Eduardo van der Kooy

El fin del dólar soja, la inflación que no cede y los reclamos salariales le marcan la agenda al ministro de Economía. La cancha se la marcan Cristina Kirchner y Máximo, sus principales sostenes. 

¿Era necesaria la advertencia pública de la vice a Massa por la suba en los alimentos? ¿No tienen un diálogo fluido y frecuente? Son los primeros enigmas de otro ciclo en el Gobierno. Que persiste con la mala gestión y desatiende conflictos graves. 

La polarización se profundizó. El escepticismo social es grande. El Gobierno intenta capitalizar la coyuntura para esconder el ajuste económico. La investigación tropieza con escollos y la sombra de grupos de inteligencia. 

La seguridad genera una divisoria de aguas entre Gobierno y oposición, y entre los K. 

El repudio al ataque contra Cristina fue unánime. Con marchas masivas. Pero el Gobierno se mostró sectario. Tratando de capitalizar para sí el episodio. La vice tiene una centralidad hegemónica. Se repuso el discurso público K contra los enemigos de siempre. 

El Cuervo Larroque calificó a la casa de la Vice y en lo endiosó a Sergio Massa. La vereda de Juan Grabois, los números que miran los gobernadores y la pelea en Juntos por el Cambio. 

Arrea al peronismo en su embate contra fiscales y jueces. Su acción estimula las amenazas. Agita el clima político. Pero complica la estrategia de su defensa. Alberto tampoco ayuda con sus graves errores. 

El extraño énfasis para poner en pie de igualdad a empresarios y dirigentes macristas. Los chispazos con su propia defensa y la fábula de compararse con Lula y asumirse proscripta. 

El nuevo ministro trata de hacer control de daño. Cristina sigue muda. Y asustada. Alberto casi ajeno. Kicillof fiscaliza al nuevo ministro y organiza resistencias. 

La buena relación de Máximo Kirchner con Sergio Massa le da un poco de aire al ministro de Economía. La pelea de la calle con los movimientos sociales y el duro ataque contra quienes juzgan a Cristina. 

La vicepresidenta tiene como principal objetivo político retrasar el fallo en el juicio en su contra. El ministro de Economía intenta, con poco, sostener al Gobierno. Y la oposición sufre la intifada Carrió. 

El Central pierde reservas y la única apuesta por ahora es el ahorro en subsidios a la energía. El traspié Rubinstein deja mal parado al nuevo ministro. Y Cristina le sigue marcando la cancha. 

El ministro ya enfrenta resistencias en la coalición oficial. El aumento de tarifas divide opiniones en el kirchnerismo. La idea de un ajuste amplio también. 

Su ascenso estelar de Sergio Massa debilita al máximo la figura de Alberto Fernández. La obsesión del nuevo ministro por el 2023 y el papel que juega Máximo Kirchner. 

Su designación como superministro reformula el poder en el Gobierno. Cristina no pierde espacio. Alberto se debilita. Y nada asegura que la crisis de fondo haya sido superada. 

Del parche Batakis al superministro. Alberto más solo y Cristina aferrada a áreas claves. La pelea indisimulable suma un nuevo actor protagónico. 

La ministra de Economía llevó a Washington un aval que la vicepresidenta nunca hizo público. El Presidente sigue con las dudas: le pega al campo y concede el “dólar soja”. 

El Presidente va detrás de los hechos con su poder debilitado. Cristina sigue ausente. Batakis enfrenta resistencias internas por el ajuste que pretende. La mayoría del Gabinete, observa. Piqueteros lanzan provocaciones peligrosas. 

La vice ayudó con su palabra a demoler el poder presidencial. Una de las razones de la mega crisis. El miedo la indujo a un pacto. Ella se siente incómoda y se aísla. Varios de sus aliados castigan a Batakis. Resulta difícil reponer algo de confianza. 

La pelea del kirchnerismo contra las intenciones de recortar el déficit fiscal que anunció la ministra se mantiene. 

Las cumbres con Alberto y Massa no zanjaron diferencias de fondo. Pero el vértigo de la crisis forzó a la vicepresidenta a recalibrar sus pasos. 

Los desmanejos generados tras la renuncia de Martín Guzmán dejaron en evidencia la falta de rumbo. El demorado encuentro entre Alberto Fernández y Cristina Kirchner parece solo alcanzar para atravesar el segundo semestre y llegar a 2023. 

En medio de la guerra interna Guzmán renunció a Economía. Los últimos golpes fueron propinados por Cristina y Larroque. La vice congrega a gobernadores e intendentes. No le hace asco a nada: antes volvió Boudou y ahora De Vido. 

Los dos temas desnudan la ineficiencia del Gobierno. La ausencia de la familia Moyano y la parálisis de la CGT. La medida que reclamó Cristina y la reacción de los mercados. 

Apunta a debilitar la base política de Alberto F. Es una caja multimillonaria que perderían los movimientos sociales y pasaría a los gobernadores. Buenos Aires, bastión K, sería la más beneficiada. 

Al presidente de la Cámara de Diputados cada vez le cuesta más hacer equilibrio entre la bajada de línea de la vice y sus diferencias puntuales con el Presidente. El disgusto del Frente Renovador y la decepción por la llega de Scioli. 

La AFI recibió una notificación de la MOSAD sobre empresas aéreas iraníes que volarían en la región. El Gobierno estuvo ajeno y fue sorprendido por el escándalo de Emtrasur. Serias fallas de gestión y de acción política. 

El escándalo de la aeronave venezolana-iraní es un nuevo capítulo de la errática política exterior del Gobierno. Se suma a otros episodios vinculados a los K como la valija de Antonini Wilson o el incidente con Estados Unidos por el secuestro de material de un avión militar. 

Ni la oposición hizo como el propio oficialismo un diagnóstico tan negativo de la gestión del Gobierno. Afloró con el escándalo del gasoducto. Los camporistas denostaron a Kulfas. La organización sufre por la opacidad política de Máximo y denuncias de corrupción. 

Luego del conflictivo reencuentro entre el Presidente y Cristina Kirchner en el acto por los 100 años de la petrolera, la novedad sería el resquebrajamiento dentro del apodado albertismo. 

La coalición oficial se atomiza. El humor social no mejora. La gestión del Gobierno es muy deficitaria. 

Semejante desasosiego está carcomiendo el ánimo de Alberto Fernández. Se lo observa desencajado. 

El juicio por la obra pública se acerca a un momento clave: el pedido de penas que haga el fiscal. No es una instancia definitiva. Pero tendrá gran impacto político. Se repiten los embates de la política contra investigaciones de corrupción. 

La renuncia de Roberto Feletti implica que Cristina Kirchner descree del camino que ha tomado el ministro de Economía. 

El Presidente ensaya relanzamientos del Gobierno. Le sigue dando poder a Guzmán. Participó de un acto sindical que desnudó su debilidad. 

A cambio de un resarcimiento económico, Alberto Fernández está a un paso de ser sobreseído por la fiesta de cumpleaños de Fabiola Yáñez en Olivos en plena cuarentena. El interrogante sería hasta dónde continúa calando la rabia y la decepción en la sociedad. 

Alberto visitó España, Alemania y Francia. Pero su discurso dominante navegó la crisis con Cristina y el Frente de Todos. Dio un fuerte respaldo al ministro Guzmán, jaqueado por la inflación y el kirchnerismo. 

La ofensiva kirchnerista contra Alberto sigue creciendo. Hay un eje principal: la economía y el FMI. También, el Poder Judicial. El Presidente decidió aferrarse a Guzmán. Nadie sabe cómo se sostendrá esa unión. Ni cuánto durará. 

Escala la pelea entre Alberto Fernández y Cristina Kirchner. Mensajes fulminantes y un desenlace incierto. No estaría en el espíritu de la vicepresidenta forzar una situación que habilite la línea sucesoria. 

El ministro es su símbolo político de autonomía. Todas las voces críticas responden a Cristina, quien se ocupa de empujarlo hacia las sombras. 

El espejismo político posterior a las Pascuas duró una semana. Andrés Larroque fue el encargado de evidenciar las diferencias. Y habla, sin dudas, en nombre de la vicepresidenta y La Cámpora. 

La idea de la vicepresidenta es bloquear la Magistratura. Y dificultar la tarea de la Corte y de su titular, Horacio Rosatti. 

El más llamativo de los gestos fue la propuesta de normalizar las relaciones diplomáticas con Venezuela. El viaje de un Martín Guzmán fortalecido para reunirse con el FMI y el pleito con la Corte Suprema por el Consejo de la Magistratura. 

Alberto Fernández necesita darle consistencia política al Gobierno para intentar aplacar la crisis económico-social. De romper con el kirchnerismo a someterse a los deseos de Cristina. 

La avanzada de Martín Guzmán llegó luego de dos conversaciones con Alberto Fernández. El Presidente reagrupa a los funcionarios que lo defienden. 

La guerra interna en el Gobierno está en su apogeo. El kirchnerismo no cederá hasta que el Presidente cumpla condiciones. Cambiar el equipo y la política económica. ¿Alcanzará con eso? 

Las manifestaciones de las organizaciones de izquierda y piqueteros cuentan con cierta complacencia del kirchnerismo. 

Hubo reflejo en las movilizaciones piqueteras y en el sindicalismo. La inflación que se dispara es otro motivo de discordia. Crecen los síntomas del descontento social. En medio del juego asoma Massa. 

Comprueba que las cosas ya no son como antes de las elecciones de 2021. Y tras el retroceso dentro del Frente de Todos que implicó su revés en el Congreso por el acuerdo con el FMI, busca iniciar un “plan político de recuperación”. 

La Cámpora no digiere el acuerdo con el FMI. Cristina tampoco. Piden la cabeza de Guzmán para restablecer cierta armonía. El Presidente no piensa ceder. Se apoya en el amplio respaldo que recibió en el Congreso. 

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