Lunes, 27 Septiembre 2021 07:42

Axel Kicillof y el fracaso del plan platita en la Provincia de Buenos Aires - Por Alcadio Oña

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El gobernador recibió muchos más fondos de la Nación que cualquier otro, para planes sociales, laborales y obras. Pero perdió en las PASO y él también debió meter mano en el Gabinete.

 

Aún adornada con gentilezas, con muestras de afecto y de respeto, la réplica de Martín Guzmán a las críticas que de hecho le dedicó Cristina Kirchner tuvo una firmeza para muchos sorprendente. Sobre todo, tratándose de un espacio político donde la democracia interna es un bien escaso y unas cuantas cosas se mascullan, pero no se dicen en público, ni siquiera en corrillos de pocos.

 

En plan pase de facturas áspero, aunque sin nombrar expresamente al ministro, Cristina había escrito apenas producido el descalabro de las PASO: “También señalé que creía que se estaba llevando a cabo una política de ajuste fiscal equivocada que estaba impactando negativamente en la actividad económica y, por lo tanto, en el conjunto de la sociedad y que, indudablemente, esto iba a tener consecuencias electorales. No lo dije una vez. Me cansé de decirlo…, y no sólo al Presidente”. Venía de aludir a los funcionarios que no funcionan.

Cosa juzgada: Guzmán y Alberto Fernández, culpables del zafarrancho electoral.

Inocente: Cristina, la Vice que se cansó de advertir lo que se venía sin que a nadie se le moviera ni un pelo. Del derecho y del revés, una muestra por cierto nada gratis de cómo funciona el gobierno kirchnerista y del trillado estilo de sacarse la pelota de encima, a cargo de los protagonistas centrales de la obra.

¿Y qué contestó Guzmán?: “La vicepresidenta, con la convicción de cuidar a los argentinos, ha planteado que en la Argentina hubo una política de ajuste fiscal. Hubo una reducción del déficit, nunca hubo un ajuste fiscal”. Traducción de la frase: mucha convicción y buenas intenciones, pero escaso conocimiento técnico.

Cada cual puede ponerles el nombre que quiera, pero los que siguen son números oficiales de los considerados clave y sensibles, y cuentan de qué hablamos cuando hablamos de ajuste fiscal.

Dicen que entre agosto del año pasado y agosto de 2021, el gasto público computado en el capítulo prestaciones sociales creció un 22,2%, esto es, nada menos que 29 puntos porcentuales por debajo de la inflación anual del 51%. Todos son datos que representan zonas críticas y todos pierden por un campo contra los precios: desde las jubilaciones y pensiones y las asignaciones familiares, como la Universal por Hijo, hasta los planes Covid.

Puesto en plata, si ese paquete de gastos hubiese aumentado el 51% que aumentó la inflación estaríamos hablando de $ 3,948 billones en vez de los 3,197 billones reales que contamos hasta ahora. Resultado de la movida: hubo un ahorro de $ 751.000 millones de un año al otro, si quiere llamársele ahorro a lo que es un verdadero saque.

El guadañazo escala a $ 884.000 cuando se le agrega la poda real que cayó sobre los salarios estatales y las transferencias de la Nación a las provincias para gastos corrientes. Al dólar oficial, US$ 9.000 millones.

Aun cuando se diese por bueno que Fernández convino y validó el ajuste que Guzmán ejecutó con la mira puesta en un acuerdo con el FMI, viene cantado preguntarse: ¿es posible que Cristina, justamente ella, no hubiese torcido un proceso que se mide en millones de pesos y de personas y que se fue gestando a lo largo de doce meses? O que no se lo hicieran notar quienes la asesoran en estas cuestiones y le acercan cifras y argumentos que ella convierte en propios.

Suena a demasiado y a demasiado peligroso para sus propios y variados intereses suponer que dejó hacer para, llegado el momento, pegar un golpe de palacio. Hay apuestas de la política que sólo apuntan al siempre presente corto plazo y que, además, no tienen asegurado ningún éxito y menos un éxito de largo plazo.

Algo de eso existe detrás de la intervención de hecho que Máximo Kirchner le impone a Axel Kicillof, en la provincia de Buenos Aires. Tras la derrota por casi cinco puntos contra Juntos en las PASO cuando se esperaba una victoria por la misma diferencia, de repente aparecieron el intendente de Lomas de Zamora, Martín Insaurralde, en la Jefatura de Gabinete y el de Malvinas Argentinas, Leonardo Nardini, al frente del Ministerio de Infraestructura.

Los cambios siguen con la llegada a La Plata de otros jefes comunales, pero el desembarco de Insaurralde y Nardini tiene una potencia que se expresa en varias lecturas fuertes que son, a la vez, una sola lectura.

Ambos conocen un territorio y un mundo de personajes que Kicillof no acostumbraba a frecuentar y representan, en ese orden, a la Tercera y la Primera secciones electorales bonaerenses, que es como decir a 43 partidos que juntos suman arriba de 8 millones de electores. Viene añadido que ambos intervendrán en decisiones clave asociadas a la política y a la economía bonaerenses.

¿Y cómo es eso de una sola lectura? Se la puede sintetizar llamándola fracaso del año y medio largo de gestión de Kicillof en esos y otros frentes decisivos y, de seguido, fracaso de quien lo puso donde está, o sea, de Cristina Kirchner. Conclusión: la política es una ciencia normalmente compleja.

También está claro en números oficiales que, si se trató de una cuestión de “platita”, como diría sin descaro el ex ministro de Salud provincial y candidato a diputado del kirchnerismo, Daniel Gollán, a Kicillof no fue precisamente plata lo que le faltó. La tuvo directa de la Casa Rosada, en cantidades que más que duplicaron y triplicaron a las que les tocó a otras provincias.

Un ejemplo: entre julio de 2020 y julio de 2021, a Buenos Aires le llovieron $75.900 millones de las llamadas transferencias discrecionales de la Nación, esto es, el 34% del paquete completo. A Córdoba le tocó un 11%, el 6% a la Ciudad Autónoma y un 5% a Santa Fe.

Privilegios que da pertenecer, otro ejemplo: al 21 de septiembre, Buenos Aires ha recibido y gastado $ 119.500 millones del presupuesto anual del Ministerio de Desarrollo Social; destinados casi íntegramente a los planes Alimentario y Potenciar Trabajo. Esto equivale al 41% del total, al doble de lo que fue a CABA y a ocho veces las partidas de Córdoba y Santa Fe.

Más de lo mismo, ahora sobre los gastos que salen del Ministerio de Obras Públicas.

Dicen $ 53.800 millones o un tercio para Buenos Aires contra $ 35.500 millones para obras nacionales y el 43% restante distribuido entre 23 provincias, a un promedio que redondeado da $ 5.000 millones o la décima parte para cada una.

“Viviendas, chapas, electrodomésticos, asfalto y mucho plan social” es lo que hay y ven venir en Juntos, puesto, sobre todo, en la Tercera Sección electoral donde el kirchnerismo hace una gran apuesta a recuperar los votos perdidos en las PASO. Y también a apropiarse de los votos que quedaron afuera de la elección.

El problema que pesa por donde se mire es al fin una crisis económica y social que sacude parejo y sacude, impiadosamente, a las capas de muy bajos recursos. Lo prueba el costo de la canasta alimentaria básica, de subsistencia, que saltó un 55,5% en los últimos doce meses.

Notable muestra de ese mismo cuadro, la cantidad de gente atravesada por problemas laborales supera a la que había en el momento más duro de la cuarentena.

La suma de desocupados, subocupados y ocupados que buscan otro trabajo arrojó un 39% en el segundo trimestre de este año, contra el 34,3% del segundo de 2020. Hablamos de 5,2 millones de personas.

Pregunta obvia: ¿y dónde está el repunte de la economía que no se ve, justo ahí donde debiera verse? Otra explicación grande del revés electoral.

Alcadio Oña

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