Domingo, 04 Septiembre 2022 06:15

La oposición se prepara para elecciones sin PASO y (quizás) adelantadas - Por Ignacio Zuleta

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Arenas. Teorías y estrategias frente a la posible suspensión de las internas en 2023. Macri analiza el escenario de posibles adelantamientos, pero no se define respecto de su candidatura. Delegados de Schiaretti se reúnen con peronistas y radicales. La clave es la elección de Marcos Juárez el 11. Efectos potenciales del atentado a Cristina en el armado oficialista. 

Son ensayos de mesa de arena, un desafío al ingenio criollo, que no descansa nunca. El factor ballotage está tan meneado hoy como la posible suspensión de las PASO, demorado proyecto del peronismo del que abomina la oposición. El escenario de los maximalistas especula con una crisis terminal, como las que vaticina la prensa militante al declarar todas las semanas el fin de la República: renuncia de Alberto, asume Cristina, suspenden las PASO, adelantan las elecciones y nos rompen la cabeza. Mucho House of Cards. Con más serenidad, se ha analizado en mesas del peronismo alternativo otro formato: suspensión de las PASO; adelantar las elecciones sólo a las categorías de presidente y vice por la emergencia y dejar para octubre del 2023 la elección de legisladores nacionales. En la noche del jueves, a la misma hora cuando se producía la agresión a Cristina de Kirchner en la Recoleta, Mauricio Macri analizaba escenarios de adelantamiento de los tiempos electorales junto a dos veteranos de su equipo, Miguel Pichetto y Ramón Puerta. El debate fue sobre si el arco opositor puede postergar el lanzamiento de candidaturas hasta el año que viene, o adelantarlo para la eventualidad de que no haya PASO y hasta un adelantamiento de las elecciones. Los dos visitantes a la residencia de Acassuso creen que el primer paso es que Macri diga si va a ser candidato o no. Su silencio sobre ese tema, cuando es el máximo líder el PRO, posterga las alianzas y la construcción de un comando unificado de Juntos por el Cambio. 

Jarrones chinos amenazados por niños que corretean

Como Cristina en el peronismo, Macri tiene tribulaciones de jarrón chino, al decir de Felipe González. En versión actualizada, el dictamen del premier español dice así: “Los expresidentes somos como jarrones chinos grandes en departamentos pequeños. Se supone que tenemos valor, está por demostrar, pero donde nos ponen estorbamos. Un jarrón chino estorba, tampoco nos tiran a la basura. Siempre, no obstante, piensan que hay un niño que de un codazo pueda tirarlo al piso”. Entre cuatro paredes Macri es crítico de sus socios, como Cristina de los suyos en el peronismo. En privado, Macri cree que Horacio Rodríguez Larreta disparó un conflicto innecesario al poner vallas en el domicilio porteño de Cristina – que a su vez equipara a Alberto con Parrilli en cotas de boludez. En público, Macri descalificó a Facundo Manes por no firmar un pedido de juicio político a Alberto Fernández. Desvaloriza a dos de los candidatos con más instalación del PRO y de la UCR. Los expertos en las galerías mentales de Macri creen que esas observaciones surgen de la lectura de encuestas sobre Larreta y Manes, y está tomando carrera. Tiene, para pensarlo, el descansadero de un viaje a Uganda, para una cumbre de la FIFA. Regresa y vuelve a salir en gira de conferencias por Estados Unidos, Dominicana, Francia y cercanías. Viajando se fortalece el corazón (Litto).

La unidad, clave en el país del ballotage

Suspender las PASO es el proyecto más viejo del peronismo, estudiado ya en 2019. Va de la mano del otro proyecto más añejo, que es el sitio al fortín CABA: acosar al santuario del macrismo que es el distrito federal, y volver a los argumentos de deslegitimación de la autonomía que el peronismo sostiene desde la reforma constitucional de 1994. Los usó para condicionar las elecciones de jefe de gobierno, recortar jurisdicciones, identificando sitios y bienes que quiso conservar la Nación (sólo lo logró con los casinos), la ley Cafiero, etc. Por supuesto, se agregó a esa política el recorte de fondos a la CABA y así asfixiar las rentas del único distrito que gobierna el PRO. Lo que justifica estas negociaciones alrededor de las elecciones es la necesidad que van a tener las dos fuerzas de contar con un socio solvente para una segunda vuelta presidencial. Una tercera vía puede funcionar como lo hizo el segmento que representaron Massa-De la Sota en las PASO de agosto de 2015; 4,6 millones de votos, que escalaron en las generales a 5,3 millones, en las dos oportunidades cerca de 20% de los votos. En los cálculos de aquel año, Cambiemos entraba en un ballotage ganador con un piso de 30%. Alcanzó 34%. En 2023, Juntos por el Cambio confía con sostener el 42% de las elecciones de 2021. Si alguna fuerza amiga le acerca adhesiones en un distrito como el de Córdoba – capital nacional del anticristinismo – es esperable que existan estas negociaciones discretas. Este escenario fuerza más la necesidad de unidad del peronismo, que necesita también un apoyo, en una eventual segunda vuelta. La duda sobre esa tercera vía es si será un juego de dirigentes que, además, moverá el voto. Nada asegura a dónde pueden ir los votos de una tercera vía, si a Juntos por el Cambio o al Frente de Todos. Más si vienen de un distrito con peronismo importante como Córdoba.

El mito criollo de la tercera vía

Tras los muros sordos ruidos oír se dejan sobre un peronismo del interior que puede plantear una disidencia, como la que significó la mesa de Córdoba, que animaron hasta 2018 Juan Schiaretti, Miguel Pichetto, Juan Manuel Urtubey, Massa y, entrando y saliendo, Roberto Lavagna. Ese pergeño navega si luces y tiene ahora el desafío del cristinazo en la Recoleta como intento de sus adversarios internos de sindicar la unidad en Cristina. Delegados de Schiaretti siguen dialogando discretamente con peronistas disidentes y radicales, y piden tiempo hasta que se conozca el resultado de las elecciones en la comuna de Marcos Juárez del 11 de septiembre. Es un municipio que gobierna Juntos por el Cambio, pero el peronismo de Schiaretti cree que puede revertir la situación. Si el peronismo gana esa elección, algo moverá Schiaretti hacia un armado nacional. Los límites son confusos, porque los objetivos manifiestos son contrarios a algunos de sus contertulios: primero que todo, sostener un candidato a gobernador que lo represente. Significa tumbar las chances de Luis Juez – candidato a Juntos por el Cambio - y lograr una sucesión en la figura del intendente Martín Llaryora.

Peronismo del interior contra el AMBA

La tensión entre el peronismo del interior y el del AMBA aflora en señales que expresan ese clima de debate interno entre los diversos peronismos. La senadora Alejandra Vigo, de Córdoba y esposa de Schiaretti, abrió el fuego en la sesión del jueves pasado con un discurso de furibunda crítica al gobierno nacional. Reclamó la presencia del ministro de Transportes para que explique la emergencia del sistema de colectivos. Desplegó todos los reproches que figuran en el inventario de las provincias que se quejan de la desigualdad en el subsidio del sistema, que privilegia a la región metropolitana del país. Cristina quizás la vio venir, porque apenas abrió la sesión se retiró y no alcanzó a escucharla. Vigo puso el ojo sobre un ministro de estricta observancia de Sergio Massa como es Alexis Guerrera. Ningún senador del oficialismo defendió la gestión de Massa, que está en ojo de la tormenta por la reacción de los transportistas ante la caída de los subsidios, y suspenden la frecuencia de los servicios. En algunos distritos se ha vuelto a las clases remotas por los problemas de los alumnos de llegar a las aulas.

El silencio del peronismo grande

La escalada mediática de la última semana pone al peronismo ante un examen terminal. En 2019 el peronismo del interior había acordado apartarla a Cristina de la candidatura a presidente. Fue para diluir la ponderación negativa en las mediciones de prestigio en los grandes centros urbanos. De acá a marzo de 2023, lapso cuando se tramitarán las alianzas electorales, el peronismo nacional decidirá si se abrazará a una unidad que depende de la suerte judicial de la vicepresidente. Hasta ahora los gobernadores han mantenido silencio sobre este nuevo intento del peronismo de Buenos Aires de poner como eje de la unidad. Han avanzado en un distanciamiento respecto del gobierno nacional y de la figura de Cristina. Cada día se conocen más provincias que buscan el desacople de las fechas para elegir cargos provinciales. No sirven para convencerlos de otra cosa las señales de división en el vértice del poder que reciben de Buenos Aires. Un ejemplo: Massa desactivó una sesión acordada con la oposición para la semana que pasó, que podía convertirse en un debate sobre el procesamiento de Cristina y los desórdenes en la Recoleta. Iba a ser un escenario difícil para el oficialismo, porque en Diputados no hay legisladores que tengan el ánimo y la convicción de algunos senadores para defenderla, como Parrilli, Juliana di Tullio, Anabel Fernández Sagasti o José Mayans. Cecilia Moreau le explicó a Mario Negri – jefe de la oposición- que el clima estaba muy caldeado para una sesión. No valía la pena pagar el costo del espectáculo anti-Cristina, indefensa en la cámara baja, aunque se postergase la prórroga de los impuestos.

La épica cristinista, con doble filo

Queda también por probar si el mejor expediente para acercar adhesiones es la épica de Cristina perseguida. Puede servirle a ella, pero deberá superar la resistencia en los sectores medios que deciden las elecciones. Se la menciona ya como candidata: es lo que se exaltó en esta semana en la reunión con legisladores en el Senado y la del PJ de la calle Matheu. Esa postulación informal la sostienen quienes la quieren defender ante lo que creen es una persecución política. No está claro si servirá para mejorar su imagen dentro del peronismo. Los dirigentes buscan identificarse con el prestigio ajeno, y huyen del desprestigio como de la peste. El electoral es también un mercado de oferta y demanda. En el marketing electoral todo puede pesar, a favor o en contra. Hay quienes sostienen que la muerte de Néstor Kirchner en 2010 favoreció la reelección de Cristina en 2011. En las últimas horas sobraron las especulaciones sobre el efecto en la figura de la vicepresidente de la agresión con arma que vivió el jueves.

Espejismos 2023

El peronismo de Buenos Aires, que conduce Cristina, es el más importante por la dimensión del distrito. Pero en relación con los otros peronismos es el eslabón más débil. Peleó la conducción de la economía con Olivos y perdió. Sólo en el Senado creen que conserva poder y liderazgo. El eje del enfrentamiento fue el acuerdo con el FMI, que ese sector considera perjudicial para el país y lesivo para las posibilidades electorales del peronismo. Cristina entiende que un acuerdo similar le hizo perder las elecciones a Cambiemos en 2019, y que a ellos les espera la misma suerte. En la gestión de gobierno, tampoco ha podido imponer las reformas judiciales. Es comprensible que Cristina apele a las dos emergencias políticas – la economía y la justicia – para recuperar la gravitación del peronismo de Buenos Aires como eje de la unidad, e imprescindible para hacer competitivo al conjunto. En la fantasía del oficialismo, una candidatura presidencial hoy estaría entre Alberto, Massa y Cristina, las tres figuras que menos adhesiones tienen en las encuestas. ¿Cómo dar vuelta esa tabla y quien va último pase a ser el primero? Con estos espejismos el peronismo se pone en manos del llamado principio de autopercepción, según el cual un gringo de Gales se autopercibe mapuche y reclama un lote junto a Las Balsas en la Angostura. Es el léxico mágico de Andrés Larroque (llamado por sus amigos, con cariño, El cuervo) cuando declara que la esquina de Juncal y Uruguay es un “santuario”, un sitio sagrado, porque allí habita Cristina. Ni qué decir después de la agresión que sufrió la vicepresidente en el santuario.

Ignacio Zuleta

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