Domingo, 07 Junio 2020 21:00

Los lobos K vuelven a aullar y amenazan con ataques feroces - Por Osvaldo Pepe

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Zaffaroni, uno de los jefes intelectuales de la manada, ya octogenario, comparó las tareas de la profesión periodística con las armas de la propaganda nazi.

 

Ahí andan, mordedores y con sed de venganza. Merodean en manada o como “lobos solitarios”, se los suele ver siempre al acecho de las comarcas vecinas que les resulten hostiles. Una cuestión de los instintos de la especie.

Es curiosa la semejanza con algunos “animales políticos”, dicho esto en sentido aristotélico: zoon politikón. El griego sabio decía que fuera la Polis, donde el ciudadano emprendía todas sus actividades como tal, sólo se podía ser dos cosas: bestia o Dios.

Desde la literatura infantil, las películas de terror o las legendarias fábulas con sus moralejas trascendentes, los lobos han sido simplemente bestias aristotélicas. No consiguen eludir su fama de perros salvajes. ¿Será por eso que tienen tan “mala prensa?” El de periodista es, justamente, un oficio en el que parecen haber sido adiestrados para morderlo y hostigarlo.

Hablando de mordeduras al periodismo, Eugenio Zaffaroni, uno de los jefes intelectuales de la manada, ya octogenario, comparó las tareas de la profesión con las armas de la propaganda nazi. Alguna vez, sacó patente del mejor de la tribu a través de sus difundidas teorías para proteger la inocencia de las ovejas, pero sin embargo lamió la mano de las dictaduras. Comió de su plato sin indigestarse. Fue juez bajo estatutos de los poderes de facto. Juró por encima de la Constitución varias veces: camarista y juez provincial, procurador en la provincia de San Luis, y también juez nacional. Mucho después, la jefa solía hostigar en cadena nacional al periodismo y a los periodistas. Llamó nazis a algunos, alimentó un linchamiento público de otros, instigó a los ejemplares más mordedores con la orden de atacar. Atacar siempre.

El jefecito menor, Amado y amado, supo comparar la tarea del periodismo con la de quienes limpiaban las cámaras de gas de los campos de exterminio nazi. Curiosa fijación del kirchnerismo con el nazismo. Uno de los más inaccesibles búnkers de Hitler se llamó Guarida del Lobo.

En su obra Diccionario de Símbolos, Juan Eduardo Cirlot, catalán, republicano en la tragedia de la España partida, poeta, músico, especialista en mitos, cuenta que en la mitología nórdica los lobos portan el mandato de un destino fatal: romper las cárceles en el crepúsculo de los dioses, como símbolos eternos del mal. Para compensar famas oscuras, tenemos a Luperca, la célebre Loba que según la mitología romana alimentó a Rómulo y Remo, los gemelos que fundarían Roma. No pudieron con el sino de la especie ni con su ADN salvaje. Terminaron matándose entre ellos. Destino trágico, el de los lobos. Ya desde Caperucita vagan como errantes almas en pena, en lucha contra sus peores instintos. Claro que también hay versiones transgresoras y picarescas de aquel relato infantil que traspasó generaciones. Parece ser que ni aquel lobo era tan feroz ni la Abuelita resultó ser tan inocente y buena.


Osvaldo Pepe

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