Roberto García

Hablaron de Vidal, de Bullrich y, sobre todo, de sus preocupaciones sobre la economía. Los interrogantes sobre el Presidente y su aislamiento. Asistentes controvertidos en ausencia fueron Sergio Massa, los radicales Facundo Manes y Gerardo Morales. El impacto de las grabaciones en el Banco Provincia.

Clave será febrero para Alberto Fernández. A su juicio, la vuelta de su viaje por Rusia y China viene con respirador para oxigenar su gobierno y esa criatura propia que no termina de alumbrarse desde que llegó a la Presidencia: el "albertismo". 

El rescate de un alma apartada podría ser un saldo benéfico de la entrevista Alberto Fernández-Xi Jinping. Ambas naciones le deben una reivindicación a Juan L. Ortiz, “Juanele”, un postergado del negocio editorial y de los circuitos literarios, pero considerado por quienes lo han leído como uno de los mayores poetas argentinos.

Poco imaginativa, Cristina recupera la técnica oprobiosa de su difunto marido para invadir la Corte, lo que significa en términos militares una declaración de guerra futura. Hay quienes especulan con otra idea de la dama: como el arreglo con el FMI no será una brillosa copa para presumir en una vidriera, la épica del gobierno requiere de otro enemigo. 

Se los puede ver juntos en Punta del Este: Coppola y Stiusso, Guillermo y Jaime, el ingeniero. Uno, experto en Maradona, hablando de Diego y de la muerte del hermano Hugo. El otro, protagonista subdesarrollado de Le Carrè, atendiendo la multitud de rumores que ronda al inestable gobierno de los Fernández. Dicen que parece saber más de lo que expresa: el mito del espía. 

Así como Cristina y Guzmán demandan hoy una reparación histórica o una autoflagelación del FMI por haberle prestado dinero a Macri, los revolucionarios rusos se descolgaron con una exigencia no prevista: los prestamistas debían compensar a Moscú por haber financiado las acciones del llamado ejercito blanco que había combatido contra Lenin, Trotsky, Bujarin y Stalin. O sea que nada había que pagar. 

De tal palo, tal astilla. El refrán no garantiza que su aplicación mejore la especie. Ni la calidad de la madera. La cita viene a cuento de dos últimas intervenciones, la de Máximo Kirchner en Diputados al hundir el presupuesto propio, y la del ministro Martín Soria ante los miembros de la Corte Suprema

Si para Cristina el ministro no tiene siquiera "los ojos celestes del padre", mayor desilusión le habrá generado enterarse de que su devoto funcionario, al amenazar a los integrantes de la Corte con sus críticas, no se atrevió a deslizar un discurso de memoria: tuvo que leer su impetuosa "apretada". 

Navidad con sorpresas: alboroto en la Casa Rosada, amenazas, dimisiones o pedidos de renuncia.  

Culpa de la genética familiar. O víctima de una compadrita leyenda.  Así acaba de proceder Máximo en Diputados, calcando a Néstor, quien, exasperado por el conflicto con el campo, invitó en el 2008 a pelear o a votar en el Senado –venía a ser lo mismo– para ser derrotado por apenas un “no positivo” de Julio Cobos.

Coinciden este fin de semana en elegir nuevos jefes los peronistas bonaerenses y radicales de todo el país. Casi seguro se consagra Máximo Kirchner en un lado y Gerardo Morales en el otro, ambos con mayoría discutida y judicializada. 

Mérito de La Cámpora: juntó más gente que los hinchas de River que el día anterior festejaron una victoria de hace tres años. Y no son los de la banda la mitad más uno en el fútbol. Igual costó demasiado cara esa ventaja numérica; en un lado se pagaba la asistencia, en el otro fue gratuita, voluntaria.

Se suceden los acontecimientos en la semana: el viernes habla Cristina en Plaza de Mayo, en un acto preparado por la propia “platita” de La Cámpora o del gobierno, difícil que en esa evocación sobre la vuelta a la democracia le diga orgullosa a la multitud: “Le vamos a pagar al Fondo”. 

Sueño. Insaurralde llegó a la Jefatura de Gabinete bonaerense y aspira a pelear por la gobernación. 

Al reaparecer Elisa Carrió, estalló el gallinero de Juntos. La misma explosión que se produce en el vestuario del Frente, un cabaret como un jugador alguna vez definió a Boca, cada vez que Cristina escribe una carta. 

“Alberto cumple, Cristina dignifica”. Remedo del slogan peroniano que alimentaba los libros y las cabezas escolares a mediados del siglo pasado. Hoy se aplica a quienes creyeron, cuando la viuda de Kirchner anunció la candidatura presidencial de Fernández, que ese obsequio suponía un compromiso: resolver en la Justicia las causas que la complicaban.

El Grand Albert con capa, galera y cuatro kilos menos: se ha remasterizado. Exclama "ya ganamos": le chupamos la sangre al FMI. La repetición circense se aguarda para el momento en que cierre un acuerdo con el organismo internacional. 

De pronto, los argentinos se van a convertir en expertos sobre Islandia, Congo, Ucrania y Seychelles, cuatro de los ocho estados en el mundo que han celebrado con el FMI un acuerdo en base a las facilidades extendidas. Naciones con problemas en la balanza de pagos o estructurales.  

El acto fue por la unidad, no por la militancia: el gobierno quiere evitar gajos sueltos para el 2023. Pareció un fracaso el intento, aunque hasta una Cristina embroncada simulo aceptar la nueva alternativa. 

País volátil. Ni se acuerda la gente que hace seis meses la obsesión opositora reposaba en un solo argumento: impedir que los Fernández alcanzaran quórum propio en Diputados, descontando que el Senado se mantendría como una escribanía exitosa de Cristina mientras la provincia de Buenos Aires consolidaba un santuario para La Cámpora y su protectora. Diagnóstico erróneo, al parecer. 

Cuando Mauricio Macri invitó a Javier Milei para conversar ya conspiraba contra la lista de María Eugenia Vidal. Y de Horacio Rodríguez Larreta. Ahora que habla a favor del belicoso economista, el complot se multiplica.

La estrategia porteña de Horacio Rodríguez Larreta contra el fulminante avance electoral de Javier Milei. Hoy, al jefe capitalino le conviene más que salga segundo el mixturado radical-peronista Leandro Santoro y no el fenómeno exótico del libertario.

Como más de uno lo vio hace 72 horas a Daniel Scioli en Pizza Cero, justo donde alterna Horacio Rodríguez Larreta (vive en ese edificio), prosperaron los interrogantes. ¿Se ve con el jefe de Gobierno, lo convocó Alberto antes de viajar a Roma o acaso lo citó Cristina de Kirchner?

Otra vez Cristina debió reparar su testamento: sacó al “chiquito” Kicillof de la sucesión presidencial —al revés de lo que había prometido en público hace unos meses— y le quitó a Alberto Fernández la posibilidad de reelegirse. De un saque y sin anestesia. Victimas opacadas, apocadas, no dan la talla.

“Después de las elecciones, vamos a sacar a todos los de La Cámpora”. Lo dice un sector del gobierno que involucra a intendentes, gobernadores y sindicalistas. Cercanos a un líder presunto, Alberto Fernández.

Imposible saber lo que dura, pero otra cúpula de poder se amasó desde el adverso resultado electoral para los Fernández. Prescribió la hegemonía de Cristina, el acompañamiento de Alberto, la vigencia de Kicillof y Massa, el presunto peso de La Cámpora y el liderazgo de Máximo. Al menos hasta la pugna de votos del próximo 14 de noviembre.

Le costaba explicar al gobierno, para el acto del próximo domingo, si la consigna central era contra el FMI o a favor del FMI. Los bandos no pudieron resolver esa disputa interna. Y suspendieron la convocatoria con una excusa infantil.

Pasaron más de 150 años. Una cifra histórica. Entonces, Sarmiento presidente visitó a Urquiza en Entre Ríos y este, obsequioso, lo llevó al Palacio San José: un sendero de pétalos de rosas, diligencias tiradas por caballos blancos, banquetes, una apoteótica bienvenida, el fin de largas desavenencias y una exhibición del progreso económico de la provincia. Una muestra: la instalación de una tubería y una canilla para sorpresa del visitante contra la barbarie en la primera residencia de un mandatario constitucional de la Argentina.

En 15 días, la Corte registró la elección de un nuevo titular (Rosatti), el encono personal contra esa designación por parte de otro miembro (Lorenzetti) y la partida de la única dama (Highton de Nolasco).

Sintomatología del desconcierto: habrá un San Perón de doble efecto, con jornada no laborable en dos días. El Gobierno prepara un acto para el 17 de octubre en recuerdo del General y, al día siguiente, la CGT –histórica columna vertebral del peronismo– promueve marcha y homenaje semejantes.

Quedan 50 días de estupor congelado para los protagonistas, aunque desfilen por el teatro en la nueva campaña electoral. Le derivaron el mango de la sartén a Juan Manzur en el orden nacional y a Martín Insaurralde en la provincia, ambos indeseables para la Vicepresidente. Vive el empoderado dúo como si controlaran la Comuna de París, aunque imaginan un mejor desenlace.

Mirada superficial: desde la derrota electoral, Alberto se corrió de la Presidencia y una Cristina escondida gobierna hasta por señales de humo. Lo repite el estribillo opositor como si fuera una moda hartante.  De ahí la sorpresa brindada por el ministro Moroni, a quien no se le conocía voz ni tintura: se burló de su colega de Interior, Wado de Pedro, por divulgar su renuncia antes de presentarla, con tan escasa convicción que luego la retiró por una orden superior (justo es admitir que él quiso irse y la viuda del Sur se lo impidió).

Al Presidente no le va la vida el próximo 14 de noviembre. A la Vice, sí. Al menos, quizás exponga su libertad. Una nueva derrota después de las últimas primarias provoca manifiesta zozobra en el Gobierno. Pero no es lo mismo que Alberto se hunda en el fango de la política a que Cristina naufrague en el bravío mar de tribunales.

Más que sacar una bandera blanca, trató de imponer y no negociar. Venía cargada Cristina del domingo, por el pésimo resultado electoral y una vibrante reunión con Alberto, a quien le atribuyó la responsabilidad del fracaso.

Cordiales saludos. Tras los resultados, serán parte del show, aunque con participación secundaria.

Mínimo entusiasmo registra la convocatoria electoral del domingo. Apenas curiosidad por el resultado luego del funesto período del Covid-19 que acompañó gran parte de la Administración de los Fernández.

Sonrisas. Massa propone un pacto para garantizar la gobernabilidad y que dé garantías al Fondo Monetario para cerrar el acuerdo.

Vidal, quien fuera una grata novedad para concursar y ganar en la provincia de Buenos Aires en el pasado, ahora se desangeló en apariencia, la bondadosa Heidi encontró otros apelativos menos simpáticos.

Justo cuando Alberto Fernández atraviesa su peor momento e inclusive se habla de dificultades para completar el ciclo constitucional, a una buena parte de sus ministros se le ocurre predicar por la reelección con un mandato de ocho años y de otros ocho para un sucesor eventual, Axel Kicillof. Casi un espectáculo grotesco esparcir esa mancha.

Cristina levantó la figura de Cecilia Todesca como el faro de Alejandría: suficiente mención para convertirla en eventual sucesora de Martin Guzmán.

Creyó Alberto Fernández encontrar una redención cuando dijo, ceñudo y compungido, que el escándalo de Olivos fue un “error” en lugar de un delito.

Hay un operativo para designar a Ricardo Lorenzetti como titular de la Corte Suprema. Por una vía peculiar, la de Diputados, injerencia impropia de un poder sobre otro.

Cristina fue la primera en advertir la naturaleza del escándalo: hace más de una semana, en una visita a su Instituto Patria, confesó el placer que la inundaba regresar al lugar que “más quería, después de un año y medio de encierro”.

Si resulta veraz el rumoreo, Cristina y su hijo Máximo tuvieron una disputa. "No, mamá, no. Yo soy La Cámpora", habría respondido Máximo a la pretensión materna de modificar el nombre de la agrupación.

Reclamo. La marcha de ayer fue parte una ofensiva de los movimientos para “marcarle la cancha” al nuevo ministro Zabaleta.

De repente aparecieron los manuales, cada bando difunde el suyo para auxiliar o encuadrar a candidatos y votantes. Más propios que ajenos y con la misma argucia: mejor proteger la casa que conquistar una colina.

La permanencia del jefe de Gabinete es un aporte mínimo a la resistencia albertista frente al rotundo giro político que determinó Cristina Kirchner.

Alberto Fernández presume ante la tribuna dos medallas olímpicas: no entregar a Cafiero y colocar a Tolosa Paz en la lista. Así impidió que los Kirchner sacudieran por ahora el árbol del cuestionado equipo ministerial.

Tan convencional como siempre el cierre de listas. Mismos canjes, mismas compraventas. Salvo que los tiempos no son convencionales.

El presidente piensa, como su colega en Capital, que Delta es apenas la cuarta letra del alfabeto griego: van al revés del mundo, seguramente por las elecciones venideras.

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