Lunes, 13 Septiembre 2021 10:24

Fortalecida, la oposición empieza a mirar más allá de noviembre - Por Claudio Jacquelin

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En la noche de la victoria, inesperada, aunque deseada, empezaron a evaluarse tanto las oportunidades que acaban de abrírseles como las amenazas que enfrentarán

Al final, sí hubo sorpresas. Muchos auguraban que el mapa político-electoral quedaría semicongelado, a pesar de todas las contingencias registradas desde 2019. Pero los resultados de las PASO arrojaron alteraciones rotundas no pronosticadas. Sobre todo, por el gobierno de Alberto Fernández, golpeado inapelablemente.

Las transformaciones emergentes de estas primarias todavía deberán ser ratificadas en las elecciones de noviembre, pero es incontrastable que la oposición termina las primarias vigorizadas en casi todas sus vertientes. Y es la coalición cambiemita la más fortalecida dos años después de haber perdido los gobiernos nacional y bonaerense. Ayer, Juntos logró que sus colores avancen sobre la geografía nacional y desborden las fronteras de la franja central, a la que parecía haberla constreñido un peronismo reunificado.

La consecuencia más visible es el impacto para el Presidente, cuyo gobierno queda aún más frágil de lo que estaba. Apenas sostenido nacionalmente por el bastión cristinista del conurbano bonaerense y más dependiente que nunca de su vicepresidenta y mentora. Aunque también ese soporte se ha debilitado. El mapa de la provincia de Buenos Aires apenas tiene algunas islas celestes en la tercera sección electoral y un par de excepciones en el interior, en medio de un océano amarillo. El peronismo reunido mostró limitaciones.

Esa debilidad estructural podría ahondarse dentro de dos meses si se repitiera lo sucedido en elecciones anteriores y, por lo tanto, JxC aumentara su caudal de votantes propios, además de sumar el aporte de electores de otras fuerzas. De repetirse o profundizarse los resultados de anoche, el oficialismo perdería el quorum en el Senado, territorio donde hasta ahora imperó Cristina Kirchner. Acostumbrada a la imposición, la negociación nunca ha sido el fuerte de la jefa del kirchnerismo. Puede imaginarse la contrariedad que la embarga. Anoche su cara no pudo disimularlo.

Pero es aconsejable ser cautelosos, ningún gobierno peronista escatima recursos ni desdeña herramientas para tratar de revertir resultados electorales adversos. Por lo pronto, los rumores de un cambio anticipado de gabinete que surgen desde el Frente de ¿Todos? ya tienen la fuerza de un anticipo.

La interna cambiemita

En tal contexto, cobra relevancia el proceso de reconfiguración interno que ya atraviesa la oposición cambiemita, donde sobresalen dos consecuencias.

En primer lugar, Horacio Rodríguez Larreta emerge indiscutidamente triunfante con su arriesgada apuesta bonaerense, en la que impuso la candidatura de su exviceje de gobierno. Diego Santilli logró un contundente triunfo, aun cuando Facundo Manes hizo una elección mucho más que digna que lo instala como una figura para el futuro. Al mismo tiempo, Larreta salió airoso con su jugada de llevar al frente de la boleta porteña a la exgobernadora bonaerense duramente derrotada en 2019. Incluso, María Eugenia Vidal obtuvo más votos de los pronosticados.

Esos resultados, más la derrota de los candidatos de Mauricio Macri en Córdoba, uno de los dos distritos donde el expresidente jugó personalmente su capital político, empoderan al jefe de gobierno porteño en su proyecto de ir por el liderazgo de Pro y ser en 2023 el candidato presidencial cambiemita. Ventaja que es, al mismo tiempo, amenaza para su proyecto político-electoral. Larreta se consagró como el rival interno a vencer con dos años de anticipación. Deberá sostenerlo. Por eso, optó por mantenerse anoche en un segundo plano. Prefiere que hablen los resultados y resguardar su figura de una exposición prematura. Las circunstancias lo obligaron a anticipar los tiempos, pero ahora quiere recuperar el control de las agujas.

Tanto puertas adentro de Pro como en el resto de la coalición, los desafiantes ya se están entrenando. Halcones, palomas y otros especímenes ensayan su propio vuelo. En el universo amarillo, no solo Macri mantiene su voluntad de tener un segundo tiempo. Patricia Bullrich avanza con una construcción sostenida en el interior, desde donde pretende articular un sistema de apoyos para la disputa interna, pero también para la construcción nacional, apalancando a los candidatos a senadores de las ocho provincias que renuevan representantes. Un intento de subrayar la identidad porteña de Larreta y de compartir, al mismo tiempo, los probables éxitos de las elecciones de medio término. Nadie está dispuesto a regalar nada.

Otro desafío para los proyectos del alcalde de la ciudad de Buenos Aires surge desde el radicalismo. La más que digna elección hecha por Manes en el territorio bonaerense y los contundentes triunfos en las provincias que gobierna la UCR, como Mendoza, Jujuy y Corrientes, robustecen las ambiciones. Gerardo Morales, Gustavo Valdés y Alfredo Cornejo revalidaron títulos para disputarle a Pro el dominio de la coalición opositora o, como mínimo, rediscutir las relaciones de fuerza interna. La reconfiguración de la geometría de la alianza está en pleno proceso.

Hasta los radicales porteños díscolos, que desafiaron el acuerdo Larreta-Martín Lousteau, se suman a la discusión y sobre la base de los casi 70.000 votos obtenidos pretenden revisar algunos acuerdos. La propensión al internismo de los radicales es, también, una pasión a domesticar. La disputa por el control partidario, que se resolverá antes de fin de año, será otra variable a contemplar para avizorar el futuro de la coalición.

Por lo pronto, en la noche triunfal se advirtió la preocupación por subrayar en público la unidad y la robustez electoral de la alianza solo dos años después de sufrir una dura derrota. Aunque por lo bajo (y no tanto) se marquen diferencias y se refuercen identidades. Lo hizo insistentemente Manes.

Tal vez, la mayor novedad histórica que ofrece esta coalición opositora sea la vocación por el poder, que le ha permitido, hasta ahora, mantenerse unida y sobreponerse a las derrotas y divergencias. De allí los esfuerzos hechos en los días previos y en la noche de la victoria para encapsular conflictos.

Para lo que viene deberán redoblarse los esfuerzos. La confianza es un activo por construir en el plano personal y partidario. La campaña hacia las PASO en la provincia de Buenos Aires no atemperó recelos, sino que profundizó sospechas y confirmó prejuicios.

Tanto desde Pro como desde la UCR confían en que los votantes que optaron por la lista de Santilli como los que lo hicieron por la de Manes se mantengan en noviembre y sumen a otros que en esta oportunidad optaron por terceras fuerzas, además de incrementar el número de votantes totales. Hay margen para crecer si se tiene en cuenta que la participación fue la más baja desde la recuperación de la democracia.

La construcción de una narrativa y un proyecto colectivo es un rompecabezas por armar con la nueva configuración que transita JxC. No es solo un desafío para la campaña. Al mismo tiempo, los cambiemitas deberán sopesar qué significa la emergencia rutilante del antisistema Javier Milei.

Por todo eso, será fundamental la articulación del funcionamiento parlamentario para el futuro de la propia coalición opositora y para la dinámica institucional. Es un elemento a tener en cuenta que el peso relativo del radicalismo tenderá a aumentar. También deben considerarse la aparición de nuevos referentes y el declive de otros dirigentes que fueron claves en los años iniciales cambiemitas para sostener la unidad. Un caso evidente es el del presidente del interbloque de Diputados, Mario Negri, duramente derrotado en la interna cordobesa, que ha sido un eficaz regulador térmico interno.

El oficialismo, con el presidente de la Cámara baja a la cabeza, aspira a meter cuña en el nuevo entramado opositor, aprovechando diferencias de visiones, de intereses y de proyectos. A Sergio Massa no le faltan recursos ni experiencia para intentar articular nuevos equilibrios en Diputados. Por eso, el tigrense es uno de los que no lamentaron tanto el resultado electoral. Un triunfo del Frente de Todos que en noviembre terminara dándole mayoría y quorum propios al oficialismo habría empoderado a Máximo Kirchner en su desmedro.

La consistencia de la oposición se pondrá también en juego en este espacio. Por eso en la noche de la victoria, inesperada, aunque deseada, empezaron a evaluarse tanto las oportunidades que acaban de abrírseles como las amenazas que enfrentarán. La experiencia los anima a empezar a mirar y soñar más allá de noviembre.

Claudio Jacquelin
Ilustración: Alfredo Sábat

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