Miércoles, 17 Agosto 2022 07:57

Mientras Sergio Massa busca salvar la gestión de Cristina Kirchner, ¿se cumple su sueño de meterla presa? - Por Marcos Novaro

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Una nueva ola de arrepentidos despunta en el horizonte, ahora que el predominio político del kirchnerismo está por extinguirse. No es fruto de ninguna conspiración, ni de sobornos como los que denuncia Milagro Sala, sino del relajamiento del miedo. 

El testimonio de Mirta “Shakira” Guerrero en PPT fue un contundente mazazo contra la leyenda de la Milagro Sala perseguida no solo por los detalles que reveló sobre abusos y delitos, sino por los antecedentes de la denunciante: fue mano derecha de la líder de la Tupac Amaru, conoce al dedillo toda su historia, y pasó varios años en la cárcel por los crímenes que tuvieron por máxima responsable a la señora Sala. 

Como no es el único caso, están volviendo a multiplicarse las denuncias y acusaciones contra Sala, en particular provenientes de arrepentidos de su entorno, cabe preguntarse: ¿por qué ahora? La propia Sala dio su explicación, que la disculpa de todo, y se parece bastante a las que ha dado Cristina Kirchner sobre sus complicaciones crecientes en la Justicia: la ofensiva impiadosa del Lawfare, la pretensión de sus enemigos políticos de hacerlas callar, proscribirlas, impedirles que “defiendan a su pueblo”.

Es una versión interesada, claro. Tiene bastante más sentido pensar que las cosas se ponen complicadas en los tribunales para esta gente simplemente porque disminuye a pasos acelerados su protección política, y el miedo que esa protección generaba en los posibles denunciantes, los testigos y también en los funcionarios judiciales.

A sostener el miedo corrió presuroso, hace cuestión de días, nada menos que nuestro señor presidente. Pero como en tantos otros asuntos en los que interviene sin ton ni son, solo logró con su actitud enterrarse unos centímetros más en la indignidad. La justicia siguió inmutable haciendo su trabajo. Y los arrepentidos se decidieron a hablar: habrán pensado, “si solo tiene a Alberto Fernández para asustarnos, no hay de qué preocuparse”.

La señora Sala lució sonriente cuando Alberto Fernández la fue a ver y la apoyó y la desvinculó de todos los crímenes que se le atribuyen, incluso de los que están ya probados. En una intromisión indebida en asuntos judiciales que fue como una mancha más al tigre, pasó casi inadvertida. Pero Sala debió saber que de poco le iba a servir: Alberto Fernández no asusta a nadie, mucho menos genera simpatía; ella andaría necesitando que la visite la propia Cristina Kirchner, que Bergoglio le mande otro rosario, o que directamente la invite de nuevo a El Vaticano, así de paso aprovecha para sacar del país unos dólares más de los que tiene encanutados. Pero ni así.

La Justicia es lenta pero no dejó de avanzar

La Justicia cobra velocidad justo ahora, que el mandato de Alberto Fernández entró en un definitivo declive, en medio de un profundo deterioro del prestigio de todos los dirigentes del oficialismo. ¿Cómo evitar que las cosas sigan su curso, si ni siquiera Cristina Kirchner está lográndolo a su favor en la causa vialidad? ¿Cómo desalentar a los testimoniantes y los fiscales, si tampoco en la cúspide de su poder el Frente de Todos logró desarmar las causas ni castigar a sus impulsores?

No por nada Cristina Kirchner y sus seguidores siempre consideraron la ley del arrepentido una de las peores innovaciones que el Parlamento y los tribunales argentinos pergeñaron en su contra. Entendieron bien que los pactos mafiosos de los que dependería su impunidad futura, como cualquier lata de gusanos, correrían el riesgo de reventar desde adentro.

¿Se acuerdan quién impulsó ese malhadado proyecto en Diputados, en 2016, cuando bregaba por “meter presos a todos los corruptos”, empezando por “los de La Cámpora” y asegurar, con sentencias de cárcel efectiva, la sucesión del liderazgo en el peronismo, de modo de dejar definitivamente atrás la etapa kirchnerista? Sí, en efecto, fue Sergio Massa.

Milagro Sala no debe extrañarse de que el ahora ministro de Economía no se cuente entre los que defienden su inocencia. Para tanto no dan sus volteretas en el aire, al menos hasta ahora. Pero ¿se arrepentirá Massa de haber acusado a Cristina Kirchner de delitos semejantes a los que se atribuyen a la líder de la Tupac Amaru? Y lo más importante: ¿cómo hará para compatibilizar sus notables esfuerzos por salvar la gestión del Frente de Todos, y salvar por tanto a la propia Cristina Kirchner de un desastre político y electoral tal vez irremontable, justo ahora, que la Justicia avanza hacia el tardío cumplimiento de su sueño de 2016, meterla presa y liberar así al peronismo de su carga? Va a ser divertido ver cómo se las arregla.

Marcos Novaro

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