Miércoles, 27 Octubre 2021 11:56

El golpe blando, otro fantasma de Canterville kirchnerista - Por Fernando González

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Victoria Tolosa Paz intenta victimizarse en el final de la campaña. Como Alberto Fernández y Martín Guzmán, se radicalizan detrás de Cristina Kirchner.

Victoria Tolosa Paz tiene razón. Hay un golpe blando en marcha en la Argentina. El problema es que no es como dice la candidata bonaerense del Frente de Todos. No es la oposición la que quiere “generar condiciones muy adversas para debilitar al Gobierno”, como dice por las radios para intentar victimizarse y revertir la derrota contundente que el oficialismo recibió en las PASO. Solo hay que detenerse en las últimas acciones del Presidente y de algunos de sus ministros para descubrir que las elecciones del 14 de noviembre pueden terminar convirtiéndose en un fenómeno de autoflagelación.

Al kirchnerismo le encanta imaginar la fantasía de un golpe de estado. Blandos, duros, los golpes ocupan un lugar de privilegio en su relato político. La mayoría de sus integrantes tienen las neuronas de la memoria congeladas en la dinámica de la última dictadura militar, ocurrida hace 45 años y finalizada hace 38. En ese universo ficcional, el voto “no positivo” de Julio Cobos en 2008 fue un intento de golpe de estado del neoliberalismo. El ascenso al poder de Mauricio Macri fue un revival de la dictadura y la muerte por ahogo del joven Santiago Maldonado fue una desaparición del terrorismo estatal con el que estigmatizaban al gobierno de Juntos por el Cambio. El cuento cerraba de modo tan perfecto que hasta ellos mismos se lo creían.

Pero la única verdad es la realidad, como los adoctrinaba Juan Domingo Perón. Los únicos dos intentos de golpes de estado tradicionales en la democracia post 1983 los enfrentaron Raúl Alfonsín y Carlos Menem. El presidente radical debió atravesar tres levantamientos de militares carapintadas y el copamiento del Cuartel de La Tablada por el grupo terrorista Todos por la Patria, liderado por el guerrillero Enrique Gorriarán Merlo. Resistió las cuatro embestidas, aunque su gobierno quedó muy debilitado para enfrentar la crisis económica que acortaría en seis meses su mandato.

Menem salió mejor parado del intento de golpe carapintada de 1990, que lideró desde San Martín de los Andes su ex aliado, el militar Mohamed Alí Seineldín. Los servicios de inteligencia le advirtieron lo que venía y decidió reprimirlos a sangre y fuego con el Ejército bajo el mando del general Martín Balza, un ex jefe de comandos en la guerra de Malvinas que luego fue embajador en Colombia y en Costa Rica con el kirchnerismo. Esa acción, sumada a los polémicos indultos que le otorgó a militares represores y a terroristas le pusieron un freno a la dinámica golpista que afortunadamente se extiende hasta hoy.

El relato de golpe blando volvió con la decadencia y la caída de Evo Morales en Bolivia por la crisis social y el fraude electoral en el que terminó su gobierno. El kirchnerismo lo disfrazó de aventura golpista y el presidente Alberto Fernández colaboró con su colega de México, Antonio Manuel López Obrador, para conseguirle una suerte de asilo político al multimillonario Morales para completar la novela.

Lo cierto es que fue reemplazado, luego de una crisis parlamentaria, por la senadora Jeanine Añez. La legisladora llamó a elecciones cuatro meses después, declinó su candidatura presidencial y al año le entregó el poder al actual presidente a Luis Arce, un economista aliado de Evo Morales. Finales extraños sí los hay para un golpe de estado.

La teoría del golpe blando contra Evo la compraron algunos dirigentes peronistas, la enciclopedia digital Wikipedia y hasta algunos integrantes de la oposición que hoy se arrepienten de haberse dejado llevar tan fácilmente por la narrativa poderosa del kirchnerismo. La justicia adicta a Morales acusó a la ex presidenta Añez de “terrorismo y conspiración”, la hizo detener, y hoy está presa, enferma y deprimida en una cárcel de La Paz.

En estos días en los que el país celebra el legado artístico de Charly García, sería atinado que los principales dirigentes de la Argentina eludieran la tentación de utilizar como estrategia electoral al fantasma de Canterville del golpe de estado. Y sobre todo que se ahorren ese papelón los candidatos a legisladores que compiten en los comicios de noviembre. Es posible que, en las tres semanas de campaña que le quedan por delante, Tolosa Paz encuentre argumentos mejores para convencer a los votantes que no la acompañaron en septiembre.

Hay que concederle a la batalladora Victoria que no la tiene fácil. Como si fueran poco obstáculo la paleontología del congelamiento de precios y los videos de Sucesos Argentinos de los intendentes del PJ con pecheras flúo en los supermercados, se le aparecieron el Presidente y los ministros Aníbal Fernández y Juan Cabandié acompañando la algarada mapuche que, hasta ahora, solo era patrimonio de los entusiastas de la segunda línea K.

Una ofrenda insuperable para que Juntos por el Cambio se haga un picnic a pocos días de las elecciones y promueva una convocatoria al Congreso de los ministros abandónicos de las provincias, que los legisladores de los distritos patagónicos observan con previsible simpatía.

Lo que ocurre a simple vista es un fenómeno que abrió una grieta acelerada entre el peronismo y buena parte de la sociedad. Todos sus integrantes se van alineando con las posturas más radicalizadas de Cristina. Le pasa a Alberto, desde hace tiempo y eso es lo que disparó su decadencia. Les pasa a Aníbal y a Martín Guzmán, que rifa el mínimo rédito que le quedaba a su gestión apuntándole al FMI como si fuera un trapero de algún video de Máximo Kirchner. Y le pasa a Tolosa Paz, que, en vez de plantear alguna propuesta novedosa, se entierra en las arenas movedizas del fantasioso golpe blando.

Si el peronismo vuelve a morder el polvo de la derrota el 14 de noviembre, habrá muchas teorías para encontrar las razones del resultado adverso. Claro que, por delante de todas ellas, nada será más apabullante que el Síndrome de Estocolmo que va a cumplir veinte años en las presidenciales de 2023.

Fernando González

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