Joaquín Morales Solá

Fue un derroche de alegría, casi una asunción presidencial. Fueron dos días en los que Sergio Massa se constituyó como único protagonista, en medio de un contexto social en el que la crisis es la protagonista excluyente. La crisis, no él. En medio de una sociedad que sufre otra vez los estragos de la inflación, la reiterada ineptitud del Gobierno para enfrentarla y a una dirigencia gobernante que no disimula sus guerras ni sus diferencias ideológicas ni su increíble felicidad.

Diego Luciani hizo el más fuerte y valiente alegato oral contra la corrupción en los casi 39 años de democracia 

Mira el viernes frío y diáfano desde la ventana de su despacho en la Casa de Gobierno. Luego, asesta una conclusión fulminante sobre la decisión del Presidente de encaramar a Sergio Massa como superministro de Economía: “El mandato de Alberto Fernández ha terminado”, dice ese viejo amigo presidencial. ¿Por qué? “Massa se llevará la gloria y los votos si tuviera éxito, o se llevará puesto al Gobierno si no lo tuviera”, contesta.

El Presidente está débil, su vicepresidenta se esconde y la economía parece fuera de cualquier control, al igual que la política 

Decían que sería en septiembre. Pero la dinámica de las crisis económicas y sociales no figura entre las ciencias exactas; establece su ritmo y su tiempo según su propio desorden. Ya está entre nosotros.

Cristina está políticamente débil, judicialmente cercada y, encima, las encuestas señalan que el rechazo social hacia ella llegó a una cima desconocida hasta ahora 

Han perdido el tiempo compitiendo por quién se hace cargo de la adversidad política. Mientras esas guerras civiles sucedían en el interior del kirchnerismo, un intenso malhumor creció y se expandió en una sociedad saqueada y defraudada.

Alberto Fernández pasó más tiempo negándose a hablar con Cristina Kirchner que intentado crear una situación de tranquilidad entre los argentinos 

El alarmante vacío político que existe es una construcción de los propios autores de la coalición peronista gobernante. El Presidente desapareció de la escena, agobiado por los golpes bajos que le propinó su propia vicepresidenta. Cristina Kirchner se ocupó de llevar a la fama los supuestos chats íntimos de Alberto Fernández.

La decadencia de Alberto Fernández y Cristina Kirchner está arrastrando a toda la dirigencia política y la sociedad está fatigada de su propia angustia 

Martín Guzmán se fue porque su fracaso era evidente y, sobre todo, porque no logró resolver ningunos de los problemas que afligen a la sociedad; Alberto Fernández es ya una figura conmovedora, sola, aislada, convencida de que sus sueños son realidades 

La ausencia de dólares ha sido históricamente el termómetro para medir la debilidad del Gobierno y la desconfianza de la sociedad en él 

La hipótesis con la que trabaja la Justicia argentina es que los vuelos entre Ezeiza y Córdoba del avión venezolano-iraní fueron ejercicios de inteligencia con fines terroristas 

Los máximos jueces del país despejaron ayer el camino para que el tribunal oral juzgue y decida sobre la causa por corrupción del kirchnerismo con los dineros del Estado 

Hay varias maneras de analizar la crisis de la economía, pero solo sirve una para explicar por qué el Gobierno aparece siempre tocando el botón equivocado. Es la falta de confianza política de los mercados y de la sociedad en los dirigentes políticos de la administración y en los que conducen la economía.

La aeronave se quedó en Ezeiza porque no tiene combustible; Solo por eso, si hubiera contado con el combustible necesario, ya no estaría aquí, donde aterrizó todas las veces que quiso 

Hubiera sido mejor que no fuera presidente de la Celac. Esta es una organización de países latinoamericanos y caribeños que carece de cualquier influencia en la política internacional. Pero Alberto Fernández se escudó en la condición de titular de esa cáscara vacía para vapulear a los Estados Unidos en nombre de Cuba y Venezuela.

Las incoherencias en la dirigencia gobernante explican un absurdo: la Argentina gasta miles de millones de dólares para importar gas licuado cuando tiene la segunda reserva mundial de gas no convencional en Vaca Muerta 

El Presidente le entregó a su vicepresidenta la cabeza de Matías Kulfas, uno de los pocos ministros albertistas que quedaban 

A pesar de no haber retomado el contacto con ella, el Presidente asume posiciones históricas de su vice; la manipulación judicial y los vaivenes de la política internacional 

La Corte Suprema de Justicia podría dictar sentencia en tiempos inminentes sobre las presentaciones que hizo la vicepresidenta para salvarse de los juicios en marcha por presuntos hechos de corrupción durante su gestión presidencial 

La salida de Roberto Feletti resalta que lo importante es la lucha contra la inflación, el máximo desafío del Presidente; sigue la manipulación de la Justicia 

Fue el ruido de un estrépito en medio del silencio. Algo parecido a eso sucedió cuando se conoció la encuesta de Poliarquía (y después la medición de aprobación del Gobierno de la Universidad Di Tella), según la cual el Gobierno tiene índices de aceptación muy bajos, dramáticamente bajos, y se derrumbaron los niveles de aprobación de toda la nomenklatura gobernante. La Argentina es un país habitado por una sociedad disconforme, cargada de malestares y privada también de una noción del destino.

Hay algo seguro sobre Mauricio Macri: es el principal adversario elegido por el Gobierno, que sigue con entusiasmo el caso del Correo Argentino 

La arrogancia, la mitomanía y una dosis no menor de maldad de Cristina Kirchner han llevado al país a la crisis institucional más profunda desde 1983 

Hubo un momento en que cambió el ecosistema y comenzó la extinción de los dinosaurios. Su existencia había concluido. Algo parecido sucederá en el primer minuto hábil de mañana, cuando automáticamente el presidente de la Corte Suprema, Horacio Rosatti, se convertirá en titular del Consejo de la Magistratura.

Ni el malhumor social que coloca a la paz social en el peligroso territorio de la duda preocupa tanto a Cristina Kirchner como el Consejo de la Magistratura 

La vicepresidenta pasó a militar en una abierta oposición a Alberto Fernández y fogonea la crisis entre sus seguidores y el jefe del Estado 

Ni la inflación ni la inseguridad son temas prioritarios para Cristina Kirchner: sí el organismo que elige y controla a los magistrados 

Cristina Kirchner quiere llenar los tribunales de jueces militantes en 12 días 

Es el comienzo de una caza de brujas, de una expedición para encontrar algunos dólares y caer sobre algunos opositores o críticos 

“¿Vieron? No soy un títere”. Esa fue la primera frase que disparó Alberto Fernández luego de que el directorio del Fondo Monetario aprobara definitivamente, no sin varios reparos, el acuerdo con el gobierno argentino. La tragedia de un primer default del país con ese organismo multilateral se había alejado, en efecto, pero había provocado, al mismo tiempo, los actos y los gestos más rupturistas (¿y definitivos?) de la vicepresidenta contra el propio Presidente.

Cristina Kirchner ya no ve sentido en buscar una tregua con Alberto Fernández, cuya fragilidad política aumenta al ritmo de las carencias económicas 

Si la guerra es la derrota de la verdad, la guerra de Alberto Fernández anuncia la victoria de la inflación. Si el oportunismo es el fracaso de la política, el de Cristina Kirchner es el presagio de la autodestrucción.

El Gobierno protagonizó una sucesión de desatinos justo en los días en que el Senado debe darle sanción definitiva al acuerdo con el Fondo

Al viejo desamor hacia Alberto Fernández, la vicepresidenta le agregó ahora la decepción política frente a un mandatario que considera inepto, incapaz de conducir con cierto grado de eficiencia la administración nacional 

La oposición busca formas de evitar que se llegue al default, pero el principal problema del Gobierno está en sus propias filas; el temor a que crezca el malestar social 

El acuerdo no es más que una serie de moderadas exigencias para tender un puente hacia 2023, cuando todos suponen, incluidos el oficialismo y el propio Fondo, que gobernarán los que ahora están en la oposición 

La prioridad de Alberto Fernández no es el país ni el gobierno, sino agradar siempre a su vecina de al lado 

En el lugar equivocado, en el momento inoportuno. Ahí estuvo Alberto Fernández cuando hace poco más de veinte días se le ocurrió pasar por Moscú y abrazarse con quien ahora se convirtió en un criminal de guerra. El extraño encanto del kirchnerismo por los hombres fuertes y por el estilo de los matones.

Alberto Fernández, tal vez para no quedar mal con su socia, la vicepresidenta, está quedando aislado no solo de los Estados Unidos, sino también de Europa y de los países más importantes de América Latina 

Un rumor confundió todo. La habladuría circuló entre dirigentes de La Cámpora y aseguraba que el Gobierno estaba haciendo pactos secretos con el Fondo Monetario. Se comprometía, aseguraban, a tomar decisiones “impopulares”, que los discípulos de Cristina Kirchner no estaban dispuestos a avalar. La versión se publicó en medios que acceden al parloteo de los camporistas.

El ala albertista del Gobierno tenía razón cuando decía que lo mejor que podía hacer Cristina Kirchner para colaborar con el entendimiento con el Fondo Monetario era callarse 

Nadie sabe si el Gobierno logrará recomponer las relaciones con la administración de Joe Biden en el escaso tiempo (apenas poco más de un mes) que queda para que el país zafe de un default histórico con los organismos multilaterales 

Esa dualidad del cristinismo entre ser oficialistas y opositores, encontró en Alberto Fernández a un político capaz de caminar en direcciones distintas en el mismo momento 

El Presidente quebró un principio básico de las relaciones internacionales: los jefes de Estado no hablan mal de terceros países cuando viajan al exterior; mucho más si ese tercer país acaba de auxiliarlo 

El trámite de los últimos días demostró la nula influencia de la palabra de la vicepresidenta en los organismos multilaterales y en el gobierno de Washington 

Un programa con el Fondo podría significar, a la larga, la derrota del Gobierno en las elecciones presidenciales dentro de dos años; la opción, una ruptura sin programa, sería mucho peor 

Alberto Fernández mandó a Santiago Cafiero a una crucial misión de acercamiento con Washington, pero Cristina Kirchner le abortó la operación en el mismo momento en que se realizaba 

¿Quiere la vicepresidenta un pacto con el FMI o prefiere la ruptura para quedar bien con la tertulia de su café literario? 

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