Joaquín Morales Solá

El kirchnerismo tiene la habilidad de crear problemas donde no los hay, además de no resolver ninguno de los que realmente existen

La primavera de Massa (que siempre fue solo cambiaria) llegó a su fin luego de un fugaz pasaje por una economía muy cerca del colapso. Los parches duran siempre un tiempo corto, no todo el tiempo. En esos mismos días, Cristina Kirchner debió doblegarse ante otra derrota política en la Justicia.

¿Vale la pena detenerse en los discursos de Cristina Kirchner? No. Corrompe la historia cuando habla del pasado. El mundo es el espejo en el que ella misma se mira si, en cambio, se refiere al presente. Dejemos entonces la megalomanía a un lado. Es más importante lo que hace que lo que dice.

Cristina Kirchner está cambiando ahora su actitud frente a Massa y replica la táctica que usa frente al Presidente: del horno a la heladera y de la heladera al horno 

Una incesante sucesión de escándalos. Todos artificiales. Es el modo de vivir de Cristina Kirchner, que lo traslada al país cuando ella está en el poder. Serán estrépitos falsos –y lo son–, pero la vicepresidenta acaba de romper un estatuto implícito de la política desde 1983: los dirigentes podían disentir sobre las ideas y hasta sobre la ideología, pero nunca se acusaron de intentar asesinar al adversario.

Llama la atención que siga vigente en un partido que fue siempre veloz para reemplazar los liderazgos políticos perdidosos, pero su peso político no es el mismo que el de hace tres años 

Apatía y lejanía. Esas palabras sintetizan el estado de la sociedad frente a la política, según todos los estudios de opinión pública. Más del 60 por ciento de la gente común no les cree a los dirigentes políticos, incluidos desde Alberto Fernández y Cristina Kirchner hasta Javier Milei, pasando por los líderes de Juntos por el Cambio.

Primero, lo importante. Cerca de 300 empresas industriales podrían parar en los próximos días por falta de insumos. La estrategia de Sergio Massa consiste en paralizar la economía a cambio de juntar dólares en el Banco Central, si es que hay dólares ahí.

Obsesionado con castigar a los jueces, el oficialismo construyó un presupuesto que mantiene los privilegios de la Argentina corporativa y traslada el ajuste a la sociedad 

Necesita que los jueces le tengan miedo. Cristina Kirchner sabe que la aguarda un tiempo de decisiones judiciales adversas. Hay desesperación en ella. Es probable que sea condenada a prisión por hechos de corrupción antes de fin de año, y es igualmente factible que se abran otros juicios orales y públicos por haber hecho del dinero público una cuestión familiar.

Cristina Kirchner ya se siente la jefa de la oposición a Alberto Fernández y Sergio Massa, cuyo pragmatismo choca con la ideologización extrema de la vicepresidenta y su hijo 

Parecen sonámbulos. Políticos que duermen y sueñan mientras caminan como si estuvieran despiertos. ¿Por qué debaten ahora la candidatura de Alberto Fernández para la reelección? ¿Por qué Sergio Massa supone que él será el candidato triunfante en las próximas presidenciales? ¿Por qué Cristina Kirchner cree que tomando distancia del Presidente y de Massa conservará su poder electoral, cuando fue ella la que los entronizó a los dos?

Una administración política dispuesta a destruir el Poder Judicial, desde la Corte Suprema hasta los fiscales, está también decidida a arrasar con el sistema político de la democracia

Es difícil seguir afirmando que los detenidos por atentar contra la vida de Cristina Kirchner eran solo una banda aislada de enajenados mentales que actuaron por sí solos 

Viste y se mueve como un presidente. En su reciente visita a Washington, Sergio Massa fue recibido también como un jefe de Estado. Sin ninguna consideración por las formas, a su regreso despachó directamente con Cristina Kirchner. Sabe percibir dónde está el verdadero poder. Ella lo atendió como se atiende a un jefe de gobierno.

El grosero uso político del ataque contra la vicepresidenta está ocultando, quizás, problemas más profundos de un país fracturado, desengañado y harto 

Un atentado fallido es un atentado fallido. No fue el primero ni será el último. Sin embargo, el kirchnerismo está buscando obscenamente estirar hasta el infinito lo que pudo ser una tragedia. Esa decisión política se tomó dos horas después de que Cristina Kirchner ni siquiera se enterara de que un loco suelto, un lumpen que vivía de la caza y la pesca, había intentado matarla con tan poco profesionalismo que ni el tiro le salió. 

¿Por qué el periodismo independiente es un enemigo para el kirchnerismo? Porque hay periodistas que defienden sus ideas y critican otras ideas, y porque a veces deben señalarles a los gobernantes que se olvidaron del sentido común y de la decencia pública 

Con la llegada de Néstor Kirchner al gobierno se instaló una política que convirtió al adversario en un enemigo; la descalificación del otro fue una construcción constante durante casi 20 años de protagonismo 

Juntos por el Cambio está necesitando, casi de manera urgente, un liderazgo y un discurso común que termine con los librepensadores 

Algunos podrán decir que el kirchnerismo solo aturde con violentas batucadas en todo el país desde que acusaron a su lideresa de comandar una asociación ilícita para robar dinero del Estado. Otros podrán argumentar que Cristina Kirchner está desquiciada porque sabe que el histórico alegato del fiscal Diego Luciani fue solo el comienzo de un proceso mucho más grave.

Más que al 17 de octubre de Perón, las acciones de la vicepresidenta se parecen a los carapintadas de 1987, cuando Aldo Rico se sublevó contra la Constitución al grito de “No más juicios” 

Era un hombre común. Se desplazaba como un funcionario judicial más por los pasillos de los tribunales desde poco después de obtener el título de abogado. La historia suele recurrir, sin embargo, a esas sorpresas en las que coloca entre sus páginas como protagonista singular a una persona desconocida.

Los aumentos sucederán en el peor momento político del Gobierno y de la economía, cuando la inflación hace estragos en todos los sectores sociales 

Desde 1983, todos los presidentes, buenos o malos, fueron los jefes de la nación política. Se acaba de abrir un paréntesis: es como si Alberto Fernández hubiera dejado de ser presidente o como si solo fuera un jefe de Estado protocolar. Solo se lo ve en actos menores y nunca está en los anuncios o reuniones importantes.

La familia Kirchner no mostró ninguna prueba contra los argumentos del fiscal Luciani; pero la monumental maquinaria política y mediática de la facción gobernante se lanzó contra el funcionario y un juez del tribunal que la juzga por Vialidad 

Fue un derroche de alegría, casi una asunción presidencial. Fueron dos días en los que Sergio Massa se constituyó como único protagonista, en medio de un contexto social en el que la crisis es la protagonista excluyente. La crisis, no él. En medio de una sociedad que sufre otra vez los estragos de la inflación, la reiterada ineptitud del Gobierno para enfrentarla y a una dirigencia gobernante que no disimula sus guerras ni sus diferencias ideológicas ni su increíble felicidad.

Diego Luciani hizo el más fuerte y valiente alegato oral contra la corrupción en los casi 39 años de democracia 

Mira el viernes frío y diáfano desde la ventana de su despacho en la Casa de Gobierno. Luego, asesta una conclusión fulminante sobre la decisión del Presidente de encaramar a Sergio Massa como superministro de Economía: “El mandato de Alberto Fernández ha terminado”, dice ese viejo amigo presidencial. ¿Por qué? “Massa se llevará la gloria y los votos si tuviera éxito, o se llevará puesto al Gobierno si no lo tuviera”, contesta.

El Presidente está débil, su vicepresidenta se esconde y la economía parece fuera de cualquier control, al igual que la política 

Decían que sería en septiembre. Pero la dinámica de las crisis económicas y sociales no figura entre las ciencias exactas; establece su ritmo y su tiempo según su propio desorden. Ya está entre nosotros.

Cristina está políticamente débil, judicialmente cercada y, encima, las encuestas señalan que el rechazo social hacia ella llegó a una cima desconocida hasta ahora 

Han perdido el tiempo compitiendo por quién se hace cargo de la adversidad política. Mientras esas guerras civiles sucedían en el interior del kirchnerismo, un intenso malhumor creció y se expandió en una sociedad saqueada y defraudada.

Alberto Fernández pasó más tiempo negándose a hablar con Cristina Kirchner que intentado crear una situación de tranquilidad entre los argentinos 

El alarmante vacío político que existe es una construcción de los propios autores de la coalición peronista gobernante. El Presidente desapareció de la escena, agobiado por los golpes bajos que le propinó su propia vicepresidenta. Cristina Kirchner se ocupó de llevar a la fama los supuestos chats íntimos de Alberto Fernández.

La decadencia de Alberto Fernández y Cristina Kirchner está arrastrando a toda la dirigencia política y la sociedad está fatigada de su propia angustia 

Martín Guzmán se fue porque su fracaso era evidente y, sobre todo, porque no logró resolver ningunos de los problemas que afligen a la sociedad; Alberto Fernández es ya una figura conmovedora, sola, aislada, convencida de que sus sueños son realidades 

La ausencia de dólares ha sido históricamente el termómetro para medir la debilidad del Gobierno y la desconfianza de la sociedad en él 

La hipótesis con la que trabaja la Justicia argentina es que los vuelos entre Ezeiza y Córdoba del avión venezolano-iraní fueron ejercicios de inteligencia con fines terroristas 

Los máximos jueces del país despejaron ayer el camino para que el tribunal oral juzgue y decida sobre la causa por corrupción del kirchnerismo con los dineros del Estado 

Hay varias maneras de analizar la crisis de la economía, pero solo sirve una para explicar por qué el Gobierno aparece siempre tocando el botón equivocado. Es la falta de confianza política de los mercados y de la sociedad en los dirigentes políticos de la administración y en los que conducen la economía.

La aeronave se quedó en Ezeiza porque no tiene combustible; Solo por eso, si hubiera contado con el combustible necesario, ya no estaría aquí, donde aterrizó todas las veces que quiso 

Hubiera sido mejor que no fuera presidente de la Celac. Esta es una organización de países latinoamericanos y caribeños que carece de cualquier influencia en la política internacional. Pero Alberto Fernández se escudó en la condición de titular de esa cáscara vacía para vapulear a los Estados Unidos en nombre de Cuba y Venezuela.

Las incoherencias en la dirigencia gobernante explican un absurdo: la Argentina gasta miles de millones de dólares para importar gas licuado cuando tiene la segunda reserva mundial de gas no convencional en Vaca Muerta 

El Presidente le entregó a su vicepresidenta la cabeza de Matías Kulfas, uno de los pocos ministros albertistas que quedaban 

A pesar de no haber retomado el contacto con ella, el Presidente asume posiciones históricas de su vice; la manipulación judicial y los vaivenes de la política internacional 

La Corte Suprema de Justicia podría dictar sentencia en tiempos inminentes sobre las presentaciones que hizo la vicepresidenta para salvarse de los juicios en marcha por presuntos hechos de corrupción durante su gestión presidencial 

La salida de Roberto Feletti resalta que lo importante es la lucha contra la inflación, el máximo desafío del Presidente; sigue la manipulación de la Justicia 

Fue el ruido de un estrépito en medio del silencio. Algo parecido a eso sucedió cuando se conoció la encuesta de Poliarquía (y después la medición de aprobación del Gobierno de la Universidad Di Tella), según la cual el Gobierno tiene índices de aceptación muy bajos, dramáticamente bajos, y se derrumbaron los niveles de aprobación de toda la nomenklatura gobernante. La Argentina es un país habitado por una sociedad disconforme, cargada de malestares y privada también de una noción del destino.

Hay algo seguro sobre Mauricio Macri: es el principal adversario elegido por el Gobierno, que sigue con entusiasmo el caso del Correo Argentino 

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