Miércoles, 16 Noviembre 2022 05:29

San Messi, la gastritis de Alberto Fernández y otra vuelta de Cristina Kirchner a los '70 - Por Ricardo Roa

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Con la inflación sin freno, el Gobierno reza que San Messi le patee el problema para adelante. 

Dijo Kelly Olmos, ministra de Trabajo: “Es muy importante que la Argentina gane el Mundial, por lo que significa anímicamente para las y los argentinos. Este mes no hará la diferencia en la lucha contra la inflación”. Más claro: después trabajamos sobre la inflación. Más pelota para adelante. 

Dijo al toque Alberto Fernández: “Lo que debemos pensar ahora los argentinos es ver cómo ganamos con Messi el Mundial”. Es obvio de punta a punta, aunque quieran corregir lo que dijeron, que el Gobierno apuesta a que la gente tenga ahora la cabeza puesta en Qatar y se olvide de la mala onda y de las penurias de cada día. Parecido a pan y circo. Del pan, mejor no hablemos. Del circo, ¿qué piensan que es la gente?

¿Y qué le preocupa más de la realidad? Lo que más le preocupa es lo que acaba de confirmar el Indec: que la inflación sigue como una locomotora que le pasa por encima a todo lo que se le ponga adelante.

Volvamos a Fernández que, en el enredo de la inflación con el Mundial, se ocupó de aclarar la parte que le correspondía. Afirmó: “Siempre suelo decir que, como me siento libre, digo lo que pienso. Pero como soy responsable, pienso lo que digo”. Algo debe estar leyendo Fernández o le deben estar aconsejando a Fernández para que el Fernández que dice y se desdice todo el tiempo salga ahora con una cosa así.

Hay muchas maneras de ver la magnitud que ha tomado la inflación. La primera es la que cuenta todo el mundo: que el año puede terminar en el 100% o arriba del 100%. Otra es que, en los últimos doce meses, el costo de los alimentos subió 92%. Y nada menos que 284% desde que asumieron Alberto F. y Cristina K. Está claro: mejores no volvieron. Y más claro si se agrega que cerca de la mitad de la población está bajo la línea de la pobreza y la mitad de los trabajadores está en negro.

Da para curiosidades como la de este martes: dólar oficial, 169; dólar turista, el más caro, 338, exactamente el doble. Hay tantos tipos de dólar que es difícil que haya alguien que no haya visto ninguno. Pero lo que más preocupó a la gente fue que el blue quebró el mismo día la barrera de los $ 300. Una visión bien cruda la dio el número dos de Massa, Gabriel Rubinstein: “No es posible salir del cepo ahora. Si hacés una devaluación y sale mal, es un Rodrigazo”. Devaluación y Rodrigazo: todo en una misma frase.

Y siguió, aludiendo a la pérdida del superávit comercial y fiscal del primer kirchnerismo: “Es para pegarse un tiro cómo nos apartamos de una economía así de ordenada”. Rubinstein no lo dijo, pero se sabe: esa economía había comenzado a ser ordenada antes de que Kirchner asumiera y se empezó y terminó de desordenar durante las presidencias de Cristina.

El punto es que no sólo la economía está dada vuelta. También el Gobierno está dado vuelta: sin plan y sin que quede claro para dónde va. El Presidente estiró el viaje al G20 para volver después del acto de este jueves por el Día de la Militancia. ¿Será para pensar, responsablemente, claro, lo que diga después de lo que diga Cristina? De paso: ¿aliviará o agravará la gastritis presidencial, tan oportuna como inoportuna?

Cristina promete decir cosas fuertes con el pretexto de recordar los cincuenta años del regreso de Perón. Cristina ha vuelto a ser peronista y vuelve a los 70 para encontrar legitimidad moral y política en la militancia de esos años. El viaje al pasado es su especialidad. La Cámpora sacará todo su aparato a la calle, pero no puede evitar que se cuele la foto que inmortalizó esa vuelta: el metalúrgico José Rucci protegiendo de la lluvia a Perón. Es una foto incómoda para La Cámpora porque recuerda también que a Rucci lo mataron los Montoneros.

Es su crimen más oscuro y difícil de explicar. Rucci era mucho más que el jefe de la CGT: era el sindicalista de mayor confianza de Perón. Los Montoneros lo asesinaron dos días después de que Perón ganara las elecciones. Estaba muy cerca la masacre de Ezeiza, que Montoneros atribuía a una emboscada de la burocracia sindical. Y Perón había destituido a Cámpora.

Los Montoneros nunca asumieron del todo ese asesinato. El engaño forma parte de la verdad: el crimen ocurrió, pero para la cúpula de Montoneros fue como si nunca hubiera ocurrido, seguramente porque nunca encontró el modo de justificarlo. Si es que hay justificación del asesinato.

Fue un tiro contra el propio Perón, que así lo tomó. Rompió para siempre la relación entre ellos y profundizó una guerra incontenible dentro del peronismo. Pero eso ya es historia. Cristina prefiere el relato.

Ricardo Roa

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