Miércoles, 02 Junio 2021 13:25

Internas, pandemia y costo político: la trastienda de la suspensión de la Copa América - Por Ignacio Ortelli

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En el Gobierno se impuso el sector que le pedía al Presidente “parar la pelota”. La reunión con el titular de la Conmebol, postal de una nueva marcha atrás de la Casa Rosada.

 

"La decisión no fue sanitaria, fue política". Apenas 96 horas pasaron desde que Alberto Fernández recibió al titular de la Conmebol, Alejandro Domínguez, y el Gobierno salió a comunicar que se le había presentado un plan para que se jugara íntegramente la Copa América hasta que el propio oficialismo adelantó por los medios y sin aviso previo al dirigente su decisión de bajarse de la organización.

 

Aunque a esta altura las idas y vueltas son un sello distintivo de la gestión, el episodio refleja como pocos temas las tensiones internas y confirman la magnitud del esquema de horizontalidad en la toma de decisiones que deja expuesto, una vez más, al Presidente.

Si bien el debate interno estaba instalado hace semanas, con el ministro de Turismo y Deportes, Matías Lammens, resistiendo casi en soledad la postura de mantener como sede a la Argentina, y tanto el ministro de Salud bonaerense, Daniel Gollán, como su vice Nicolás Kreplak, los ojos de Cristina en materia sanitaria venían reclamando públicamente la postergación del torneo por "unos meses", fue la decisión de Alberto F. de involucrarse personalmente lo que le dio otro voltaje. Y pareció torcer la balanza.

La lectura que se hizo de aquella sorpresiva cumbre con Domínguez fue unívoca: el Gobierno había optado por relativizar el riesgo sanitario a cambio de una postal con cierta normalidad, aportada por el fútbol, y con la expectativa de un triunfo de la Selección en la previa a la campaña electoral.

Incluso, al cabo de la reunión, Presidencia ratificó con un comunicado que "el Gobierno presentó a la Conmebol un estricto protocolo para que se realice la Copa América" y, por lo bajo, funcionarios nacionales daban por hecho su realización. Hasta algunos se aventuraban a analizar cómo podía llegar a impactar electoralmente una postal de Lionel Messi triunfante alzando un trofeo por primera vez con la Selección Mayor y en suelo argentino.

De todos modos, este lunes Fernández dio otra versión que confronta aquellas confirmaciones: "Yo le pedí tiempo (a Domínguez) hasta el lunes, porque quería ver cómo evolucionaban las cosas y lo que más me importaba, que es lo que básicamente nos determinó a tomar la decisión, es que veía que las sedes que habían elegido la Conmebol, Ciudad de Buenos Aires, Mendoza, Córdoba, Mar del Plata (en rigor es La Plata), Santa Fe son sedes que están en alerta epidemiológica".

Lo curioso es que la situación a la que aludió el Presidente no es nueva y no se agravó en los últimos días. Más: las autoridades sanitarias ya habían manifestado su deseo de evitar el "riesgo". Hasta la propia ministra de Salud de la Nación, Carla Vizzotti, lo había manifestado en un Zoom interno y le consultó a Lammens si no era posible "retrasar" la Copa.

No fue la única advertencia. En otra videoconferencia, de la que participó Sonia Tarragona, la jefa de Gabinete de Vizzotti, se escuchó a funcionarios nacionales marcarle a Lammens la contradicción ante la sociedad que significaba hacer la Copa mientras se les pedía a los argentinos quedarse en casa.

No obstante, ante la negativa de su par y la firme decisión que mostró el Gobierno hasta este domingo, Vizzotti se había cuidado en público de dejar abierta una puerta para avalar el evento. Y así lo hizo: el mismo miércoles que Alberto Fernández recibió a Domínguez, aseguró que "recibir a 1200 personas con un protocolo estricto no es una situación epidemiológica de gran relevancia".

En rigor, la ministra omitió referir que fueron 1700 personas -entre delegaciones, acompañantes y prensa- las que habían pedido autorización para ingresar al país y que no iban a ser obligadas a hacer los 7 días de cuarentena, con el riesgo que -según Salud- implica la posibilidad de que se diseminen nuevas cepas en el peor momento de la pandemia.

En este contexto, el jueves en la Casa Rosada se daba por hecho que el lunes se anunciaría la realización de la Copa América. Cafiero, mano derecha de Fernández, fue el vocero de la reunión y, en una entrevista con Radio 10, defendió la medida. "La Argentina tiene un compromiso para organizar parte de la Copa, el año pasado se postergó y este año había que hacerla", dijo, al insistir en que "no tiene impacto desde el punto de vista sanitario".

Pareció ser la última palabra. De hecho, este domingo, pasadas las 18.30, Kreplak, uno de los fervientes detractores de la organización, pareció resignarse. "Con mucho cuidado y bien explicado, y con mucho cuidado epidemiológico, se puede hacer. No necesariamente tiene que ser un riesgo y hasta puede ser que ayude a que la gente se quede en casa, como le venimos pidiendo", aseguró en la misma radio.

Pero no lo fue. En el medio, en el Gobierno ahora dan detalle de varias reuniones que en la intimidad de la Quinta de Olivos mantuvo el Presidente para definir sobre el tema. El viernes, con Cafiero, y el domingo con el ministro del Interior, Eduardo "Wado" de Pedro, además de cruces por chat con Vizzotti y con el titular de la Cámara de Diputados, Sergio Massa.

La reflexión general fue más política que sanitaria, coinciden distintas fuentes. "La decisión no fue sanitaria, fue política. Desde lo sanitario, se podían minimizar los riesgos. Pero se podía dar un mensaje confuso para la sociedad cuando estamos hablando de un 'último esfuerzo' para que se avance la vacunación", dice un alto funcionario con despacho en Casa Rosada.

Otro hombre con trato diario con el Presidente no escapa a la puja con la oposición: "Había que parar la pelota. Se iba pagar un costo político muy alto y hasta (Mauricio) Macri, que siempre fue un irresponsable con la pandemia, se dio cuenta de eso y empezó a pegarnos".

Tampoco pasó desapercibida la encuesta de Poliarquía, que dio cuenta que el 70 por ciento de los argentinos estaba en desacuerdo con su organización en el país.

Con el cambio de planes ya consumado, desde todos los sectores del Frente de Todos se unieron para negar que haya sido la vicepresidenta o el ala dura del kirchnerismo la que, una vez más, impuso condiciones. "No hubo ni buenos ni malos. A todos nos gusta el fútbol, pero privilegiamos la cuestión sanitaria y política. No hubo bandos", insisten. 

Por último, en medio de tantas versiones, no está claro por qué el anuncio no lo hizo el Presidente. Cerca suyo niegan cualquier puja y explican que la entrevista que dio el domingo a la noche en Canal 9 "fue grabada" y que, teniendo en cuenta que De Pedro iba a dar una nota en C5N, "le dijo que lo adelante".

Ignacio Ortelli

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