Lunes, 14 Noviembre 2022 07:53

Cristina Kirchner evitó la lapicera, la tentación de Massa y la sociedad de control que teorizó Bullrich - Por Ignacio Zuleta

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El debate por el futuro de las PASO. Las recorridas de Macri en Neuquén y Rodríguez Larreta en Santa Fe.

Massa ahora cree que la democracia es cara 

Sergio Massa cree estar en el apogeo de su biografía -es lo que cree el pícaro de la novela clásica española (Lazarillo de Tormes, el Buscón de Quevedo) – cuando está en el punto más bajo de su dignidad. Ahora maneja la economía, y hasta suena como rey del mundo (presidente del BID), pero se jugó con una definición que roza con el fascismo: la democracia es muy cara, un lujo que la Argentina no se puede permitir. "Las PASO cuestan $ 50 millones" (dijo en el programa "A dos voces"). Mejor deroguemos el sistema. Por hablar fuera de tiempo, quedó del lado de los malos cuando estaba por recibirse de bueno.

¿Para qué opinó sino para contrariar gratis a sus socios del Gobierno? ¿Para qué hacerlo cuando Alberto Fernández quiere PASO y Cristina Kirchner, que siempre duda, calla porque no sabe si le conviene o no a su proyecto? Acá se ha dicho hace rato que el Gobierno no tiene claro qué hacer, y confunde al público porque está confundido.

Este fin de semana, "El cohete a la luna" -el portal de Horacio Verbitsky que expresa con sinceridad las consignas de un gobierno insincero-, dijo: "Cristina no está segura de la conveniencia de ese cambio propiciado desde La Cámpora. Teme que provoque un abroquelamiento de la oposición y le regale la épica de la que por ahora carece". La duda misma que Cristina tiene sobre la conveniencia de las PASO revela la incertidumbre sobre la solidez de su liderazgo dentro del peronismo. Que se enteren quienes insisten en atribuirle el rol de centralidad estratégica en el oficialismo, cuando en realidad es la referente de un sector minoritario del peronismo nacional. Por eso es la responsable de una cadena de fracasos en todos los proyectos que ha emprendido desde 2019.

Tan poca capacidad de movimiento tiene, que está a cargo del gobierno desde hace varios días y no empleó la lapicera para tomar ninguna decisión, ni para desbaratar aquellas que cree que Alberto Fernández toma por error. No es afónica para hablar desde las tribunas, pero si le dan la lapicera como en estas horas, no sabe, o no puede, o no quiere, o no la dejan. Por lo menos, ¿podrá ir a jugar al tenis a Olivos, como quería en su momento Carlos Ruckauf, y Carlos Menem, de quien era el vice, no lo dejaba?

Biografía de un personaje de auto-combustible

Massa pudo decidir con libertad de qué lado de la línea quedarse. Pero su flanco más débil es su condición de político auto-combustible. No tiene noción de cómo protegerse de sí mismo. Por eso debió reiniciar su carrera política varias veces (aunque siempre cerca de las grandes cajas -ANSeS, Aysa- que abrigan). Asciende como una cañita voladora, y se viene a tierra sin motivos aparentes. Como los explosivos inestables, detonan a la más mínima agitación.

Fue el dueño de la ANSeS -semillero de estadistas- con el "duhaldo-nestorismo", escaló a una jefatura de gabinete en 2007, y dos años después estaba otra vez en el llano. Llegó a ser el precandidato preferido a presidente en 2013, pero en 2015 se precipitó a tierra y ni entró en el balotaje. Quiso ser senador en 2017 y terminó en su casa. Habrá recordado la sentencia indeleble del "Chueco" Mazzón de que "lo único que justifica la traición es el desierto", y retrocedió en chancletas hacia el Instituto Patria en 2013.

Si cobraran por productividad, saldría más barato

Claro que la democracia es cara, y las sociedades que creen merecerla están dispuestas a pagarla. La Argentina está entre esas sociedades. Por eso mantiene un sistema que resuelve los conflictos básicos de una República: 1) la alternancia en el poder y 2) asegurar la posibilidad de sacar del poder, mediante las urnas, al gobierno malo. El sistema electoral argentino, basado sobre lo que fue la Ley Saénz Peña -sancionada en 1912, inaugurada en 1916- con todas sus transformaciones -incluyendo las PASO-, lo asegura hace más de un siglo, pese a las interrupciones institucionales. El año que viene cumplirá el período más más largo de estabilidad democrática en la historia argentina. En estos 40 años el sistema permitió la alternancia de gobiernos que expresan a las dos familias políticas en las que se ve representado más del 80% del electorado desde 1916. En estas alternancias no hubo denuncias solventes de fraude y, con pocas excepciones, fueron transiciones pacíficas.

En la última década el poder pasó de gobiernos peronistas a gobiernos no peronistas sin tumulto alguno. Sucedía al mismo tiempo cuando se desmoronaban los sistemas más prestigiosos de la región, fueran de derecha, como Chile, o de izquierda, como Bolivia, Brasil o Perú. La Argentina fue la excepción en un escenario de destrucción del formato de representación política en la región y en el resto del mundo. ¿Cómo no cuidarla, aunque sea cara, que es la queja de Massa? Sería menos cara si a los gobiernos se les pagara por productividad (concepto que quiere poner de moda Diego Bossio en una original "Carta a la Voluntad", que circula en el sitio "Panamá: no todo es política"). Ayudaría a reducir el costo de la democracia, que se es cara, pero la mejor. Un lujo que hay que pagarse.

Un futuro sombrío de autocracias

No es un debate trivial tratándose de Massa, el funcionario más global del gabinete. La prensa recordó en estas horas la profecía del premier chino Xi Jinping sobre el mundo que viene: "Las democracias no se pueden sostener en el siglo XXI. Las autocracias gobernarán el mundo. ¿Por qué? Las cosas están cambiando tan rápidamente. Las democracias requieren un consenso, y lleva tiempo, y no tienes tiempo". Joe Biden confesó que Xi se lo había dicho en una reunión en mayo pasado (Remarks at the US Naval Academy’s Class of 2022 Graduation and Commissioning Ceremony).

Pero el dirigente chino lo viene diciendo con ésta y otras palabras desde 2018. Es la justificación de la revolución que efectuó en la cúpula del poder de su país, con el control vitalicio de la jefatura del Estado, del partido y de las fuerzas armadas. Esa prevención antidemocrática no es nueva y está en la base de otras descalificaciones de la democracia que hacen las oleadas autoritarias. Los problemas son cada día más complejos y la capacidad de las sociedades para ejercer un control diario sobre la gestión pública, gracias a las herramientas informativas con que cuentan, derrumban a los gobiernos, que no tienen fuerza ni tiempo para responder a las demandas. El dirigente chino ya tiene una respuesta: autocracia, gobierno fuerte, sociedad del control.

La tentación autoritaria

El difícil que un gobernante no se tiente con esta hipótesis. Es lo que hace Massa desde el modesto puesto que cabalga. En realidad, prolonga el estilo autoritario del gobierno que integra desde 2019, del que dio pruebas en el tratamiento de la pandemia por Covid, un festival de autoritarismo que aún espera un juicio de residencia. Basta con que el ciudadano reflexione sobre la invasión de su intimidad que han hecho los mecanismos informáticos entre 2020 y 2022. El sistema tiene todos sus datos, domina herramientas de rastreo de movimientos, gestiones públicas y privadas, si se cuida o no la salud, si paga o no lo que debe pagar. Esa invasión se hizo con el pretexto de Cuidar, y así se llama la plataforma que controla todo.

Tan ingenioso es el sistema de la sociedad de control que Patricia Bullrich propuso en la última cumbre de Juntos por el Cambio que esa fuerza, en caso de suspenderse las PASO, elija los candidatos mediante una aplicación del celular. Le pidieron que la explicara y prometió ampliar la información sobre ese extremo de democracia directa.

No esperaban a las derechas populistas

La tentación autoritaria está muy a mano de los populismos, esa forma de demagogia que justifica que el poder prescinda de las instituciones republicanas para relacionarse directamente con el pueblo, para defenderse de una oligarquía. “¿Querés más democracia que las patas en la fuente?”, celebró hace algunos años un ideólogo del peronismo. Los constructores del sistema occidental de la economía de mercado buscaron asegurarse de proteger los mecanismos de su funcionamiento, aislándolos de las agresiones que podían recibir de los nacionalismos anti globales. A lo largo del siglo XX se aseguraron de crear organismos internacionales que funcionaran como reguladores de la salud de las reglas de intercambio: los multilaterales, que califican los procesos económicos y acreditan su capacidad crediticia; las áreas de libre comercio (la Unión Europea, el NAFTA, el Mercosur); las monedas continentales como el euro; la Organización Mundial de Comercio, etc.).

Todo estaba previsto para combatir las agresiones al sistema que podían venir de los populismos de izquierda, como explica en detalle el libro de Quinn Slobodian “Globalists: The ndo f Empire and the Birth of Neoliberalism” (Harvard University Press,2018). No esperaban que las agresiones vinieran de los populismos de derecha, los anti globales como Donald Trump, Vladimir Putin, Jair Bolsonaro y sus acólitos criollos, que festejaron desde el peronismo las proezas aislacionistas de estos procesos, de los cuales deberían protegerse las democracias, sosteniendo instituciones que aseguren la representatividad del voto y neutralicen los procesos autocráticos que, ahora desde la derecha, atacan a las oligarquías y a las castas. Esto significa hoy, por ejemplo, defender un sistema como las PASO, que deberá revisarse en sus oscuridades, pero no hacerlo caer para reforzar los cacicazgos. Ningún jefe caudillesco quiere jamás elecciones internas, porque recortan su capacidad de control.

México se contagia de la autocracia

No está probado que existan esos péndulos regionales que llevan a los países de la región hacia la izquierda y después a la derecha. Menos aún está certificado que los procesos de un país influyan en los de los vecinos. Lo prueba la distancia del gobierno argentino hacia las algaradas de los activistas mapuches (y/o que pasan por mapuches), respecto de cómo enfrenta el mismo problema el presidente chileno Gabriel Boric, que en cualquier momento la va a llamar, pidiendo consejo, a Patricia Bullrich. La rentrée de Lula da Silva conmueve al barrio y le da aire al tercerismo que busca expresar la gestión de los Fernández.

Queda por probarse si ese triunfo inspira a Andrés Manuel López Obrador para avanzar sobre el sistema electoral de su país. En estas horas es el centro de un debate, por la intención que se le atribuye de disolver el sistema del INE (Instituto Nacional Electoral), una creación de 1996 que ayudó a terminar con el imperio del PRI como partido hegemónico en su país. Ese instituto funciona con independencia de los poderes partidarios y los proyectos de AMLO son señalados como una contrarreforma para recortar sus funciones, como seguro de una democracia previsible.

Tumbar el INE en México es como derogar las PASO en la Argentina, son impulsos que entonan una misma música: cambiar las reglas de juego para cambiar la historia. ¿Acaso AMLO se inspiró en los intentos de Donald Trump en 2020 de ignorar el resultado electoral de su país, para precipitar un turno de acefalía y prolongar su mandato con el justificativo de que la pandemia le quitó un año de gestión y que el sistema debería recompensarlo? Delirios tercermundistas. Quien sabe de eso es el historiador Enrique Krauze, que estuvo en estos días en la Argentina presentando su libro de memorias "Spinoza en el Parque México" (Ed. Tusquets). Numen del liberalismo en su país, discurrió sobre estas veleidades de AMLO con la sabiduría del historiador y una pasión política que desborda en su libro, un diálogo sobre su vida.

Felipe hizo balance, pero no dejó ningún tratamiento

También terminó en la misma semana su turno pastoral entre empresarios y políticos el ex premier español Felipe González. Promovido por el Grupo de los 6, almorzó el miércoles con sus directivos para hacerles una especie de síntesis de sus conversaciones, que empezaron el lunes con Mauricio Macri y terminaron el miércoles con Cristina Kirchner, pasando por Alberto Fernández, algunos gobernadores y dirigentes de todos los colores. No les relató nada a sus anfitriones lo que habló con los políticos, ni les dejó indicado ningún tratamiento. Pero les dejó la síntesis: "Todos con quienes hablé, saben qué tienen que hacer. Entre cuatro paredes todos reconocen que tienen que ir a un acuerdo, la Moncloa Argentina. Pero cuando hablan en público, lo niegan. Hasta que no superen eso, no hay nada que hacer".

Manifestó su entusiasmo por la charla con Gerardo Morales, quien se comprometió a organizarle un viaje a Jujuy en los primeros meses del año que viene. Notable el prestigio de Felipe, que dejó el gobierno de su país hace un cuarto de siglo, y viene a la Argentina en cada momento de transición, con una seniority que le abre todas las puertas. No hay nadie que no lo reciba y escuche sus sentencias y refranes, algunos ya célebres. Como la vida según Serrat, otro visitador de Indias, Felipe "se hace de nuestra medida/Toma nuestro paseo/Y saca un conejo de la vieja chistera" ("De vez en cuando la vida", canción).

Escenarios

La ausencia de Alberto y Massa dejó a la colectividad peronista en manos de una Cristina silenciosa, entre afónica y sin quien quiera escucharla. La oposición, que cree va a ganar las elecciones, se declaró en sesión permanente. Tres grupos hicieron debates de estrategias electorales con los socios de los partidos que integran Juntos por el Cambio, una rareza en una campaña en la que se mostraban solos.

En Córdoba, los radicales Mario Negri, Rodrigo de Loredo, Luis Juez, Silvia Lospennato, invitada por el PRO; en Rosario, Alfredo Cornejo y Patricia Bullrich; en CABA, los peronistas republicanos de Miguel Pichetto y Ramón Puerta presentaron 100 propuestas de gobierno. En escenarios de contrafrente, Horacio Rodríguez Larreta con Álvaro González y Omar de Marchi, hicieron ejercicios precompetitivos con macristas y radicales en Santa Fe (Reconquista y Rafaela).

En Neuquén, Mauricio Macri concentró en un salón de San Martín de los Andes a representantes de todos los partidos de Juntos. Viajó con Hernán Lombardi para masajearlos y lograr que hagan algún entendimiento con el diputado Rolando Figueroa, un disidente del MPN, partido que gobierna esa provincia. El interés en alguna forma de acuerdo allí movilizó a Macri hasta Neuquén, que bien vale el viaje. Los que más se resisten al acuerdo son los radicales de Pablo Cervi, que se referencia hoy en el sector Evolución de Yacobitti-Lousteau.

De paso, Macri llevó a un grupo de amigos del golf con quien se quedó jugando el sábado en la cancha de Chapelco, una de las más buscadas del planeta, y que diseñó Jack Nicklaus. No se la iba a perder antes de viajar esta semana a Qatar, siempre por trabajo. Antes se mostrará en Corrientes con Gustavo Valdés, a quien le quiere cortar los coqueteos con Larreta.

Ignacio Zuleta

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