Lunes, 28 Diciembre 2020 09:31

La ira de Máximo Kirchner y un escándalo de poder a todo o nada en el PJ - Por Santiago Fioriti

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Secretos del plan para que Kirchner presida el partido en la Provincia. Amenazas, fuego cruzado con los intendentes y especulaciones electorales. El rol de Alberto Fernández.

"¿Estás por ahí?", le preguntó por WhatsApp Eduardo "Wado" de Pedro a Fernando Gray. El intendente de Esteban Echeverría se la veía venir. Era el llamado que estaba esperando. El llamado que no quería recibir. 

 

"Mirá, estuvimos pensando...", arrancó el ministro del Interior cuando el alcalde le devolvió la llamada. Wado avanzó sin más preludios y sin precisar por qué hablaba en plural. No hacía falta. Cuando él habla, está hablando La Cámpora y está hablando Cristina, aunque en este caso puntual dicen que más que la voz de Cristina había que oír la de Máximo Kirchner.

Wado llamaba para plantearle que, aprovechando que Alberto Fernández asumirá en marzo la presidencia del PJ nacional, era momento de hacer un drástico giro en el funcionamiento del partido en la provincia de Buenos Aires. Se lo dijo con todas las letras: Máximo debía ser ungido como nuevo líder.

La iniciativa comenzó a tomar forma en secreto durante el último mes y medio. A Gray, sin embargo, no lo tomó de sorpresa. Un intruso se lo había adelantado al actual titular del PJ bonaerense, Gustavo Menéndez, el intendente de Merlo, con el que Gray se viene alternando la conducción, un mecanismo que selló la paz y la lista de unidad entre diferentes sectores del PJ cuando ambos asumieron, en 2017. Eran tiempos difíciles para el peronismo. Cambiemos venía de ganar las elecciones por segunda vez consecutiva y la principal derrotada en el distrito había sido Cristina.

A Menéndez y a Gray les tocó liderar cuando las encuestas colocaban a María Eugenia Vidal y a Macri como aspirantes cómodos a la reelección. Eso los lleva a pensar, a ellos y a quienes los apoyan, que les quieren arrebatar el sello con vistas al proceso electoral del año próximo como trampolín para las presidenciales. "Pusieron el cuerpo y ahora los quieren limpiar", sostiene un dirigente del peronismo clásico, que hace lobby para que los intendentes no camporistas resistan. Por aquel acuerdo de la alternancia, a Gray le tocará estar al frente en 2021. Tiene mandato hasta el 17 de diciembre. Wado instó a interrumpirlo.

No se puede. Hasta diciembre no se puede ‒respondió Gray durante aquella charla telefónica.

Bueno, pero Maxi tiene que ser el presidente ahora. Y tenemos consenso ‒insistió De Pedro. 

-Imposible.

-No es imposible. Si vos renunciás y el resto de los consejeros renuncian...

El peronismo tiene 47 consejeros en la provincia de Buenos Aires, 48 si se cuenta al presidente. Pero, además, existen 135 consejos de partidos locales a los que se les vence el período el mismo día. ¿La Cámpora pretende avanzar a la vez sobre esos consejos? En cualquier caso, no conlleva una resolución rápida ni sencilla. Se supone que si todos los consejeros renunciaran deberían hacerlo en simultáneo los consejeros suplentes. Un viejo operador del PJ desliza que no se trata más que de una fantasía de fin de año. Quienes trabajan para La Cámpora no descansaron ni el 24 a la tarde. El plan sigue en marcha.

Gray se mueve junto a Menéndez y a Juan Zabaleta, el jefe comunal de Hurlingham. Al menos uno de ellos charló del tema con Alberto Fernández. Menéndez estuvo reunido dos horas con Santiago Cafiero, el jefe de Gabinete. Y los tres conversaron con el ministro de Obras Públicas, Gabriel Katopodis, a quien el Presidente designó como interlocutor cuando vio que el escándalo escalaba.

Alberto pidió que se pusieran de acuerdo. El jefe de Estado no se paró en el lugar de árbitro de los conflictos, como tantas otras veces. No lo dice en público, pero apoya el deseo de quienes promueven a Máximo. Cuando varios alcaldes pusieron el grito en el cielo, Fernández buscó calmar los ánimos: dijo que una cosa es apoyarlo y otra ayudarlo a que se quede como dueño del partido en la Provincia. No sería un límite fácil de precisar.  

Los tres intendentes aludidos habían acordado aguantar la presión. Uno de ellos hizo un recuento de cuántos de sus pares los respaldan. La cifra lo tranquilizó. Eso fue a mitad de semana. ¿Seguirá siendo así hoy o en las últimas horas se produjo una fractura? Los grupos de WhatsApp ardieron en los últimos días con acusaciones cruzadas. Máximo se enteró. En una actividad en Lomas de Zamora, como reveló Clarín, los acusó de "hacer operaciones en mi contra" y vaticinó: "Vamos a ver si tienen espalda para aguantar".

Las frases no tardaron en viralizarse en aquellos grupos. Los que estaban en la reunión les escribían a los que no habían asistido. ¿Esas palabras del diputado estaban presagiando una disputa por los recursos? ¿Mutarán algunos alcaldes en la piel de Horacio Rodríguez Larreta? ¿Será verdad que Axel Kicillof aprovechó la grieta para pasarle viejas facturas a los intendentes?

Por lo pronto, los camporistas anticipan que serán inflexibles a la hora de armar las listas para la contienda electoral del año próximo. Por eso ignoraron el proyecto para cancelar las PASO. ​ Lo ignoraron y lo boicotearon. Los gobernadores quedaron pedaleando en el aire. Alberto debió hacer ejercicios de contorsionismo. Él había respaldado la movida.

Máximo sugirió, durante sus minutos de ira en Lomas, que los que quieran dar pelea interna que la den, pero que se hagan cargo de esa decisión. Habló de “ingratitud" por parte de quienes se olvidaron de que Cristina abrió las boletas en 2019 y que ella misma resignó su candidatura en pos del triunfo. También gritó: "Cuando yo quiera conducir el PJ o lo que sea va a ser con los votos".

Poco antes del brindis de Nochebuena, Wado De Pedro le transmitió esa misma frase a Zabaleta, en una última ronda de conversaciones parar tratar de encauzar la negociación: "Maxi no quiere conducir el 95 por ciento del partido. Si asume es con el apoyo de todos". El ministro insistió con que el deseo no era solo de La Cámpora. Invocó al Presidente. Zabaleta dejó abierta la posibilidad de seguir negociando.

A Gray, Menéndez y Zabaleta los llaman "Los tres mosqueteros". Si se repara en la novela de Alejandro Dumas, los mosqueteros eran tres amigos que se movían bajo el lema "uno para todos y todos para uno". Aunque ellos dicen que no están solos. Su opositor más rutilante en la liga de intendentes peronistas es Martín Insaurralde. Es la principal espada de Máximo en el GBA en este nuevo objetivo. A él le atribuyen, incluso, la idea de desplazar a la actual conducción bonaerense. "Ya está, eso de la alternancia en la presidencia ya fue... Ahora le toca a Máximo", es otro de los mensajes que hacen llegar los camporistas.

Imposible. No voy a renunciar ni voy a pedirle la renuncia a nadie. Hasta acá llegaron. Este es nuestro límite ‒insistió Gray en su charla con Wado.

La reconstrucción de la charla tiene un final distinto según los protagonistas. Cerca del intendente contaron que se cortaron el teléfono, disgustados, los dos al mismo tiempo. De Pedro no reconoció ese epílogo dramático. Les dijo a sus asesores que él le había dicho a Gray: "Si no querés que sea Maxi, tranquilo, no te hagas problemas".

En las últimas horas, trascendió que podría armarse una mesa política para discutir cuál es la mejor estrategia. En esa mesa podría abordarse también la cuestión electoral. Si así fuera, debería discutirse la situación de casi 20 intendentes del Conurbano que, por la ley actual, no podrían presentarse por la re reelección. Todos buscan un artilugio para volver a presentarse. Quizá sea una llave mágica para acercar posiciones. Continuará. 

Santiago Fioriti

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