Miércoles, 21 Septiembre 2022 07:41

Del dólar soja a las figuritas: de todo en la kermés del Gobierno - Por Ricardo Roa

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¿Quién metió de nuevo la pata con el campo? No problem. Alberto Fernández se dedicó en Nueva York a probar guitarras. 

Está todo bárbaro. Tan bárbaro que la inflación vuela, pero el secretario de Comercio cita de urgencia a la Unión de Kiosqueros y a la empresa Panini para que en una reunión cumbre le expliquen por qué faltan las figuritas del Mundial. No pierde el tiempo en pequeñeces. En el Congreso que no se reúne y sólo por error saca alguna ley, el diputado oficialista Daniel Arroyo pide una convocatoria para aprobar el proyecto que declara a Marcos Paz Capital Nacional del Jamón Crudo. Y aclara: lo hace para incentivar la producción. 

Y la última (que no tiene por qué ser la última): el presidente Fernández, en visita oficial a Naciones Unidas, atestada de jefes de Estado, sale de su agenda para probar guitarras en el East Village, en el estudio de un músico que tocaba con David Bowie. Los gustos hay que dárselos en vida. Nota o contraste al pie sobre cómo utilizar el tiempo: Fernández tenía una sola reunión bilateral, con el primer ministro de Haití, que finalmente se suspendió. El francés Macron tuvo tres: con los jefes de gobierno de Irán, de Pakistán y del Reino Unido.

Acá, el blue trepaba $ 10 de un saque. ¿La causa? El revuelo que armó otra vez con el campo una imprevisión/improvisación del Gobierno. Para que se entienda fácil: se hicieron de una montaña de dólares con el nuevo dólar soja, unos cuatro mil millones. Una parte grande de los pesos que recibieron productores y exportadores se fue al contado con liquidación o dólar financiero (CCL), que a diferencia del blue saltó un 10% la semana pasada (de $ 280 a $ 300) y amenazaba con seguir escalando.

Massa se desesperó no sólo por la suba de ese dólar que usan las empresas sino por lo que esa suba provoca: más brecha con el dólar oficial, pérdida de reservas, presión cambiaria e inflación. Todo a contramano de la hoja de ruta pactada con el Fondo y que sostiene al Gobierno.

El lunes, durante todo el día, en Economía y en el Central buscaron la forma de parar el escape. Un dato para tener en cuenta: ese día no estuvo en el banco su presidente, Miguel Pesce, a quien el mismo lunes Alberto Fernández confirmó el cargo por otros seis años, pese a la oposición de Massa. Tampoco Pesce trabajó este martes: aprovechó para festejar su cumpleaños. Sería un detalle sin importancia si no fuera porque Massa, al final del día, lo hizo responsable de todo el desaguisado. Yo, argentino.

Más aún: la búsqueda de una fórmula para frenar al dólar financiero la condujeron los dos hombres que responden a Massa en el Central, el vicepresidente segundo Lisandro Cleri, que trabajó en la mesa de dinero de la ANSeS, y el director Pablo Carreras Maier. Con ellos trabajaron funcionarios de la línea y el vicepresidente primero Sergio Woyecheszen, yerno de Agustín Rossi, ahora jefe de la AFI. Que no fue fácil lo confirma que recién por la noche consiguieron redactar la norma.

Aplicando el artículo 11 de la Carta Orgánica, que se usa para resoluciones de urgencia, Cleri, Carreras y Woyecheszen firmaron la orden 7609 que impedía comprar dólares a quienes se habían adherido al plan de los sojadólares, llamado Programa de Incremento Exportador, lo que provocó la ira del campo y de la agroindustria. Y que aumentó la desconfianza, como si sobrara. ¿Cómo los sojeros iban a poder usar los pesos que recibieron como se les diera la gana, que fue irse a comprar dólares financieros? Salió el clásico argentino: cambio de reglas.

En el Central dicen que fueron los colaboradores de Massa en Economía quienes bajaron línea sobre la redacción de la norma. Y el problema estalló, sobre todo, por la inclusión de tres palabras: “las personas humanas”. Esto es: todos los productores. Al rato, Economía mandó a rectificar el texto y el Central metió la marcha atrás con una nueva comunicación, la 7610, de apenas dos líneas: “las disposiciones de la 7609 no son de aplicación para las personas humanas”. Problema 1: muy pocas personas humanas comercian soja, lo hacen sociedades. Problema 2: cada vez más el gobierno avanza sobre humanos y jurídicos.

Como si todo esto no fuera suficiente para aumentar la dosis de antiácidos para todos y todas, Fernández trató en la ONU de universalizar la preocupación por el atentado contra Cristina, pero en su conocido estilo. Dijo que “las derechas que promueven el odio y la violencia no deben tener cabida en el mundo que vivimos”. Fernández nunca ve ni odio ni violencia en ninguna izquierda. Debió haberle avisado a Gregorio Dalbón, que fue su abogado y lo es de la vice, que horas atrás había despachado un insólito y amenazador “los fiscales Mola y Luciani no van a terminar bien”.

Ricardo Roa

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