Lunes, 13 Septiembre 2021 10:17

PASO 2021: Con la bandera del enroque, Horacio Rodríguez Larreta pica en punta para la carrera del 2023 - Por Fernando González

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El swap entre Santilli y Vidal fue legitimado en las urnas. Y arranca la pulseada con Macri, Bullrich y los radicales.

No hay nada más lejano que la elección presidencial de 2023. Sin embargo, las PASO le permitieron a Horacio Rodríguez Larreta ubicarse un poco por delante del resto de los dirigentes de la oposición para avanzar hacia una candidatura que le dispute el poder al kirchnerismo dentro de dos años. Cuando parecía que la imagen de paloma era una descalificación de sus adversarios, las urnas terminaron con una reivindicación de las palomas.

El Jefe de Gobierno porteño acertó con el enroque sorprendente y cuestionado que pergeñó entre la Ciudad y la provincia de Buenos Aires. Diego Santilli, a quien sacó de la comodidad de la vicejefatura porteña, no solo venció al radicalismo que se había subido a la celebridad de Facundo Manes, sino que la sumatoria de ambos terminó arriba del peronismo y se convirtió en una amenaza concreta para el Frente de Todos en las elecciones generales de noviembre.

“Este es el peor escenario posible, con la diferencia que sacaron en las PASO, en la general nos pasan otra vez por encima con el voto útil”, explica un funcionario con experiencia electoral, que ayer advirtió temprano la avalancha de votos que se estaba produciendo contra el peronismo.

El Gobierno y la oposición evalúan los comicios de los últimos años para arriesgar ese análisis. En 2015, 2017 y hasta en la derrota de 2019, Juntos por el Cambio siempre mejoró su performance respecto de las PASO. Los votantes de otros candidatos que se volcaron a votar contra la coalición peronista le ofrendaron entre 3 y 5 puntos de lo que los encuestadores llaman “voto útil”. Si este fenómeno estadístico se repite con Santilli, esa sumatoria será otro vendaval para Tolosa Paz en noviembre.

La Ciudad que gobierna también le dio una bocanada de alivio a Rodríguez Larreta. Golpeada por la migración desde la Provincia, María Eugenia Vidal arrancó la campaña electoral con muchas dificultades, pero se fue acomodando, encontrando un registro más vehemente de su discurso y terminó redondeando una elección decorosa en el distrito donde hace tiempo son mayoría. Solo con la proyección del voto en blanco, y con la prudencia de haber sumado los votos duros de Ricardo López Murphy, podrán superar el 50% sin problemas.

Rodríguez Larreta extiende así la ola de predominio del PRO sobre los distritos porteño y bonaerense, que inició Mauricio Macri en 2015, cuando venció en los dos territorios justamente con Larreta y Vidal como candidatos. El Jefe de Gobierno necesitaba ganar en la Provincia para frenar el impulso de los líderes de una UCR que intenta mostrarse renovada. Y para enfrentarse al fantasma de Macri, quien desde el lanzamiento de su libro (“Segundo Tiempo”), había dejado en claro que no resignaba las chances de intentar la resurrección política.

Si alguna vez llega a presidente, Rodríguez Larreta deberá reconocerle a Macri que, en el momento de definir las listas, el ex presidente prefirió tomar distancia y observar las definiciones desde Europa. Esa circunstancia le permitió a Horacio avanzar en las negociaciones y lograr que Patricia Bullrich y Jorge Macri se bajaran de sus aspiraciones en la Ciudad y la Provincia. En esos días, había macristas que decían muy sueltos de cuerpo que le dejaba el protagonismo a Larreta porque no tenía chances de ganar y quedaría políticamente debilitado. Si alguno hizo ese cálculo, se equivocó sin atenuantes.

La mayor apuesta de Macri en estas elecciones era en las PASO de la provincia de Córdoba. Su ex ministro de Turismo, Gustavo Santos, se jugó el pellejo acompañando a Mario Negri para enfrentar a Luis Juez y a Rodrigo de Loredo. El ex presidente lo respaldó, viajo a la tierra cordobesa y llegó a decir que había pensado en asentar allí su domicilio. Nada de eso alcanzó. Tampoco sirvió el apoyo que le dio a Federico Angelini en Santa Fe, candidato que también tenía el respaldo de Rodríguez Larreta. Terminó cuarto en una interna sorprendente que terminó ganando la periodista Carolina Losada.

En su relación con Macri, Rodríguez Larreta dirime el conflicto más clásico de la política: el del recambio de liderazgo entre padre e hijo. Será una tensión con la que deberán convivir dos años por lo menos, hasta que la evolución del espacio opositor y del país sin calma ofrezca un escenario de definición para comprobar si la consolidación de Horacio suma también el mérito de la continuidad. Los resultados del domingo lo favorecieron mucho, pero la batalla está bien lejos de llegar a su fin.

Tampoco será fácil ni está resuelto el conflicto con los radicales. Gerardo Morales, el gran impulsor de Manes en la Provincia, también ganó con comodidad en Jujuy y tiene aspiraciones presidenciales. Lo mismo que Alfredo Cornejo, quien hace pie en el contundente triunfo que la UCR encabezó en Mendoza. Y hasta Martín Lousteau recorre las provincias como un dirigente nacional, aunque tiene un acuerdo con Rodríguez Larreta para heredarlo en la Ciudad. Uno de los mayores enigmas de la lírica de Juntos por el Cambio es si en 2023 se respetará ese juramento.

Y si Macri y los radicales no alcanzaran como adversarios, Rodríguez Larreta sabe que tiene una competidora incansable en Patricia Bullrich. La presidenta del PRO se lo dijo sin metáforas cuando se bajó de esta elección legislativa para dejarle la cancha libre en la Ciudad. “Voy a recorrer el país para ser candidata a presidenta y en dos años vemos Horacio”, le advirtió. Como le gustaba decir a Carlos Menem, el que avisa no es traidor.

Desde que se bajó como candidata, Patricia empezó un raid por las provincias aprovechando su popularidad creciente en la televisión y en las redes sociales. Sus mayores impactos los logró visitando los territorios donde gobierna con rudeza el peronismo y otros dirigentes de la oposición prefieren evitar. Se vistió con traje a rayas de prisionera en Formosa, enfrentó el simulacro de escrache del espía Fernando Esteche en Tierra del Fuego y también se animó a incursionar en la Santa Cruz de los Kirchner, días antes de que cayera con otras 16 provincias bajo la ola negra electoral de la oposición.

Macri, Bullrich, los radicales. Rodríguez Larreta todavía tiene una maratón de dos años que debe correr a mediana velocidad si no quiere estrellarse. Hay que decirlo. Mucho peor que él está Alberto Fernández, el hombre con el que compartió conferencias de prensa y muchos puntos de imagen positiva cuando la pandemia era una oportunidad de consenso para diferenciarse de la grieta de Cristina. Pero el Presidente eligió el camino de la confrontación ajena, le manoteó millones de fondos de coparticipación que recibía la Ciudad y se arrojó de modo incomprensible en las aguas de la decadencia.

Ahora el Presidente tiene por delante una misión imposible. Eludir la dinámica del derrumbe, que suele hacer caso omiso a los maquillajes de crisis y a los cambios de gabinete de apuro para reanimar a un gobierno conmocionado por el mazazo electoral. Allí están Cristina Kirchner y Sergio Massa evaluando el modo de reconstruir un poder que parece demolido. Tal vez alguno de ellos vuelva a marcar el celular de Larreta para pedir un poco de clemencia en medio de la tormenta. Quizás sea tarde para desenterrar aquellos nexos de la política que se perdieron con el dispendio de la beligerancia.

Fernando González

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