Opinión

 

El domingo pasado, horas antes de abordar el avión que lo trasladaría, junto a la comitiva oficial, a la capital portuguesa -primer destino de la gira que por espacio de cinco días que comprenderá también Madrid, Roma y París-, Alberto Fernández asumió como presidente del Partido Justicialista en una ceremonia minimalista, sin bombos ni militancia ninguna, en la quinta de Olivos.

 

La aparición de los piqueteros en el paisaje político argentino vino de la mano de un gran cambio en nuestra sociedad: el fin del pleno empleo, disfrutado por décadas, y clave para el poder casi único en América Latina del que gozaron los sindicatos argentinos.

 


Si hay algo que está surgiendo al lado de los dos grandes temas que gobiernan la atención del país en estos días (la salud y la economía) es la enorme sensación de papelón que los argentinos sensatos están sintiendo por su propio país cuando las circunstancias lo exponen a nivel internacional.

 

Carlos Zannini es el alter ego, el monje negro de Cristina. Es el autor ideológico de las movidas más extremas y autoritarias del gobierno. Es el que diseñó el plan sistemático para la impunidad de Cristina y del Cártel de los Pingüinos y la venganza contra los jueces y periodistas que se atrevieron a denunciarla o investigarla.

 

 

Se repite el pedido de una nueva delegación legislativa, sin respetar los límites establecidos en el Art. 76 de la Constitución.

 

La Argentina 13 meses de emergencia pública y no tiene por delante un horizonte claro de retorno a la normalidad. En este contexto se hace imperioso agudizar la mirada y exigir que el Estado obre con transparencia, criterio, equidad, eficacia y rendición de cuentas. Las falsas antinomias, como “salud vs. economía” o “salud vs. educación” solo nos hacen perder valioso tiempo para gestionar la pandemia y disminuir sus múltiples efectos negativos.

 

 

Al equiparar hechos de distinta naturaleza, el Gobierno parece desconocer el legítimo derecho de defensa de un pueblo que es sometido permanentemente a ataques en su territorio

 

Hamas e Israel intercambian misiles. Israel es un Estado miembro de las Naciones Unidas y Hamas una organización terrorista. No obstante, hagamos el esfuerzo de suponer por un instante la ficción de que se trata de un conflicto interno de una región del mundo a la que no pertenecemos y en la que no tenemos un interés nacional argentino directamente en juego.

 

Vivimos un momento en que las grandes ideas políticas –que movieron a varias generaciones ilustres-, han sido reemplazadas por un rosario de desatinos puestos en marcha por sucesores de aquellas que intentan reactivar -por ahora sin éxito-, el ánimo de una sociedad fatigada, absorta y profundamente angustiada.

 

Sería injusto, y sobre todo inexacto, calificar al actual gobierno argentino de autocrático, pero al mismo tiempo sería ingenuo desconocer las tendencias autocráticas que anidan en su interior, tendencias que expresan sus máximos dirigentes.

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