Domingo, 26 Septiembre 2021 08:48

Que la interna no tape la inflación - Por Ignacio Fidanza

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Manzur entretiene con oficio en el tiempo muerto hasta las elecciones. La interna no se saldó y todavía falta la discusión de fondo: ¿Cómo estabilizamos la economía?

Cristina ganó por puntos ¿ganó?, pero Alberto avisa a través de Guzmán y Moroni que no está muerto quien pelea. Un Presidente ornamental que conserva el ineludible poder de la lapicera.

La vicepresidenta masticó el plato de polvo que le acercaron los intendentes del Conurbano y ordenó a Kicillof que abra el gabinete. Albistur entendió el mensaje y ahora pide que también les entreguen la jefatura de campaña. Lo que sea para defender la última colina del peronismo, que se prepara para perder Córdoba, Santa Fe, Entre Ríos y la Capital. Para empezar.

¿Quién mira todo el mapa?: Cristina. Y demostró que puede llevar su pragmatismo al extremo de proponer como solución el peronismo conservador y patriarcal del norte que expresa Manzur. Los pañuelos verdes quedarán para épocas más holgadas. Vilma Ibarra, esa estadista de la planta baja de la Casa Rosada, ahora es valorada por su templanza para la rendición.

Y se puede seguir así, comentando los recodos de la interna interminable, que no se saldó ni está ordenada. ¿Pero para qué? Si está a la vista. No perdamos más tiempo.

La única pregunta importante es: ¿Vamos a tener un plan de estabilización? O, mejor dicho: ¿El dispositivo Frente de Todos, con todas sus disfuncionalidades a plena luz, está en condiciones de ofrecerle a la Argentina lo único que necesita, ahora que ya tenemos vacunas?

Sergio Massa superministro -con Martín Redrado- como un Cavallo bifronte del Siglo XXI, es la opción más comentada para el cambio después del cambio. Se puede argumentar que su momentum se esfumó cuando se decidió que Manzur aterrice en la Jefatura de Gabinete. Pero si algo tiene la Argentina es su generosidad en crisis para ofrecer nuevas oportunidades.

¿Entonces, después de Noviembre cambiamos el gabinete de nuevo? ¿Por qué no? Pero antes, ¿de dónde surge el poder político necesario para dar los volantazos que hay que dar? Es retórica, ya lo sabemos. La pregunta que encierra la única pregunta que importa, se desprende con naturalidad: ¿Cristina está dispuesta a un compromiso con la ortodoxia económica como lo hizo con el peronismo?

Para pensar lo que sigue es importante no distraerse con lo que pasa ahora. El gobierno está en emergencia electoral y van a tirar lo que queda de la casa por la ventana. Pero eso es hasta noviembre. Guzmán trata de mantener una conversación serena en medio de un cuarto incendiado. No es el momento. Por eso habla de convergencia fiscal de largo plazo y le responden: cállate y seguí imprimiendo.

Pero la política es dialéctica, es decir que no ocurre lo mismo después de ganar o perder una elección, que en este caso es la provincia de Buenos Aires. Si se gana es posible que tome fuerza la idea que la gente demandaba maquinita, subsidio, planes y alta inflación. Que las primarias se perdieron por exceso de prudencia fiscal. Y ahí vamos, abróchense los cinturones.

Si se pierde puede venir la corrección, la búsqueda de la estabilización macro, el cambio después de cambio. Un cambio que hoy se corporiza en Massa, un desembarco que posiblemente resista Manzur.

Porque de lo que de verdad estamos hablando es de la sucesión de Alberto y cuál es la mejor manera de ponerse en la línea. Massa necesita estabilizar y ser el artífice de un neomenemismo republicano para recuperar centralidad, es la búsqueda del blend exacto entre el espíritu modernizador y peronismo.

Manzur también se mira en el espejo de Menem: del interior profundo, campechano, pero más vivo que el hambre. Es el orden conservador, Iglesia, hospitales y no hagan olas. Despacito que llegamos.

Ahora, la pregunta es si Cristina se atreverá a romper en el plano económico con la tutela de Kicillof. En la política se animó a intervenirlo con el mismo bisturí que rebanó la Casa Rosada. Pero una cosa es el poder y otras las ideas, y todo indica que para Cristina las ideas están un poco por encima, ahí nomás con las "convicciones", ese frasco maravilloso que sirve para contener desde los caprichos hasta las raíces del ser.

Pero lo interesante del momento histórico es que todos quieren ser Menem. Larreta, Manzur, Massa, son un reflejo de una revalorización política clandestina del ex presidente, que es directamente proporcional a la metástasis de una inflación a la que nadie logra ponerle el cascabel.

La pregunta que no se enuncia, pero avanza como un coche bomba sin frenos, es sí llegó el momento de una política económica de shock. Si la comodidad de transitar el poder haciendo gala de la falta de planes, del vamos viendo, no está acaso agotada. El relato kirchnerista que ve esto como un largo éxito con un error en el medio, está en crisis. Cincuenta por ciento de pobres y un país sin moneda no empezaron con Macri. Tal vez llegó el momento de arriesgar en serio porque ya no queda casi nada para perder.

Ignacio Fidanza

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