Domingo, 31 Octubre 2021 11:44

La tensión en el Gobierno por los precios y el dólar, y la cumbre de Mauricio Macri y Javier Milei - Por Santiago Fioriti

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Desconcierto en el Gabinete: de los cambios de Alberto Fernández hasta la señal de alarma de Guillermo Moreno. Intimidades de un encuentro entre el ex presidente y el economista liberal.

—Lo que viene puede ser un nuevo Rodrigazo —dijo Javier Milei—. Puede volar todo por los aires porque los desequilibrios monetarios son más grandes que en esa época. Pensá que cuando empezó el Rodrigazo había 4% de pobres y ahora hay entre 40 y 55%, según cómo se mida la pobreza. El Gobierno ha tirado nafta y ha fomentado una olla a presión. El estallido social es inevitable. La inflación reprimida en la Argentina llega al 950%.

—Explicame mejor ese punto —pidió Mauricio Macri.

Milei se sumergió en una larga explicación técnica. Cruzó números de pobreza con los de la base monetaria; habló de las Leliqs y de los pases; del cepo cambiario, de la demanda de dinero y del PBI. No es fácil seguirlo cuando desarrolla sus tesis. Macri parecía un témpano. Casi no hablaba.

Estaban en el living de la casa con salida al río que el ex presidente tiene en Acassuso. Era la primera vez que se sentaban cara a cara. El economista había pedido café. Contó que era adicto y le sirvieron uno en tamaño gigante, que fue bebiendo de a pequeños sorbos. A su lado estaba Karina, la hermana, que no habló en toda la reunión, salvo al final, cuando ella y Macri se pusieron a discutir apasionadamente sobre fútbol y descubrieron que sus palcos en la Bombonera se encuentran a pocos metros de distancia. “Me interesa conocerlo”, había dicho Macri. La reunión, secreta, se concretó días antes de las primarias del 12 de septiembre.

Milei es uno de los rivales de María Eugenia Vidal en las elecciones definitivas del 14 de noviembre. Patricia Bullrich dice que es un hombre valioso que Juntos por el Cambio tiene que sumar y el economista llegó a declarar que no habría que descartar una fórmula con Bullrich para las próximas presidenciales. La jefa del PRO hace oídos sordos a las acusaciones que hacen sus detractores sobre las excéntricas apariciones del dirigente liberal y sobre sus mensajes siempre apocalípticos.

Al radicalismo le genera repulsión. Es recíproco. Milei desprecia a los radicales en términos ideológicos. Si en la conversación con Macri le hubiera dado lugar, quizá le habría preguntado si la UCR no fue un actor clave para no avanzar en las reformas que, a su juicio, provocaron el derrumbe económico de su administración.

Pero se trataba de una cita eminentemente económica, la primera aproximación. Macri y Milei fueron cautelosos en los intercambios, casi diplomáticos. Se verá si deriva en algún tipo de alianza rumbo a 2023. El ingeniero ya no niega de modo categórico que pueda estar él mismo en la grilla electoral. Algunos de sus amigos lo incentivan. Hay quienes, incluso, han hecho apuestas a que el fracaso de Alberto y Cristina lo convertirá de nuevo en una opción, aunque él no se lo proponga. Es gente que no quiere del todo a Horacio Rodríguez Larreta. O que lo quiere, pero le desconfía.

Macri deja alimentar los rumores, por más que su imagen siga causando espanto en el Conurbano y Larreta le lleve una importante ventaja en el país. A Macri tampoco le disgustaría seguir aprovechando los tiempos afuera del ring. Disfruta de cosas que a otros políticos les cuesta. Por ejemplo: el martes, miércoles y jueves (sí, el mismo día que fue a Dolores a declarar) participó del torneo sudamericano de bridge en la categoría senior en un club de Palermo. El juez Martín Bava le dio una alegría y, el juego, otra: se clasificó para el mundial de Italia del año que viene. El miércoles, cuando vuelva a ver al juez, podría salir procesado, acusado de haber espiado a los familiares del ARA San Juan.

Había sido Bullrich la encargada de gestionar el encuentro con Milei, aunque la ex ministra terminaría llegando tarde. La charla duró algo más de una hora. Antes de esa cumbre, varios meses antes en verdad, Macri también se había reunido por Zoom con José Luis Espert. Fantasearon con la posibilidad de que el economista se sumara a las filas de Juntos por el Cambio. Dicen que Espert pidió que le abrieran la interna en la provincia de Buenos Aires para derrotar al kirchnerismo. Eso chocaba contra la estrategia de Rodríguez Larreta y no hubo acuerdo.

La economía, en especial la inflación, es un tema que irrumpe en cualquier conversación en la que se debata sobre el futuro. Rodríguez Larreta trabaja silenciosamente en un plan, del que no brinda detalles. El domingo pasado Clarín publicó que Hernán Lacunza, su principal referente en la materia, proyecta subas de precios cercanas al 70% para el año próximo, que representan el doble de las que estima Martín Guzmán. Bienvenidos al desconcierto: en la Casa Rosada, y sobre todo en el Instituto Patria, admiten que va a estar más cerca que de la pronosticada por Martín Guzmán, del 33%, según el Presupuesto.

Guzmán entró en un desfiladero de sombras. Ya no solo Cristina y La Cámpora lo miran con inquietud por sus negociaciones con el FMI. Es ahora el propio Alberto el que le pregunta hasta qué punto se estancaron las conversaciones. El Presidente había dicho que el acuerdo estaba muy cerca. La información se la había dado su ministro. Algo pareció quebrarse.

El ala dura del cristinismo engendra un relato por si las cosas se vuelven más espesas de lo que están: la deuda la contrajo Macri, la deuda la dejó Macri y después vino la pandemia. No se puede pagar con el hambre del pueblo. Máximo Kirchner se plegó a ese discurso en las últimas dos semanas. Alberto, oscilante hasta la exasperación, cambia el discurso según la ocasión: a los empresarios con los que se viene reuniendo les aseguró que el acuerdo estaba encaminado y que contaba con el apoyo de Cristina; pero se fue a Roma con señales contradictorias tras su última aparición pública en Buenos Aires.

En su propio equipo están alertados. No saben si Alberto se quiere convencer de lo que nunca creyó, si se trata de una estrategia fantástica o si, simplemente, pretende congraciarse con sectores que, a esta altura, lo cuestionan con más sadismo que a Macri, como Hebe de Bonafini, que lo acaba de llamar “Oso panda”. “¿A cuánto se iría el dólar el día que anunciemos que no pagamos?”, se preguntan con preocupación en el ala más moderada de la Casa Rosada.

Sobre la deuda con el Fondo el Gobierno siempre tiene a mano el pasado macrista. No así con la suba del dólar y de la inflación. Cuando Macri abandonó el poder el dólar blue se comercializaba a 70 pesos; el viernes, menos de dos años más tarde, cerró a $ 198 y el Banco Central batió el récord en la era de Alberto de venta de reservas en un solo día (290 millones de dólares) para que la moneda no siguiera escalando. Este año la inflación llegará a niveles similares a los que dejó Cambiemos, pero la pobreza creció y las tarifas están prácticamente congeladas.

La política de precios que impulsa Roberto Feletti ha pasado a ser otro foco de tensión en el poder. La resistencia no es solo del establishment económico. Varios ministros coinciden con el Alberto que era opositor a Cristina hace unos años y rechazan la iniciativa. Por supuesto, no pueden decirlo.

El mismísimo Guillermo Moreno puso el grito en el cielo. El ex secretario de Comercio ha advertido sobre la posibilidad latente de desabastecimiento. Cree que Feletti se apuró a lanzar el congelamiento de más de 1.400 productos sin reparar en que la maniobra podría desatar una crisis de magnitud por la falta de consenso y por la escasez de dólares. “Tenía una bala de plata y la usó mal. En unas semanas se verá si acertó o si yo tengo razón. No tienen noción de lo que significa el desabastecimiento en una sociedad urbana y antes de una elección”, deslizó, frente a quienes lo consultaron.

Las góndolas exhiben los primeros blancos. El plan de Feletti, por 90 días, vence el 7 de enero. Un océano parecería separar a la Argentina de aquella meta.

Santiago Fioriti

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