Lunes, 09 Enero 2023 14:34

Plan anti default, la doble función de Mauricio Macri y Alberto Fernández en campaña – Por Ignacio Zuleta

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En la oposición coinciden en el riesgo de la deuda. El ex presidente presenta su libro en Mar del Plata.

“No hay bomba en el horizonte” 

El ala no macrista de Juntos por el Cambio hizo muestras públicas y privadas de que comparten el mismo camino, con Martín Lousteau de la mano. Juntaron economistas en Mar del Plata y celebraron que sus equipos están elaborando un proyecto único de plan económico para la principal coalición opositora. El hermetismo rodeó este encuentro, que aportó perspectivas alentadoras, lejos de tremendismo que le ponen los agoreros a la agenda pública.

Se escuchó allí (y tomaron nota los candidatos) de que no hay bomba en el horizonte. La situación que va a heredar el futuro gobierno es de la misma gravedad que la actual en materia de crecimiento, inflación, empleo, precios, etc. Ni mejor ni peor. Es decir, manejable con racionalidad y contando con el oxígeno que da siempre el horizonte de un nuevo mandato. El objetivo, coincidieron todos, es recuperar el financiamiento de la economía.

“La Argentina no aguanta otro default. De un nuevo default no se vuelve en cuatro años y los próximos cuatro años pueden ser los de nuestro gobierno”, es una de las síntesis escuchadas allí. El interés de esta conclusión está en que tiende un empalme entre este gobierno y el que viene.

“Todo lo que haga Massa –dijo uno de los participantes– para equilibrar las cuentas públicas va a ser saludado por la oposición. Nadie va a anunciar que no va a cumplir los compromisos de Massa en este sentido. A lo que sí vamos a oponernos es a medidas que encarezcan más la deuda, como por ejemplo una dolarización de la deuda en pesos”.

Los equipos que coordinan Eduardo Levy Yeyati (del ala radical) y Hernán Lacunza (del larretismo) se cuidaron de que trascendiese una evaluación de la gestión Massa. Esta depende, aunque el ministro no lo admita en público, de que no la boicotee la oposición con una amenaza de que destruirá todo lo que él haga.

La mesa del Costa Galana en Mar del Plata coincidió en que la oposición tiene que cuidarse de daños autoinfligidos: si vamos a ganar, cuidemos desde ya la herencia que vamos a recibir. No seamos los Di Tella de 1989. Antes de que Raúl Alfonsín dejara la presidencia, el economista y futuro canciller repetía por el mundo que la Argentina de Menem tendría un dólar recontra alto.

Massa especula con sus herederos

Este consenso de los economistas de la oposición que se anotan para suceder al actual gobierno es un activo con el que cuenta la administración Massa. Después de todo, la mejor estrategia no es sólo la que guía a la propia fuerza. Una estrategia eficaz debe también conducir la del adversario. La historia se hace más de continuidades que de transiciones. También los gestos que expresan los políticos adquieren sentido en el contexto en el cual ocurren, y comprometen a las partes que suelen confrontar entre sí.

Johann Gottlieb Fichte, estrella del idealismo alemán, observó con fineza de filósofo la estrategia de Napoleón. Con la debilidad de los intelectuales por los hombres de armas, estaba entre quienes consideraban a Bonaparte como el mejor conductor militar desde Alejandro Magno. No solo comandaba su propio ejército, decía Fichte, sino también el de sus adversarios “porque siempre sabe cómo arreglarlo todo para que el enemigo haga exactamente lo “ue él quiere que haga" (1798). Los duelistas son prisioneros uno del otro y sus destinos están bajo el mismo compromiso.

Macri: cuidar el país hasta diciembre

Esta exhibición de armas del Cambiemos no macrista fuerza a Macri a aprovechar su presentación del próximo jueves en Mar del Plata para marcar el rumbo de la campaña. El mensaje rondará la idea de que su fuerza competirá contra un gobierno que está en retirada y que quiere sembrar daño para quien gane en octubre. Intentará transmitir el mensaje que los candidatos de JxC van a cuidar al país para amortiguar el tamaño del daño que, si ganan, heredarán en diciembre.

El envión final de campaña lo ofrecerá Macri con una doble función, a la que llega después de recibir al emir de Qatar en Cumelén. El jerarca estuvo reunido con él por cuatro horas después de llegar e irse en helicóptero. Las andanzas de Alberto –jueves en Chapadmalal–, Larreta y Morales –en Pinamar y Mar del Plata– no saturaron la atención del público. Parecieron aumentarla, si se tiene en cuenta el asalto a las ventanillas de inscripción para los dos actos de presentación de libro de Macri.

El ex presidente hará una aparición en La Normadina, cerca del puerto, para un público amplio. Descartaron alquilar un teatro, porque están ocupados por otros artistas de variedades. Cuando termine la presentación, lo llevarán al Costa Galana para un diálogo más formal ante un círculo cerrado que convocan las fundaciones Global y Libertad.

En la noche del vienes hubo convivencia a prueba entre tribus, convocados en una residencia de Pinamar por el ex funcionario del PRO Pedro Adide (ex legales de Marcos Peña). Ensayaron una contigüidad rara entre tribus políticas con figuras en disputa como Larreta y Mario Negri, Diego Santilli y Hernán Lombardi, Juan Negri, Julia Pomares, los santafesinos Maxi Pullaro Gabriel Chumpitaz, el cocinero y diputado provincial Martiniano Molina y el jefe del radicalismo de Buenos Aires, Maxi Abad.

El enigma Redrado

En el concilio de economistas del Costa Galana del sábado, encabezado por el cuarteto Larreta-Santilli y Morales-Lousteau, no había representantes del padrón de economistas del macrismo puro. Tampoco estaba Martín Redrado, que Larreta confirmó que asumirá como secretario de Asuntos Estratégicos de su administración el 1° de febrero. Larreta les debe una precisión sobre el rol que cumplirá Redrado en su proyecto, que hasta ahora es solidario con los de Morales y Lousteau.

Es un corchete abierto, como dicen los burócratas de la diplomacia, una historia sin final, la de Larreta que encierra a los economistas de Cambiemos (que abundan y de todas las calidades) en una oficina con Redrado. Este economista viene de ser considerado por el oficialismo para asumir el control de la Economía y reemplazar a Martín Guzmán. El proyecto no cerró, porque el oficialismo no satisfizo los reclamos de Redrado de tener un control total del área, que terminó asumiendo Sergio Massa.

Cumbre de emergencia de Cambiemos

La oposición reactivó las alarmas para la batalla en Diputados por el juicio que pide el gobierno contra la Corte. Este martes hará una reunión de la mesa nacional de Juntos por el Cambio, un zoom que reunirá a los jefes de los partidos, las autoridades legislativas y los representantes de cada uno de los partidos. El objeto es marcar una estrategia común contra el intento del gobierno de poner el enjuiciamiento a la Suprema Corte en el eje de la campaña electoral. Los borradores de esa estrategia se discutieron este domingo en la reunión de los diputados de Juntos por el Cambio, que integran la Comisión de Juicio Político convocada por el jefe del bloque, Mario Negri.

El eje de esa estrategia descansa en la liviandad del pedido de juicio, según los argumentos de la oposición que se han conocido en la última semana. También se sustenta en la falta de personería del Poder Ejecutivo para poner el asunto en el menú de temas a tratar en las sesiones extraordinarias. Un pedido de juicio político no es un proyecto de ley, no tiene entidad para aparecer en un llamado a sesiones extraordinarias. El juicio político es una prerrogativa exclusiva de la Cámara de Diputados, y el primer reclamo de la oposición es resguardar ese privilegio.

Alberto habla de reelegir ante Kicillof

El clima electoral justifica este encontronazo, que es un error considerar como un conflicto jurídico. Las normas legales impiden que a un juez se lo recuse después de un fallo, o que se lo enjuicie por el contenido de sus sentencias, y menos cuando son firmes. Como la de la Corte cuando dicta la inconstitucionalidad, que es justamente su función. El forcejeo legislativo no impide que los partidos dediquen lo que les queda de energía a despachar la batalla por su posicionamiento en las listas de candidatos.

Alberto Fernández clavó una pica en el proyecto de reelección que le jalearon algunos ministros y una veintena de intendentes, en la residencia de Chapadmalal, que moderaron su entusiasmo porque había testigos, entre ellos, Axel Kicillof. "Se dieron cuenta de que estaba yo", comentó al salir.

Habrán creído algunos que el gobernador está en la mente de alguien como candidato a presidente. Pero él sólo se anota para reelegir en la gobernación. Sobre candidaturas a presidente por el peronismo, nadie se anima a adelantar mucho. Las estrellas de esa formación –Alberto, Cristina, Massa– encabezan las encuestas de desprestigio en el electorado, y ninguno representa un seguro de competitividad.

El instinto massista sobre Córdoba

Los movimientos instintivos de Massa en Córdoba –reuniones con intendentes de Villa María, designación de un exministro delasotista en la Casa de la Moneda– buscan acercarlo a un electorado no cristinista, que se identifica con el peronismo de centroderecha al que siempre ha representado. Es el padrón que comparten hasta ahora con Juan Schiaretti y el macrismo. No es desatinado que Massa busque abrigo en esa identificación.

En las simplificaciones de bar y billares, que abundan en tiempos preelectorales, la chance de Massa depende de que cuaje su campaña publicitaria de que es un ministro que logra algún equilibrio en la economía. Algo a lo que contribuye también la gracia de que goza en el establishment (bancos, empresarios, etc.). Si alguien quisiera apurar una respuesta sobre su proyecto, no se sorprendería de escuchar la idea de una fórmula para el Frente de Todos integrada por un Massa recauchutado y un gobernador del peronismo del interior.

Uñac dice tener papeles en orden

El proyecto de Kicillof replica el de la mayoría de sus colegas del peronismo, que creen estar seguros de repetir en sus distritos, o de elegir, en donde no hay reelección, a sucesores de su observancia. Este celo por no quebrar el fino hielo que pisan los lleva a tomar actitudes diferentes a la Nación.

La mayoría desacopla fechas respecto de la elección nacional: los que pueden, imponen ley de lemas y eliminan la PASO, para simplificar conflictos internos y amenazas a su autoridad. El resguardo de su destino también decide el apoyo a Olivos en sus campañas simbólicas contra la Suprema Corte.

Un extremo del dial lo representa Jorge Capitanich, que imagina una campaña en un ring con golpes de un lado y del otro. En otra posición están los gobernadores que se bajan de las consignas de Olivos, como Sergio Uñac. Desde la primera reunión contra la Corte dijo estar en contra, primero de todo, porque el oficialismo no tiene los votos en el Congreso para un juicio político. Segundo, porque duda de que un gobierno en retirada pueda cargarse la mochila de un conflicto como el desafío a la Corte.

Uñac aclara que no es porque le tema a un fallo de la Corte que le intercepte una tercera reelección. Dice tener los papeles en orden, porque en San Juan rige la misma constitución (reformada en 2010) que le permitió a José Luis Gioja, su adversario interno, tener también tres mandatos como gobernador.

La tentación pretoriana (pepinazos)

El Gobierno amagó con un mensaje conciliador hacia la oposición, para facilitar el llamado a sesiones extraordinarias: Olivos no tiene ningún proyecto para hacer una reforma del Consejo de la Magistratura por decreto. Es una opinión del ministro Martín Soria, que no comparte el presidente. Un disparate que Alberto incurra en esa tropelía que la Corte invalidaría leyendo el art. 114 de la Constitución: dice que el Consejo será regulado por "una ley especial sancionada por la mayoría absoluta de la totalidad de los miembros de cada Cámara".

Esta señal conciliadora es la primera que manda el oficialismo después los lanzallamas contra la Corte. Lo contrario a un DNU. Y más aún, firmado por un presidente débil. Cuando un mandatario es fuerte, por ejemplo, al comienzo de su gestión, puede darse estos lujos pretorianos. Lo hizo Macri cuando designó como jueces de la Corte a Carlos Rosenkrantz y a Horacio Rosatti, amparado en el inciso 19 del artículo 99° de la Constitución, que describe las funciones del Poder Ejecutivo, y que dice: "Puede llenar las vacantes de los empleos, que requieran el acuerdo del Senado, y que ocurran durante su receso, por medio de nombramientos en comisión que expirarán al fin de la próxima Legislatura".

Ese pepinazo -por quien lo inspiró- fue un gesto de fuerza que al final el Congreso avaló. De paso, ¿se animaría Alberto ahora, que tiene el Congreso cerrado, a clavar un Juez de la Corte, un Procurador General o el Defensor General, es decir tres vacantes que necesitan de acuerdo y mayoría especial? Si tuviera ingenio acuerdista, serviría para remontar el cisma ante la oposición. Si no, tendría una herramienta más para enchastrar el funcionamiento de la justicia.

Hay que tener coraje para esos gestos, que no se reducen a simbolismos testimoniales, como una amenaza de juicio a la Corte, para la que no tiene los votos. Cristina no se animó a usar esa herramienta –recomendada por el abogado Eduardo Barcesat– cuando propuso como candidato a Roberto Carlés en 2014, y la oposición se conjuró para negarle el acuerdo. Ya era, claro, una Cristina débil, que venía de la derrota Legislativa de 2013.

Ignacio Zuleta

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