Viernes, 29 Octubre 2021 13:00

¿Quién paga los platos rotos? - Por Carlos Fara

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Hace un año CFK emitía su famosa carta sobre los “funcionarios que no funcionan”, entre otras “marcadas de cancha” a Alberto, lo que fue el comienzo de una permanente tensión indisimulable, aunque en la intimidad Ella ya venía sintiendo desazón respecto a la tarea del presidente.

Un año después, con una antesala de elección negativa, la tensión no se deshizo y la desazón se habría convertido en decepción definitiva. Para Ella la culpa de una eventual derrota el 14 de noviembre será de Él. Más de un@ se pregunta por cuánto afecta esto a Cristina. La respuesta es sencilla: mucho. Con una opinión pública que ha ido virando claramente hacia considerar que este es un más un gobierno de Ella que de Él, los platos rotos los pagan ambos. También la accionista mayoritaria de la empresa, aunque el CEO sea otro. Por lo tanto, ya no importa lo que se diga el domingo a la noche y en los días posteriores.

El gobierno ha hecho todo tipo de esfuerzos para cambiar el clima, pero no lo logró. Quedan dos semanas de campaña y los principales indicadores de opinión pública no han cambiado de modo sustancial. Veamos algunos pocos ejemplos:

  • el optimismo sobre el futuro del país era del 38 % antes de las PASO y ahora es del 40 %;
  • el 31 % consideraba correcto el rumbo del país y ahora lo estima así el 29 %;
  • el 51 % quería que gobierno pierda la elección y se mantiene en el mismo guarismo;
  • el 37 % aprobaba la gestión de Alberto y ahora lo hace el 36 %.

Cómo se ve, son todas mínimas variaciones dentro del margen de error, ya sea para arriba o para abajo. El único indicador que cambió es la percepción sobre quién ganará la elección general: antes de las PASO solo el 30 % creía que iba a ganar Juntos y ahora lo estima el 53% (todo un dato para los estudiosos de los sesgos cognitivos: la mayoría proyecta en función de los hechos ya sucedidos). Sobre llovido, mojado, solo el 28 % ve positivamente las medidas que se tomaron post PASO y el 29 % los cambios en el gabinete. Sin ánimo de proyectar opiniones respecto al voto, está claro que el clima del humor social no es el mejor para que se pueda revertir el resultado.

Frente a esto, el oficialismo salió en los últimos días a confrontar más, imaginando una polarización que lo favorezca, pensando que de esa manera motivará a los que se quedaron en casa el 12 de septiembre, y ahora acudirán “para frenar a la derecha”. Es una cuenta extraña porque en cualquier escenario polarizador el Frente de Todos pierde, además de violar la bien intencionada campaña del “Sí” que elaboró el colega Gutiérrez Rubí. Nadie en el oficialismo cree en milagros, pero al menos debería haber disciplina con el concepto. Pues “no”, todo es contradicción: la candidata oficialista Tolosa Paz en ningún del debate abrazó el “Si” como consigna. Da la impresión que además de algunos funcionarios, tampoco funciona la campaña real, no la de los spots y los afiches.

¿Qué hace la principal oposición? Como cualquier equipo que se va imponiendo por 2 a 0 en el primer tiempo, utiliza una estrategia conservadora, esperando al rival en su campo, jugando al contrataque y especulando con los errores ajenos. A Juntos sí le conviene la polarización, porque al Frente le cuesta motivar con sus claims de “golpe blando”, control de precios, empresarios antisociales, el endurecimiento del discurso con el FMI, etc. Quizá debería revisar más el esquema de pensamiento de Perón, quien comprendió mucho mejor que la izquierda que el sector popular argentino lucha por bienestar material, no por hacer ninguna revolución.

Es evidente que el resultado de las PASO dejó huellas en los distintos comandos de campaña. Ya se comentó lo que está sucediendo en el campamento oficialista, pero también Juntos tomó nota. Sin ser ninguna maravilla, y jugando con el contexto a su favor, el mensaje del “Yo decido” va razonablemente bien sintonizado con su propio target, abandonando desde el principio toda aspiración de generar una épica, error que sí cometió el Frente con su línea “Salimos”.

La izquierda está apoyándose en la marca, sin ninguna novedad propositiva ni comunicacional, apostando a “somos la tercera fuerza a nivel nacional”, apelando así a sumarse a un colectivo con alguna potencia. Espert sigue en su línea prefijada, y su socio Milei no ha variado la narrativa básica contra “la casta política”. Puede ser que saque más votos, pero esta segunda parte de su campaña no está despertando ninguna sorpresa mediática.

Existe un actor más en el escenario que puede ser estratégico: Randazzo. Con un viraje importante de su línea de campaña para sintonizar mejor con una sociedad mayormente angustiada, con incertidumbre, cansada de la grieta, des energizada, sigue recolectando más voto oficialista decepcionado que filo opositor. Buena parte de lo que obtenga lo llorará el kirchnerismo el domingo 14, si se mantiene la misma diferencia que ya hubo en las PASO.

Mientras un par de funcionarios se envían “dibujitos”, la mayoría social no sabe si debe optar por el “team Wanda” o por el “team China”. Lo más probable es que no opte por ninguno de los dos.

Carlos Fara

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