Carlos Pagni

Normalmente los barriletes tienen un diseño defectuoso. Es muy difícil encontrar, salvo que sea uno fabricado industrialmente, un barrilete perfecto hecho por un chico. Por eso, para que pueda remontar vuelo y no venirse abajo se le pone una cola, que lo estabiliza. Evita que haga movimientos azarosos. Si imagináramos que Alberto Fernández es un barrilete, pareciera que necesita, para tener un rumbo, una cola, algo que lo estabilice desde atrás. En la vida real se llama Cristina Kirchner. 

La designación de colaboradores se ha convertido en una pesadilla para el Presidente; hay funcionarios de primera y de segunda, como en el vacunatorio; los dilemas de Guzmán y el futuro de la economía

Hay un estado de perplejidad en la sociedad, en la política. Sobre todo, en aquellos que tienen que analizar el fenómeno del poder, así como también en muchas personas, dirigentes, funcionarios que rodean a Alberto Fernández y se identifican con él. Existe una perplejidad respecto de comportamientos atípicos, en términos políticos, por parte del Presidente. 

En una clase del 2 febrero de 1983, el célebre pensador francés Miguel Foucault analizó la obra "Orestes", de Eurípides, y detectó allí la aparición de Cleofonte: el primer demagogo. Según Foucault, el problema central del demagogo es su relación con la verdad: "No puede formular un argumento racional ni puede decir la verdad. Puede entusiasmar, puede persuadir, puede imponer. Y se vale de procedimientos especiales: el halago, la retórica y la emoción. Eso lo lleva al desastre". La descripción de Foucault sobre la relación del demagogo con la palabra se va ajustando cada vez más a la relación de Alberto Fernández con la retórica. 

En una clase del 2 febrero de 1983, el célebre pensador francés Miguel Foucault analizó la obra "Orestes", de Eurípides, y detectó allí la aparición de Cleofonte: el primer demagogo. Según Foucault, el problema central del demagogo es su relación con la verdad: "No puede formular un argumento racional ni puede decir la verdad. Puede entusiasmar, puede persuadir, puede imponer. Y se vale de procedimientos especiales: el halago, la retórica y la emoción. Eso lo lleva al desastre". La descripción de Foucault sobre la relación del demagogo con la palabra se va ajustando cada vez más a la relación de Alberto Fernández con la retórica. 

Si alguien quisiera identificar los trazos de la disparatada geometría económica en la que está ingresando la Argentina debería detenerse en las decisiones que el kirchnerismo está tomando en YPF. Allí podrá encontrar a un Gobierno que maltrata a los inversores. Precios modelados según imperativos electorales.

Los derechos por la televisación, que son la joya del negocio deportivo, desataron una ácida disputa dentro de la AFA

El Covid-19 se relanzó con más destreza que Alberto Fernández. La mejora en los precios de las materias primas y la aceleración en el proceso de generación de vacunas entusiasmaron al kirchnerismo con un florecimiento económico y, por lo tanto, electoral. Pero la dinámica de la pandemia está modificando el horizonte. El recrudecimiento de los contagios hace su trabajo sobre dos superficies diezmadas. El aparato productivo y el sistema de salud.

Cristina Kirchner inauguró el año electoral. No sólo porque en su discurso de La Plata expuso los argumentos que el oficialismo llevará a la campaña. En los últimos días impulsó medidas económicas que terminaron de correr el velo que disimulaba la orientación del Gobierno.

Alberto Fernández suele decir, citando a Axel Kicillof, que el capitalismo demostró ser tan frágil que casi fue arrasado por un bichito tan pequeño que ni siquiera se ve. Por eso él se compromete a cambiar ese sistema.

El común de la sociedad está pensando seguramente en las fiestas, en lo que significó este año difícil y en el próximo, que se aventura también muy complicado. Probablemente, también esté preocupado por el rebrote del Covid-19 y por el debate, bastante difícil de seguir, muy accidentado, de las vacunas. 

La escena que, como había que temer, iba a llegar, llegó. E inauguró una gigantesca incógnita sobre la vida nacional. Martín Guzmán frente a Cristina Kirchner. Entre los dos, la cuestión más espinosa: el aumento de tarifas. El ministro propone un 40%. La vicepresidenta le contesta: "Si vos estás ahí sentado, es porque yo gano elecciones.

En la Argentina hay una fractura ideológica y política. A este problema está referido todo el panorama político, institucional e, inclusive, económico de los últimos días. La pregunta es qué consistencia tiene esta fractura. 

El año de la peste amenaza con despedirse en medio de un escándalo institucional. El paso más largo que dio este año el kirchnerismo en su intento de colonizar el Poder Judicial fue revisar los traslados de los jueces Leopoldo Bruglia, Pablo Bertuzzi y Germán Castelli. Los tres recurrieron a la Corte Suprema, que no objetó el modo en que estaban designados.

En la Argentina hay desde hace tiempo, y ahora se ha profundizado, un debate ideológico. No es un debate sobre distintas opiniones dentro de un consenso básico sobre reglas de juego y sobre una definición compartida de democracia. No. Lo que hay es una ruptura respecto de la definición de democracia. Y eso se ha acelerado en los últimos días con el ataque de Cristina Kirchner a la Corte Suprema de Justicia. 

La esencia del sistema republicano radica en la necesidad de limitar al poder. La sociedad se protege de la posibilidad de ser avasallada por la política a través de dos dispositivos principales. La independencia judicial y la libertad de prensa.

El conflicto entre los peronistas y Horacio Rodríguez Larreta funciona como un visor a través del cual se pueden advertir todas las dimensiones del drama oficialista. Allí se expone una forma de hacer política cuyo gurú fue Néstor Kirchner.

Carlos Gardel murió el 24 de junio de 1935. En ese momento, la Argentina estaba envuelta en un gran escándalo y una gran pelea política, que venía desde hacía un año alrededor del pacto Roca-Runciman, que se había firmado entre el país y el Reino Unido para garantizar el comercio de carnes, que se había cerrado después de la crisis del 30'. 

"La verdad, no me importa lo que Maradona hizo con su vida. Me importa lo que hizo con la mía". Así contestó el Negro Roberto Fontanarrosa cuando le pidieron un juicio sobre la peripecia de Diego Maradona.

Hay un concepto, una categoría, que a los políticos les desagrada. No les gusta que se les aplique. Es el concepto de clase política. Es decir, la idea de que existe un grupo de gente que representa a otra, pero que, más que regirse por los intereses de los representados, tiene conductas de clase, incentivadas por la propia profesión. Por eso, ante circunstancias similares reaccionan de la misma manera, defendiéndose como grupo, inclusive en contra de la sociedad a la que representan. 

 

Alberto Fernández y su vicepresidenta podrían percibir que los vientos han rotado

Las elecciones del año que viene van a acelerar un debate abierto que todavía no fue liquidado sobre por qué Cambiemos, con la experiencia liderada por Mauricio Macri, fracasó en el campo de la economía. Hay una corriente que dice: "Todo sucedió porque no hicimos el ajuste al comienzo, como correspondía. El error fue el gradualismo". Pero esa misma gente, cuando se les pregunta ¿después qué pasó?, contesta: "Hicimos el ajuste y perdimos las elecciones". En esa contradicción, que es una incoherencia, está atrapado no solamente Juntos por el Cambio sino también la Argentina. 

El 27 de octubre del año pasado, durante la celebración de la victoria electoral, caminando por el escenario vedado para los gobernadores, Cristina Kirchner dio la espalda al público y, mirando al matrimonio Massa, recordó que "el neoliberalismo pudo regresar a la Argentina por culpa de los que habían dividido al movimiento".

La cadena se corta siempre por el eslabón más inseguro y, esta coalición que gobierna la Argentina empieza a mostrar una fisura importante. Apenas uno se aproxima al mapa de poder ve ahí la falla, que tiene que ver con la situación de la Justicia y los trámites judiciales que afectan a la vicepresidenta Cristina Kirchner.

 

Elena Highton, Horacio Rosatti, Ricardo Lorenzetti y Juan Carlos Maqueda, lograron con sus votos sobre los traslados de los jueces Leopoldo Bruglia y Pablo Bertuzzi, lo que se creía imposible. Que nadie quede conforme con lo que dictaminaron. Es muy probable que ni ellos mismos.

Hay quienes creen al lado de Alberto Fernández, no sabemos si él está convencido de esto, que la carta de Cristina Kirchner fue un disparador de ese momento, en el cual él tiene que decidir cuál es su relación como líder con el poder y, en consecuencia, su relación con la gestión. 

Alberto Fernández prometió amoldar su gobierno a las exigencias de la coalición que lo puso en el poder

 

Tiene mucha significación la carta de Cristina Kirchner. Será el hecho político de los próximos días por muchas razones. Un día antes del aniversario en el cual se preveía que iba a aparecer de nuevo con Alberto Fernández. Algo que preveía sobre todo Alberto Fernández. Venía buscando esa foto. La buscó también el 17 de octubre y no la encontró. 

"Los mercados deben entender que el que maneja la economía es el Gobierno". Cuando Máximo Kirchner formuló esa advertencia, el dólar paralelo cotizaba a 178 pesos. Ayer llegó a 183. Entre ambos precios pasaron solo tres días hábiles. La brecha con el oficial llegó a 130%.

Alberto Fernández se cansó de invitar a Cristina y ella no fue, pero tampoco mandó ni siquiera un mensaje. La idea del festejo nació de Héctor Daer, un gran aliado de Fernández y del gobernador de Tucumán, Juan Manzur. El sindicalista es quien le prestó su estructura de Sanidad al partido de Fernández para que se nacionalice.

 

Desde que llegó a la Casa Rosada, Alberto Fernández adaptó su conducta a una premisa superior: mantener unida a la coalición que ganó las elecciones. Fue tan respetuoso de ese mandamiento que, por momentos, menoscabó la calidad de su gestión con tal de no provocar discordias en el Frente de Todos.

Hay una expresión en inglés que se utiliza en muchísimos campos, pero sobre todo en el periodismo, que es off the record. Se refiere a la expresión de distintas fuentes que se manifiestan a través de los medios y que los periodistas registramos sin atribución de identidad, escondidas detrás del anonimato. Sobre todo, en la prensa escrita, uno muchas veces se encuentra con cosas que se dicen, opiniones, datos y hechos que se manifiestan de esta forma.

 

La semana pasada hubo un enorme revuelo tragicómico por la escena erótica entre el diputado Juan Emilio Ameri y su pareja, en plena sesión virtual de la Cámara. Suscitó todo tipo de bromas, ironías y sarcasmos sobre ese percance que tuvo el legislador salteño.

 

En las facultades de Derecho circula un sarcasmo muy antiguo: "El buen abogado, conoce la ley; el gran abogado, conoce al juez". Esta broma rige al pie de la letra en muchos tribunales del país.

Cuando Napoleón invadió Egipto hubo una crónica muy interesante que les llamó la atención a muchos historiadores occidentales.

 

Alberto Fernández se ufana, desde que acordó con los acreedores externos, de estar sacando al país del laberinto. Sin embargo, con los controles económicos que se anunciaron anteanoche, está demostrando que sigue internándose en un atolladero.

Debajo de todo lo que estamos viendo tanto en la política como en la economía, con una escena que por momentos se altera mucho y adquiere una velocidad vertiginosa, existe una tensión que obedece a dos vectores: uno territorial y otro económico, que explican el funcionamiento y el significado del kirchnerismo en la política argentina.

 

Una de las características habituales de la vida colectiva en el país es que las dificultades estructurales recién son percibidas cuando producen un colapso. La grave situación de la policía bonaerense es un ejemplo de esa imprevisión.

La Argentina está en una crisis económica extrañísima, cuyo fondo todavía no vemos.

Cristina Kirchner ofreció una nueva demostración de que su control del oficialismo es inapelable. Cuando Sergio Massa había alcanzado un acuerdo con la oposición para las sesiones de la Cámara de Diputados, una intervención de Máximo Kirchner rompió el puente.

 

Existe un debate antiguo respecto de dónde está la clave de un éxito histórico. Del suceso o del fracaso de una experiencia en la política. ¿Es el papel de los líderes? ¿Son los sujetos individuales los que mueven la historia?

Cristina Kirchner ha comenzado a desplegar su liderazgo a través de una auditoría obsesiva de las decisiones administrativas de Alberto Fernández. Ese control se ejecuta a través de prohibiciones que dinamitan los acuerdos alcanzados por el Gobierno en los más diversos campos de la vida pública. Es un regreso a la consigna "vamos por todo".

 

A pesar de la extraordinaria difusión del acuerdo de la Universidad de Oxford y el laboratorio británico-sueco AstraZeneca con un laboratorio argentino y otro mexicano para la producción de una vacuna contra el Covid-19, los detalles de esa operación presentan más incógnitas que certezas.

 

El sociólogo catalán Manuel Castells habla de Wiki-Revolutions. ¿Qué quiere decir eso? Se refiere a movilizaciones con un contenido múltiple, que engloban enojos que se originan en motivos muy diversos. Manifestaciones públicas como las que hubo ayer en muchas ciudades del país, eminentemente en Buenos Aires, donde quienes protestaron tienen muchísimos reclamos.

Desde hace muchos años, la Justicia en el país está politizada. El avance de la corrupción agrega otro problema: la política se ha judicializado. Estas distorsiones consiguieron lo que parecía imposible: que el frío ajedrez de los procedimientos adquiera una inusual vibración emocional.

Vamos a plantearnos dos preguntas, en alguna medida retóricas porque es muy difícil encontrarles una respuesta. En realidad, es un ejercicio para advertir dos contradicciones que hay hoy en la vida pública de la Argentina, que tiene el Gobierno.

Existe un consenso generalizado acerca de que, con el acuerdo con los acreedores internacionales, el Gobierno despejó un problema importante. Si el país hubiera seguido en default, la situación financiera de muchas provincias y empresas privadas se habría agravado mucho.

 

Anoche estuvieron reunidos Alberto Fernández, el ministro de Economía, Martín Guzmán, y todo su equipo en Olivos. La versión que surge de ahí es que ya está arreglado el problema de la deuda, en lo que tiene que ver con acreedores con jurisdicción en Nueva York.

Era muy previsible que Cristina Kirchner ejercería una gran influencia en las iniciativas institucionales de la presidencia de Alberto Fernández. Sobre todo, las del campo judicial, donde ella experimenta sus grandes pesadillas.

 

El kirchnerismo tiene una concepción del poder y de la vida pública que suele identificarse como "populismo". Esa etiqueta está sometida a un enorme debate por el nivel de imprecisión que tiene. Pero sí podríamos decir que tiene una concepción "antiliberal".

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