Domingo, 06 Noviembre 2022 02:35

PASO: la oposición se tapa los oídos - Por Ignacio Zuleta

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Como Odiseo, los dirigentes de Juntos por el Cambio se abrazan al palo de la nave para no escuchar los cantos de sirena. 

Los forcejeos en la coalición opositora por entrar en la foto son indirectamente proporcionales a los que hay en el oficialismo por salirse de foco y escapar a un futuro incierto. Juntos por el Cambio sufre los entuertos que provoca el optimismo ante las elecciones de 2023. Todos quieren estar en el salón VIP de esa fiesta, que creen está escrita en piedra – nada lo está nunca en política. 

En el peronismo hay dispersión de proyectos y esa fragmentación anula la capacidad de los liderazgos por unificar un programa, que les asegure que seguirán controlando la mayoría de los territorios. El mismo fenómeno les hizo perder antes, en 2021, las elecciones legislativas en 13 provincias. El debate por las PASO deja clara la diferencia entre un peronismo descentrado y líquido, en donde cada cacique hace la suya, y una oposición cuyos jefes, mucho de ellos también con proyectos contrarios, se reconocen en un objetivo común.

La biromita de Alberto vale oro

El peronismo federal, el del interior, no quiere PASO porque es un sistema que ha demostrado no servir para hacerles ganar elecciones desde 2010. Por el contrario, ha sido la herramienta de la oposición para ganarles. Tampoco las quiere el peronismo de Buenos Aires. Esos dos grandes bloques suman a los gobernadores y jefes territoriales con mayor poder.

Las PASO es un sistema que les recorta la capacidad de decidir con autoridad la integración de listas. Pero por falta de afecto societario, terminan dependiendo de la lapicera del eslabón más débil de la trifecta presidencial, la de Alberto Fernández, que no tiene una Montblanc Taj Mahal (el modelo más caro del catálogo, US$2 millones, no aceptan Ahora 12) sino una biromita que para que escriba, la tiene que frotar entre las manos como cuando hacía tanto frío en las aulas que había que calentarla.

Para los poderosos gobernadores, las PASO encadenan su destino al del peronismo nacional, con el cual nunca han querido tener mucho que ver. Por eso no ayudaron a que Cafiero, Duhalde, Scioli, Solá ni Cristina 2019, llegaran a la presidencia.

Hay 10 días para sacar (o no) las PASO

A partir de este lunes, los anti-PASO tienen dos semanas para forzar un dictamen del proyecto del rionegrino Luis Di Giacomo, peón de Sergio Massa. El reglamento de la Cámara de Diputados tiene hasta el 20 de noviembre para dictaminar y habilitar el proyecto en el recinto. Deben sacarlo en unos 10 días, antes que la agenda legislativa de sesiones extraordinarias quede en manos del presidente.

En extraordinarias sólo se discute lo que él quiera. Y hasta ahora Alberto quiere PASO, porque es el último anabólico para hacer andar al pato rengo, la ilusión de que puede ser candidato a un nuevo mandato.

Conociendo al personaje no es imposible que en esos diez días cambie de opinión, porque el valor de su decisión es de nivel Taj Mahal. Puede pedir lo que quiera: esta vez su voto vale por la sola institucionalidad del cargo. Y como la anulación de las PASO vale mucho para sus adversarios, están dispuestos a darle lo que pida.

Pero el esfuerzo se empasta porque el peronismo es una liga de gobernadores y jefes territoriales sin techo – son opositores en sus provincias – que no puede concertar una estrategia común.

Sin cajas, no hay paraíso

Los jefes territoriales advierten la falta de una conducción nacional que concierte esfuerzos. Alberto quiere PASO, pero no controla las grandes cajas: bancos oficiales, ANSeS, PAMI, fondos de reptiles del espionaje, que controlan Massa y Cristina.

El presidente no puede asegurarles que sin PASO no haya bandas de disidentes de gobernadores (como eso que algunos llaman La Cámpora, que no es más que otra agrupación camaleónica de peronistas sin CUIT que no admite mandos intermedios y se remite a un@ jef@ -, con ayuda de dirigentes nacionales) que les presenten listas opositoras.

Enigma para quinieleros: Santiago del Estero, distrito oficialista llave en mano, es un laboratorio de este fenómeno. El Frente Cívico de Gerardo Zamora en 2021 sacó 366.169 votos como candidato a gobernador (63,17% del total). El mismo frente, ganando siempre, obtuvo en las municipales de agosto de 2022, 163.928 (43,5% del total). Me dirán que es sumar peras con manzanas, pero hay rebelión en la granja. ¿Quién se tomó el vino, quién se comió mi queso? Son 20 puntos de diferencia que acariciaría cualquier Pérsico de la vida.

Los populistas, víctimas del populismo interno

Algo está pasando entre el cielo y la tierra que los políticos no ven. Esas agrupaciones ejercen hacia adentro, el método que el peronismo usa hacia afuera, como expresión del llamado populismo, que no es otra cosa que anular las instancias de contrapeso del sistema republicano, que median entre la cúpula y la base.

“El populismo es el discurso de un líder que asume la representación del pueblo fuera de los partidos preexistentes y frente a ellos” (Ludolfo Paramio, ideólogo del ochentoso socialismo español).

Nunca hay que dejar de releer a Natalio Botana, y menos ahora que ha sido distinguido por su trayectoria, quien desarrolló este tópico antes en “El orden conservador” (1977) y “La tradición republicana” (1984).

Populismo es sinónimo de demagogia, la del general que dialoga con la plebe en la plaza, que le grita “¡Qué grande sos!” sin que se le corra el rimmel. La lupa de los pollsters del gobierno y la oposición está puesta en el examen de cuántas de esas agrupaciones descontroladas – piqueteros y piqueteroides, de izquierdas y de derechas – le han comido los votos a las dos coaliciones en 2021, que perdieron más de 4,6 mi–lones de votos entre las dos.

Es el motor que impulsa el corte de fondos, que el peronismo se esfuerza para hacerle a las agrupaciones que administran pobres, porque teme le armen partiditos.

El peronismo está descabezado, Máximo quiere preservar las PASO porque las creó papá y teme le froten los morros con los archivos. A Cristina hay que hacerle la política y calla, porque creó las PASO que fueron su desgracia. Su único aporte al sistema fue la sugerencia de que las boletas fueran de colores. “-Las vi en el Uruguay, son más lindas”, le diría a Florencio Randazzo.

La oposición se une detrás de una estrategia

En la oposición funciona una mesa que anima los serpentarios de la política, todos los días, con puñetazos, piquetes de ojos, zancadillas, amenazas de romperle la cara del otr@, u otras partes menos dignas (aunque todas lo son, en la anatomía de estos animalitos de Dios). Para esa mesa las PASO son una herramienta necesaria y se reconocen todos en una estrategia común para impedir la revisión del sistema. El amor por el sistema es cambiante.

Hay gobernadores de la oposición que también preferirían que no las hubiera, porque a ellos también les recorta el poder en sus territorios. Pero aceptan que haya una estrategia nacional sobre este asunto y la respetan. Justo lo que le falta al oficialismo.

La tarea en estos diez días que quedan hasta que cierre el plazo para dictaminar, es amarrarse como Odiseo (Canto XII°) al palo de la nave para no escuchar cantos de sirena. Que son encantadores para la oposición y se los va a agitar en la cara el oficialismo, con el solo propósito de que se habilite el debate sobre algún toqueteo menor que le puede interesar a la oposición, y que se abra el paquete a todos los temas, incluyendo la suspensión.

Tentaciones

Estas van a hacer las ofertas para tentarlos: 1) permitir que la PASO sea para presidente sin vice y que el ganador elija a su vice. Impide el efecto desmovilizador que tiene una derrota en una interna en los perdedores. La PASO Aníbal-Julián por la gobernación de Buenos Aires en 2015 demostró que es un chiste eso de que el que pierde te ayuda. El que pierde te juega en contra o, al menos, se desmoviliza; 2) que el Senado apruebe la Boleta Única, ya aprobada en Diputados. Aquí, tapones de cera en la oposición; 3) que se permita que los partidos con lista única sean dispensados del gasto de abrir mesas; 4) reducir la cantidad de padrones que tiene que pagar el Estado.

Hoy la norma es que se imprima una cantidad de 2,5 padrones por cada ciudadano del padrón, para entregar a cada lista, de cada agrupación, de cada partido. Ese empapelamiento dispara corruptelas de sobre y subfacturación, que hacen la dicha de los pícaros de la política. Hay agrupaciones y dirigentes que ya ganaron ante de que se abran las urnas.

El Presupuesto, también flojo de votos

El oficialismo no está para jugueteos en esa cámara. En la sobremesa con Sergio Massa y senadores del oficialismo, hubo gestos que preocupan al peronismo. Por lo menos tres senadores del grupo de los “sin techo” – en provincias gobernadas por la oposición - ponen condiciones para dar el voto y hasta condicionan el número.

Guillermo Snopek (Jujuy), Camau Espínola (Corrientes) y un orgánico como Edgardo Kueider (Entre Ríos), se quejaron por el destrato hacia sus provincias en el dictamen del presupuesto que debe votar el Senado.

Snopek objetó que la Nación hubiera autorizado un crédito por US$200 millones a Jujuy para el desarrollo de un parque solar, que este gobierno había frenado durante dos años. "Es un aval anterior a mi gestión – respondió Massa - y además es parte del compromiso con la oposición para aprobar el Presupuesto".

Massa y su equipo salieron de esa reunión con la idea de que esos tres votos no están asegurados. Agréguese la salud de José Mayans y la del chaqueño José Antonio Rodas, y que la oposición no firmó el dictamen el jueves, y pueden estar en problemas. No es imaginable que un presupuesto vuelva en revisión a Diputados por cambio en el Senado, porque la letra final siempre se negocia entre las dos cámaras.

Los baquianos registran un solo antecedente. En 1993, Diputados aprobó un cálculo de gastos para el Senado que se atribuyó a una disidencia entre Alberto Pierri (presidente de la cámara baja) y Eduardo Menem (presidente del Senado). El Senado devolvió el proyecto para que se remediasen las diferencias.

Afilando el dedo

La eventualidad de que se acentúen presiones con destino incierto motiva que la oposición se junte la semana que viene, en la mesa nacional de Cambiemos, para lanzar un pronunciamiento final de rechazo a cualquier cambio, que comprometa a halcones, palomas y cóndores (especie que agregó Julio Cobos a la ornitología de JxC).

En el oficialismo, la posibilidad de cambios le dio un nuevo valor al Congreso del PJ de Buenos Aires, este sábado en el club Unión de Mar del Plata. Ese congreso autoriza al presidente del Consejo Máximo Kirchner para que designe unos 450 congresales nacionales del PJ.

Es un cuerpo clave, porque si no hay PASO, será el que designe y avale listas y candidatos. De los 90 congresales nacionales, 45 los provee la provincia de Buenos Aires.

La lista de los salientes la encabezaba Felipe Solá, que ha regresado a la función como Director por la Argentina del Banco Centroamericano de Integración Económica. Esa designación la hizo Sergio Massa sin necesidad de un decreto presidencial. Solá fue invitado a concurrir. Hoy tiene nueva andadura en el peronismo de su distrito, después del desaire que le hizo Alberto al reemplazarlo en la Cancillería sin darle razón alguna, salvo darle el cargo a Santiago Cafiero. No se hablan desde ese pedido de renuncia.

Ignacio Zuleta

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