Miércoles, 17 Agosto 2022 08:00

Al tarifazo ahora le dicen redistribución de subsidios - Por Ricardo Roa

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La primera medida concreta de Sergio Massa no fue anunciada por el ministro, sino por su esposa Malena Galmarini. 

Finalmente llegó el momento en el que Massa no sólo anuncie medidas, sino que tome medidas concretas: el tiempo lo corre y con el marketing, ya se ve, no alcanza. 

Arranca la semana con ajuste fiscal: eso es centralmente el saque que le pegarán a las tarifas, especialmente las que pagan los sectores con ingresos medios y altos. El golpe va derecho a los subsidios energéticos, un desborde descontrolado de plata financiado con emisión.

Es un ajuste tardío y de apuro, después de dos años largos de tarifas congeladas. Y al que se lo presentó con imágenes de edificios de lujo, el Kavanagh y el Chateau Libertador, que estaban en el paquete subsidiado, con la pretensión de ponerle un barniz progre a una medida que siempre se negó a tomar el gobierno.

El marketing incluyó algo mucho más polémico: la jefa de AySA y esposa de Massa, Malena Galmarini, llamó a los aumentos, que no serán aumentos sino aumentazos de hasta el 170% o más, una “redistribución de subsidios”. Que se lo cuente a los que van a recibir el saque. Por donde se lo mire es un ajuste/tarifazo, imposible de ocultar con frases o con fotos. En fin, ni retórica progre ni retórica reaccionaria: sólo retórica.

Lo mismo intentó Tombolini, el nuevo secretario de Comercio. Hay que ser justos con él: asumir con la peor inflación mensual de los últimos 20 años no es fácil para nadie. Tampoco es un desafío para cualquiera, aunque el ex panelista de tevé no es un principiante: hace años Tombolini hizo campaña para jefe de Gobierno porteño mostrando precios en supermercados. Pero se fue a la banquina cuando dijo que la inflación es una cuestión de percepción y menos mal que no dijo que era una sensación.

Procuremos aclarar lo que se puede. Sensación es lo que nos informan los sentidos y percepción vendría a ser el resultado cuando procesamos esa información. Pero en la vida y los bolsillos, son la misma cosa. Y a veces dramáticamente. Tombolini, quiérase o no, superó a Aníbal Fernández, superado hace poco en eso de las sensaciones por la vocera Cerruti, que habló de sensación de estabilidad en el momento en que salía el fatídico índice del 7,4% de julio.

También la Cancillería viene superándose a sí misma. Por descuido, cualquiera podría confundir la bandera de Suiza con la de Dinamarca, que es tenida como la más antigua del mundo. Aunque hay apenas un par de banderas cuadradas y una de ellas es la suiza y la de la Cruz Roja es al revés. Se supone que eso no puede pasar en la Cancillería, pero pasó, y nada menos que cuando el flamante embajador suizo llevó sus cartas credenciales. No lo podían haber hecho peor.

Habrá mucha bandera y vincha, pero ni palco ni discursos en la marcha de este miércoles de la CGT, que se le fue de las manos a los dirigentes. Fue convocada hace un mes contra la inflación y como gesto de apoyo al muy devaluado Alberto Fernández. Pero ahora cambió y cada grupo le pondrá el título que quiera. A uno de la CGT se le ocurrió: Primero la Patria. Y ahí se le terminó la imaginación. En algo están de acuerdo: más plata a las obras sociales para gastos de tratamientos a personas con discapacidad y medicamentos de altísimo costo y el rechazo al aumento por suma fija, que dejaría en manos del Gobierno la política salarial y achataría las escalas de los convenios.

Los laberintos se suman y amontonan. Massa se metió al menos en dos de los que ya se le reclamaba que saliera lo antes posible, porque precios y dólar no están para postergaciones. Uno, el nombramiento de Rubinstein como segundo: vienen los auditores del Fondo y con esa gente hay que hablar de cosas técnicas y no de oído sino con la partitura adelante. Dicen que Cristina no le puso bolilla negra, sino que Massa mismo lo complicó filtrando su nombre. Si está todo bien, ¿por qué no lo designa?

Le queda el apuro de arreglar con el campo. Se ha ido la mitad de agosto y apenas hubo poco más de una docena de operaciones con el bien fracasado dólar soja. Si el proceso se demora, se demorarán los dólares que Massa prometió conseguir.

Tal vez para relajar tensiones, en medio de tanto baile, Massa, señora y colega de Turismo Lammens inauguraron en el río Reconquista una guardería para 14 clubes que practican remo. Asistió el intendente Juan Andreotti, de San Fernando y massista, pero al de Tigre, Julio Zamora, rival de Massa y donde se hizo el acto, no le llegó nunca la invitación. ¿Qué tiene de malo eso, si al anuncio de las tarifas, el más importante que hizo hasta ahora, no fue Massa sino su mujer, que fue además la gran protagonista?

Ricardo Roa

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