Marcos Novaro

Lo más llamativo de las recientes intervenciones públicas de la vicepresidenta, tanto de su discurso en La Plata como de su descargo final en la causa Vialidad, es que desentonan con el esmero que siempre puso en transmitir un mensaje claro. La confusión refleja el declive de sus estrategias políticas y judiciales. 

El ministro no tiene el margen de Scaloni. No puede cambiar el equipo, ni menos la estrategia. Así que repite lo que más o menos funcionó y reza por que el tiempo pase. Encima, enfocado en el índice inflacionario, corre el riesgo de agravar la recesión. 

La vicepresidenta simula omnipotencia, aunque ya su poder no alcanza ni para suspender las PASO. Lo que sí mostró en el acto de La Plata fue a un peronismo alineado y alienado detrás suyo y de los argumentos más estrafalarios, para defender a muerte la provincia de Buenos Aires. Y volver loco al próximo gobierno. 

La ministra de Trabajo se desdijo y fue una pena, porque fue la única que sugirió algo razonable desde el gobierno sobre la suba de precios: que mejor confiemos en la Scaloneta. 

Massa y el kirchnerismo se abrazan y desesperan por evitar una derrota catastrófica. Adelantan un congelamiento que se va a quedar corto, por temor a un verano de protestas. En la impotencia, Cristina llama a la guerra contra todos, la Justicia, los empresarios y la oposición. 

La pretensión de los Kirchner y de Sergio Massa de manipular las reglas electorales para evitar una derrota catastrófica el año próximo y retener la provincia de Buenos Aires como sea chocó con dos oportunas resistencias de dos personajes no habituados a actuar responsablemente. 

La táctica del expresidente de abrir y cerrar al mismo tiempo la competencia interna llegó un punto de saturación. Horacio Rodríguez Larreta y Patricia Bullrich dieron un giro decisivo en sus estrategias. 

La política brasileña ofrece y seguirá ofreciendo interesantes lecciones sobre los problemas que enfrenta la Argentina, y también sobre las posibles soluciones que tenemos a la mano. La pregunta es si hay alguien dispuesto a aprender. 

Avanza el operativo ‘lavada de manos’ en el Frente de Todos. Aunque pareciera que el oficialismo se desangra, en verdad está mutando de piel: si logra que toda la culpa caiga en Alberto Fernández, el resto podría ser reelecto, y si cambia solo el presidente, se asegurará que el futuro gobierno sea inviable. 

El expresidente trata de promover una épica del resurgimiento a través del esfuerzo, que también fracasó. El Presidente respondió en el Coloquio de IDEA: somos “ejemplo de resiliencia”, así que no tendríamos que sufrir más “sangre, sudor y lágrimas”. Su experiencia lo desmiente. 

Van a ser 11 jugadores que mejor no poner a prueba en un partido difícil. Como el que se viene en el año largo que nos espera. 

Manes, Pichetto y hasta el Papa hablaron del papel de los dos máximos referentes de la polarización en la Argentina, a favor o en contra, según los casos, de dirimir esa disputa en una final de campeonato. ¿Es lo que hace falta, una elección que dirima de una buena vez “el país que queremos”?

La acumulación de malas noticias económicas y sociales empujó a la vice a tomar distancia del ministro. Además, reactivar el método con que ya se fumó la autoridad de Alberto: instalar la loca idea de que todos los problemas se resolverían por arte de magia si su gobierno le hiciera caso haciendo no se sabe muy bien qué. 

Si el expresidente vuelve al poder, coronará un notable renacimiento político, que hace babear a nuestros actuales gobernantes, entusiasmados con un improbable efecto contagio y absurdos paralelismos con la situación judicial de la vice.

El ahorro económico de no hacer las primarias sería de $56 mil millones. Pero lo que se quiere ahorrar el oficialismo es en verdad una competencia atractiva para los votantes entre líderes opositores, y más todavía la posibilidad de que todos sus votos se unan contra la reelección de Kicillof. 

Dice jugar en otra liga, así que si es candidata, no va a ser por interés. Insiste en invalidar lo que digan de ella los tribunales y en alimentar la desconfianza en que podamos preservar la convivencia pacífica. Sigue el programa fijado por Mayans, pero con un giro místico. 

Ante la sostenida suba de precios, el ministro se limita a prometer que el año próximo, por arte de magia, se va a reducir a la mitad. ¿La inflación va a afectar las chances electorales del oficialismo a nivel nacional o también en las provincias? 

El oficialismo apela a la devoción cuando llama a rodear a “la jefa” detrás del lema “el pueblo cuida a Cristina, Cristina cuida al pueblo”, pero la sociedad argentina no está sumida por el odio, ni por el amor, sino por el escepticismo. 

El oficialismo apela a la devoción cuando llama a rodear a “la jefa” detrás del lema “el pueblo cuida a Cristina, Cristina cuida al pueblo”, pero la sociedad argentina no está sumida por el odio, ni por el amor, sino por el escepticismo. 

Ella se victimiza y polariza, con la ayuda de Mayans y Donda, para acallar a la Justicia y la oposición. El otro, a un metro de distancia, ajusta las cuentas y en silencio toma deuda a cuatro manos. ¿Es esquizofrenia o estrategia? 

El intento de asesinato contra Cristina Kirchner es, para el oficialismo, la prueba que faltaba de que sus enemigos “siembran odio”, así que el Gobierno y sus seguidores reaccionan con un odio justificado, que se tienen merecido. Pero no va a funcionar. 

Los opositores no saben bien cómo responder a la pretensión kirchnerista de convertir el barrio de la vicepresidenta en campo de batalla para dirimir su control del presente y futuro del país. Una disputa que no se va a resolver en Recoleta. 

La facción gobernante decidió levantarse contra un poder constitucional, como hiciera Aldo Rico tres décadas atrás. Pero disfraza sus actos como una defensa de la democracia, ensuciando otra vez la memoria del primer presidente constitucional. 

La vicepresidenta parece querer mostrar que, si avanzan las acusaciones en su contra, la gobernabilidad y hasta la paz social estarán en riesgo. Pero sus amenazas carecen de la eficacia de otros tiempos. Y ni a ella misma le conviene agitarlas demasiado. 

El expresidente de EEUU y Cristina Kirchner usan las mismas tácticas contra la Justicia que los investiga. Y también los mismos argumentos para victimizarse, como mostró esta semana la titular de Madres de Plaza de Mayo: denunció la “proscripción” de su jefa, igual que los trumpistas. 

Una nueva ola de arrepentidos despunta en el horizonte, ahora que el predominio político del kirchnerismo está por extinguirse. No es fruto de ninguna conspiración, ni de sobornos como los que denuncia Milagro Sala, sino del relajamiento del miedo. 

El ministro bonaerense es, ante todo, alguien que ama a la vicepresidenta como solo se puede amar a una madre. No es el único que se guía en la vida política con los parámetros de un infante obnubilado, pero es el más explícito en aclarar lo que valen entonces la democracia y el pluralismo. 

El “salvavidas” ya empezó a hacer agua: tardó una semana en asumir y apenas cinco días más en dejar a la vista que el aval de Cristina es acotado, que ni el plan ni el equipo prometidos existían y que lo único seguro de sus medidas es aumentar la deuda. 

En verdad hace tiempo que estamos bastante peor que entonces, y la crisis es mucho más complicada, por lo que será más difícil dejarla atrás. 

Todo se complica para la nueva ministra a la hora de pasar de las palabras a los hechos. No consigue siquiera gestos formales de apoyo de Cristina Kirchner ni de los gobernadores. Los pronósticos para los próximos meses siguen empeorando. 

Con puros cuatros en la mano, el Presidente saca pecho y anuncia que dará batalla a los especuladores y sus demás enemigos, reales o imaginarios. No ignora que es el último fusible que queda: si Silvina Batakis no funciona, ¿Cristina Kirchner irá por su cabeza? 

El presidente y la vice acordaron descargar culpas en Guzmán, quien se las hizo fácil con su irresponsable fuga por sorpresa. Si Batakis fracasa, habrá solo dos opciones: rearmar por completo el gabinete, o que la señora agarre personalmente la lapicera. 

La nueva ministra puede aprender de las frustradas ilusiones de Alberto, Cristina, Massa y Guzmán para actuar con algo más de realismo. O puede agregar al aquelarre sus propias ilusiones voluntaristas y distribucionistas para naufragar en poco tiempo. 

Pretende corregir su “error de 2019″ con errores peores: liquidando a Guzmán y vaciando el poder de Alberto Fernández se volvió más responsable de lo que suceda. Su ya inevitable candidatura para 2023 nace atrapada en el microclima de sus fanáticos, consumiendo las ilusiones que vende. 

El Presidente ofreció al G7 alimentos y energía que sus políticas nos impiden producir.

El declive de la autoridad presidencial, la cercanía de las elecciones y sobre todo el hecho de que nadie más puede hacerlo, obligan a la Vicepresidenta a tratar de ordenar el despiole en que está sumido el peronismo. Cómo lo hará, es un misterio. 

Según la vicepresidenta, hay inflación no por la emisión, ni el déficit, ni la falta de confianza: es culpa de los empresarios, de Macri y de los albertistas que no los enfrentan. La solución sería cerrar del todo la economía y pesificar a la fuerza. 

Aun aceptando que el vuelo haya sido solo una exploración del terreno, o una misión de cobertura comercial de sus actividades clandestinas, Mahan Air y Emtrasur no podían ignorar que le generaban un serio problema a sus amigos argentinos. 

Aun aceptando que el vuelo haya sido solo una exploración del terreno, o una misión de cobertura comercial de sus actividades clandestinas, Mahan Air y Emtrasur no podían ignorar que le generaban un serio problema a sus amigos argentinos. 

La llegada del exmotonauta al gabinete resuelve la crisis desatada por Kulfas en una suerte de empate con Cristina Kirchner. Pero de ahí a que pueda “sumarle volumen político” y darle impulso a una candidatura, hay un largo trecho. 

Hay un argumento clasista detrás de algunas de las objeciones oficiales al sistema de votación que impulsa la oposición: que los electores de las clases bajas no van a entender el cambio de sistema. Tal vez porque los subestiman y no confían en la capacidad estatal de instruir a los ciudadanos. 

Los pocos cambios en altos cargos en la era Alberto Fernández han sido para peor, y en ocasiones dieron lugar a tristes muestras de deslealtad. El presidente no elige bien a sus colaboradores. Y tampoco sabe echarlos. 

El reencuentro en ocasión de los 100 años de YPF sirvió para que acomodaran sus discursos y agendas. Así que tanto en materia de energía como del manejo de la Justicia, van a insistir en la mentira y el error. A Kulfas se olvidaron de avisarle. 

El descrédito de los partidos tradicionales favoreció allí tanto a la “nueva izquierda” como a un líder antipolítico que parece ser la verdadera novedad de la política latinoamericana de la pospandemia.

La renuncia de Feletti deja al ministro de Economía como único responsable de frenar los precios, que hasta Alberto pronostica que van a seguir subiendo. Más que un superministro, se vuelve un fusible a punto de saltar. Ni los próceres en los nuevos billetes querrán ir en su ayuda. 

Un descontrol total de la economía, dicen los expertos, es todavía improbable. Pero como nuestros partidos carecen de líderes que los unifiquen y orienten, la incertidumbre política agrava la incertidumbre económica. 

El creciente malhumor social está debilitando a los moderados del oficialismo y la oposición. Quienes buscan representar a los extremos se benefician. Pero se vuelve más difícil formar una mayoría sólida para fijar y sostener un rumbo. 

Tanto en el oficialismo como en la principal oposición, los mecanismos que venían permitiéndoles funcionar están trabados por un internismo que solo se resolverá en las Primarias. Queda tener paciencia, y rezar para que los conflictos no estallen. 

El presidente y Guzmán han adoptado un diagnóstico más sensato de la situación económica. Algo tarde y combinado con una expectativa política fantasiosa: que si resisten las presiones “todo va a mejorar”. Cristina tiene la idea contraria. 

Adquirió un protagonismo descollante, decidida a barrer o al menos anular a Alberto Fernández. Pero es difícil decir si actúa movida solo por la bronca o con un plan para retener el poder en 2023. Y cómo sería ese plan. 

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