que estalle también este acuerdo.

Obvio: perder es morir

La agenda del encuentro de los gobernadores en La Plata incluye el debate sobre alguna estrategia que impida el peor escenario: la derrota en las presidenciales de 2023. “Es lo peor que nos puede pasar -me dice uno de los organizadores del encuentro- porque pese a Alberto, se hacen cosas que sin el Gobierno nacional perderíamos".

De esa agenda forman parte reclamos a la Nación que Alberto va cediendo, como el reconocimiento de tarifas diferenciales para la energía en las provincias y un reperfilamiento de los subsidios al transporte. En las entrelíneas de esa agenda está el debate sobre la suspensión de las PASO, que el peronismo reflota en estas horas como su herramienta más eficaz.

Las PASO, dicen en el Gobierno, les convienen hoy más a la oposición que al peronismo. Habrá que hacer un esfuerzo para lograr los votos en el Congreso para suspenderlas (se requiere una mayoría especial). Usarán el argumento de que es un sistema demasiado caro para el producto que presume brindar, la selección de candidatos.

Al oficialismo lo obliga a mitigar la fuerza de los cacicazgos. A la oposición la moviliza, como ocurrió el año pasado, cuando Juntos por el Cambio fomentó la competencia y ganó. Para suspender las PASO nacionales van a ser necesarios todos los votos disponibles, los propios, de los aliados, de los gobernadores o de las organizaciones sociales.

Los gobernadores controlan con celo el voto de sus legisladores en temas electorales. Lo probaron entre 2015 y 2019, cuando acordaron de todo con el gobierno de Cambiemos, pero le rechazaron los proyectos de boleta única y de voto electrónico.

Ultimátum piquetero: tienen hasta fin de mes

Esta vez el oficialismo tiene otra dificultad, que es la amenaza de los diputados que responden a los movimientos sociales, de separarse del bloque del Frente de Todos si no hay medidas en beneficio de sus representados. "Tienen hasta fin de mes para hacerlo", es el mensaje que le han enviado a Alberto. No ayuda a este entendimiento la insistencia del Gobierno en poner los planes bajo la auditoría de intendentes, gobernadores y universidades.

"Es todo verso -dice Juan Grabois-. La auditoría la tienen que hacer en los lugares en donde están los beneficiarios, que son las cooperativas, merenderos, fábricas recuperadas, costureros, huertas comunitarias, etc. Así se van a dar cuenta de que no es cierto de que hay gente que vive del plan y no trabaja. Todos los que reciben planes trabajan en changas, porque es imposible que alguien viva con $ 25 mil. La ley misma que creó esos planes que hoy están bajo Potenciar Trabajo, habla de un complementario de ingresos, no es un salario. Los estamos esperando para que nos auditen y van a ver que hay mucho perjuicio en esto".

El cálculo de la CTEP es que, en el segmento de los pobres, los planes son apenas el 35% de sus ingresos. Entre los indigentes llegan a ser el 60%. La diferencia entre las organizaciones cayetanas y los piqueteros de izquierda es que éstos reclaman un subsidio de desempleo, no un complemento del ingreso de quien completa la canasta con changas.

“El peronismo no entiende la economía popular"

En el fondo, afirma Grabois, hay un concepto vetusto en el Gobierno sobre la ayuda a los pobres, que compromete a la misma Cristina de Kirchner. El peronismo entiende que dar planes es oficializar la pobreza. Algo parecido a lo que decía Kicillof -la luz de sus ojos para Cristina en materia económica- cuando era ministro: “El índice de pobreza es una medida bastante estigmatizante" (2015).

El peronismo prefiere ajustarse a doctrinas como la del derrame, la presunción de que con el crecimiento de la economía se termina la pobreza. La línea piquetera descansa en una hipótesis alternativa, la de la economía popular que sostiene el papa Francisco como salida del moldeo de exclusión. El peronismo, afirman los “cayetanos”, no entiende qué es la economía popular. Por eso afirma con simpleza que para convertir planes sociales en empleos genuinos basta con cambiarles el nombre.

Les cuesta admitir a los piqueteros que quienes han entendido la vía de la economía popular -por necesidad o por virtud- han sido los dirigentes del PRO. Macri promovió cuando era presidente las leyes de economía popular (2016) y la ley de villas (2018). Fue con proyectos firmados por los jefes legislativos de la coalición de aquellos años: Mario Negri, Elisa Carrió y Nicolás Massot.

Horacio Rodríguez Larreta la asumió como propia en la administración de la CABA. Ha promovido leyes para la economía popular en su distrito y le dedica un capítulo en las presentaciones que hace ante empresarios. “Hay que reconocer el valor de la economía social. En los barrios la gente labura, emprende, tiene ganas de salir adelante. Pero todo lo hacen en la informalidad. Para ellos, el camino a la formalidad es eterno. Tenemos que animarnos a construir sistemas intermedios, que son subóptimos y transitorios, pero que son un avance, tal como hicimos con la Ley de Economía Popular en la Ciudad”, dijo en abril en el Foro Llao Llao.

“Hay que avanzar en la integración de los barrios populares, como hicimos acá en la Villa 31, y trabajar en mecanismos intermedios de normalización que reconozcan todo el valor y potencial de las economías populares”, agregó el 6 de junio en el almuerzo del Cicyp en el hotel Alvear. (No se me vaya de tema, por favor).

PASO: cómo competir sin fragmentar

En la mesa de arena del oficialismo hay un plan B, con PASO: si hay primarias, habrá que fomentar un proceso parecido al de JxC el año pasado, poner a todos los candidatos posibles en la cancha y promover la participación. Una rareza para el peronismo. La última vez que ocurrió, en 1988, compitieron Menem y Cafiero. Quedaron tan escaldados, que no lo repitieron hasta 2015 en la provincia de Buenos Aires. Volvieron a quedar machucados.

Es probable que la victoria de Cambiemos en ese distrito haya sido consecuencia de las inquinas entre peronistas que dejaron las PASO a gobernador entre Aníbal Fernández y Julián Domínguez. Ese efecto busca prevenirse también en Juntos por el Cambio. La idea de que el perdedor debe participar en la general en apoyo de quien lo revolcó en la PASO expresa un altruismo desconocido en política. La derrota desmoviliza, provoca odio, rencor y deseo de venganza.

La mesa que reunió Mauricio Macri el miércoles en el departamento de Francisco Cabrera -uno de los principales responsables del armado logístico electoral del PRO- fue para encontrar un mensaje que llame a la participación con competencia en las primarias, pero impedir la fragmentación en las generales. Lo escucharon otros gerentes territoriales de su partido, como Federico Angelini, Hernán Lombardi y Humberto Schiavoni.

El decálogo secreto de Macri y Carrió

En ese encuentro le sacaron punta a la crisis de convivencia que disparó Elisa Carrió con el raid contra el pan peronismo de Cambiemos y Sergio Massa. A esa altura de la semana las respuestas ácidas hacia Lilita se habían acallado. Macri pudo estar molesto por algunas referencias personales que hizo Carrió hacia algunos dirigentes del PRO. También por la acusación de Gerardo Morales de que él le daba letra a Lilita contra él. Pero debió admitir que coincidía en la defensa del pan republicanismo y el rechazo al pan peronismo, que puede ilusionar a los amigos de Massa en la oposición.

Mauricio mandó a amortiguar las respuestas porque sabe que Lilita guarda una minuta de las coincidencias a las que llegaron en su último encuentro. Figuran en una especie de decálogo que resume la charla que tuvieron casi a solas en la noche del domingo 3 de julio, horas después de conocerse la renuncia de Martín Guzmán. Ese decálogo hace constar coincidencias de este tipo:

  • 1) Defender el pan republicanismo contra el panperonismo.
  • 2) Volver a los valores éticos y culturales que están en el fundamento de la alianza Cambiemos; lo que Lilita llama el “Contrato moral”.
  • 3) Admitir algo así como "entre 2015 y 2019 cada uno de nosotros hizo las cosas lo mejor que pudo, pero dejémoslo ahí, no hablemos más del pasado".
  • 4) Hay que sostener la actividad política, pero no hay que hacer campaña electoral porque el público nos va castigar por exhibir ambiciones a cargos en medio de esta crisis.
  • 5) El jefe del PRO (Macri) debe poner en orden a su tropa; Carrió, como jefa de la Coalición, debe hacer lo mismo con los suyos.
  • 6) Cualquier programa de gobierno que hagamos tiene que contener una profunda reforma fiscal -y siguen los acuerdos- que son más que los recuerdos de este cronista.

Macri le pidió al único testigo de esa conversación que redactase el pliego de coincidencias y que se lo enviase a Carrió. No por whatsapp, porque los whatsapps llaman a la viralización y los leen todos. Fue en sobre cerrado para los dos, y así lo guardan Mauricio y Lilita. ¿Quién fue el notario de ese decálogo? No saldrá de este teclado, pero lo saben quiénes tienen que saberlo.

Lilita cerró el debate este domingo con un tuit con ironía y besos que será la única respuesta: "La imbecilidad según la Real Academia es la absoluta falta de entendimiento. Lo que causa escándalo no es el mensajero ni su tono, es su estilo 'poco patriarcal'. Lo que causa escándalo es la verdad. Besos".

Pichetto y Lousteau, en operaciones sobre Córdoba

La horizontalización de los liderazgos brinda estas tramas que enriquecen las rutinas a veces somníferas de la política. El viernes coincidieron en Córdoba dirigentes de la oposición sin tocarse, verse ni mirarse. Martín Lousteau llegó en un privadísimo avión junto a Emiliano Yacobitti para entrevistarse con Juan Schiaretti.

Fue para la foto y para cantar la superación de la grieta, otra ficción cortazariana de la política criolla -la grieta es algo tan viejo que motivó que Cortázar se fuera del país en 1951 porque veía la casa tomada por el peronismo-. También por la misma grieta escribieron Borges y Bioy "La fiesta del monstruo" (1947-1955), un epítome, diríamos hoy, del gorilismo criollo.

Ese mismo viernes, en General Dehesa, Miguel Pichetto y Ramón Puerta -líderes del Peronismo Republicano- visitaron la aceitera de la familia del ex senador Roberto Urquía. Lousteau viajó a esa provincia pocas horas después de cenar con los diputados de Evolución y Mauricio Macri. Pero uno de los asistentes, Rodrigo de Loredo, se extrañó de la presencia de Lousteau junto a Schiaretti, que contradice las expectativas de la oposición en Córdoba -de que Luis Juez sea el sucesor en la gobernación.

Lousteau le avisó a Juez, en la sesión del Senado del miércoles, que viajaba a Córdoba a verlo a Schiaretti. Juez se sorprendió por la respuesta: debía ir por un compromiso inevitable. Quienes reparan en minucias, imaginan que esa foto de Lousteau con Schiaretti es una producción de algún asesor que comparten. "¿Qué vas a hacer? -lo consuela Cátulo Castillo- el hombre que ayudaste/Te hizo mal, dale que va" (Desencuentro, tango).

Orgánicos vs. cuentapropistas

Macri dio detalles de esa cena, que ocurrió el martes en un restorán, pero no dio señales de que le hubieran avisado del viaje de Lousteau. “Se cortó solo”, dijo Gerardo Morales, presidente de la UCR, que ese mismo día se cruzaba en Santa Fe, también sin verse ni saludarse, con Macri. Lousteau es el vicepresidente de la UCR. Este ademán de cuentapropismo le costó el enojo de De Loredo, que se mostrará este martes junto a Mario Negri y Juez en una rueda de prensa de autoridades partidarias y legislativas de Cambiemos dedicada a criticar a la administración de salud de Córdoba.

En esa provincia ha estallado un escándalo sobre muerte de bebés que puede escalar con consecuencias políticas. Estos desencuentros nacen de la horizontalización de los liderazgos también dentro del radicalismo, situación que habilitara ironía de quienes dicen que la UCR es como la Antártida, patrimonio mundial de la humanidad, es de todos y de ninguno. En la repregunta, los radicales explican que, en un escenario de ballotage, no le sirve a Cambiemos estar peleado con Schiaretti. Así justifica el paseo del dúo porteño.

Schiaretti se juega todo a que lo suceda el intendente Martin Llaryora -unificará elecciones, admitirá acuerdos objetivos con adversarios de Cambiemos o del cristinismo, siempre para lograr el objetivo cordobesista-. Pero una cosa son los juegos de sillas entre dirigentes, y otras son los movimientos del electorado. Una PASO es una situación de dirigentes. Una elección general es dominio absoluto del electorado. No la maneja nadie.

Ignacio Zuleta

Top
We use cookies to improve our website. By continuing to use this website, you are giving consent to cookies being used. More details…