Hablemos de Historia


Jorge Luis Borges sostenía que las tiranías fomentan la estupidez. Otro Borges, en otro tiempo y otro lugar, pensaba lo mismo. Esta es la historia de Juan Francisco Borges, personaje algo olvidado de nuestra historia, quien merece ser considerado el primer impulsor del federalismo, muerto en esta grieta que dividió a los argentinos en sus primeros años de existencia.

El 28 de julio de 1923 el periódico Neue Berliner anunciaba que un dólar norteamericano equivalía a un millón de marcos.

El año que se reunió el Congreso de Tucumán fue el más frío por décadas en el Viejo Continente debido a los efectos de las cenizas que arrojó el volcán Tambora en Indonesia. Mientras en Ginebra Mary Shelley imaginaba a uno de los monstruos emblemáticos de la literatura, la política de Buenos Aires se movía al ritmo de San Martín

Los americanos le temen a la desocupación. Los alemanes le temen a la inflación. Los argentinos no le tienen miedo a nada, no por temerarios sino por dementes en el sentido técnico de la palabra. Por tal razón y ante la crisis desatada, conviene repasar algunas bolillas de nuestro pasado económico.

La reina de Tolosa no merece el diluvio propuesto por su colega Luis XIV, lo de ella es, qué duda cabe, menos elegante, chabacano y perverso.

Estamos en vísperas de destrucción (We are on the eve of destruction), cantaba Bob Dylan allá por los sesenta cuando la amenaza de una guerra nuclear impregnada los helados vientos de la Guerra Fría.

En un nuevo aniversario de la muerte del general don Miguel de Güemes, y haciendo referencia a su imagen propuesta para los nuevos billetes de 200 pesos, viene al caso aclarar que el general jamás fue retratado en vida. A continuación, haremos un breve relato de la historia de su iconografía.

Ricardo Gamero sabía que quería ser ventrílocuo. Su padre le decía que se iba a morir de hambre con ese oficio, pero Ricardo insistió y a temprana edad se fue de su casa, trabajó en un circo y con los años se convirtió en un ventrílocuo de prestigio internacional.

Fue en la Guerra fría, cuando ya se había alzado la Cortina de Hierro.

 

Partamos de una base, Vladímir Putin no es tonto ni un improvisado. Un hombre que asciende de la forma que él lo ha hecho desde los más sórdidos rincones de la KGB, sorteando la crisis más colosal de la nación más grande del mundo, dentro de un esquema soviético donde la vida valía poco o nada, no puede ser un idiota.

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