Miércoles, 31 Agosto 2022 07:58

El “santuario” de Recoleta profundiza diferencias en la oposición y también incomoda al peronismo - Por Eduardo van der Kooy

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El Cuervo Larroque calificó a la casa de la Vice y en lo endiosó a Sergio Massa. La vereda de Juan Grabois, los números que miran los gobernadores y la pelea en Juntos por el Cambio. 

Andrés Larroque, ministro de Axel Kicillof en Buenos Aires y Secretario de La Cámpora, formuló en las últimas horas varias definiciones. Entre ocurrentes y reveladoras. Calificó, por ejemplo, de “santuario” el departamento que Cristina Fernández habita en Recoleta. Hacia allí peregrinan desde hace 10 días militantes kirchneristas para brindarle solidaridad. 

Arriesgó que aquellas demostraciones llegaron para quedarse mucho tiempo. Anticipo de que el alboroto y las movilizaciones callejeras serán uno de los pilares de la vicepresidenta para afrontar el largo proceso del juicio por la obra pública en favor de Lázaro Báez. El fiscal Diego Luciani pidió para ella 12 años de prisión e inhabilitación perpetua para el ejercicio de cargos públicos.

El lunes próximo se iniciarán los alegatos que concluirían recién a fines de noviembre. El fallo del Tribunal Oral Federal 2 podría conocerse, con suerte, al concluir el 2022.

Otra de las afirmaciones de Larroque pareció desalojada por el vendaval político que ha comenzado a desatar el juicio a Cristina. Sostuvo, en clara defensa a Sergio Massa, que “el Gobierno después de tres años tiene, por fin, un ministro de Economía”. Algo que venía reclamando el líder del Frente Renovador para avanzar con un ajuste general que, paulatinamente, derramará sobre la sociedad.

E incomoda también a propios: Juan Grabois y su tropa marcharon en reclamo del Salario Básico Universal. Demanda inaceptable para una administración en época de poda.

Habrá que observar cuanto aguanta aquella solidaridad camporista con Massa. Mientras tanto, el foco kirchnerista está asentado en la defensa a ultranza de Cristina. Con las desproporciones genuinas del relato K. Invocaciones a un presunto sitio en Recoleta, al sentido represivo de las vallas policiales. Palabras muy irresponsables de la senadora Juliana Di Tulio, en respuesta al ministro de Seguridad de la Ciudad, Marcelo D’Alessandro. Dijo que “los muertos los ponemos nosotros, porque ellos son los que matan”. También con poco pulso el funcionario había advertido sobre posibles “hechos de sangre”.

Quizás se trate de anticipos de un septiembre en el cual el kirchnerismo multiplicará la apuesta presente. El anuncio lo hizo Hebe de Bonafini. Fue una de las pocas personas que en medio de “la batalla en Recoleta” estuvo a solas con Cristina en su departamento de Juncal y Uruguay. La titular da Madres de Plaza de Mayo convocó a una defensa activa de la vicepresidenta. Incluirá la presencia callejera, campaña en medios de comunicación, marketing, pintadas y jornadas que tendrán como eje la difusión de “un hecho persecutorio”, a raíz del juicio por Vialidad.

Hebe llamó a embanderar casas y edificios con la adhesión a Cristina. Apareció una de aquellas debajo de la ilustración de Evita, en el ministerio de Desarrollo Social. En el interior se organizan jornadas que tendrán como centro de los debates la denuncia por el lawfare. La primera será en la Universidad Nacional de Rosario, bajo el lema Encuentro Federal de Derecho. Ocurrirá en la primera quincena de este mes.

Agitación académica y callejera

La novedad quedó ligada con otro episodio que sorprendió. Fue la difusión que Cristina hizo de unas declaraciones de Daniel Erbetta, juez de la Corte Suprema de Santa Fe. El funcionario judicial cuestionó la legitimidad del juicio a la vicepresidenta. Criticó el alegato acusatorio que formuló el fiscal Diego Luciani. Apareció en medios locales, no tan llamativo, y nacionales, algo inusual.

Erbetta proviene del radicalismo. Dedicó su vida al Derecho. Fue decano de esa Facultad. Es uno de los jueces mejor ponderados de la Corte, en un Poder Judicial de la provincia que, desde hace años, está atrapado entre la violencia de los narcos y los lazos con el juego ilegal. Es muy probable que Erbetta piense, en efecto, lo que sostuvo. Fue llamativa la ocasión. Tal vez, para cumplir con la solicitud de un viejo amigo y colega, Raúl Zaffaroni. Ex miembro K de la Corte.

La agitación callejera y académica podría ser prólogo de una tarea más ardua. La gran movilización que se piensa quizás también para este mes. Dependerá de la velocidad con que avancen con sus alegatos los defensores de los 13 procesados. Carlos Beraldi, el de Cristina, expondrá en sexto lugar. Quizás el 17 de octubre asome demasiado lejano.

Para concretar tal objetivo, La Cámpora activó las estructuras oxidadas del PJ de Buenos Aires y de la Ciudad. Alberto Fernández estuvo al comando de la conducción nacional cuyo objetivo es comprometer a los gobernadores peronistas. Desafío al cual algunos le correrían el cuerpo al calibrar que después del fallo del Tribunal Oral Federal 2, despuntará el año electoral.

Los gobernadores están confeccionando un calendario desdoblado de los comicios nacionales. Quieren despegarse del mal humor social generalizado. No suena sencillo: el ajuste económico que pergeña Massa podría tener sus primeros efectos a fin de año. O ni bien arranque el verano. Sobre una geografía donde pesa ya el 40% largo de pobreza y una inflación anualizada que, después del índice de agosto (entre 6% y 7%), muchos expertos apuestan a que pueda llegar a tres dígitos.

El laberinto de la oposición

Resulta curioso como ante ese panorama a la vista, Juntos por el Cambio se zambulle con tanta facilidad con la “batalla de Recoleta”. El debate sobre qué hacer con “el santuario” de Larroque desnuda otra vez las diferentes miradas que conviven en la coalición opositora. Miradas que parecen poseer un estimulante inadecuado, según las necesidades básicas de la sociedad. Se dirimen futuros liderazgos, se disputan porciones de poder con un pensamiento peligrosamente estacionado en 2023.

En realidad, para ser precisos, está vez el pleito envuelve sobre todo al PRO. El radicalismo hace esfuerzo por permanecer de espectador. La Coalición Cívica de Elisa Carrió se dedica a tareas de saneamiento cuando supone descubrir alguna descomposición. Así fue la crítica que recibió Miguel Ángel Pichetto por haber expresado sus dudas sobre la factibilidad de aplicar a Cristina la figura de jefa de una asociación ilícita para beneficiar con la obra pública a Báez.

La pulseada mayor queda circunscripta a la titular del PRO, Patricia Bullrich, y al jefe porteño, Horacio Rodríguez Larreta. Ambos con sueños presidenciales. La mujer cuestionó la política ambivalente del alcalde de poner las vallas en Recoleta para garantizar el orden. Y luego retirarlas. Colofón de la dura negociación entre Jorge Macri, D’Alessandro, el ministro del Interior, Eduardo De Pedro, y el de Seguridad, Aníbal Fernández.

Aquel repliegue resultó burlado porque la militancia volvió a ocupar la esquina de Juncal y Uruguay. También a raíz que el juez Roberto Gallardo ordenó a Rodríguez Larreta el retiro de las vallas y de la Policía de la Ciudad.

Por aquella competencia interna con Bullrich, el Jefe porteño recusó al magistrado y se niega a sacar los efectivos. No parece ser, a simple vista, la determinación correcta. Coherente con el mensaje de respeto a las decisiones judiciales. A ese juego de contradicciones constantes está dispuesta a invitarlo Cristina. Por un tiempo largo.

Eduardo van der Kooy

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