Viernes, 15 Octubre 2021 13:48

Uno por uno: los muchos, pero muchos, enemigos internos de Berni - Por Alejandro Cancelare

Escrito por Alejandro Cancelare

El ministro de Seguridad aún cuenta con el respaldo de Cristina Kirchner. Pero casi no alcanzan los dedos de las manos para contar dirigentes de peso que lo querrían afuera. En el otro frente, el de Juntos, los radicales hacen cuenta, toman coraje... y se dedican a su especialidad: enfrentarse en tantas líneas internas como aspirantes. 

SERGIO BERNI, EN LA MIRA DE TANTOS

Sergio Berni es el funcionario con más alto perfil y el único que recoge algunas opiniones positivas más que negativas dentro del opaco gabinete provincial oxigenado por la presencia de intendentes y otras figuras recientemente.

Esta situación es la única que lo salvó de los cambios que se produjeron hace tres semanas y que podría volver a darse en el futuro inmediato. La oleada de inseguridad y asesinatos que conmovió el Conurbano en la semana que termina necesitaba de un fusible, y estuvo a punto de ser removido.

La vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner no es la única que lo sostiene, sino también la que sabe que su salida no traería otras soluciones, sino que agravará el conflicto. Por eso lo deja, aunque hagan fila para pasarle alguna factura, de tipo personal o política.

El presidente Alberto Fernández, cada vez con menos voz y voto sobre este y otro tipo de situaciones, nunca lo quiso. Mucho menos cuando el ministro de Seguridad bonaerense lo destrató en público a él y a su ex ministra, Sabina Fréderic.

Por supuesto que Máximo Kirchner tampoco se compró la excusa de que "los peronistas discutimos así, somos sanguíneos", expresada por Berni cuando se le preguntó sobre si lo había agarrado del cuello. Esto lo negó, pero no los gritos mutuos.

Mucho menos lo toleran el matrimonio que componen desde hace casi treinta años Malena Galmarini con Sergio Massa. Nunca compartieron espacio político, y mucho menos después del robo que ambos sufrieron en su casa de Tigre, en un barrio privado, y del que tienen la seria sospecha de que Berni estuvo detrás cuando era ministro de CFK, antes de las elecciones en las que el Frente Renovador impidió la epopeya de Cristina Eterna.

Osvaldo Cáffaro, en Zárate, lo tiene entre ceja y ceja también. Es mutuo. El ministro quiere su lugar y también la capitanía de la Segunda Sección Electoral a la que ese distrito pertenece. Vecino local, Berni también pretendía sucederlo, a través de su figura o la de su esposa, la candidata a diputada nacional Agustina Propato.

El jefe de Gabinete, Martín Insaurralde, tampoco cree que el ministro sea un buen funcionario. Pero a pesar de que es su jefe en la jerarquía provincial, en los hechos, es un poco menos que un par. Mientras que al intendente interino de Lomas de Zamora lo puso Máximo Kirchner, a Berni es directamente su madre, la dos veces presidenta de la Nación, quien lo respalda.

Tras el desaguisado armado por Aníbal Fernández en su advertencia/amenaza al dibujante Nik, lo peor que le podía pasar al gobierno es que hubiera una ola de delitos seguidos de muerte que movilizaran a la ya sobrepasada población bonaerense.

Como no podía ser de otra manera, y tal cual reconoció un ministro importante del gabinete nacional, "cuando venis mal, te pasan todas". No podían remover apenas nombrado a Fernández, Berni era una salida.

Consultado un importante miembro del Frente de Todos sobre alguna postura sobre el tema de la inseguridad, teniendo en cuenta que nadie hablaba sobre la cuestión, y dado que él sí tiene posición tomada, le dijo a El Cronista que "pronto habrá novedades".

Entonces, las versiones sobre la salida del funcionario bonaerense arreciaron. Sin embargo, en dos ocasiones consecutivas, Axel Kicillof se presentó junto con él en un claro apoyo, no sabemos si del gobernador o de su jefa, la vicepresidenta Fernández.

AGRANDADO COMO RADICAL DESPUES DE LAS PASO

Pasada la tensión y pasión de las PASO, cuando las aguas se calmaron y las peñas radicales volvieron a juntarse ya sin el poroteo propio de una interna, múltiples análisis se dispararon y, hasta ahora, casi ninguna conclusión hubo, salvo que se dieron cuenta que ya no son el furgón de cola del PRO en el ámbito de Juntos.

"Esta interna sirvió para saber quiénes y cuántos somos. Ahora tenemos que organizarnos", dijo un experimentado dirigente que añora las acaloradas reuniones de Lalín. Para él, lo primero que debe hacer el partido es "el recuento de los que quedaron vivos y los heridos, que casi podemos dividir en partes iguales".

Hoy el centenario partido tiene tres o cuatro dirigentes en condiciones de convocar y caminar un proyecto presidencial sin tener que pedir permiso. Facundo Manes, Gerardo Morales, Alfredo Cornejo y Martín Lousteau son los más importantes. Pero, como cualquier radical que se considere tal, ya armaron cuatro líneas internas diferentes para conseguir un mismo fin.

Si se observa con detenimiento hay parecidos y diferencias entre sí. Mientras que Manes y Morales son los que expresan la mayor oposición a la continuidad de una relación con el PRO, y hasta hubieran preferido otros acuerdos electorales, hoy entre ellos también hay distancias.

El neurocientífico, quien realizará un acto en el mítico microestadio de Ferrocarril Oeste en la última semana de octubre, recordando la victoria de Raúl Alfonsín en 1983, ya no cree que Diego Santilli sea su enemigo. Hablaron mucho, y el "colorado", inteligente, le dio algunos gustos como el cambio de los colores de Juntos, sostener el "dar el paso" en varios spots de campaña y hasta algún gesto personal que no tiene nada que ver con la política.

Morales, en cambio, sostiene que para ganar en 2023 "hay que ampliar mucho más el espacio" y para eso no duda en que serán indispensables corrientes peronistas más amplias que las que acercaron Miguel Ángel Pichetto o Joaquín De la Torre.

Inteligentes, un par de intendentes del PRO liberaron a sus concejales y dirigentes radicales cercanos a la caza de los "desencantados" o "los amigos" para construir su propio esquema transversal dentro de Juntos. Todo con el permiso de Maximiliano Abad, que sabe que, hasta que no tenga candidato a gobernador designado, no le puede prometer nada a nadie.

El intendente de San Isidro, Gustavo Posse, también quedó en pie. Parecería que a él también le aplica la máxima que le sirvió al Frente de Todos cuando se preguntaban qué hacer con Cristina Fernández de Kirchner. Con él solo no alcanza, pero sin él no se puede.

Con olfato, supo sortear la contradicción de reclamar protagonismo para el radicalismo y luego ser el único intendente de la UCR que apoyó a Santilli. Ganó 72% contra 28% las PASO. Y si ese porcentaje hubiera ido para Manes, si él apoyaba, por más que hubiera sufrido alguna merma, le habría alcanzado a los correligionarios para empatar o quedar mucho más cerca en la Primera Sección Electoral.

Esta semana corta se inició, quizás advirtiendo que no podía seguir haciéndose el distraído porque fue el que "mejor cobró" por su salto de aliado de Posse a Maxi Abad fue Martín Lousteau. Por eso no extrañó que acompañara a Santilli en una recorrida por San Fernando.

Alejandro Cancelare

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