Lunes, 05 Septiembre 2022 08:25

Prueba clave para Cristina Kirchner, Congreso opositor y la orden que bajó Mauricio Macri - Por Ignacio Zuleta

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Temor por la paz social y el orden público. Juntos por el Cambio volvió a condicionar al Gobierno en el recinto.

La Plaza, flor de un día para un gobierno débil 

El curso de los días demostrará si el ataque con arma sobre Cristina de Kirchner tiene trama política, más allá de los simbolismos que quiere darle el Gobierno. También, si le suma o le quita votos a alguien. El Gobierno logró ocupar las pantallas con consignas de una unidad que le cuesta mantener. No le bastó para recuperar fuerza.

La sesión en el Congreso del sábado sólo pudo existir concediendo a la oposición la forma y el fondo del debate. Confirmó que el Congreso es controlado por la oposición y que el Gobierno sigue siendo débil. Puso en pausa las querellas internas de fondo por el manejo de la economía y le sirvió la cobertura de la defensa colectiva a Cristina agredida. Disfruta ese anabólico pasajero, pero no remedió su debilidad de fondo, que no es una cuestión de estilo ni se compensa con batucadas que duran el tiempo que deciden los movileros.

Lo que le queda para adelante será la prueba de fuego. Es responsable del orden público, algo que tampoco se remedia con aspirinas. La investigación policial dirá si estamos ante un Lee Harvey Oswald -el loquito teledirigido-, un Travis Bickle -el justiciero de “Taxi Driver “- o un Arthur Fleck -el reivindicador de indignados de “El Guasón”-.

En cualquier caso, habrá que prevenir a la sociedad de los efectos de que termine todo en una correría por los sótanos de la democracia. Ocurriría si aparece un Jack Ruby, misterioso agente de la mafia que se comió una perpetua hasta morir como un símbolo de omertá. Sepultó la trama del magnicidio más importante y misterioso del último siglo.

La Argentina, Isla de Paz en el mundo en guerra

Que haya claridad depende de que el ataque a la vicepresidenta no desencadene un contagio de violencia política, a partir de lo que hasta ahora es un delito común, ejercido sobre una figura central del escenario político. La conmoción se debe a la envergadura política de Cristina y al contraste entre ese hecho y un país que hace 40 años renunció a la violencia política.

El año que viene la Argentina cumplirá el período de estabilidad institucional y paz interior más extenso de su historia. En este lapso no ha habido violencia política, salvo los atentados a la Embajada de Israel y a la AMIA, dos agresiones externas sobre la Argentina pacífica.

En la Argentina ha habido alternancia de gobiernos contrarios en 2015 y 2019 sin ningún hecho de violencia, a diferencia de los tumultos que ocurrieron en la región - Bolivia, Chile, Brasil, Perú, Venezuela, Colombia, Estados Unidos.

Argentina en 2022 recibió el tercer puesto en el ranking de países más pacíficos de América Latina. La medición del Global Peace Índex 2022 que hace el Institute for Economics & Peace (IEP) coloca sólo a Uruguay y Chile por encima de la Argentina. Un lujo para un mundo en guerra. No es difícil entenderlo, por la solidez del sistema político argentino en el cual dos familias políticas representan -bajo formatos que cambian con el tiempo- al 80% del electorado, desde que rige la llamada ley Sáenz Peña, hace 106 años.

Otra derrota del Gobierno, como en el proyecto del FMI

La agresión ha ocurrido sobre una de las principales dirigentes del oficialismo, y en un período condicionado por:

  • 1) El proceso judicial de obra pública que está en su tramo final con pedidos de condena.
  • 2) La campaña, ya en marcha, para las elecciones 2023.

Ese contexto explica que las fuerzas políticas intenten medrar con el hecho en su beneficio y, como parte de ese aprovechamiento, se acusen de ejercer manipulaciones. El oficialismo ensaya argumentos parecidos a los que recibió de la oposición con el caso Nisman. Como el gobierno de Cristina lo fustigaba, fue responsable de su muerte. En el caso de Cristina, como la oposición fustiga a la vicepresidenta, es responsable del ataque.

El Gobierno repitió el intento frustrado de hacerle firmar a la oposición en el Congreso un dictamen incriminatorio como responsable de este intento de asesinato. La oposición se lo volteó. Fue un calco del debate de marzo de este año en torno al proyecto de ley de aprobación del acuerdo con el FMI.

El Gobierno intentó que el Congreso lo aprobase con considerandos que acusaban a la gestión de Cambiemos del delito de por haber tomado esa deuda. También intentó que le votasen, además, un programa económico anejo a la aprobación del acuerdo. La oposición, mediante el ingenio legislativo de Elisa Carrió, frustró el intento, deshuesó el proyecto para dejar sólo la aprobación del acuerdo. Fue lo que permitió que se aprobase la ley. Le costó al Gobierno una derrota dialéctica del mismo tipo de la que sufrió el sábado en Diputados.

El peligro de las provocaciones

Alberto Fernández desnudó el intento del Gobierno en la reunión del viernes en la casa Rosada. “Fui ingenuo en creer -dijo- que esto podía cambiar con diálogo. El diálogo es el camino, pero con esta gente no hay diálogo. No es porque no queramos. Es porque ellos no quieren. Planearon 15 años esta situación" (versión del locutor militante Ezequiel Guazzora -presente en la reunión- por la emisora AM1300, radio La Salada).

En esa mesa se sentaron representantes del oficialismo y algunos invitados que cuando pudieron se despegaron de la encerrona. Por ejemplo, la cúpula de la DAIA, que rechazó el documento que salió de ese encuentro. Mientras no surja alguna luz sobre los detalles del hecho, la colectividad política caminará sobre hielo delgado, porque cada acto va a ser leído a partir de la acusación del Gobierno de que los responsables son la oposición, la prensa y la justicia, y de la réplica opositora de que se quiere usar el hecho para hacer músculo.

El Gobierno se entusiasma con que el episodio les ha servido para mostrarse unido, por encima de las divisiones profundas que mantiene el Ejecutivo con el peronismo de Buenos Aires que conduce Cristina. Los separa sin remedio el acuerdo con el FMI: Olivos cree que con el acuerdo se salva. Cristina cree que con el acuerdo perderán el Gobierno el año que viene.

Los batatas que hay en toda organización política pueden excederse en formas de provocación ante la oposición, en actos en zonas dominadas del peronismo. Por ejemplo, en La Matanza, donde Mauricio Macri tiene turno para un acto al regreso de Ruanda este miércoles. Sus asesores especulan en estas horas sobre la conveniencia de no prestarse a provocaciones en un sitio más peligroso que Ruanda.

La sesión de Diputados, digna de un país maduro

Pasada la sesión y aliviada la tensión, los jefes de Juntos por el Cambio saludaron el resultado final:

  • 1) El Gobierno sacó menos de lo que ponía y demostró que aun mostrándose juntos en la calle siguen siendo débiles en la cúpula.
  • 2) El PRO tiene necesidades especiales porque esta crisis agudizó la puja entre los caciques con Macri subido a los hombros de todos.
  • 3) El radicalismo mostró lo contrario, que mantiene la unidad con todos alineados, por encima de las divisiones que cerró la elección de Morales como presidente del partido.

Los gobernadores rechazaron el feriado en sus provincias, el despacho del bloque UCR fue la sede del comando para la sesión. Licuó disidencias hirientes como la de Facundo Manes, que quedó desdibujado y solitario por segunda vez en pocos días (antes no firmó el pedido de juicio político al presidente). No se quedó hasta el final de la sesión. Se probó que liderar no es pelear, es administrar las diferencias. Y eso no se compra en Mercado Libre.

También gravitó el criterio que trasmitió Carrió, mediadora eterna en esa fuerza, en sus charlas con todos los jefes de Juntos por el Cambio: paz, no violencia, no alimenten el escándalo entre la gente, no usen esto para sacar réditos personales. Una crisis que comenzó con la algarada cristinista por defensa en el juicio Vialidad, alcanzó niveles de exasperación máxima con el ataque criminal del jueves, y cerró el sábado con una sesión del Congreso que hay que celebrar como propia de un país maduro.

El oficialismo, forzado a probar que no manipula

La sesión exhibió esta división entre los dirigentes, pero dejó en evidencia el dominio que tiene hoy la oposición en la agenda legislativa. Lograron lo que querían. El gobierno no, con lo cual admite que la fantasía de que Cristina de Kirchner controla al peronismo y la agenda política, es una creencia limitada a los estudios de la TV por cable, que durará el tiempo que tarden los vecinos de salir de las calles. A menos que el oficialismo los convoque de nuevo para acompañar los alegatos de las defensas en el juicio Vialidad, con lo cual admitiría que actuó desde el jueves de mala fe.

Esta semana se pondrá a prueba este resultado. El Gobierno puede conseguir, en otra sesión pacífica, la prórroga de los impuestos que no pudo tratar la semana anterior, antes del ataque a Cristina. Es otra prueba de fuerza o debilidad: no habrá prórroga sin el voto, con reservas, de la oposición. El martes por la noche hay una convocatoria a la cúpula ampliada del radicalismo. El miércoles estará en Buenos Aires Macri, que tiene que recoger los pedazos para pacificar a un PRO halconizado al que Larreta desmarcó repitiendo: de la candidatura presidente no me bajo, hagan lo que quieran.

La oposición se divide para crecer

La oposición ha mostrado disidencias discretas y públicas, que le pueden servir para ampliar el radio de adhesiones. En una semana se ahondaron las diferencias entre tribus del PRO. El ala Macri-Bullrich-Ritondo-Pichetto-Vidal se diferenció de la de Larreta-Santilli, que encontró contención en sus aliados objetivos y subjetivos del radicalismo de todas las tribus. El arbitraje ha estado, como en otros momentos, a cargo de Carrió.

La semana decantó con percepciones claras para la tribu del PRO. La primera, que Macri recuperó varias casillas en el intento de controlar el partido y produjo un empate entre las alas Bullrich y Larreta.

En el almuerzo del martes en Happening, Larreta acusó a Bullrich de oportunista por haberlo criticado por instalar, negociar y retirar las vallas en Juncal y Uruguay. Macri lo frenó con el argumento de que Bullrich sólo había reiterado su posición de siempre ante hechos de orden público. Ese respaldo a Patricia mosqueó a Larreta. Lo compensó Mauricio cuando reconoció que Larreta, como gobernante del distrito, debe tener el apoyo de todos para tomar las medidas que crea necesario.

Macri subido a los hombros de Horacio y Patricia

A Patricia y a Horacio les quedó en claro el intento de Mauricio de ponerse por encima de los dos. Con esos gestos prolonga la expectativa de una candidatura para 2023. Admite ante ellos que haya unas PASO -en caso de que no se suspendan- en donde los postulantes de los partidos de la Coalición vayan en listas cruzadas, para amortiguar las represalias de quienes queden marginados.

Patricia reclama todo el tiempo que la dejen competir, como si temiera que la dejen sin juego. Ya la bajaron de las listas de candidatos a diputados en 2021 y teme que eso se repita y quedar a merced de acuerdos discretos de Macri con Larreta, que comparten una burbuja, para decirlo con léxico Covid, de la que muy pocos forman parte en el PRO.

Sus aliados la retan en privado: "Tenés que parar, no sabés parar". Responde sonriendo: "Yo sé parar". Son cruces agrios y suspicaces como lo que se escuchan cuando Macri suele recordarle a Carrió: "Vos dijiste que me querés”. Ella suele responder, sonriendo: "Yo no te quiero, pero te apoyo, como te apoyé cuando gobernabas y la apoyé a Patricia con el caso Maldonado”.

Es la razón del intento de Bullrich de encarnar la posición maximalista de mano dura, una lectura del prejuicio de que “la gente pide orden”. Un dictamen lineal que empujó Larreta para no quedarse atrás, sin prever que desencadenaba una crisis. Fueron las vallas más caras de la historia. Para todos.

El maximalismo de Bullrich llevó a los diputados de su partido a retirarse del recinto el sábado. El PRO acató instrucciones de Macri, que habló a lo largo de la semana con todos, pero con todos, los otros jefes de la coalición. El argumento fue: "Ese texto es muy agresivo, no lo podemos admitir".

Radicales: aprobados en unidad

El radicalismo y otros opositores, como la Coalición Cívica, escucharon el llamado de gobernadores de provincias radicales y de la propia Carrió, que transmitieron la conveniencia de que se aprobase el texto final copiado del Senado y que se quedasen en las bancas. Mario Negri impuso el cambio del texto y que no hubiera barras en los palcos. Fue duro hacia adentro y hacia afuera. A los socios del PRO les aclaró que él haría todo lo necesario para que, si no iban al recinto, la responsabilidad recayera en el Gobierno. Llevó a los opositores al despacho de Cecilia Moreau para negociar una sesión pacífica.

El PRO insistió en retirarse después de votar la resolución. Sus dirigentes temían que la sesión derivase en críticas al macrismo y a los fiscales de la casa Vialidad. El Gobierno no tuvo otro camino que aceptarlo. Negri cerró el debate con un discurso prudente pero duro, que rechazó la intención de "caranchear" con el tema seguridad. Todos aceptaron que cerrase el debate por la oposición, una de sus especialidades legislativas que honró hasta con el estilo -de saco y corbata-.

Carrió mandó el mensaje a los suyos: con el cierre no hay problema, con que hable Mario basta. Gerardo Morales hizo llegar también el apoyo a la pauta que transmitió Negri que era una manera demostrar que los radicales podían avanzar sin mostrar fisuras. Algo que el PRO no estaba en condiciones de hacer por las divisiones internas entre sus jefes - i.e. la puja Horacio Patricia.

El comienzo de una bella amistad

Reparten roles y disfraces, pero no se ponen de acuerdo sobre quién es Humphrey Bogart y quién Claude Rains, el héroe de Casablanca y el policía revenido Louis Renault. Federico Pinedo y Andrés Cisneros, ex vicecanciller del peronismo, firmaron juntos una columna de opinión con críticas al proyecto del gobierno de ingresar al BRICS, liga de naciones que agrupa a Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica -a invención de la sigla se atribuye al consultor Jim O'Neill, de Goldman Sachs, para describir a los países de crecimiento más acelerado-.

Pinedo es el referente principal de los equipos de Patricia Bullrich en temas internacionales. Cisneros es su par en los equipos del Peronismo Republicano de Miguel Pichetto. Esa aparición juntos es la primera manifestación de un concilio entre los dos precandidatos presidenciales. La despedida de aquellos personajes de Casablanca era "pienso que este es el comienzo de una bella amistad". Costó incluirla porque al director de aquel filme legendario se le ocurrió tarde y hubo que rastrearlo a Bogey para que la dijese.

El equipo Pinedo & Cisneros viene con reuniones hace rato, algunas en el quincho de la casa de Pichetto en Vicente López. Importa no sólo por la coincidencia. También por la diferencia que tienen con otros equipos de internacionales de Cambiemos. Según Pinedo & Cisneros, los BRICS son una liga tóxica, por el compromiso con Rusia y China después de la invasión a Ucrania.

Los dos expertos se apartan de los equipos de Horacio Rodríguez Larreta, que coordina Fernando Straface, y los de la UCR, en donde ronca fuerte Carlos Pérez Llana. Los consideran muy comprometidos con un multilateralismo inoportuno para la Argentina. Respecto a los BRICS, los equipos de Larreta han explicado la conveniencia de que el país ingrese a esa liga. Puede ser el comienzo de una bella enemistad.

Chile, pretexto para hablar de acá

Este acercamiento -hasta ahora un taller literario- rindió su primer fruto. Pichetto y Bullrich dieron a conocer este domingo un pronunciamiento sobre el referéndum por la reforma constitucional de Chile. "Lo grave, desde nuestro punto de vista -afirman las plumas de Pichetto y Bullrich- es que por un lado el proyecto constitucional generaba amplias autonomías territoriales de ciertas comunidades, que al mismo tiempo reivindican a buena parte de la Patagonia como una nación independiente de Chile y Argentina, y suelen ser hostiles a ambas naciones. Por eso no es neutral que se hablara de cooperación transfronteriza de comunidades".

En lo ideológico, avanzan con señales no sólo geopolíticas. "La historia muestra -concluyen- que las constituciones liberales y democráticas se basan en negociaciones y consensos, mientras que las antisistema operan con el clásico totalitarismo de quienes consideran que una constitución consiste en un parte de batalla escrito por el vencedor".

Ignacio Zuleta

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