Sábado, 13 Junio 2020 21:00

Alberto Fernández y Vicentin: el riesgo de convertir una empresa competitiva en alimento para buitres - Por Silvia Mercado

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El Estado destrozó varias empresas estatales. ¿Se apresta ahora a hacerlo con una privada? El rol de Mario Cafiero y las cooperativas. Peronismo y kirchnerismo

 

En el Gobierno están tranquilos. Aseguran que es el FMI el que avaló la intervención y expropiación de Vicentin, para que la Corporación Financiera Internacional (IFC), que es el segundo acreedor de la compañía, se asegure el cobro. Al Banco Nación le debe 18.163 millones de pesos según el informe del director Claudio Lozano. A la CFI, con base en los Estados Unidos, 16.504 millones de pesos. Le sigue la Compañía de Financiamiento para Países en Desarrollo de Holanda (FMO, entidad similar a la IFC, con la que opera en conjunto en infinidad de operaciones financieras), la tercera acreedora, con 9.228,4 millones de pesos.

Por lo menos, es lo que desde el Instituto Patria le dijeron a varios empresarios con los que tienen contacto. Que el IFC, parte del sistema del Grupo Banco Mundial, una entidad especializada en prestarle al sector privado de los países en desarrollo, y el FMO prefieren que sea el Estado argentino el que se haga cargo del pasivo, al que tienen asegurado por la dependencia que el Gobierno argentino tiene del FMI, un aliado crucial en la negociación con los bonistas privados.

No debe llamar la atención que el Banco Nación y las dos principales corporaciones de finanzas del mundo coincidan en su intención de cobrar el dinero que le prestaron a una empresa privada. Lo verdaderamente curioso es que compartan un mismo lobista, el FMI, y que coincidan en el método: quitarle capacidad a la iniciativa privada para respaldarse en un Estado que está quebrado.

¿Será que el FMI ya da por desahuciada a la Argentina para siempre? Es bien probable. Somos uno de los pocos países que parece que no le alcanzó con destruir sus empresas estatales competitivas que ahora necesita destrozar las de capital privado. Por lo menos esta, que indudablemente necesita un rescate que -a la argentina- seguramente terminará en hundimiento.

La pregunta que circula en el ámbito privado es sencilla: ¿por qué?

A Alberto Fernández no le resultó sencilla la respuesta. Pertenece a una generación peronista naturalmente amigable con el capital, se podría decir como lo era el propio Néstor Kirchner, aunque, la verdad, no usa su tiempo como el ex presidente para entender cómo hacen su negocio los empresarios. Tampoco es como Mauricio Macri, que pasaba horas tratando de ver cómo eliminaba trámites de la burocracia estatal para facilitar las inversiones que, igual, nunca llovieron como él esperaba.

El Presidente llegó con un mandato claro y es lo que cumple a rajatabla. Su tarea es mantener la unidad de la coalición en el poder, hacer equilibrio en estos tiempos demenciales para lograr que el peronismo salga bien parado del desafío y lograr lo único que importa hoy en el Frente de Todos: que las nuevas generaciones se preparen para heredar la próxima etapa, cuando heredarán un país más equilibrado en términos económicos y sociales, listo para despegar.

Su olfato no se equivoca nunca cuando maniobra a un lado y al otro, pone sorpresivamente primera y acelera a fondo. Nadie conoce como él los bueyes con los que ara. Sabe perfectamente lo que pretende Cristina Fernández de Kirchner de su gestión y lo que espera Omar Perotti, del otro, por dar un ejemplo de un peronismo distinto al que pretende la Vicepresidenta.

Con un realismo absoluto, mueve un hilo y el otro cuando la propia interna lo ahoga, sale a tomar un poco de aire y sigue dando vueltas hasta que consigue margen en algún asunto que quería resolver, ejecuta y vuelve a entrar al barro, declarando algo por allá y otra cosa por acá, en un sin fin agotador que es, en definitiva, el ejercicio de su presidencia.

“No es fácil seguirle el ritmo y de hecho no se lo sigue nadie. Me dicen que en la semana de Vicentin no avisó a nadie cómo venía la mano, ni a los que sentó en la conferencia de prensa. Y que se lo veía muy nervioso. Parece que estuvo todos los días así, no se acordaba ni del nombre de (Santiago) Cafiero, pensaba más rápido de lo que hablaba y estaba fatal, pero está contento con cómo resultaron las cosas, siente que le salió todo bien”, contó a Infobae un amigo que lo quiere bien.

Claro que no es lo que piensan en Santa Fe. La segunda provincia más productiva de la Argentina todavía no puede creer la manera displicente del Presidente para vincularse con un asunto que es tan sensible para la vida cotidiana de los santafesinos. Vicentin puede estar manejada en esta generación por empresarios inescrupulosos y con poca responsabilidad social, pero el entramado que tiene la compañía en toda la provincia, la red de vínculos comerciales, societarios, familiares y amicales tiende al infinito.

Empatizar con esa trama es comprender la vida de la pampa gringa, de hombres y mujeres que se levantan muy temprano cada día, inclusive los feriados, que no se toman vacaciones aunque sean ricos, que solo viajan por el mundo para ir a ferias agrícolas que les enseñan a producir más y mejor, que no pierden tiempo en discusiones que denominan “abstractas”, que cuando se enganchan con una revolución es para hablar de la revolución “forrajera”, un cambio tecnológico para la conservación de las cosechas, que incluyen los silos-bolsa tan odiados por la izquierda urbana.

Hay quienes creen que son enemigos de la patria a los que hay que hacer arrodillar. Algunos de los que piensan de este modo están en el Gobierno. Los asocian con la dictadura y la oligarquía que construyó los palacetes de la avenida Alvear, desconociendo que jamás formaron parte de la Sociedad Rural Argentina ni tienen nada que ver con la familia Martínez de Hoz.

Pero hay otro Cafiero en el Gobierno que puede dar otra versión de lo que podría hacerse en Vicentin. Se trata de Mario, un ingeniero industrial que preside el INAES y está convencido de que sin las cooperativas la compañía de Avellaneda será una verdadera cáscara vacía que más temprano que tarde terminarán con 90 años de impulso emprendedor.

Agricultores Federados Argentinos (AFA), Federación Cooperativas Federadas (FECOFE), Asociación Cooperativas Argentinas (ACA), en fin, empresas argentinas competitivas y solidarias, están dispuestas a participar y seguir generando valor en Vicentin y tienen a Cafiero como principal referente en el Gobierno.

¿Lo lograrán? ¿O Vicentin será alimento para buitres?

Silvia Mercado
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