Lunes, 03 Octubre 2022 08:25

Presupuesto mata PASO, el giro de Alberto Fernández y Cristina Kirchner, y la fragilidad de Sergio Massa - Por Ignacio Zuleta

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El oficialismo necesita sacar la ley que cumple con los pedidos del Fondo Monetario.

Las PASO, el otro rostro de la división en el Gobierno 

La dilación del oficialismo en promover la suspensión de las PASO es otro rostro de sus disidencias internas. El peronismo que gobierna tiene trizadas dos de las tres patas de la mesa:

  • 1) No hay liderazgo definido.
  • 2) Pelean por el programa, en particular la agenda económica.
  • 3) Mantiene el dominio territorial, pero con ese activo, igual perdieron las elecciones del año pasado.

La estrategia del peronismo del AMBA arrastró al peronismo del interior, que perdió en 13 de 15 provincias. En este punto hay diferencias de estrategia. En el oficialismo trabajan sobre la hipótesis de que les conviene que Macri sea candidato a presidente, porque les beneficia la polarización. Creen que la eliminación de las PASO enloquecerá a Juntos por el Cambio porque Macri irá por una candidatura que:

  • 1) Puede aglutinar a todo el PRO.
  • 2) Pero dividirá al frente opositor, porque la UCR y la Coalición no querrán ir detrás de Macri.

Hay diferencias estratégicas en este punto. ¿A quién le conviene las PASO? A una fuerza que quiera mantener la unidad. ¿Le conviene la unidad a toda costa al cristinismo, que todos los días echa nafta a la hoguera contra Alberto y Massa? Esta percepción está detrás de su cambio de posición, que hasta ahora estaba contra la suspensión de las PASO, el proyecto más viejo de la presidencia de los Fernández.

Una prenda de canje por el presupuesto

En la semana en que convivieron en los Estados Unidos el ministro del Interior con los gobernadores del Norte Grande -club en donde hay oficialistas y opositores- se habló mucho de esa suspensión. En el grupo había masa crítica para un acuerdo político en serio, porque estuvieron Wado de Pedro; el presidente de la UCR Gerardo Morales; Gildo Insfrán, presidente del congreso del PJ nacional; y Jorge Capitanich, primus inter pares a escala nacional, y el mejor interlocutor del peronismo del interior con el peronismo del AMBA.

Los peronistas hablaban abiertamente de la oportunidad de suspender las PASO. Morales escuchaba y sostenía el rechazo de su partido. Wado no abrió la boca. Tampoco nadie se acercó a Morales a ofrecerle alguna oportunidad de charlar sobre el tema. En el balance, nadie mostró ánimo como para empujar a los demás a alguna definición.

Quizás hay asuntos más importantes como que les aprueben el presupuesto, para lo cual el concurso de la oposición es clave. Manejan el quórum en Diputados, siendo minoría, y en el Senado sólo avanza lo que se acuerde en paz. El wait and see revela la naturaleza de las PASO como prenda de canje político. ¿El botín? El presupuesto, de cuya aprobación depende el destino político de la última esperanza blanca, que es Sergio Massa en Economía.

Viró el cristinismo, y también Alberto

En diciembre de 2020, los gobernadores del peronismo le habían llevado a Alberto Fernández la idea de la suspensión, con Capitanich y el sanjuanino Sergio Uñac a la cabeza. Fue en una cena en Olivos en la que Wado de Pedro se enteró de esa posición. Se la comunicó a Cristina, que la rechazó. El testimonio fue un mensaje de Máximo Kirchner a Mario Negri para informarlo de que estaban en contra.

La novedad de este año es que el cristinismo ha empezado a apoyar la iniciativa. Sin PASO, le es más fácil a ese sector hacerse fuerte en la provincia de Buenos Aires, en prevención de una derrota en las elecciones del año que viene. Cristina proclama con su hijo que ya es una elección perdida, y pelear por la unidad con el peronismo del resto del país puede parecerles inútil.

El albertismo, que en aquella cena se mostró contra las PASO, ahora ha girado hacia el apoyo. En 2020 Alberto temía quedar porfirizado en una interna para la que no tenía ni patria ni bandera: ni las tiene hoy, pero puede creer que anotarse en unas PASO enderezaría el paso del pato rengo. Después de todo, le va ganando la pulseada a Cristina. Él gobierna, ella mira y tuitea.

No mirar Cambiemos con ojos peronistas

La tuerca floja de esta hipótesis es la creencia de que, sin PASO, Juntos por el Cambio va a estallar por el aire. En el oficialismo y en sus comunicadores militantes repiten esta idea como si estuviera escrita en piedra. Implica creer que los dirigentes de la coalición opositora son aficionados que carecen de visión estratégica y de claridad en el objetivo que deben alcanzar, y cómo preservarlo.

La herramienta que más cuidan es la unidad, que hasta ahora les ha permitido aumentar el porcentaje de votos desde 2015, ganando o perdiendo elecciones. Las diferencias y chicanas que cruzan sus dirigentes, en busca de mejores posiciones para las candidaturas de 2023, no llegan a situaciones cismáticas como las que dividen al oficialismo entre AMBA e interior, entre Olivos y el Instituto Patria, entre Cristina-Máximo y Alberto-Massa.

Juntos por el Cambio entiende, como lo hace el oficialismo, que la Argentina es un país de voto estable, que los 42 puntos de la oposición están firmes y que hay que jugar sobre esa lista. Como no gobiernan, el riesgo de perforar el voto es menor; más aún, puede aumentarlo.

En el peronismo también hay un porcentaje parecido que les asegura un piso alentador. Al ser gobierno, están en riesgo mayor de perforarlo hacia abajo, como ocurrió en 2021 cuando perdieron más de 4 millones de votos. Un error común en la Argentina es mirar al no peronismo con ojos de peronismo, y al peronismo con ojos de no peronista.

El error de Macri en 2019

Para resolver estas diferencias de mirada sirve la experiencia. En 2019 Juntos por el Cambio perdió las elecciones por desechar un acercamiento a Massa en la creencia de que no volvería al peronismo formal, y que esta fuerza permanecería dividida. Fue un error estratégico que cifró su destino. Olivos no escuchó a quienes, como Emilio Monzó, promovían un acercamiento a Massa para mejorar el perfil competitivo. Ganó el ala Macri-Peña y así les fue. ¿No ocurriría lo mismo si el peronismo cree que sin PASO la oposición se dividirá?

Estas recetas de promover el daño en el adversario suelen volverse en contra de sus autores. Otra experiencia que permite sacar lecciones: una PASO deja víctimas. Lo sabe el peronismo, que pagó en 2015, con la derrota en la provincia de Buenos Aires, las consecuencias de la confrontación en primarias de Julián Domínguez contra Aníbal Fernández por la candidatura a gobernador. A esos juguetes, como a los plebiscitos, los carga el diablo y los disparan ya se sabe quién.

Hay vida después de las PASO

El psiquiatra rionegrino Luis Di Giacomo, diputado a repetición, hizo un remake de su gesto de noviembre de 2020. Ahora anunció que presentará un proyecto de suspensión de las PASO. Coincide con algo más importante que resolver las primarias de los partidos para 2023: la sanción del presupuesto que presentó el gobierno en el Congreso. Con cualquier sistema de primarias (con PASO o sin PASO), ¿quién duda que las dos coaliciones presentarán a los candidatos que le aseguren la mejor elección para ganar? Creer lo contrario es dudar de que tengan claridad estratégica, o que trabajen con torpeza en contra de su propio interés.

Sería inexplicable en un oficio de vivarachos como es la política. La suerte del presupuesto es mucho más importante. El gobierno viene de fracasar en la sanción del presupuesto 2022. Si Sergio Massa y Alberto se quedan de nuevo sin presupuesto, el escenario será aún más oscuro para los dos. Están dispuestos a negociar lo que sea con la oposición con tal que el presupuesto sea aprobado. Para lograrlo, nada mejor que construir un paquete con moño, para canjearlo por esa aprobación. Esa es la real significación hoy el debate sobre las PASO, de cuya suspensión filtra todos los días el gobierno nuevas informaciones.

Hechos extraordinarios de un país extraordinario

En la misma línea de buscar lugares de encuentro con la oposición, el Gobierno cedió todo lo que le pidieron para que se firmase el dictamen de prórroga de la Ley de villas. El punto más importante fue imponer que el 75% de las obras para las mejoras del sistema de recuperación de los barrios populares -más de 5.500 en todo el país- deberán responder a convenios entre la Nación con los gobernadores y los intendentes. También se eliminó una tablita que comprometía el gasto de futuros gobiernos.

La capacidad de consenso agotó lo previsible, porque conciliaron posiciones el Gobierno, la oposición, las organizaciones sociales y la Iglesia (a través de eficaces intervenciones vaticanas). Un esfuerzo extraordinario que salva la sobrevivencia de un proyecto extraordinario como es la ley de 2018 de expropiación de tierras en villas para entregárselas a sus ocupantes hasta esa fecha. Una revolución conceptual que nadie esperaba de un gobierno como el de JxC, en acuerdo con las organizaciones sociales.

Son los hechos extraordinarios de un país extraordinario. Sólo un país extraordinario es capaz, además, de producir un filme como “Argentina 1985”, que aporta un balance maduro, equilibrado y sólido del esfuerzo colectivo más importante de la transición democrática, según un concepto novedoso como fue el juicio al “mal absoluto” (en palabras de Carlos Nino).

Ese filme conmueve a una demografía secreta, no manifestada con frecuencia, en la que cada persona siente que tiene una experiencia personal con esa tragedia, y que está por encima de diferencias partidarias. Ocurre, por miserias del capitalismo, en un circuito de cines alejado de las grandes pantallas, casi barrial. Aumenta su dimensión como expresión del imaginario colectivo del país pacífico. Otro hecho extraordinario de un país extraordinario.

Dispuestos a ceder todo lo que haga falta

El eje no son las primarias sino la necesidad del Gobierno de no quedarse sin programa económico en el momento de mayor agresividad del cristinismo sobre Massa y Alberto. Massa no aceptó el ministerio para arreglar la economía que había desarreglado su propio gobierno. Lo hizo para salvar su destino político; y para que le salga está dispuesto a ceder todo. La hojarasca que mueve el debate sobre las PASO -debate menor frente a otros asuntos- disfraza el cisma que separa a Alberto y Massa de Cristina.

La señal más poderosa es el pedido de acuerdo del presidente al Senado para confirmar en sus cargos al directorio del Banco Central presidido por Miguel Pesce, el funcionario más importante del albertismo en el Gabinete. Fue hostigado por Cristina y también por Massa en la era de Martín Guzmán. El nuevo ministro, cuanto más ha logrado poner al vicepresidente de Central, Lisandro Cleri, y se ha visto forzado a juntar líneas con Pesce. De ahí el brote tuitero de Cristina.

Guzmán se jugaba el cargo, Massa se juega el pellejo

El cristinismo volteó el presupuesto 2022 porque contenía el programa con el FMI diseñado por Guzmán. El actual proyecto continúa esa línea, que Cristina y sus escuderos, como su hijo-vocero, creen que es criminal de sus gerentes (llegaron a denunciar a Macri, sus funcionarios y a los del FMI en la justicia), ruinoso para el país, y letal para las chances electorales del peronismo el año que viene.

Para que las posiciones queden firmes, a Cristina le quedan los tuits. No le servirán de mucho los senadores que le son fieles en temas testimoniales (adhesiones a desgracias personales, callejones sin salida como las reformas judiciales, etc.). Los legisladores, en materia presupuestaria, responden a los gobernadores, y éstos han asegurado, después de un par de reuniones en el CFI, que les respetarán la “federalización” de la ley de presupuesto.

Significa que se toca el “Word” -la letra del proyecto-, pero no “Excel” -la planilla donde figuran obras y partidas innegociables-. Ahí no hay Cristina que valga. De eso se han ocupado también los gobernadores de la oposición. A Alberto y Massa, les importa solo lograr que se apruebe el presupuesto en paz. La Argentina es un país semiparlamentario. En los países parlamentarios, cuando el gobierno fracasa en la aprobación del presupuesto, el gobierno cae.

En diciembre del año pasado, la caída del presupuesto pudo arrastrar -si valiese la analogía entre los sistemas- a Juan Manzur y al ministro Guzmán. No pasó. Esta vez, la fragilidad de Massa es mayor a la de Guzmán hace un año. Guzmán se jugaba el cargo, y se fue cuando se le dio la gana. Sergio, en cambio, se juega el pellejo y si no le sale lo van a sacar mal.

Ignacio Zuleta

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