Domingo, 12 Septiembre 2021 06:16

El Gobierno araña en los bolsillos del Estado para financiar el gasto electoral - Por Diego Cabot

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Si se tratasen de explicar los movimientos presupuestarios de los últimos días con alguna situación doméstica, lo que hizo el Gobierno esta semana fue repasar todos los bolsillos de pantalones, sacos y bolsos para juntar las monedas y ponerlas en la billetera. La pregunta que sigue sería: ¿Cómo se gastará ese residual que estaba arrumbado por ahí? La respuesta rápida sería: menos obras, más dinero para la política.

 

Mediante 208 páginas, el Estado rebuscó el dinero de centenares de partidas sin ejecutar, esas que suelen quedar escondidas en los pliegues de la administración. Y no sólo que sumó gasto público, sino que, además, decidió que gran parte de lo que allí se recolectó se destine a la campaña electoral, que terminará en la elección de noviembre, la de los porotos que realmente valen.

 

Los movimientos de dinero muestran las prioridades. Va un ejemplo como para entender. En la página 47 del impenetrable anexo presupuestario, el Ministerio de Transporte retiró $620 millones que estaban destinados a la partida denominada “Mejora Integral del Ferrocarril General Roca - Ramal Constitución - La Plata (BID N°2982/OC-AR)”. Sólo hay que dar vuelta la página para ver la poda de otros $400 millones que se tenían reservados para otra denominada “Puesta en Valor Ferrocarril San Martín (BID N°4265/OC-AR)”, además de sacar también $84 millones que alguna vez se habían destinado para la elevación de un viaducto.

En una alquimia de destinos de fondos públicos, que ejercen los sucesivos Jefes de Gabinete con la posibilidad de mover partidas, a ese dinero para obras se le encontró un mejor destino en épocas electorales. Habrá sonrisas en el Ministerio de Transporte, ya que el presupuesto que se pensó para obras ferroviarias ahora se va en dos grandes rubros. La partida “Servicios profesionales”, donde hay posibilidades de contratar con mucha amplitud para fines varios, se llevó $500 millones, mientras que “Publicidad y Propaganda”, otros $390 millones. Sale mejora en el tren por $890 millones; entra publicidad y servicios. Maravillas presupuestarias en modo campaña.

Pero más allá de los cambios en el destino de los fondos, el Estado sumó gasto público. Según consignó Camila Dolabjian en LA NACION, entre recortes, dinero para asistencia social y planes laborales, subsidios a la energía, obra pública y gasto para la compra de vacunas, se sumaron $107.749 millones adicionales para aumentar el volumen de la chequera hasta fin de año.

La mirada fina sobre lo que se le entregó al Ministerio de Desarrollo Social permite entender por dónde vendrá el camino de la campaña. Aquellos bolsones de alimento que alguna vez fueron protagonistas en el raid final ante una elección, ahora se cambiaron por dinero en el bolsillo de millones de argentinos. Sucede que, desde la fallida compra de alimentos, el Fideogate, que marcó la gestión de Daniel Arroyo, el Estado no puede ir al supermercado. Nadie le vende por millones de unidades al mismo precio que compra cualquier consumidor en el negocio de la esquina.

Entonces, vale el dinero fresco. Por ejemplo, mientras se destinaron $26.472 millones para las partidas “Abordaje Territorial/Ayuda social a personas” y para el programa “Potenciar Trabajo”, apenas se entregó un tercio para políticas alimentarias. Claro que ese financiamiento seguramente irá a parar a la Tarjeta Alimentar, otro mecanismo de crédito prepago para los sectores más vulnerables.

Solo para tener idea del monto. El plan Potenciar Trabajo se canaliza mediante organizaciones sociales y es la unificación de los programas “Hacemos Futuro” y “Salario Social Complementario”. Actualmente se cobran 14.040 pesos por mes a cambio, en teoría, de una contraprestación. Ese monto que se entregó alcanza para 1,778 millones de beneficios.

El Ministerio de Salud recibió para la lucha contra el COVID la suma de $16.694 millones, y más allá de que aumentó el gasto, le quitó $2873 millones a “Fortalecimiento de la Capacidad del Sistema Público de Salud” y otros $406 millones a “Intervenciones en Salud Perinatal, Niñez y Adolescencia”.

Finalmente, la obra pública. Los constructores esperaban una partida presupuestaria que engrose la billetera de Vialidad Nacional. No habrá obra nueva, pero sí se mantendrán los flujos de pagos hasta fin de año para mantener los obradores y el ritmo, ralentizado en muchos casos, de infraestructura vial que tuvieron un alto grado de ejecución durante el gobierno anterior, pero que se frenaron con el ajuste de 2019. Vialidad se llevó casi $10.000 millones para rutas que ya están en ejecución. Finalmente podrán cortar alguna cinta en la campaña, y eso no es menor para el álbum de fotos de la política. No hoy proyectos propios, pero sí es posible terminar algunos.

Pero todo cambia. Aquella efectividad de la obra pública o del barrio y la casa, ahora mutó en otra cosa. Sucede que resulta más fácil y eficiente para el voto el dinero fresco en el bolsillo. Las viviendas sociales se cambiaron por el crédito a tasa cero y los bolsones por una tarjeta prepaga. Los tiempos de ejecución y la llegada del auxilio no se comparan. Y para esa velocidad se prepara el presupuesto.

Diego Cabot

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