Sebastián Dumont

La Argentina es ese extraño país donde las normas se crean para ser incumplidas. O modificadas de forma permanente según como les quepa a los intereses de uno u otro sector político. El caso más concreto es el reinicio de una discusión que asoma cada dos o cuatro años: la idea de suspender o eliminar las elecciones primarias

Con el oficialismo cohesionado detrás de Cristina Kirchner y confiado en los resultados de Massa, las internas de Juntos por el Cambio son las que concitan la atención. El recuerdo de la interna Menem-Cafiero. 

Se van acopiando las incógnitas en la investigación que la justicia federal lleva adelante por el intento de matar a Cristina Kirchner la semana pasada. A medida que avanzan las pericias y las declaraciones y se filtra el contenido de los teléfonos celulares, se agrandan las dudas.­ 

La centralidad renovada de la vicepresidenta no anula la necesidad de una buena gestión de Sergio Massa. Ello anida en el deseo de los jefes territoriales para conservar sus terruños. 

Cristina y la Justicia, Kicillof, Máximo y Massa; al final de camino, siempre la provincia de Buenos Aires. 

Hace una semana, las autoridades sanitarias de Nueva York en los Estados Unidos confirmaron el hallazgo del virus de la poliomielitis en aguas residuales. De inmediato se disparó la alarma por una enfermedad que puede causar parálisis y hasta la muerte. El dato sirve como alegoría para describir lo que está sucediendo por estas horas en la política argentina.

El bautizado "efecto Massa" en su llegada al Ministerio de Economía de la Nación extiende sus tentáculos a la principal fuerza de la oposición en la Argentina, Juntos por el Cambio. La interna allí estalló luego de los dichos de Elisa Carrió que pateó el hormiguero, fiel a su estilo. En realidad, puso sobre la mesa algo que ya existía.

Primer acto: Un grupo de autodenominados mapuches le advierten al Presidente que ningún gasoducto podrá construirse si no se acuerda con ellos el paso de la obra en lo que dicen, son sus tierras. El gobernador de Neuquén acepta darles ese poder.

Las acciones del Presidente muestran una clara desconexión con la situación del país. 

Alguna vez, en el entorno más cercano a Alberto Fernández, cuando la tensión con Cristina Kirchner se aceleraba, surgió la idea de gestionar, vía movimientos sociales, movidas en la calle que mostraran la posibilidad real de un estallido. No pasó de un pensamiento, pero, el objetivo era frenar la embestida de la vicepresidenta, lo que demostró la presencia de una certeza que tenían los dirigentes próximos al jefe de Estado: "Ante el caos inminente, Cristina retrocede". En aquel entonces, el dólar había pegado uno de sus clásicos saltos con todo lo que ello significa para la preocupación de la gente, y había aparecido la primera de las cartas de la titular del Senado. 

Desde el sábado a la tarde, Cristina Kirchner tiene lo que anhelaba hace tiempo: la salida de Martín Guzmán del Ministerio de Economía. Tanto en sus cartas como en cada una de sus apariciones públicas, la jefa política del Frente de Todos había dejado claro que no compartía el rumbo económico adoptado por el ex ministro que, en definitiva, era lo mismo que decir el camino que Alberto Fernández apoyaba.

La política argentina acentúa su desconexión. Cada sector busca hablarles a los propios sin detenerse en las dificultades que se atraviesan y profundizan. A casi un año y medio de las elecciones presidenciales, las campañas ya comenzaron como si ello los abstrajera de la realidad y de los problemas que requieren una resolución hoy.

Los movimientos políticos más importantes suelen ser detectados por los pequeños detalles que los preceden. La última intervención pública de Cristina Kirchner en Avellaneda dejó varios para seguir con mucha atención. Lo macro del mensaje quedó evidenciado en la distancia que la vicepresidenta le pone a la política económica del gobierno que ella misma construyó en 2019.

La aspiración de moda en la política argentina en medio de acciones conservadoras. 

Existen sitios emblemáticos en la provincia de Buenos Aires que son ineludibles para todo aquel que se precie de hacer política en ese territorio. Ningún armador que no haya pasado por ellos puede jactarse de serlo. Se trata de lugares muy puntuales donde confluyen las roscas habituales de los dirigentes y operadores bonaerenses. Uno de esos lugares está ubicado en la intersección de las rutas 8 y 188 en Pergamino, plena segunda sección electoral. 

Cuando los tiempos actuales requieren de resoluciones concretas a los múltiples problemas que atraviesa la Argentina, la dirigencia política, en su gran mayoría decidió acelerar la confrontación, adelantar los tiempos electorales a riesgos de no poder doblar en la curva y volcar. 

Durante varios días se debatió en la Argentina la reacción de Alfredo Casero, enojado, yéndose de un programa de televisión tras haber dado un fuerte golpe en la mesa. Reflejos de un país crispado, donde el accionar de la política ocupa el centro de los enojos, pero no es el único sector. La actitud muestra el cansancio y la forma de cortar una situación. 

Con Alberto Fernández en la Presidencia de la Nación se ha popularizado entre analistas políticos un término más vinculado a la psicología: procrastinar. Se trata de posponer deliberadamente tareas importantes pendientes, a pesar de tener la oportunidad de llevarlas a cabo. Puede afectar a acciones, conductas y/o toma de decisiones. Los procrastinadores crónicos son conscientes de las consecuencias que comporta su tendencia a posponer. 

En marzo, la inflación en Perú fue del 1,4 por ciento, la más alta de los últimos años 26 años. Estos números están apalancados por el aumento de combustibles y comida. La tensión social llevó a movilizaciones y enfrentamientos con muertos en las calles, sumado a los duros cuestionamientos al presidente de Pedro Castillo por haber decretado un toque de queda del que tuvo que retractarse.

Juan, un empresario pyme de los tantos que hay en la Argentina, salió preocupado del despacho del ministro provincial al que había ido a visitar. En la charla que tuvo con el responsable de una cartera vinculada a las empresas en esa jurisdicción del interior, había preguntado algo simple: ¿Hasta cuándo se pueden soportar estos niveles de inflación y presión impositiva? La respuesta lo sorprendió: "Todavía hay mucho margen, la gente aguanta". 

"Esta todo roto, pero no", arroja el enésimo interlocutor de la política bonaerense consultado por estas horas. La referencia es obvia: La relación política entre Alberto Fernández y Cristina Kirchner.

En tan sólo siete días y desde el conurbano, Alberto Fernández lanzó dos consignas muy relevantes, aunque difíciles de pronosticar su éxito: su reelección y la guerra a la inflación. Ambas están indefectiblemente atadas.

Alberto Fernández esbozó una respuesta al dilema que se planteó en la nota de la semana pasada. Se trataba de saber si será o no un presidente de transición. Se resiste a serlo. Desde José C. Paz lanzó que transitaba su primer mandato dejando la puerta abierta a la posibilidad de ir por un segundo turno. O, en palabras de Mauricio Macri, jugar el segundo tiempo.

Hace mucho tiempo que la política en la Argentina se analiza más por las gestualidades que por los discursos. Se inauguró una época a la que llamamos "fotogénica", donde es más importante interpretar una imagen que intentar hacerlo con las palabras. La inauguración del 140ª período de sesiones ordinarias del Congreso de la Nación tuvo mucho de ello.

Cristina Kirchner está en silencio, pero activa. En la discusión por el acuerdo con el FMI ya es sabida su postura, expuesta en la decisión de Máximo Kirchner de renunciar a la presidencia del bloque de diputados en la Cámara Baja.

Las recientes expresiones del ex subjefe de la policía bonaerense Salvador Baratta agitaron más las aguas. 

Con las esquirlas de la bomba aún dispersas, la renuncia de Máximo Kirchner a la presidencia del bloque de diputados oficialistas requiere una atención política más allá de la excusa formal del portazo. Es una jugada más profunda que aún intentan entender en el peronismo bonaerense que el hijo de Cristina Kirchner preside desde diciembre. Tal como se adelantó, la composición de las coaliciones mayoritarias del tablero político va camino a sufrir alteraciones. 

“El aumento no es del dólar, sino del dólar blue. Es un mercado que se maneja con sus propias reglas y expectativas. Entendemos que este mercado está reflejando expectativas que tienen que ver más con la situación política que, con la situación económica, que son todos números muy alentadores y buenos. Así que esperamos que esto no influya en la situación macroeconómica como no viene influyendo”. 

La habitual merma de actividades en el mes de enero encuentra, de todas maneras, indicios interesantes de cómo se van gestando alineamientos, nuevos acuerdos y apetencias futuras entre los principales sectores políticos de la Argentina, sobre todo en la provincia de Buenos Aires.  

La Argentina en decadencia se expresa en todos o casi todos sus aspectos. Los temas regresan una y otra vez, siguiendo la máxima de Karl Marx en `El 18 brumario de Luis Bonaparte', primero como tragedia y luego como farsa. 

Previsible aprobación de la ley que la da la posibilidad a los intendentes para poder presentarse a un nuevo período en 2023. Las negociaciones ya habían comenzado mucho antes de las elecciones primarias.

Falta mucho. Demasiado. Pero no debería causar ninguna sorpresa la expresión del presidente Alberto Fernández sobre su propia reelección.

 

La definición de "movimientos tectónicos" nos lleva a la siguiente conclusión: se trata de las fuerzas que provienen del interior de la tierra y actúan construyendo y destruyendo las grandes formas de relieve. Por estas horas, la política argentina vive sus propias medidas telúricas.

Los berrinches y las críticas escuchadas estos días tras la división del bloque radical en la Cámara de Diputados ponen, en escena, una realidad contundente: La política argentina atraviesa un claro momento de transición. El problema no es el radicalismo al que se lo juzgó con una vara distinta de lo que han hecho otros diputados que llegaron por la oposición tras las elecciones del 14 de noviembre

Hace 20 años que el mes de diciembre es especial en la Argentina. La llegada de los últimos 30 días del año viene acompañada de las especulaciones habituales a partir de un contexto social y económico que, salvo en años puntuales, ha consolidado su camino descendente. Un tobogán que aún no encuentra su culminación.

Desde el domingo 14, Alberto Fernández lanzó dos señales muy fuertes hacia el interior de su fuerza política. La primera de ellas la expresó en el acto por el día del militante en Plaza de Mayo y es que las candidaturas en 2023 se definan en internas. La otra, fue el guiño para que los jefes comunales de la provincia de Buenos Aires avancen en negociaciones para reinterpretar la ley que los inhabilita a más de dos mandatos consecutivos. En este caso, la expresión pública vino de parte de su portavoz, Gabriela Cerrutti. 

El peronismo, acostumbrado a festejar victorias, sobre todo en la provincia de Buenos Aires, ahora discute quién o quiénes son los artífices de una derrota digna. Es una cuestión de expectativas. Como quien va al supermercado en tiempos de alta inflación pensando que va a gastar 10 mil pesos y al final gasta 9 mil.

"Antón Pirulero... Cada cual, cada cual, atiende su juego y el que no, el que no, una prenda tendrá". Aquel juego infantil representa de manera exacta lo que está sucediendo en las horas previas a la elección del domingo.

Asoman en el trance final hacia las elecciones del 14 de noviembre certezas e incógnitas. Entre las primeras aparece, según todos los sondeos -a esta altura siempre muy cuestionados- que el Gobierno no dará vuelta la elección en todo el país.

En las primeras horas del miércoles 27 arreciaron los mensajes en las redes sociales de los dirigentes del Frente de Todos para recordar a Néstor Kirchner a 11 años de su fallecimiento. También el día comenzó con la aprobación por unanimidad del proyecto de alivio fiscal para los contribuyentes agobiados por la pandemia.

La muchas veces pronosticada explosión social en el conurbano se trasladó, de alguna manera y con otras formas, al sur del país. Los hechos vandálicos y de carácter terrorista que llevan adelante grupos autodenominados mapuches encuentran sostén político en un sector del oficialismo. Y sus derivaciones ya forman parte de los análisis en las mesas políticas que suelen reunirse en Buenos Aires y alrededores.

Francisco De Narváez, luego de la reunión de empresarios con el presidente Alberto Fernández y Sergio Massa, contó que el jefe de Estado aseguró que Cristina Kirchner quiere cerrar el acuerdo con el FMI. El dato es importante porque muestra a la vicepresidente en su rol pragmático y lejos de las posturas obcecadas de quienes, bajo su supuesta ala, recorren los medios o actos políticos diciendo o insinuando lo contrario.

El consultor catalán Antonio Gutiérrez Rubí, quien se ha hecho cargo del diseño de la campaña del Frente de Todos en la búsqueda de recuperar el terreno perdido en las PASO, en una breve nota que publicó en su blog hace una semana, interpela de manera directa el principal inconveniente que asoma en el horizonte de los Fernández, Alberto y Cristina.

"Hemos escuchado lo que la gente nos dijo en las urnas", lanzó, una vez más, Alberto Fernández ante una platea propia que se movilizó para acompañarlo en José C. Paz, tierra de Mario Ishii, especialista en armar actos multitudinarios como el que se llevó a cabo este miércoles.

El fútbol suele ser un vehículo para comparar situaciones de la realidad Argentina. "El domingo, cueste lo que cueste, el domingo tenemos que ganar". Aquel cántico que inmortalizaron las hinchadas argentinas, hoy se aplica a la política. Sobre todo, en el Frente de Todos bonaerense.

Mario Ishii estaba internado en terapia intensiva por Covid cuando llegó el momento del cierre de las listas para las PASO del próximo domingo.

En el Gobierno deben lamentar no haber podido encontrar los consensos necesarios para suspender las elecciones primarias. Logró una postergación de los comicios cuyo resultado podría desatar un vendaval aún mayor de lo que ya son las cruentas internas que se viven. La campaña es inédita y la falta de ideas son reemplazadas por exabruptos verbales en todos los campamentos.

Circula una pregunta en distintas mesas políticas y de consultores cuya respuesta varía según quien la responda. ¿Cuánto del caudal electoral de Sergio Massa lo sigue acompañando después de su incorporación al Frente de Todos? La respuesta es importante porque, ante la morfología de la coalición de gobierno, podría ser el factor decisivo para ganar o perder estas elecciones en la provincia de Buenos Aires.

Aún sin poder contabilizar los daños producidos por el efecto de la fiesta en Olivos, el oficialismo decidió cerrar filas sobre su mayor fortaleza: la unidad. Y, al mismo tiempo, abandonar la idea de ir en búsqueda del votante "decepcionado" que suele fluctuar, sin identificación partidaria, a ambos lados de la grieta.

Néstor Kirchner solía repetir una frase: "Vean lo que hacemos, no lo que decimos". La leyenda cuenta que incluso eso mismo le habría dicho al ex presidente de los Estados Unidos George Bush cuando le puso su mano en la rodilla al visitarlo en la Casa Blanca. En aquel entonces, su jefe de gabinete era Alberto Fernández, a quien hoy es difícil de interpretar en los términos de aquel pronunciamiento del fallecido ex presidente.

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