Domingo, 05 Enero 2020 21:00

Qué pasa con las PASO, la interna por Rafecas y el terraplanismo de Macri - Por Ignacio Zuleta

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Propondrían reducir el plazo entre las primarias y la elección general. Polémica por el procurador de Alberto.

 

Las PASO a revisión en el Congreso

El Gobierno habilitará el debate para una reforma o abolición del sistema de las PASO para validar candidatos en elecciones nacionales. En los despachos del área presidencial admiten la posibilidad de que el Poder Ejecutivo promueva una reforma de la ley vigente, para por lo menos reducir los plazos entre PASO y elecciones generales. El objetivo es evitar lo que ocurrió el año pasado, cuando los resultados del 11 de agosto mostraron una diferencia irreversible entre un peronismo unido y Juntos por el Cambio. El deterioro de la situación de país, por la incertidumbre ante ese escenario, se prolongó durante cuatro meses, hasta la asunción del nuevo presidente.

Este escenario repitió la crisis de 1989, cuando Carlos Menem ganó las elecciones en mayo, y la espera hasta el 10 de diciembre se tornó tan insoportable que Raúl Alfonsín debió adelantar su salida en julio. Cuando se discutió la reforma de la Constitución en 1994, se estableció que entre la elección general y la entrega del poder hubiera un lapso mínimo, para no convertir a un partido perdedor en un muerto en vida. Hoy la legislación pone la fecha de la primera vuelta en la última semana de octubre, es decir menos de 60 días antes del cambio de gobierno. Pero la ley posterior que creó las PASO abrió un lapso nuevo, y dañino.

Por otra parte, existe un preconcepto, no siempre respetado, de que en años electorales no se deben sancionar reformas de leyes de ese fuero. Esto quiere decir que una reforma -de por lo menos las fechas de las PASO- tendrá que ir al Congreso este año. Seguramente irá con la insistencia del Congreso para que en 2021 también se vuelvan a elegir diputados del Parlasur. Lo ordena la Justicia, después de una suspensión floja de papeles que dispuso el anterior gobierno. Ya van dos presidentes, Cristina Kirchner y Mauricio Macri, que criticaron la existencia misma de las PASO, y prometieron proyectos para eliminar el sistema. Esa coincidencia nunca dio resultado alguno.

Las PASO fueron creadas después de la derrota legislativa de Néstor Kirchner en 2009, como un sistema de habilitación de los candidatos ganadores de las primarias, y un castigo a los perdedores, que quedan inhabilitados para competir. Se convirtieron en una estatización de las elecciones internas, hasta entonces patrimonio de las cartas orgánicas de los partidos. Las festejaron los partidos y la Justicia electoral por razones diversas. Es un sistema que les sirve a partidos cismáticos como el peronismo, que es una colectividad de tribus que viven combatiéndose entre sí. El radicalismo nunca las ha sabido usar, porque es lo más parecido a un partido político de manual, y mantiene liderazgos que aseguran la unidad. A la Justicia le gustó porque reduce la oferta electoral y la cantidad de partidos. Alguien tiene que explicar qué ventaja trae esto en un sistema de voto obligatorio.

Rafecas amenaza con dividir a Cambiemos

Las primicias del nuevo gobierno suspendieron los rituales del verano, pero la inactividad institucional hizo pasar a la política a la clandestinidad, es decir al whatsapp, esa dimensión paralela en donde transcurren hoy las grandes trapisondas del oficio. El feriado alargado del fin de año sacó a la oposición radical del modo pausa, al publicitar el Gobierno la propuesta de Daniel Rafecas como Procurador de la Nación. La presunción de que puede lograr los votos necesarios para su designación por el Senado puede abrir las puertas a un nuevo turno pactista como el que vivió el país en el verano de 2016, cuando la gestión de Macri logró que un sector del peronismo le facilitase las leyes de la transición.

El peronismo cree que podrá sumar a sus 41/42 votos propios en el Senado, los de algunos senadores de Cambiemos que responden a Horacio Rodríguez Larreta y un lote de independientes, para llegar a los 2/3 necesarios. La opinión de gurúes radicales como Ernesto Sanz o Ricardo Gil Lavedra avivan esa posibilidad. Esta mansedumbre tiene como contracara la victoria que se anotaría el oficialismo para, de hecho, producir una división en Cambiemos, con efectos políticos descomunales. Implicaría que Alberto Fernández impusiera a su procurador, cuando el peronismo le negó a Macri la designación de Inés Weinberg de Roca. Otra herida sobre el castigado lomo del ex presidente.

El interbloque que preside Luis Naidenoff se despertó en las últimas horas con la alerta para discutir una posición unificada, que le impida al Gobierno lo que parece un paseo. Frenarle a Alberto este gustazo sería para estos una oportunidad de blindar la unidad del frente opositor, y ponerse en posición beligerante. Intercambian ya viejos reproches al candidato Rafecas, como el texto de la sentencia que concluyó con el caso de los sobornos en el Senado con la absolución de los acusados. El Tribunal Oral Federal 3 le formuló críticas al juez por la instrucción de esa causa con “parcialidad”, y pidió se lo investigase en el Consejo de la Magistratura. Otros recuerdan el suicidio de José Genoud, senador radical procesado en la causa, quizás aventurando sobre los motivos de esa tragedia. No sorprende, porque Cristina de Kirchner repite que el procesamiento de su hija Florencia o de fallecido Héctor Timerman fueron el origen de sus desgraciadas enfermedades.

De aquellos polvos, estos lodos: lo que se perdió Macri

La inminencia del debate despierta recuerdos encontrados entre esos radicales y el peronismo. Los aliados de Macri, de entonces y de ahora, se preguntan por qué el ex presidente se empecinó en sostener a Weinberg de Roca cuando no tenía los votos suficientes, algo que sólo habría logrado mediante un acuerdo con el peronismo, que arbitraba Miguel Pichetto. Ese peronismo tenía dos candidatos, el ex senador Rodolfo Urtubey y el actual fiscal Raúl Plee. Macri llegó, comienzos de 2018, a discutir la propuesta con Plee. Fue un viernes en la soledad de Olivos. El ex presidente le pidió que no se jubilase, como le había anunciado Plee, y que esperase a un segundo turno para ser Procurador. Antes, propondría a Weinberg para que hiciera una limpieza del terreno, y después vendría él como el mejor técnico para conducir a los fiscales.

La papa quedó en la tierra. Weinberg chocó en el Senado, Plee sigue siendo fiscal, y Macri está en la casa. Si hubiera acordado con Pichetto, tendría hoy un Procurador propio. Las razones de esa derrota son insondables. Para algunos, Plee representaba, en la interna judicial oficialista, a Daniel Angelici, resistido por Elisa Carrió, Fabián Rodríguez Simón y otros. O bien, que Plee era un candidato con terminales en importantes sectores de la política, de todos los partidos, mientras que el teléfono de Weinberg lo tenía solo él. Macri se quedó sin fiscal, como Cambiemos se quedó sin la silla vacante en la Cámara Nacional Electoral. La pedía el radicalismo para Alejandra Lázzaro, primera en la terna de postulantes, según el concurso que hizo el Consejo de la Magistratura. El apoderado del PRO, José Torello, operó para que se congelase la propuesta de escuchar al peronismo, que prefería al segundo en esa terna, Hernan Gonçalves Figueiredo.

Hubo misiones públicas y privadas a Olivos para convencerlo a Macri de las ventajas, para el futuro político de su partido, de tener una camarista electoral amiga. Por ejemplo, para cuando dejasen el gobierno. Tampoco movió Macri ninguna ficha. Perdió las elecciones, el nuevo gobierno baraja y da de nuevo en materia de designaciones de jueces, y Juntos por el Cambio no tiene camarista propio. Uno de los males de quien gobierna es el terraplanismo, creer que el mundo es plano, y que va a permanecer siempre en el poder. Por eso desperdician oportunidades, como ésta que disipó Macri.

Gobierno transgénico en un mundo resbaladizo

Les cuesta mucho a los gobiernos transgénicos cumplir el mandato que Barack Obama le daba a un presidente, de entenderlo como un esfuerzo narrativo. Le pasó a Macri, le pasa a Alberto, emergente de alianzas entre partidos y tribus con programas contrarios y contradictorios, que conviven en conflicto y no pueden mostrar una narrativa unívoca. "Estamos contando una historia acerca de quiénes somos en realidad", le dijo Obama a su biógrafo y escriba Ben Rhodes (autor de "The World As It Is: A Memoir of the Obama White House", 2018). Este ángulo explica las dificultades de convivencia del Gobierno en la tempestad global.

Estados Unidos le pide explicaciones a Alberto por las peripecias electorales de Evo Morales, y le responden que el boliviano ni ha ido a Salta, como prometía, y que hace campaña por Internet para las elecciones de su país. ¿Tienen límite las presiones políticas sobre un país que quiere negociar con el FMI, con la ayuda de Washington? El Gobierno sabe que la nueva directora del FMI necesita que la Argentina no se ponga de punta y repudie la relación. Impensable en un gobierno peronista que siempre que estuvo en el poder se alineó con Washington, y que fue el mejor pagador de deuda, como lo demostró Néstor Kirchner en 2006, cuando se había liberado de Roberto Lavagna.

En las explicaciones que acerca el prolijísimo Martín Guzmán, dice que el camino es muy finito para el acuerdo, que entienden las demandas de Kristalina Georgieva para sostener la negociación, pero que no tiene claro qué busca Estados Unidos en materia política. Le sorprenden noticias como las que hablan desde EE. UU. de que el apoyo puede arruinarse si Buenos Aires se mantiene en el barrio equivocado. Atribuye esas opiniones a Mauricio Claver-Carone, ex representante de ese país ante el organismo, a quien los mirones ven detrás del cable de la agencia Bloomberg que afirma que "U.S. Warns Argentina That IMF Deal is Threatened by Leftist Allies".

A México, evitando escollos

Con ese ánimo va Felipe Solá, el canciller subtilis, hacia México, a cumplir con el protocolo de que ese país asume la presidencia del CELAC, la liga de naciones que alguien definió como la OEA sin EE. UU. ni Canadá. Es una manera de cumplir con el tercerismo de este gobierno, honrando un sello de goma que duerme en el túnel del tiempo. Es una reunión de cancilleres con una agenda técnica y en la que el propio anfitrión ha pedido, de manera informal, que no se hable mucho de política.

La CELAC tiene dos frentes. Uno, el político, es una vocería del veterochavismo (por Hugo Chávez, no Guillermo, jefe de asesores de Solá, que viaja con él). Busca exaltar hoy a Nicolás Maduro, y eso no les gusta a los mexicanos, ni a los americanos. Menos les gusta a éstos el frente económico de la CELAC, que es en realidad un foro de negocios dominado por China. Por eso la agenda discreta del encuentro incluye un punto sobre las relaciones CELAC-China. Felipe viaja con la consigna de que las relaciones con China las maneja Buenos Aires, con independencia de cualquier club de naciones. China suele sentarse en reuniones de la CELAC y les pregunta país por país qué necesitan, en una suerte de examen. La Argentina lo último que quiere es quedar atrapada en la guerra política y comercial de EE.UU. y China, que disfraza una colaboración conflictiva, porque los separan las rutas de la seda y otras telas, pero comparten más de lo que reconocen en materia de negocios.

Los chinos no levantan el pie del acelerador para que los dejen participar, contra la opinión de EE.UU., de la licitación de telefonía de 5G en Argentina, que si los dejan correr se la quedan ellos. También tienen cartas de intención firmadas para Atucha 4, un proyecto por 9. 000 millones de dólares de la era Macri-Guelar, que está congelado por la emergencia financiera. Hasta ahora Buenos Airea afirma que la idea es promover Vaca Muerta antes que una planta nuclear, que los chinos necesitan para mostrar nuevas tecnologías propias en Occidente, que sólo han aplicado en un reactor experimental en Gran Bretaña. El Gobierno confía más en la etapa mexicana, por los negocios que pueden mejorar.

Felipe tiene cena y entrevista con López Obrador, y presentará al nuevo embajador Carlos Tomada, que aún no asumió pero que está en la comitiva, que integra también el secretario de Relaciones Económicas Internacionales Jorge Neme, con agenda mexicana propia, porque estudió allí cuando era un exiliado y después estuvo en la embajada de Jorge Abelardo Ramos, era Menem.

Solá tiene que aplicar la cualidad que le atribuían a Duns Scoto para dirimir con sutileza cuestiones más que delicadas, y que lo ponen a prueba. Un ejemplo: Estados Unidos no le ha dado el plácet a Jorge Argüello como embajador, pero el Gobierno manda igual el pliego al Senado. Descuentan que se lo van a dar, porque participa de todas las reuniones con delegados de Washington, secretas y públicas. Además, saben que es un amigo, que cuando se acerca a la embajada, pestañean con alegría las persianas del palacio Bosch y se alegran, rientes, las fuentes de agua del jardín. Por eso giran en descubierto, aunque no esté el plácet.

Ignacio Zuleta

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