Jueves, 11 Mayo 2023 13:03

El “intercambio” de favores electorales entre los gobernadores peronistas y Javier Milei - Por Marcos Novaro

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Los candidatos libertarios vienen haciendo un flojo papel en las provincias. Pero el desdoblamiento de esos comicios respecto a los nacionales, que sirve sobre todo a los mandatarios del Frente de Todos va a ayudar también al libertario, disimulando la fragilidad de su armado político. 

Javier Milei está reclutando candidatos provinciales que, en ocasiones, provienen de las capas más degradadas y menos innovadoras de la famosa ´casta´ que dice querer reemplazar en todo el país. 

Un poco por eso, y un poco porque a veces son simplemente desconocidos los representantes territoriales que el líder libertario consigue para encarnar la nueva ´nueva política´, algo que ya le pasó a anteriores promotores de esa solo en apariencia novedosa idea, como Chacho Álvarez o Néstor Kirchner, los resultados en algunas elecciones provinciales no estaría confirmando la sospecha o esperanza de que él encarna una ola incontenible de opinión ciudadana.

Javier Milei y la perpetuación de la “vieja política”

Es lo que pasó cuando se votó semanas atrás en Neuquén y Río Negro, y volvió a suceder en las elecciones del último domingo, en La Rioja, Jujuy y Misiones. De estas tres, solo en la primera el sector libertario jugó un cierto papel. Que consistió en dividir el voto opositor a favor de la reelección del gobernador Quintela, ocupando un bastante lejano tercer puesto, con la candidatura de un miembro de la familia Menem que no demostró tener ninguno de los talentos asociados a esa estirpe.

Juntos por el Cambio aprovechó para reprocharle a los libertarios estar colaborando con la perpetuación de lo peor de la ´vieja política´, el caudillismo más prebendario y atrasado, en las provincias. Es un poco exagerado, porque la verdad es que Quintela probablemente hubiera conseguido su reelección aún si toda la oposición se hubiera unido. Pero en cualquier caso sirvió la crítica para ilustrar un problema estructural que enfrenta la tercera fuerza política del país para convertirse en un contendiente en igualdad de condiciones que las otras dos. Y es que necesita reunir gente y organizarla, en un territorio muy heterogéneo y complejo. Y eso no se puede hacer rápido, no es tan fácil como instalarse en los medios de comunicación nacionales como una figura comunicacionalmente atractiva, exige otros talentos y recursos. Y de eso pareciera que Milei tiene bastante poco.

También JxC, igual que muchos otros que no simpatizan demasiado con Milei, han especulado que el desempeño más bien pobre de los libertarios en las provincias que han realizado hasta aquí comicios estaría mostrando que a la hora de los bifes su arrastre electoral es bastante más acotado que el que pronostican encuestadores alarmistas, o ellos mismos.

Tal vez sea un buen argumento para la batalla comunicacional, pero no convenga tomarlo muy en serio. Porque las elecciones provinciales desdobladas, que serán una amplísima mayoría, por voluntad principalmente de los gobernadores peronistas que tratan con desesperación de despegarse del desastre en que concluye la gestión nacional de su fuerza, van a permitirle a Milei hacer la ecuación inversa y complementaria.

La división del trabajo electoral

Los gobernadores del PJ probablemente consigan en estos meses, en su mayoría, retener sus distritos. Y no se van a ver demasiado afectados si sus candidatos nacionales muerden después el polvo, en agosto y ocubre próximo. Mientras que cuando llegue el momento de votar en las PASO nacionales seguramente los pobres resultados de los referentes distritales de los libertarios hayan quedado ya en el olvido, y las chances de Milei no sufran mucha mella por lo que hoy parece un indicador de su debilidad.

Es esta división del trabajo electoral entre el peronismo territorial y los libertarios lo que está ´ordenando´, por decir así, una competencia electoral curiosa, de la que tal vez lo que resulte sea una doble frustración.

Por un lado, los que esperan cambios en la política de provincias, sobre todo las más feudales, atrasadas y menos democráticas, quedarán probablemente decepcionados, porque el desdoblamiento y la división de los votos opositores jugarán a favor del statu quo. Solo allí donde los oficialistas también se dividan, como fue el caso en Neuquén, y en provincias centrales que tienen históricamente más inclinación a cambiar de signo político se verificarán alternancias. El resto seguirá igual que siempre.

Por otro lado, los que desean un cambio a nivel nacional de gran alcance, veloz y sobre todo irreversible, es decir, sostenible en el tiempo, tal vez encuentren que las ofertas en competencia conspiran contra las chances de lograr esos objetivos, y la más atractiva para canalizar sus deseos termine siendo la menos viable, y sea más atractiva precisamente por ser por completo inviable.

Es esta condición de inviabilidad, más que una desventaja estrictamente electoral, la dificultad más preocupante que van dejando a la luz los resultados provinciales. Y el mejor argumento de Juntos por el Cambio está intentando formular para recuperar el protagonismo perdido en los últimos tiempos, ante el juego de pinzas que con calculada precisión le vienen haciendo Cristina y sus seguidores, por un lado, y Milei y los suyos por otro. Puede que no convenzan a muchos. Pero al menos ha puesto un freno a la maniática compulsión de los halcones por hacerle campaña a su principal competidor.

Marcos Novaro

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