Domingo, 23 Octubre 2022 00:53

Impuesto a los jueces, un regalo a Cristina - Por Ignacio Zuleta

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El gobierno persiste en su ataque a la Corte y a la Justicia. El peaje de negociar con Massa. 

Se le podrán reprochar inconsecuencias a este gobierno, que ya reprobó el examen de los dos primeros años con la derrota en las legislativas de 2021. En lo que sí ha sido consecuente es en no bajar las banderas originarias asumidas en 2019: 1) el ataque a la Corte y a la justicia en su conjunto; 2) el cerco al santuario opositor que el Distrito Federal de Buenos Aires, en donde asienta sus proyectos el PRO, partido que lo llevó a Macri a la presidencia y que administra Horacio Rodríguez Larreta, que además está anotado como candidato para el año que viene. Debería revisar estas estrategias, porque vienen fracasando. 

El cisma interno entre los miembros de la trifecta presidencial les impide quizás esa revisión. La virulencia del ataque al sistema de jueces, y la acumulación de proyectos de reforma han conseguido bien poco. Los que prosperaron en el Senado duermen en Diputados, la mayoría por falta de número en la propia tropa.

Hasta en modo simbólico el gobierno insiste en iniciativas como el artículo que propone en el Presupuesto 2023, para que los magistrados – y el personal – paguen el impuesto a las Ganancias.

El bloque de Sergio Massa lo lanzó por sorpresa para ponerle el moño a una negociación paciente con la oposición, a la que le entregó casi todo lo que pedía, a cambio de una sanción rápida y sumaria este martes 26.

Como cierre parece un regalo a Cristina de Kirchner, que festejará cualquier medida que incomode a los jueces, que la han puesto en la picota y no la largan. Esta inclusión por sorpresa es lo más parecido a la estudiantina setentista de lanzar una pastilla de gamexane para romper una asamblea.

Y un enredo para deslegitimar al adversario

El efecto que se busca es claro: 1) distrae la atención del público que sólo escucha que este es un presupuesto de ajuste; 2) enloquece a la oposición, que en buena parte ha apoyado la consigna de que los jueces paguen Ganancias, pero que lo último que querría hoy es regalarle una pieza de artillería al gobierno, en medio de la campaña electoral.

La turbulencia del dictamen de la comisión de Presupuesto les facilita despegarse del asunto. Este sólo llevará las firmas del Frente de Todos y algunos aliados, con lo cual quedan fuera de un compromiso pegajoso en las formas.

La picardía del gobierno estaba cantada: todos los bloques negociaron algo de este proyecto, sabiendo que Sergio Massa se juega todo a que, cualquiera que sea el número, no le rechacen el presupuesto.

Cuando el gobierno filtró la noticia del artículo ya era tarde: es el peaje que debe pagar la oposición por haberse sentado a solas con el oficialismo, sin luces ni taquígrafos. En esas circunstancias, se enciende Massa y le pone el peaje a quienes negociaron con él.

El intento del oficialismo es forzar a la oposición a que defienda a los jueces, ya que ha respaldado antes la iniciativa. ¿Quién va a negar que negoció algo con Massa? El riesgo Sergio es uno de los costos de la actividad política. Nunca te cruces con él en el pasillo de un hotel alojamiento. Sos boleta.

El peaje de negociar con Massa

No se trata de lograr que la aprueben. La Corte ha avalado el principio de intangibilidad de los salarios de ese poder y ha ido cediendo, con los años, a sucesivas excepciones, pero preservando a los jueces de una eventual extorsión a través de los salarios. ¿Qué no haría la política si pudiera intervenir en los sueldos de la justicia, que los tiene en la mira, como ocurre en todo el mundo?

Es una excepción impopular pero que ha llevado a ese poder a construir un sistema de autofinanciamiento que es casi un fuero especial que protege, le guste a quien le guste, su independencia. El propósito es incomodarlos y deslegitimarlos y en todo caso a que la Corte se desgaste dictando otra acordada defendiendo la integridad de sus ingresos. Es el ABC del juego político: quitarle valor al discurso ajeno.

El periodista Lesley Stahl de CBS News le preguntó a Donald Trump por qué los atacaba. “- ¿Por qué estás haciendo esto?” “- ¿Sabes por qué lo hago?” le respondió. “Lo hago para desacreditarlos a todos y degradarlos a todos, así cuando escriban historias negativas sobre mí, nadie les creerá”.

El ataque a la justicia del gobierno no ha mejorado la suerte procesal de los exfuncionarios acusados de corrupción. Pero le sirve para desacreditar a la corporación. La oposición de Juntos por el Cambio hará un concilio, para asegurar una posición que complete la táctica de no firmar el dictamen. También revisará la idea de aprobarlo en general y después plantear discrepancias en particular. Este misil de Massa puede perjudicar la pacífica discusión del proyecto.

Buscan una nueva purga de jueces

El proyecto del nuevo presupuesto, según sus críticos, busca que muchos magistrados renuncien a sus cargos y pasen a cobrar retiros que están exentos de impuestos. Es por el fallo en la causa García, del 26 de marzo de 2019, que le dio la razón a una jubilada de Paraná en su pedido de no pagar ganancias hasta que el Congreso no legisle expresamente al respecto.

Ese fallo tuvo 4 votos a favor, y la disidencia de Carlos Rosenkrantz (García, María Isabel c/ AFIP s/ acción meramente declarativa de inconstitucionalidad).

Incomodar a la Corte complicando sus relaciones con la oposición desbarata las previsiones sobre la integración del nuevo Consejo de la Magistratura. Hasta ahora el resultado de la elección de los representantes muestra un consejo en donde se neutralizan las fuerzas.

El oficialismo tiene 8 representantes, la oposición otros 8, y el llamado “bloque Molea” (por el consejero que lo armó) gana poder como una minoría ecléctica que desempata a la carta – sin ideología ni territorio. Esa situación potencia el poder del presidente, que desde el 20 de noviembre será el titular de la Suprema Corte, Horacio Rosatti.

El peronismo lo considera un adversario, pese a que fue funcionario en el ciclo Kirchner, pero después fue propuesto y designado por Mauricio Macri.

Para la justicia este envión completa la reforma que hizo el oficialismo en 2019, que aumentó de la edad jubilatoria y el porcentaje de retención previsional para judiciales. En aquel momento, motivó muchas renuncias de jueces, para preservar derechos del viejo régimen.

Desde 2017 los jueces designados pagan el tributo, por una ley negociada con todos los sectores, incluyendo a los empleados judiciales de cuya intangibilidad se habla poco.

Al tribunal le queda una carta: que, en alguna decisión anterior a noviembre, mes desde que rige la nueva conformación, dictamine contra el ardid del peronismo del Senado, de dividir los bloques y ganar un representantes por la segunda minoría de la cámara.

La oportunidad de esta decisión puede ser un reclamo en el expediente, en el cual el senador Luis Juez cuestiona esa manganeta. Ocurriría poco antes del comienzo de la nueva era del Consejo, y convertiría la queja del senado cordobés en una situación abstracta - su resignación a la propuesta de Juntos el Cambio tenía como vencimiento el 20 de noviembre próximo. Pero es una oportunidad para que la Corte muestre los dientes. Y cuando lo necesita, lo hace.

Macri: lean mis labios

El ejercicio de leer los labios de Mauricio Macri, el candidato que no es candidato pero que hace cosas de candidato, es el juego de la temporada. Lo propone el protagonista, favorecido porque la sucesión de fotogramas no termina de formar una película con final previsible.

George Bush, el viejo, ganó las elecciones de 1988, en buena parte, por su famosa – y no cumplida – frase: “Lean mis labios: no habrá nuevos impuestos”. Veamos los gestos que en estas horas pueden sugerir esa película.

El martes lo llamó a Miguel Pichetto y le pidió que lo acompañase el jueves a una maratón de actos en Entre Ríos. Ese mismo día lanzó por TN elogios al “patriota” que le impidió al exsenador decir que no.

En el viaje, además, incorporó una novedad a la campaña: habló en un acto del Peronismo Republicano. Es la primera vez que Macri se suma a un acto de un partido de Juntos por el Cambio que no es el PRO.

Tuvo la prudencia de decir sus palabras y retirarse, para dejarles al escenario a Pichetto, Ramón Puerta y Rogelio Frigerio. Con la misma espontaneidad calculada, hizo la segunda reunión con el gobernador radical, Gustavo Valdés.

Antes había sentado a su mesa a Rodolfo Suárez. Esta vez fue, en sus palabras, un homenaje a Valdés junto a dos jefes de bloque, el evolucionado Rodrigo de Loredo y Juan Manuel López, de la Coalición.

Además de destacar que se trataba de un agasajo a Valdés, todo su discurso estuvo dirigido a insistir en que hay que competir adentro de JxC, y que esa es la clave de su futuro.

Cabe preguntarse ¿y Gerardo Morales, para cuándo? ¿Es con quién todos van a competir? También puede alguien plantearse ¿pedirá Macri hablar en el acto de la UCR del 29 de sábado, por los 39 años del triunfo de Alfonsín?

Habrá que pasar lista este lunes en la Rural, adonde presenta su nuevo libro, para hacer el recuento globular (en cantidad y sector) de los radicales invitados. Será la prueba de las filias y las fobias del no candidato que hace cosas de candidato.

Primer balance de la elección brasileña

El martes Macri estará ya en Miami, para participar de una conferencia de ex presidentes del ala atlantista sobre "La democracia occidental, tras el flagelo de la guerra. Compartirá paneles con Iván Duque, José María Aznar, Vicente Fox y Luis Alberto Lacalle, expresidente de Uruguay, entre otros. El hijo de éste, Lacalle Pou, promete participar por videoconferencia.

Más allá del aporte que hagan al tema, será un balance del resultado de las elecciones en Brasil. Nadie ha confirmado si Macri recibió a Eduardo Bolsonaro, que vino a cerrar campaña entre los brasileños que votan en la Argentina. Si lo hizo, fue en reserva. Alguna razón de fondo tiene.

Bolsonaro era el adversario de este gobierno, pero los estrategos de su partido creen que un Lula presidente sería más beneficioso para la Argentina. El principal proyecto internacional de la administración Macri fue (y podría ser) empujar el acuerdo Mercosur-Unión Europea, que se complicaría con Bolsonaro, pero que avanzaría más rápido con Lula.

Aisladores aislados

En el balance del fracaso de la política del oficialismo ante la CABA, habrá que concluir que el cerco fiscal - el retiro de las rentas del distrito - no le fructificó en votos. Ni en la CABA, adonde perdió por 22 puntos ante el JxC, ni en el resto del país, adonde pensaría que la causa anti porteña redundaría en votos.

Este aislamiento parece habérsele vuelto en contra, como se vio en la reunión del C40, la cumbre de las principales ciudades del mundo que organizó el gobierno de Larreta.

Fue una maratón de encuentros políticos y saraos, que se cerró el jueves en el Teatro Colón. El jefe de gobierno y candidato mostró que es el gobierno el que parece sufrir el aislamiento, y que la CABA lo sacó del mapa. Para quienes valoran estas cosas, ganó otra vez Larreta y perdió de nuevo el gobierno, que se perdió la presencia de los intendentes de las principales ciudades del mundo durante 48 horas en la Argentina.

Un desperdicio de recursos, por lo que costó esa cumbre, pero más en lo político. Si algún funcionario o dirigente del oficialismo nacional quiso ver a algunos de los visitantes, lo hizo en la clandestinidad. No estuvo ni Juan Cabandié, ministro ambiental cuando esta reunión tenía como tema el cambio climático. Fue además diputado por la CABA, como son de la CABA Alberto Fernández o Axel Kicillof.

Sentimientos pequeños

Reacción pequeña a sentimientos pequeños, como los de Donald Trump frente a la ciudad de Washington, en donde tuvo durante cuatro años la oficina de presidente. "No era bienvenido en la ciudad dominada por los demócratas - cuenta el libro “The Divider: Trump in the White House 2017-2021”, de Peter Baker y Susan Glasser (Penguin, 2022).

El Distrito de Columbia le dio solo el 4% de sus votos, el más bajo de la historia para un presidente en su ciudad capital. Trump prácticamente se atrincheró en la Casa Blanca. En esos cuatro años Trump nunca iría a un restaurante en Washington que no fuera propiedad de su empresa.

Cuesta creer que los organizadores del C40 no hayan invitado a funcionarios nacionales. ¿Acaso hay una orden de no aceptar esas gentilezas? Difícil que el gobierno, al final, no transmita un ánimo derrotista y parezca jadear hasta el fin de su mandato.

Ignacio Zuleta

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