Viernes, 04 Noviembre 2022 07:48

El juez Leopoldo Bruglia y la erupción de un volcán con efectos en la justicia y en la política - Por Claudio Savoia

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El camarista agredido por Alberto Fernández devolvió los golpes a dos bandas: el presidente y la entidad de Magistrados. Ahora todos moverán sus piezas. 

Los motivos estaban a la vista, sin embargo, nadie pudo prever la impetuosa reacción con la que este jueves el juez Leopoldo Bruglia dio un golpe sobre la mesa y causó un terremoto cuyas réplicas se sentirán tanto en el Poder Ejecutivo como el Judicial. 

Repasemos: Bruglia es integrante de la sala I de la Cámara Federal, el tribunal de apelaciones que tienen los doce juzgados porteños que instruyen los expedientes por corrupción en el edificio de la avenida Comodoro Py. Junto a sus colegas, esta semana ordenó que los militantes de la estrafalaria agrupación Revolución Federal -investigados por sus "mensajes de odio" contra el gobierno y Cristina Kirchner en diálogos de Whatsapp y redes sociales- fueran excarcelados. Tenían prisión preventiva, un viejo anatema para el oficialismo excepto -al parecer- cuando se aplica a quienes lo cuestionan.

Con el tono ofuscado que suele emerger en su voz cada vez que sobreactúa sus coincidencias con los intereses de la vicepresidenta, Alberto Fernández descargó munición pesada contra todos los camaristas, pero se ensañó particularmente con Bruglia, a quien llamó “juez ilegítimo” por su permanencia en la Cámara a la que fue trasladado en 2017 desde otro tribunal, movida que la Corte avaló pero sólo hasta que un nuevo juez lo reemplace luego del concurso y la designación correspondientes.

Hasta ahí, nada nuevo bajo el sol, en una Argentina donde los exabruptos y los pisotones sobre la Constitución y las leyes son moneda corriente, alegremente utilizada por los mismos dirigentes y funcionarios que deberían velar por su respeto.

Pero algo rompió la rutina: un furibundo Bruglia recobró el gravísimo sentido del ataque en su contra por parte del presidente de la Nación, y anunció que lo demandará por daños y perjuicios. Además, renunció a la Asociación de Magistrados, la entidad que agrupa a jueces y fiscales nacionales. Un inesperado volcán en plena erupción.

Pocas horas después, el estallido del camarista ya tuvo sus primeros efectos. Antes de que cayera la noche, en la Asociación de Magistrados lamentaban la renuncia de Bruglia, y se apuraban a avisar que luego de su renuncia hablaron con él y que ya estaba por salir un comunicado en su apoyo.

"No es agradable lo que ocurrió, pero entendemos lo que él está pasando y la gravedad de lo sufrió", decía a Clarín una de las autoridades de la entidad, que se apuró en subrayar que la lista Bordó -facción más crítica de la política judicial del gobierno, a la que pertenecía Bruglia- ya había difundido un texto de repudio a los ataques del presidente contra el juez.

"Hay que entender que nosotros defendemos situaciones, no personas. Vamos a reiterar que es necesario respetar la institucionalidad, y que hubo una intromisión indebida del Ejecutivo en el trabajo de los jueces. Por agresivo que sea el ataque, nosotros no podemos perder la compostura ni descuidar nuestro vocabulario", justifica el directivo de Magistrados.

Justamente esos límites son los que impacientaron al doctor Bruglia, para quien sus colegas vienen mostrando una persistente timidez para el coraje, como diría el inolvidable Julio Blanck.

El caso Bruglia sobreexpone las tensiones que agitan a la familia judicial, en cuyos flancos se nota el desgaste luego de años de críticas, operaciones y embestidas de kirchnerismo, tanto generales como individuales. El intento por incluir a los magistrados en el impuesto a las Ganancias, fallido a última hora durante la votación del Presupuesto, fue la última carga de profundidad que aún hace temblar las paredes de los recoletos tribunales.

Aunque intentan morigerar sus diferencias internas, en la Asociación de Magistrados conviven los adherentes a la mayoritaria lista Bordó con quienes se sienten más cómodos ante el kirchnerismo, agrupados en la lista Celeste. Entre ambas, surgió una variante anfibia llamada Compromiso Judicial. Cada manifestación pública -y la obsesión oficialista con la justicia las provoca casi semanalmente- dispara una sucesión de extenuantes negociaciones y cónclaves. Como diría un viejo habitué del teatro Colón: muchos tenores para una sola ópera.

En los despachos judiciales, incluso cercanos a la Corte, coinciden en que Bruglia se debe sentir defraudado por sus colegas, algunos de quienes creen que su caso es menos "defendible" que el de su compañero Pablo Bertuzzi, también trasladado a la Cámara Federal pero que sí concursó y ahora se presentó al concurso para ocupar la misma silla sobre la que se sienta hoy. Sin embargo, hay un consenso casi unánime en que "el ataque de Alberto es totalmente judiciable, hace bien en demandarlo".

Del otro lado de la barricada, en el gobierno, la reacción del juez Bruglia puede tener dos interpretaciones. La primera, desde una perspectiva más institucional, podría lamentar el juicio contra el presidente, y bascularía entre un arrepentimiento light y la más probable victimización.

Pero ese es un escenario compatible con la llegada de Melchor, Gaspar y Baltasar el 6 de enero. El otro, mucho más terrenal, tomará la demanda del camarista como una auspiciosa señal de que al fin los ataques y diatribas contra los jueces tienen algún efecto, y que hay que seguir gatillando la metralla para provocar más enojos, divisiones entre los magistrados y si fuera posible, renuncias.

Si la respuesta de la Justicia no es todo lo contundente que se espera -o al menos la que Bruglia esperaba- el kirchnerismo aumentará su presión en todos los frentes. Mientras el Congreso y el Consejo de la Magistratura -las dos "C" que enervan a Cristina, como deslizó anoche una fuente judicial con acceso a todos los escritorios del Palacio de Tribunales- no le den al gobierno las respuestas que desea, su impotencia se traducirá en más y peores ataques contra todo el Poder Judicial. Quien quiera oír, que oiga.

Claudio Savoia

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